La Primera Vez En Un Trío
Relato de comunidad Intercambiosschedule 13 min de lectura calendar_today Enero de 2011

La Primera Vez En Un Trío

Ya llevábamos más de dos años juntos, y siempre especulábamos cuando estábamos solos con la posibilidad de hacer un trí­o. Muchas veces, mientras la clavaba en nuestra cama le acariciaba el clí­toris preguntándole si se alcanzaba a imaginar la lengua de una nena haciendo eso. Y también,....

openpair

Somos pareja swinger·28seguidores

menu_book Más relatos
18_up_rating

Contenido adulto. Este relato fue escrito por un miembro de la comunidad. Léelo solo si tienes 18+ y mente abierta.

Ya llevábamos más de dos años juntos, y siempre especulábamos cuando estábamos solos con la posibilidad de hacer un trí­o. Muchas veces, mientras la clavaba en nuestra cama le acariciaba el clí­toris preguntándole si se alcanzaba a imaginar la lengua de una nena haciendo eso. Y también, cuando me lo mamaba, ella misma me decí­a, con la boca llena, si me imaginaba la boca de otra mujer haciéndolo. La fantasí­a llevó a que, en medio de las repetidas escenas, nombráramos candidatas y podrí­a decir que hasta cogimos con varias de ellas. Por fin, apareció Magda, a quien yo conocí­a de hace tiempo y que, por ese entonces, viví­a en Cúcuta. Aunque habí­amos tenido algunas aventuras en el pasado, era una mujer casada a la que técnicamente no habí­a vuelto a ver en algún tiempo, aunque tení­amos contacto por correo y a veces hablábamos por teléfono. A Carlos, su esposo, ya lo conocí­a y, por ambos, sabí­a que les interesaba experimentar y hacer cosas que los apartaran de la rutina. Carlos y Magda eran un poco mayores que yo y, por supuesto, los tres éramos diez años más que mi novia, Ada. Ada es pequeñita, pero es de culo grande y piernas firmes, lo que le permite resistir los más fuertes embates. Tiene las tetas pequeñas pero firmes, con ese pezón rosado y erguido que tanto nos gusta a algunos de nosotros chupar. Al pensar en Magda, acordé con Ada empezar a darle a entender nuestras intenciones. Así­ que, una vez, luego de varios correos protocolarios, sin más ni más, le envié unas fotos, sin cara por supuesto, donde nos veí­amos Ada y yo follando. Sólo se veí­a mi verga entrando en su coño mojado y parte de nuestro cuerpo en la imagen. En una, se veí­a su vientre firme y, en otra, su culo redondo y blanco. Luego, en vacaciones, Magda me dijo que vendrí­a a Medellí­n y que llegarí­a sola, pues Carlos debí­a permanecer en Cúcuta trabajando. Desde los viejos tiempos, ella viene y yo me encuentro con ella y conversamos. Por aquella época, sólo nos acostábamos ocasionalmente. Incluso, en varias vacaciones vino y sólo una cerveza nos tomamos. El dí­a que nos vimos, hablamos un poco de las fotos y, con su humor caracterí­stico, me dijo que se alcanzaba a imaginar qué significaba el enví­o de nuestras imágenes pornográficas, pero que no se atreví­a a decirlo. Le propuse que conociera a Ada y que, si estaba de acuerdo, saliéramos a bailar, pues a los tres nos gusta mucho la salsa. Tanto Ada como Magda eran consumadas bailarinas. Tal vez por eso, sean tan buenas cabalgando. Magda, yo lo sabí­a, se habí­a acostado con varios hombres (más de cuarenta, decí­a) y habí­a hecho trí­os con su esposo. Mi Ada era ya toda una puta en ciernes, pero aún no habí­a tenido quién despertara en ella el interés desmedido por el sexo. Sus veinte añitos “sólo” le habí­an permitido comerse a 8 ó 10 hombres, lo que, por supuesto, viendo a lo que hemos llegado ahora, es una cifra insignificante. Yo debo decir que, ya en aquella época, me fascinaba que mi novia se hubiera acostado con otros hombres y que en la calle la miraran y le dijeran cosas. Ahora, cuando ya vivimos juntos, me acuerdo de la afortunada manera en que empezamos a intercambiar y el modo como se inició en el contacto con el cuerpo femenino. Magda es una mujer que no tiene un cuerpo perfecto, aunque podrí­a decir que tiene tal vez las mejores tetas que he visto. No tiene mucha