Ya llevábamos más de dos años juntos, y siempre especulábamos cuando estábamos solos con la posibilidad de hacer un trío. Muchas veces, mientras la clavaba en nuestra cama le acariciaba el clítoris preguntándole si se alcanzaba a imaginar la lengua de una nena haciendo eso. Y también, cuando me lo mamaba, ella misma me decía, con la boca llena, si me imaginaba la boca de otra mujer haciéndolo. La fantasía llevó a que, en medio de las repetidas escenas, nombráramos candidatas y podría decir que hasta cogimos con varias de ellas. Por fin, apareció Magda, a quien yo conocía de hace tiempo y que, por ese entonces, vivía en Cúcuta. Aunque habíamos tenido algunas aventuras en el pasado, era una mujer casada a la que técnicamente no había vuelto a ver en algún tiempo, aunque teníamos contacto por correo y a veces hablábamos por teléfono. A Carlos, su esposo, ya lo conocía y, por ambos, sabía que les interesaba experimentar y hacer cosas que los apartaran de la rutina. Carlos y Magda eran un poco mayores que yo y, por supuesto, los tres éramos diez años más que mi novia, Ada. Ada es pequeñita, pero es de culo grande y piernas firmes, lo que le permite resistir los más fuertes embates. Tiene las tetas pequeñas pero firmes, con ese pezón rosado y erguido que tanto nos gusta a algunos de nosotros chupar. Al pensar en Magda, acordé con Ada empezar a darle a entender nuestras intenciones. Así que, una vez, luego de varios correos protocolarios, sin más ni más, le envié unas fotos, sin cara por supuesto, donde nos veíamos Ada y yo follando. Sólo se veía mi verga entrando en su coño mojado y parte de nuestro cuerpo en la imagen. En una, se veía su vientre firme y, en otra, su culo redondo y blanco. Luego, en vacaciones, Magda me dijo que vendría a Medellín y que llegaría sola, pues Carlos debía permanecer en Cúcuta trabajando. Desde los viejos tiempos, ella viene y yo me encuentro con ella y conversamos. Por aquella época, sólo nos acostábamos ocasionalmente. Incluso, en varias vacaciones vino y sólo una cerveza nos tomamos. El día que nos vimos, hablamos un poco de las fotos y, con su humor característico, me dijo que se alcanzaba a imaginar qué significaba el envío de nuestras imágenes pornográficas, pero que no se atrevía a decirlo. Le propuse que conociera a Ada y que, si estaba de acuerdo, saliéramos a bailar, pues a los tres nos gusta mucho la salsa. Tanto Ada como Magda eran consumadas bailarinas. Tal vez por eso, sean tan buenas cabalgando. Magda, yo lo sabía, se había acostado con varios hombres (más de cuarenta, decía) y había hecho tríos con su esposo. Mi Ada era ya toda una puta en ciernes, pero aún no había tenido quién despertara en ella el interés desmedido por el sexo. Sus veinte añitos “sólo” le habían permitido comerse a 8 ó 10 hombres, lo que, por supuesto, viendo a lo que hemos llegado ahora, es una cifra insignificante. Yo debo decir que, ya en aquella época, me fascinaba que mi novia se hubiera acostado con otros hombres y que en la calle la miraran y le dijeran cosas. Ahora, cuando ya vivimos juntos, me acuerdo de la afortunada manera en que empezamos a intercambiar y el modo como se inició en el contacto con el cuerpo femenino. Magda es una mujer que no tiene un cuerpo perfecto, aunque podría decir que tiene tal vez las mejores tetas que he visto. No tiene mucha cintura, pero unas piernas firmes: esas tetas enormes de pezón pequeño y su boca provocativa y perversa eran un buen ingrediente para un encuentro con Ada. Mi novia y Magda se conocieron una tarde en la Universidad y se cayeron bien. Aunque a Ada le producía algo de celos mi historia pasada con Magda, se veía más impulsada por su evidente deseo de comérsela. Acordamos que el siguiente viernes saldríamos a tomar algo y a escuchar un poco