Mi mujer siempre ha sido reacia a una experiencia swinger y aunque fuimos unas cuantas veces a uno de estos lugares, vimos a varias parejas tener sexo y en una ocasión nos vieron hacerlo, aunque nunca tuvimos un intercambio con otra pareja.
Hace algún tiempo, nos quedamos de encontrar mi mujer y yo en una cafetería del centro. Mientras la esperaba, me pareció extraño ver a un hombre de unos 40 años, alto y de brazos muy velludos, mirarme con frecuencia. De pronto se resolvió y se acerco y me preguntó, muy cortésmente, si esperaba a alguien, le dije que a mi mujer luego el me pregunto que si mi nombre era Tal, a lo que le respondí que no, que mi nombre era Juan. Entonces me dijo que si se podía sentar conmigo, le dije que no había ningún problema y pasó a explicarme que estaba esperando a alguien, que aún estaba temprano. Lo cierto del caso es que nos enfrascamos en una amena charla y nos hicimos amigos.
Después de un buen rato, y apareció por fin mi mujer, los presente y seguimos charlando por unos minutos más, que teníamos pensado hacer unas diligencias, luego ir a comer algo y luego salir a divertirnos a Envigado o Sabaneta, el nos dijo que por que no esperábamos un momento, que su esposa estaba a punto de llegar y saldríamos los cuatro. A mi mujer no le disgustó la idea y a mi tampoco, pues ya estaba muy tarde para la diligencia que teníamos que hacer. Cuando llegó la mujer, salimos de allí, tomamos un taxi y nos fuimos para Sabaneta, cenamos y luego nos fuimos a bailar y pasamos una velada deliciosa, nos emborrachamos, nos dimos los teléfonos y quedamos de vernos el siguiente fin de semana.
Ya en la casa, mi mujer me dijo lo mucho que le gustaba este hombre, “todo velludo”. Y al siguiente fin de semana nos vimos como lo habíamos programado. Nos invitaron a su apartamento en Belén y para allá nos fuimos después de comprar bastante licor y comida.
Cuando llegamos vimos un apartamento pequeño pero muy bien arreglado, la sala tenía un gran sofá en forma de ele donde nos podíamos sentar los cuatro; el hombre puso música suave y destapó una botella, mientras ella llevó las viandas a al cocina. Nos sentamos a charlar y a tomar por un buen rato y en medio de la charla, mi mujer hizo un comentario que me pareció algo desagradable al decir que no le gustaban para nada las relaciones lésbicas.
Fue mi mujer la que sugirió que bailáramos, a todos nos gustó la idea y lo hicimos un buen rato (ellos, muy cariñosos se besaban frecuentemente). En un en uno de esos momentos en que nos quedamos todos callados, la mujer, a la que llamaré Marta y a él José, comenzaron a besarse apasionadamente y José por encima del hombro de Marta miro a mi mujer y le guiñó el ojo, mi mujer al ver esto, se me tiró encima y los imitamos. Como yo estaba de espaldas a la pareja, mi mujer me dijo al oído que José le había quitado el brasier a Marta. Yo haciéndome el desentendido me separe de mi mujer para verlo, pero la prenda ya había desaparecido, entonces involuntariamente le mire el busto, pero no pude ver nada y José tenía la camisa desabotonada hasta la mitad del pecho. Marta sugirió seguir bailando, José invito a mi mujer y ella aceptó encantada, entonces yo saque a Marta y al ponerle mi mano en su espalda note la ausencia del brasier. En medio del baile me comentó lo buenaque estaba mi mujer.
Mi mujer ya estaba muy ebria, pero estaba muy contenta y no paraba de besarme apasionada y descaradamente. Cuando Marta estaba sirviendo más licor, mi esposa dijo que quería comer algo, entonces José le dijo que fueran a la cocina a servir algo. Marta y yo, nos quedamos en la sala y después de unos minutos yo le dije que también me gustaría comer algo, entonces nos fuimos para la cocina ycual sería nuestra sorpresa al verlos a los dos: mi mujer y José besándose apasionadamente: ella con su mano acariciando el pecho de José y el con una mano en sus nalgas. Miré asustado a Marta y ella me hizo un gesto de silencio y que saliéramos de allí. Yo me extrañé mucho y sin saber que hacer, la seguí nuevamente a la sala. Trató de consolarme, que era cuestión de tragos…, pero le dije que no me molestaba si a ella no le molestaba, que más bien me excitaba, que yo también estaba muy borracho.