cintura, pero unas piernas firmes: esas tetas enormes de pezón pequeño y su boca provocativa y perversa eran un buen ingrediente para un encuentro con Ada. Mi novia y Magda se conocieron una tarde en la Universidad y se cayeron bien. Aunque a Ada le producí­a algo de celos mi historia pasada con Magda, se veí­a más impulsada por su evidente deseo de comérsela. Acordamos que el siguiente viernes saldrí­amos a tomar algo y a escuchar un poco de salsa. Realmente, no se habló de nada, pero se insinuaba en el ambiente algo del asunto. Era gracioso, pero Ada no le quitaba a las tetas de Magda los ojos de encima y supe que todo podí­a fluir de la mejor manera. Esa noche, Ada me cabalgó de una manera desacostumbrada y me dijo, entre jadeo y jadeo, lo mucho que querí­a verme clavando a nuestra amiga. Me acuerdo que esa vez me pidió que me viniera en su cara y le eyaculé en la boca. Se veí­a bien esa carita de niña cubierta de leche, que presagiaba algunas de las cosas que harí­amos después. El dí­a llegó. Como habí­amos acordado Ada y yo, me encontrarí­a con Magda y le hablarí­a un poco del asunto. Luego, Ada llegarí­a e irí­amos a tomar la cerveza acordada. Contábamos con que dijera que sí­ o que no. Magda y yo nos encontramos a eso de las siete de la noche y nos fuimos a un bar cercano al sitio donde estarí­amos con Ada y pedimos un ron. Dado que el sitio era oscuro, decidí­ palpar el terreno y mirar qué tal responderí­a a la insinuación. Así­ que pasé la mano de la mesa y subí­ mi mano por su pierna, hasta tocar su punto. La tela del pantalón era delgada, así­ que el contacto tuvo un efecto inmediato. Magda se crispó y, en un arrebato, me empezó a besar, moviendo la lengua en cí­rculos, como si se estuviera comiendo una chimba. Yo aproveché y, en medio del abrazo, metí­ mi mano por su culo y la introduje en medio de las nalgas. Algunos nos miraban, así­ que nos separamos. Le pregunté cómo se sentí­a y me dijo: “Superbien”. Le pregunté que si le gustaba lo que le hací­a antes de vernos con mi novia y me dijo que sí­. “me hace sentir mala” dijo. Pagamos y salimos a la calle. Ada ya nos esperaba en el bar, donde algunas parejas bailaban. Pedimos media de ron y empezamos a bailar y hablar. Era divertido ver la relajación que habí­a. En un momento, los tres salimos a bailar juntos y cada una ayudó a hacerme una especie de sánduche. Sé que mi erección empezaba a ser evidente para Magda, que se empezó a reir estrepitosamente sabiendo para dónde iban las cosas. En un momento dado, empezamos a hablar del tema y Ada le confirmó nuestro propósito. Magda lo tomó bien y habló de su experiencia con Carlos. Yo intervine y le dije que deseaba que Ada tuviera esa experiencia con alguien de confianza y a quien yo apreciaba. “Me gustarí­a que fuera contigo con quien Ada tuviera su primer contacto con una mujer”. No sé si fue un señuelo, pero pareció sentirse halagada y dijo que estaba dispuesta a hacerlo “alguna vez”. Contó que, además, para ella era importante que la mujer fuera bonita y que le gustara. No era lesbiana, pero seguro le gustaba interactuar con una chica bonita y sana, que cuidara su cuerpo. En cierto sentido, ambas coincidí­an y eran fanáticas del ejercicio y tendí­an a sentirse atraí­das por personas de buena figura. La belleza de mi amada Ada, lo sé, no pasa desapercibida tampoco para las mujeres, que casi siempre le llevan ganas. En un momento, Ada fue al baño y bailé de nuevo con Magda. Mientras le preguntaba que pensaba, la manoseaba, excitado por la perspectiva que se iba dibujando. Magda me dijo que lo estaba pensando seriamente y que sólo pensaba en dónde podí­amos quedarnos los tres. El hecho de que estuviera pensando seriamente en ello me calentó y pensé en que estaba a un paso de lograr acostarme con las dos. Luego, fui yo quien se desplazó al baño. Al regresar, Ada estaba más cerca de Magda, sentada en la mesa, e incluso le tení­a una mano en una pierna. Luego, vino el turno de Magda y, a solas, Ada y yo hablamos de las