de salsa. Realmente, no se habló de nada, pero se insinuaba en el ambiente algo del asunto. Era gracioso, pero Ada no le quitaba a las tetas de Magda los ojos de encima y supe que todo podía fluir de la mejor manera. Esa noche, Ada me cabalgó de una manera desacostumbrada y me dijo, entre jadeo y jadeo, lo mucho que quería verme clavando a nuestra amiga. Me acuerdo que esa vez me pidió que me viniera en su cara y le eyaculé en la boca. Se veía bien esa carita de niña cubierta de leche, que presagiaba algunas de las cosas que haríamos después. El día llegó. Como habíamos acordado Ada y yo, me encontraría con Magda y le hablaría un poco del asunto. Luego, Ada llegaría e iríamos a tomar la cerveza acordada. Contábamos con que dijera que sí o que no. Magda y yo nos encontramos a eso de las siete de la noche y nos fuimos a un bar cercano al sitio donde estaríamos con Ada y pedimos un ron. Dado que el sitio era oscuro, decidí palpar el terreno y mirar qué tal respondería a la insinuación. Así que pasé la mano de la mesa y subí mi mano por su pierna, hasta tocar su punto. La tela del pantalón era delgada, así que el contacto tuvo un efecto inmediato. Magda se crispó y, en un arrebato, me empezó a besar, moviendo la lengua en círculos, como si se estuviera comiendo una chimba. Yo aproveché y, en medio del abrazo, metí mi mano por su culo y la introduje en medio de las nalgas. Algunos nos miraban, así que nos separamos. Le pregunté cómo se sentía y me dijo: “Superbien”. Le pregunté que si le gustaba lo que le hacía antes de vernos con mi novia y me dijo que sí. “me hace sentir mala” dijo. Pagamos y salimos a la calle. Ada ya nos esperaba en el bar, donde algunas parejas bailaban. Pedimos media de ron y empezamos a bailar y hablar. Era divertido ver la relajación que había. En un momento, los tres salimos a bailar juntos y cada una ayudó a hacerme una especie de sánduche. Sé que mi erección empezaba a ser evidente para Magda, que se empezó a reir estrepitosamente sabiendo para dónde iban las cosas. En un momento dado, empezamos a hablar del tema y Ada le confirmó nuestro propósito. Magda lo tomó bien y habló de su experiencia con Carlos. Yo intervine y le dije que deseaba que Ada tuviera esa experiencia con alguien de confianza y a quien yo apreciaba. “Me gustaría que fuera contigo con quien Ada tuviera su primer contacto con una mujer”. No sé si fue un señuelo, pero pareció sentirse halagada y dijo que estaba dispuesta a hacerlo “alguna vez”. Contó que, además, para ella era importante que la mujer fuera bonita y que le gustara. No era lesbiana, pero seguro le gustaba interactuar con una chica bonita y sana, que cuidara su cuerpo. En cierto sentido, ambas coincidían y eran fanáticas del ejercicio y tendían a sentirse atraídas por personas de buena figura. La belleza de mi amada Ada, lo sé, no pasa desapercibida tampoco para las mujeres, que casi siempre le llevan ganas. En un momento, Ada fue al baño y bailé de nuevo con Magda. Mientras le preguntaba que pensaba, la manoseaba, excitado por la perspectiva que se iba dibujando. Magda me dijo que lo estaba pensando seriamente y que sólo pensaba en dónde podíamos quedarnos los tres. El hecho de que estuviera pensando seriamente en ello me calentó y pensé en que estaba a un paso de lograr acostarme con las dos. Luego, fui yo quien se desplazó al baño. Al regresar, Ada estaba más cerca de Magda, sentada en la mesa, e incluso le tenía una mano en una pierna. Luego, vino el turno de Magda y, a solas, Ada y yo hablamos de las posibilidades. Para Ada era evidente que se iba a dar todo y que era cuestión de tiempo. Le pregunté si estaba nerviosa y me dijo que no. “Tengo ganas”, dijo. A todas estas, me di cuenta de que mientras bailábamos también le estaba pasando a ella