Cuando llegaron a la sala trayendo comestibles, nadie hizo referencia a lo sucedido. Comimos algo y siguió la fiesta, ya eran como las 11 de la noche. Marta empezó a bailar con José y los besos que se daban eran realmente escandalosos, lo que hacía que mi mujer se excitara cada vez más. Marta le quitó la camisa a José y mi mujer lo miró extasiada, le pregunté que si le gustaba y me dijo que mucho, pero que nunca estaría con él. No le presté mucha atención después de lo que había visto en la cocina.
Mi mujer seguía tomando y cada vez más ebria, me quitó también la camisa. José protestó, pues los hombres estaban sin camisa y ellas no, mi mujer dijo que tenia razón y se la quitó, pero Marta dijo que no tenía brasier a lo que José dijo que nosotros tampoco, lo que fue motivo e risas. Marta retó a mi mujer a que si ella se quitaba el brasier, ella se quitaría la blusa. Mi mujer se negó, entonces José le ofreció otro trago el que ella aceptó, entonces le dije que ella tenía un busto muy bonito, que si fuera feo lo entendería, ella sintiéndose alagada, se despojó de la prenda y los ojos de nuestros amigos se posaron en sus fabulosas tetas. Ahora le toca Marta, dijo mi mujer y ella se despojó también de su blusa, dejándonos ver unos senos también muy apetitosos. Yo me pasé la lengua por los labios y Marta lo notó y me miró maliciosamente, pero el centro de las miradas estaban sobre las tetas de mi mujer.
José se puso a bailar con Marta y yo con mi mujer, sentía sus pezones duros apretar mi pecho y su pelvis restregarse contra la mía. Nos sentamos nuevamente y comenzamos a hablar de sexo: que posición nos gustaba más, que si hacíamos sexo oral….Yo ya estaba muy ebrio y el cansancio me estaba dominando, aunque mis amigos estaban muy borrachos también, no estaban como yo, que me pesaba la lengua para hablar, así que me dedique a escuchar. ¿Te gustaría ver a mi esposo desnudo? Le preguntó Marta a mi mujer y ella le respondió que si a ella no le molestaba, que si. José protestó, pero al fin accedió: se puso de pie y se desnudó y vi como mi mujer miraba extasiada el cuerpo del hombre que tenía ya la verga dura. Marta lo acarició,y comenzó a mamársela y retó a mi mujer a que hiciera lo mismo, ella me miró y dijo que no había con quien, que yo ya estaba casi dormido. No con el, con José, le respondió Marta. Ella dijo que no sería capaz. Marta salió de la habitación dejando a José completamente desnudo con mi mujer semidesnuda, se miraron y ella aún con algo de recato le dijo que no, entonces el le pregunto que si se dejaría hacer la miné, que a Marta le gustaría verlo, ella también se negó, pero no de una forma tan firme.
Marta regresó a la sala con una cámara fotográfica en la mano y le tomo una foto a su marido. Venga, desnudemos también a tu esposo, que me gustaría verlo. Y entre las dos medejaron sin nada, me sentí muy cómodo. Mi mujer comenzó a acariciarme, pero mi respuesta fue muy débil. Me tomó una foto.
Mi mujer ya no podía sostenerse de pie y mientras José la sostenía, Marta terminó de desnudarla. La sentaron en el sofá le abrieron las piernas y a pesar de que los ojos se me cerraban pude a medias ver como Marta metía su cabeza entre los muslos de mi amada mujercita.
Eso es todo lo que recuerdo, pues me quedé dormido.
Tiempo después, hablando con José, me contó lo que había sucedido: José y Marta se acariciaron y se besaron José le chupaba las tetas a Marta, le hacía la miné, Marta se la mamaba y mi mujer contemplaba todo esto acariciándose ella misma y cuando ellos se dieron cuenta de lo que estaba haciendo mi mujer, se sentaron con ella y mientras Marta le chupaba las tetas, José le lamía el clítoris haciéndola gemir. Se vino varias veces en los labios de José y luego José, usando un condón, se la comió hasta quedar ambos saciados. Marta se tuvo que masturbar y ahí terminó la fiesta, pues ya todos estaban muy ebrios.
Acostaron a mi mujer en la cama con ellos y ahí amaneció y a mi me acomodaron en el sofá.
Al día siguiente, mi mujer fue la primera en despertar y asustada me dijo que nos vistiéramos y que nos fuéramos de inmediato. Estuve de acuerdo con ella, salimos y ya en la casa me pregunto que había pasado y le respondí que no sabía, que me había quedado dormido.
Ese día que José me conto esto, tamien me trjo las fotos que habian tomado, en un diskete, asegurandome que en todas las fotos que el guardó para sí, les habia borrado nuestros rostros.
Esta es mi fantasía, no ha sucedido hasta el momento, pero cuanto diera por que sucediera.








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