Relatare las circunstancias que me llevaron a tener sexo por primera vez… y comienza en mi niñez, con el despertar de mi interés sexual, aunque sin mucho conocimiento, pero si, con enorme placer enrollaba mis cobijas entre mis piernas y recostada en mi cama, boca abajo, frotaba contra la cobijas, lo que ahora sé que tiene el nombre de clítoris. Con el pasar de los años la técnica de masturbación siguió siendo la misma, pero a mis 11 años, al cambiar mi cuerpo, y aparecer de la nada unos senos de un muy buen tamaño (que a esa edad detestaba y eran objeto de burlas, las ironías de la vida ), y mis hormonas alborotadas, empecé a darme placer con mayor frecuencia, pero eso sí, pensando en mi profe de teatro, el cual fue objeto de mis primeras fantasías, mientras me movía contra las cobijas deseosa de placer, me imaginaba a mi profe tocarme, besarme… hacerme sentir con sus manos lo que esas cobijas hacían en mi vaginita (que niña tan precoz, pero no se engañen).
A esa edad a pesar de haberme leído todos los cuentos de hadas, sabía que la vida no era tan fácil, por eso decidí que mi primera vez seria con cualquier “idiota”, y no con el príncipe azul (que se destiñe). Lo que no sabía es que hay que tener cuidado con lo que se desea porque se puede cumplir.
Pasaron los años y cuide mi virginidad como un gran tesoro, hasta que pudiera comprar las pastillas anticonceptivas. Al fin llego el día que anunciaba el titulo de este relato, había decidido tener sexo en cualquier momento y como no, si ya casi cumplía los 23 años.
Ese día llegaron dos muchachos a cambiar de lugar el cable de internet, y uno de ellos me miraba con ganas, de esas miradas que te desnudan. A la cual respondí coquetamente, como las mujeres sabemos hacerlo, insinuantes pero en un halo de pudor. Durante el periodo en que se realizaba el trabajo, pasamos de las miradas a los simples roces de manos, al roce de nuestros cuerpos, los choques inocentes para no ser descubiertos por mi madre. Y luego por arte de magia nos encontramos solos en la cocina, acercamos nuestros cuerpos el uno al otro y nos fundimos en un profundo y excitado beso.
Apenada, sin poder mirarlo a los ojos, pero con ganas de mucho mas le dije:
-Te acabo de besar y ni siquiera sé cómo te llamas.
-A lo cual él respondió – Nicolás.
Y nos alejamos a seguir con nuestros deberes,finalmente terminaron su trabajo, en medio de algunas miradas cómplices entre Nicolás y yo. Me despedí dando las gracias por el buen trabajo realizado, y vi al lado de mi madre como Nicolás bajaba las escaleras, y cerrando la puerta, le dije adiós al chico del cable que acababa de besar… Pero como los deseos se hacen realidad… a los pocos minutos tocaron la puerta y era Nicolás con la excusa de que faltaban unos datos.
-¿Cuál es el numero de la casa? (pero ese no lo tenían desde el principio).
-¿cuál es tu numero de celular? (ese no lo necesitan, seguro es para llamar me, que listo)
Pero Nicolás observando que no hay muros en la costa continua con los “datos faltantes”.
-¿vas a estar sola más tarde? – a lo cual respondo afirmativamente.
-¿puedo volver?- y con decisión a pesar del miedo que me embargaba dije que SI.
Así pues que esta historia Continuara….
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