las manos por el culo y, claro, los clientes empezaban a mirar. Cuando Magda se sentó, teníamos todas las miradas encima y, especialmente los hombres, parecían estar sólo pendientes de nosotros. Les dije a mis dos compañeras lo que ocurría y ambas rieron malévolamente. Decidimos entre los tres que los escandalizaríamos aun más, así que las besé a las dos en la boca. De verdad nos divertíamos y era agradable ver el efecto en los demás. En un momento volvimos al tema y Magda dijo algo increíble: “Debo hablar con Carlos y pedirle permiso. Si él me dice que sí, amanezco con ustedes.” La llamada se dio y la vimos hablar en un lugar apartado. Ada y yo cruzábamos los dedos y hablábamos de lo buena pareja que ellos eran. Al rato regresó con una risa en los labios y dijo que sí. Ada fue a buscar al mesero, conocido nuestro, para pagar la cuenta e irnos cuanto antes. Me quedé a solas con Magda y me dijo que lo hacía para que, luego, Ada y yo estuviéramos también con ella y con Carlos. Le dije que, seguro, podía contar con ello, aunque en mi interior no sabía si Ada aceptaría la cosa. Luego, puedo adelantar que, camino al motel, Ada y yo hablamos un rato a solas mientras Magda hablaba por teléfono y le dije la condición interpuesta. Para mi sorpresa, Ada dijo que le gustaría comérsele al esposo. “He creado un monstruo”, me dije, feliz de ver cómo avanzaban las cosas. Por supuesto, Ada se acostó con Carlos, pero eso es tema de otra historia. Al inicio, hubo timidez en ambas. Así que puse a llenar la bañera y les propuse sumergirnos en agua caliente. Yo fui el primero en quitarse la ropa. Y, luego, ambas lo hicieron. Ada no tenía sostén y Magda estaba de ropa interior negra. Un hilo dental le dividía las dos nalgas en dos hemisferios que prometían placeres insospechados. Además del trío, me animaba la perspectiva de volver a estar dentro de ella. Me calentó verlas a ambas desnudas, y un poco tímidas. Luego, entramos al agua. Ada se sentó en medio de Magda y yo. Las tetas de ambas daban en el nivel del agua. El agua les lamía los pezones y yo pensaba en cómo sería verlas haciéndose con la lengua. Debajo del agua vi la mano de Ada acariciando suavemente la pierna de Magda, que empezaba ya a excitarse. En un momento, les dije que si podía besarlas y ambas dijeron que sí. Metí la lengua en la boca de las dos (primero a Magda) y saboreé sus labios. En un momento, mientras besaba Magda miré a Ada, y vi que estaba muy caliente y se empezaba a frotar la mano en una de sus tetas. Luego, nos separamos y las volví a mirar. Magda era la que deslizaba ahora su mano y la llevaba hasta el coño de Ada, que cerraba los ojos, mientras se deslizaba en el agua como un pececillo asustado. Después de un rato me senté en el borde de la bañera, y Magda le dijo a Ada que si me lo podía mamar. Ada le dijo que estaba esperando con ansias que lo pidiera y le dijo que ella también quería chuparlo después. La manera de Magda mamarlo es particular, porque la primera vez se lo mete hasta el fondo de la garganta y le gusta que sus labios lleguen hasta las güevas. Me hacía con fuerza, agarrándome del culo, apretándome el glande con la garganta. En un momento, Ada le agarró las manos por la espalda y empezó a empujarle la cabeza. La mamada de Ada no fue menos mala y debo decir que debí aguantarme para no venirme, sobre todo cuando ambas empezaron a trabajarme la verga. Una en la cabeza y la otra en la base. A veces las dos lenguas se encontraban y abandonaban mi verga, para trenzarse un beso intenso, que se interrumpía para que cada una volviera a empezar a mamarlo. Siguiendo su costumbre, Ada escupió mi verga y deslizó la mano. Magda hizo también lo suyo y se frotó toda la cara con el miembro. Al final, fue Magda quien propuso secarnos e irnos a la