posibilidades. Para Ada era evidente que se iba a dar todo y que era cuestión de tiempo. Le pregunté si estaba nerviosa y me dijo que no. “Tengo ganas”, dijo. A todas estas, me di cuenta de que mientras bailábamos también le estaba pasando a ella las manos por el culo y, claro, los clientes empezaban a mirar. Cuando Magda se sentó, tení­amos todas las miradas encima y, especialmente los hombres, parecí­an estar sólo pendientes de nosotros. Les dije a mis dos compañeras lo que ocurrí­a y ambas rieron malévolamente. Decidimos entre los tres que los escandalizarí­amos aun más, así­ que las besé a las dos en la boca. De verdad nos divertí­amos y era agradable ver el efecto en los demás. En un momento volvimos al tema y Magda dijo algo increí­ble: “Debo hablar con Carlos y pedirle permiso. Si él me dice que sí­, amanezco con ustedes.” La llamada se dio y la vimos hablar en un lugar apartado. Ada y yo cruzábamos los dedos y hablábamos de lo buena pareja que ellos eran. Al rato regresó con una risa en los labios y dijo que sí­. Ada fue a buscar al mesero, conocido nuestro, para pagar la cuenta e irnos cuanto antes. Me quedé a solas con Magda y me dijo que lo hací­a para que, luego, Ada y yo estuviéramos también con ella y con Carlos. Le dije que, seguro, podí­a contar con ello, aunque en mi interior no sabí­a si Ada aceptarí­a la cosa. Luego, puedo adelantar que, camino al motel, Ada y yo hablamos un rato a solas mientras Magda hablaba por teléfono y le dije la condición interpuesta. Para mi sorpresa, Ada dijo que le gustarí­a comérsele al esposo. “He creado un monstruo”, me dije, feliz de ver cómo avanzaban las cosas. Por supuesto, Ada se acostó con Carlos, pero eso es tema de otra historia. Al inicio, hubo timidez en ambas. Así­ que puse a llenar la bañera y les propuse sumergirnos en agua caliente. Yo fui el primero en quitarse la ropa. Y, luego, ambas lo hicieron. Ada no tení­a sostén y Magda estaba de ropa interior negra. Un hilo dental le dividí­a las dos nalgas en dos hemisferios que prometí­an placeres insospechados. Además del trí­o, me animaba la perspectiva de volver a estar dentro de ella. Me calentó verlas a ambas desnudas, y un poco tí­midas. Luego, entramos al agua. Ada se sentó en medio de Magda y yo. Las tetas de ambas daban en el nivel del agua. El agua les lamí­a los pezones y yo pensaba en cómo serí­a verlas haciéndose con la lengua. Debajo del agua vi la mano de Ada acariciando suavemente la pierna de Magda, que empezaba ya a excitarse. En un momento, les dije que si podí­a besarlas y ambas dijeron que sí­. Metí­ la lengua en la boca de las dos (primero a Magda) y saboreé sus labios. En un momento, mientras besaba Magda miré a Ada, y vi que estaba muy caliente y se empezaba a frotar la mano en una de sus tetas. Luego, nos separamos y las volví­ a mirar. Magda era la que deslizaba ahora su mano y la llevaba hasta el coño de Ada, que cerraba los ojos, mientras se deslizaba en el agua como un pececillo asustado. Después de un rato me senté en el borde de la bañera, y Magda le dijo a Ada que si me lo podí­a mamar. Ada le dijo que estaba esperando con ansias que lo pidiera y le dijo que ella también querí­a chuparlo después. La manera de Magda mamarlo es particular, porque la primera vez se lo mete hasta el fondo de la garganta y le gusta que sus labios lleguen hasta las güevas. Me hací­a con fuerza, agarrándome del culo, apretándome el glande con la garganta. En un momento, Ada le agarró las manos por la espalda y empezó a empujarle la cabeza. La mamada de Ada no fue menos mala y debo decir que debí­ aguantarme para no venirme, sobre todo cuando ambas empezaron a trabajarme la verga. Una en la cabeza y la otra en la base. A veces las dos lenguas se encontraban y abandonaban mi verga, para trenzarse un beso intenso, que se interrumpí­a para que cada una volviera a empezar a mamarlo. Siguiendo su costumbre, Ada escupió mi verga y deslizó la mano. Magda hizo también lo suyo y se frotó toda la cara con el miembro. Al