El Motel
Relato de comunidad Hetero: Infidelidadschedule 5 min de lectura calendar_today Septiembre de 2010

El Motel

Era inevitable, el olor a sexo le recordaba el triste destino que estar al lado de su marido. Horacio y Miriam eran una pareja madura, hace pocos meses cumplían 16 años de casados, desde hace un par de años el mutuo cansancio empezó a apoderarse de los dos. Las obligaciones, las hipotecas los....

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Era inevitable, el olor a sexo le recordaba el triste destino que estar al lado de su marido. Horacio y Miriam eran una pareja madura, hace pocos meses cumplían 16 años de casados, desde hace un par de años el mutuo cansancio empezó a apoderarse de los dos. Las obligaciones, las hipotecas los gatos, los vecinos ruidosos los había llevado a pequeño torbellino donde cabían todos, menos ellos dos.

Se habían conocido en una perfecta mezcla de lujuria y razón que les había permitido vivir y experimentar muchas cosas. Se había cuidado de mantenerse en forma y Horacio nunca podría decir que su inapetencia sexual hacia ella estaba determinada por su apariencia, pues aun era una mujer hermosa. Miriam trabajaba como diseñadora de interiores en una firma especializada en la venta de mobiliario de oficina, Horacio repartía su tiempo entre negocios fallidos y mediocres éxitos, aun así le alcanzaba para proveerse una buena vida para los dos.

La primera vez que Horacio fue infiel había sido cuando apenas llevaban 6 años de casados, el en compañía de unos amigos fue a una despedida de soltero de algún conocido y allí conoció una hermosa y joven puta que le destrozo la razón y lo exprimió sexual y económicamente. Miriam lo supo y aunque lo perdono lo suficiente para seguir viviendo juntos, nunca pudo olvidar lo que paso y hoy después de 10 años, viéndose desnuda frente al gran espejo que estaba encima de la cama y sintiendo como empezaba a despedir el último tren del deseo y la lujuria. Estaba exhausta después del sexo, pero aun así en ese momento pensó lo bueno que sería separarse de Horacio. Sentía también que vestirse y volver a casa al lado de su marido era una terrible pérdida de tiempo. Encendía un cigarrillo que tomo de la mesa de noche y podía ver reflejado el sudoroso cuerpo de Martín que estaba boca abajo, su nalga bien formada, largas piernas, esa espalda de nadador que le encantaba. Todo en ese hombre le respiraba sexo. Martin no era el primero ni sería el último de una serie de fugaces amantes, coleccionista de vergas le dirían sus amigas alguna vez, que importaba! todas ella se habían conformado con una o dos, ella quería mas, de todos los tamaños, colores, formas y olores. Ya no le importaba la idea de que alguien la viera o le contara a su esposo – haría las cosas más fáciles – le decía a sus amigas. Sonó el teléfono, miro. Era su marido, no pensaba contestar, no iba perder tiempo, le iba a pagar mucho a ese pendejo como para que siguiera acostado, le dio una sonora nalgada y se le monto encima….

Mientras tanto a tan solo dos cuartos de distancia Horacio estaba sentado en la cama esperando que Camila saliera del baño, colgó al ver que su mujer no le contestaría. Camila seguramente no era su verdadero nombre, tal vez nunca lo sabría, pero era una de las mejores chicas que había podido conseguir por tan poco dinero.

Complaciente, joven y reservada. Camila salió del baño apenas con sus blancas tangas, una pañoleta blanca y enormes tacones. Su pequeño y delgado cuerpo moreno era adornado con unas enormes tetas y oscuros pezones, su largo y rizado cabello rojizo caía sobre sus hombros, Ella lo mira con picardía y el dice -mataría por una mirada como esa- mientras torpemente se quito los zapatos y su pantalón. Camila camina despacio hacia él, se sienta en sus piernas y pasando la pañoleta por el cuello de Horacio, la jala, ahorcándolo levemente y acercándolo a su cara. –Entonces mátame de una vez – Le arrebata la camisa, se la saca por encima de su cabeza sin esperar si quiera que se soltara los botones, Horacio le paso las manos por la espalda, beso sus frescos pezones, no podía creerlo, nunca el dinero había servido para tanto. Le encantaba el discreto el olor a sudor de las tetas, ese leve calor, esa textura liviana y tersa, era una sensación que nunca se cansaría de saborear. Camila le pone la pañoleta en los ojos, le hace un nudo en la parte de atrás y lo empuja, acostándolo en la cama. Le susurra al oído –ahora eres mío y harás lo que yo diga- Y así Horacio se dirige a los placeres de la oscuridad, de los sentidos, de donde nadie debería volver, por un segundo no siente nada, Camila no está, no siente su peso, ni sus movimientos, todo su cuerpo espera por sentirla, cuando menos lo espera un suave mordisco en su ombligo, seguido de unos cortos besos que bajan lentamente, esos pequeños besos son cortos saltos en búsqueda del verdadero objetivo que ya empieza a endurecerse debajo del bóxer.

Con sus manos lo frota y en pocos segunda ya esta grande, Camila baja el bóxer y le da un beso y un leve chupón en el glande, que le envía a Horacio un delicioso corrientazo por toda la espalda. Tiene los ojos vendados, pero ve todo de colores. Miriam ya estaba sentada sobre Martin que la penetraba por segunda vez, cabalgaba como si se dirigiera al fin del mundo, como si no hubiera nada, su momento favorito era cuando un hombre la penetraba, ese momento cuando interrumpen en su intima humedad, adoraba esa sensación, apretaba con sus manos el pecho fuerte y sudoroso de Martin, que la miraba con una ligera sonrisa, respiraban profundamente, Miriam cerró los ojos y se concentro, solo esperaba que el no dijera nada, que solo lo siguiera teniendo igual de duro y grande por mas rato, que no se viniera todavía, que no se lo sacara, que no hablara, que no quitara sus enormes manos de sus nalgas, pero no, fue imposible, el pobre se le ocurrió abrir la boca. Te gusta? Camila se traga toda la verga de Horacio, completa, el no lo puede creer, siente esa boca profunda y ansiosa de comérsela toda. Lo saca de su boca y golpea en su lengua con la verga cada vez más dura, lo saborea como un bombón que se quiere acabar. Horacio disfruta sintiendo con sus manos sus grandiosas tetas que se mueven al vaivén de cada chupada, cuando no lo esperaba le chupa una sus pelotas, jalándola y causando un extraño y delicioso dolor, dolor que no quiere dejar de sentir. Toda sensación se ve aumentada por la oscuridad en la que se encuentra, la pañoleta en sus ojos, no le deja ver, solo sentir.

Continuara…

— rojoprofundo

30 de septiembre de 2010

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Soy hombre heterosexual

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