cama. Allí, fui testigo de algo maravillososo, pues, literalmente, Magda se devoró a Ada. Empezó por sus tetas y luego bajó hasta su coño, que le comió deliciosamente mientras paraba su nada despreciable culo ante mí. Quería ser sólo testigo pero era imposible no involucrarse viendo lo que estaba frente a mi cara, abierto y a disposición. Le separé las nalgas y empecé a pasarle la lengua y después a introducírsela por el ano. En un momento ambas empezaron a gemir y aparté mi cara para ver a Ada presa del éxtasis. Luego, Magda se apartó y me dijo casi ordenándomelo: “clávala yo veo”. Lo hice y de inmediato Magda empezó a lamerle el clítoris a nuestra amiga. Se notaba que lo hacía bien, pues el coño de Ada empezó a palpitar y se vino varias veces seguidas. Luego, fue el turno de Magda, a quien Ada se folló como toda una experta. No sólo le chupaba las tetas, la masturbaba y le lamía su chimba rosada y de labios cortos, sino que también se atrevió a pasarle la lengua por el culo y a meterle dos dedos. El culo de Magda es apretado, y hasta donde sé nunca se ha dejado clavar por ahí. Mi Ada tiene el culo un poco más abierto, y ya después de varios años en el asunto swinger, puedo decir se ha dejado penetrar analmente de varios hombres. Algunas veces hemos hecho la doble penetración, algo que debe hacerse con cuidado, pero que resulta de verdad inolvidable. Después de un rato, Magda estuvo a mi disposición y, luego de que Ada le abriera los labios de su vagina para mí, me puse el condón y la clavé lentamente, ella boca arriba. Luego le pedí a Ada que se sentara en la cara de Magda para que ella le chupara el clítoris y los labios mientras yo le metía la verga. El panorama era maravilloso. El hermoso culo de Ada ocultaba la cara de Magda, que se esforzaba en erguirse para poder hacerle con la lengua. En un momento dado, los tres nos vinimos y tanto Ada como Magda no paraban de decir cosas. En un momento que se besaban y se hacían con la mano, pude oír que Ada le decía a Magda que se quería comer a Carlos y “chuparle la verga bien rico”. Ambas se calentaban más. Esa noche follamos varias veces, y lo que más recuerdo fue cuando Ada se puso de espaldas y Magda apoyó la cara en su culo. Pude meter mi verga en el coño de Ada y luego pasarlo a la boca de Magda, que lo lamía como una golosina. Amanecimos abrazados, con una sonrisa en la cara. Hasta el guayabo de las copas de la noche se había esfumado. Todos olíamos a semen y flujos corporales. Antes de levantarnos, se las chupé a ambas y Ada volvió a correrse, mojándome la cara. Mientras Magda se bañaba, empecé a clavar a Ada de rodillas, y cuando Magda salió la invitamos a participar, pero no aceptó. Sin embargo, se quedó mirando mientras yo se la metía a Ada y le daba palmadas en la nalga. Hacía comentarios sobre el cuerpo de Ada, que al parecer le producía admiración. Cuando me iba a venir, pidió que me corriera fuera de Ada para ella ver salir el semen. Luego de hacerlo y de que Ada quedara con el culo y la espalda bañada, Magda pasó la mano y esparció un poco más el semen. Nos bañamos, salimos del motel y convinimos que Magda contaría todo a Carlos y que quedábamos con un compromiso para un intercambio. Pero esa es otra historia, que contaremos en otra ocasión. Por ahora, ahí va la historia de nuestro inicio.

Relato de comunidad Intercambiosschedule 13 min de lectura calendar_today Enero de 2011
La Primera Vez En Un Trío
Ya llevábamos más de dos años juntos, y siempre especulábamos cuando estábamos solos con la posibilidad de hacer un trío. Muchas veces, mientras la clavaba en nuestra cama le acariciaba el clítoris preguntándole si se alcanzaba a imaginar la lengua de una nena haciendo eso. Y también,....
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