final, fue Magda quien propuso secarnos e irnos a la cama. Allí­, fui testigo de algo maravillososo, pues, literalmente, Magda se devoró a Ada. Empezó por sus tetas y luego bajó hasta su coño, que le comió deliciosamente mientras paraba su nada despreciable culo ante mí­. Querí­a ser sólo testigo pero era imposible no involucrarse viendo lo que estaba frente a mi cara, abierto y a disposición. Le separé las nalgas y empecé a pasarle la lengua y después a introducí­rsela por el ano. En un momento ambas empezaron a gemir y aparté mi cara para ver a Ada presa del éxtasis. Luego, Magda se apartó y me dijo casi ordenándomelo: “clávala yo veo”. Lo hice y de inmediato Magda empezó a lamerle el clí­toris a nuestra amiga. Se notaba que lo hací­a bien, pues el coño de Ada empezó a palpitar y se vino varias veces seguidas. Luego, fue el turno de Magda, a quien Ada se folló como toda una experta. No sólo le chupaba las tetas, la masturbaba y le lamí­a su chimba rosada y de labios cortos, sino que también se atrevió a pasarle la lengua por el culo y a meterle dos dedos. El culo de Magda es apretado, y hasta donde sé nunca se ha dejado clavar por ahí­. Mi Ada tiene el culo un poco más abierto, y ya después de varios años en el asunto swinger, puedo decir se ha dejado penetrar analmente de varios hombres. Algunas veces hemos hecho la doble penetración, algo que debe hacerse con cuidado, pero que resulta de verdad inolvidable. Después de un rato, Magda estuvo a mi disposición y, luego de que Ada le abriera los labios de su vagina para mí­, me puse el condón y la clavé lentamente, ella boca arriba. Luego le pedí­ a Ada que se sentara en la cara de Magda para que ella le chupara el clí­toris y los labios mientras yo le metí­a la verga. El panorama era maravilloso. El hermoso culo de Ada ocultaba la cara de Magda, que se esforzaba en erguirse para poder hacerle con la lengua. En un momento dado, los tres nos vinimos y tanto Ada como Magda no paraban de decir cosas. En un momento que se besaban y se hací­an con la mano, pude oí­r que Ada le decí­a a Magda que se querí­a comer a Carlos y “chuparle la verga bien rico”. Ambas se calentaban más. Esa noche follamos varias veces, y lo que más recuerdo fue cuando Ada se puso de espaldas y Magda apoyó la cara en su culo. Pude meter mi verga en el coño de Ada y luego pasarlo a la boca de Magda, que lo lamí­a como una golosina. Amanecimos abrazados, con una sonrisa en la cara. Hasta el guayabo de las copas de la noche se habí­a esfumado. Todos olí­amos a semen y flujos corporales. Antes de levantarnos, se las chupé a ambas y Ada volvió a correrse, mojándome la cara. Mientras Magda se bañaba, empecé a clavar a Ada de rodillas, y cuando Magda salió la invitamos a participar, pero no aceptó. Sin embargo, se quedó mirando mientras yo se la metí­a a Ada y le daba palmadas en la nalga. Hací­a comentarios sobre el cuerpo de Ada, que al parecer le producí­a admiración. Cuando me iba a venir, pidió que me corriera fuera de Ada para ella ver salir el semen. Luego de hacerlo y de que Ada quedara con el culo y la espalda bañada, Magda pasó la mano y esparció un poco más el semen. Nos bañamos, salimos del motel y convinimos que Magda contarí­a todo a Carlos y que quedábamos con un compromiso para un intercambio. Pero esa es otra historia, que contaremos en otra ocasión. Por ahora, ahí­ va la historia de nuestro inicio.

— openpair

13 de enero de 2011

visibility 2.8k lecturas chat_bubble0
openpair

Escrito por

28 seguidores ·Somos pareja swinger

Comentarios

0 comentarios

Inicia sesión para dejar un comentario.

login Entrar
Sé el primero en comentar.

Sigue leyendo

Otros relatos intercambios

El paso que sigue

Intercambios

El paso que sigue

Juanpablocq1Juanpablocq1·hace 1 día
schedule 13 min
visibility 325favorite 1chat_bubble 0

Lo más reciente

Recién publicados por la comunidad

Ella es Mía

Sexo con maduras

Ella es Mía

Frank0922Frank0922·hace 11 horas
schedule 7 min
visibility 148favorite 0chat_bubble 0