Lo bueno de las bases militares gringas
Levantar en el gimnasio es relativamente fácil para las mujeres, mi esposa Claudia ya ha logrado sus aventuritas, pero ninguna como la vez que llego a la casa entusiasmada porque según ella los gringos habían invadido el gimnasio.
Me contó que tenían todos unos cuerpazos y caras divinas, que todas las mujeres estaban enloquecidas con la llegada de los seis gringos, como siempre me tocó armar el plan. El primer problema es que el inglés de Claudia es bastante malo, el segundo es el chismorreo entre las compañeras de ejercicio.
Le hice varias preguntas a Claudia y llegamos a la conclusión que los jueves todas sus amigas hacían spinning y ninguna señora subía a las máquinas. Los gringos sólo hacían maquinas. Era perfecto. Llego el jueves y Claudia se fue al gimnasio con una pinta sensual para hacer ejercicio y subió directo a las máquinas a ejercitar la cola. Buscó a uno de los gringos que la traía loquita y sonrisa va, sonrisa viene.
Claudia se levantó de la maquina y le preguntó que si se demoraba en desocupar el caminador. Él le dijo que no y en un pésimo español se puso a hablar con ella, le contó que estaban aquí en Colombia dictando unos cursos de instrucción militar y otras cosas que no valen la pena, al cabo de un rato el se despidió y Claudia al verse perdida se apuró a decirle que le encantaría verlo de nuevo, ahí el se volteo y le pidió el numero del celular.
Claudia llegó a la casa y me llamó a contarme todo, dijo que estaba súper nerviosa y que el no paraba de mirarle las tetas y claro antes la cola.
El jueves el gringo no llamó pero el viernes y delante de todas las chismosas del gimnasio la saludó de beso en la mejilla, Claudia no sabía que decir. Como a eso del medio día el la llamo y le dijo que se hospedaba en un bello hotel de la zona rosa de Bogotá, que porqué no iba a eso de las seis y se tomaban un trago en el Lobby.
Claudia se puso una minifalda y un escote profundo, antes había ido a la cámara de bronceo para no tener que ponerse media velada. El plan incluía que yo como cualquier ejecutivo iría con una revista a tomarme un trago después del trabajo y podría ver todo..
Claudia llego a las seis, y yo a las seis y media. Me senté de tal manera que veía a Claudia pero me quedaba a espaldas su nuevo amigo
Cuando me senté pude observar que el había puesto su mano en las piernas de Claudia y las acariciaba suavemente, comencé a ponerme a mil. Estaba excitado y nervioso; si el militar nos pillaba, malo malo me mataba, ademas era gigante el tipo.
Al rato comenzaron a darse piquitos, a reírse, a tomarse de la mano y aquella mano que estaba en las rodillas ya casi llegaba al diminuto calzón de Claudia.. Paso como una hora de besos apasionados y de pronto Claudia se paró al baño y mi celular sonó. Me dijo que si podía ir al cuarto con el amigo y le respondí que claro, que pasara deli. Que yo me iba de ahí y la esperaba en la casa, que la amaba mucho.
Como a las dos horas volvió a sonar mi celular y le dije: ¡Mijita casi que no! Me dijo, amor lo hicimos dos veces, no te imaginas la verga, ademas besa deli y tú sabes lo que me gustan los besos.
Al llegar a casa me contó los detalles, de cómo en el ascensor de subida al cuarto le metió mano en su cuca mojada, de cómo la alzó y la botó en la cama, de cómo la ropa desapareció de los cuerpos en segundo y de cómo antes de metérsela la besó tanto mientras le metía dedos en la cuca que no aguantó y llegó en las manos del hombre que vino gracias a las bases militares gringas.
Pensaba que sólo los colombianos éramos chismosos, pues no. Días después que el gringo no volvió, uno de sus colegas se dedicó a conquistar a Claudia, hasta que logró lo que su capitán había logrado, comerse a mi mujer.








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