La visión la tengo muy clara a pesar de que ya había pasado más de un mes: Luisa de espalda, agachada contra el borde de la cama, apoyando los antebrazos en el colchón, con las piernas extendidas y abiertas unos 40 centímetros que dejaban expuesto por completo la abertura del ano -recién rasurado para la ocasión aunque amaba besar sus vellitos- y una porción de su entrada principal, que se veía hinchada y como barnizada por el lubricante que habían regado con generosidad por toda la zona: sabía que si Luisa hallaba desagradable o muy dolorosa la experiencia, probablemente nunca la repetiría.Vuelvo a tener una erección cada que recuerdo el instante en que le meto un dedo por el culito para irla preparando para lo que vendría. El dedo meñique, luego el índice. Podría quedarme horas contemplando ese paisaje. Ahí estaba a escasos centímetros la tierra prometida, esa porción de carne en la que no puedo dejar de pensar así llene la agenda con citas, tareas y obligaciones que me hacen ver como un tipo muy ocupado. Bueno, no es solo una porción de piel: podría tener un orgasmo en cualquier momento, cuando quisiera, con el recuerdo de sus muslos largos y firmes, o el de sus tetas y nalgas de eterna adolecente, o su ombligo sutilmente tapizado con una pelusa dorada, o su espalda, o sus orejas que se erizan con solo rosarlas, o sus labios…sus labios que nacieron para mamar.Lo tengo metido dentro del culo de Luisa, y quiero convertir en mármol o en bronce este momento. ¡Que dure para siempre¡ Luisa se ha convertido en una fruta exótica y difícil: está recién casada y tiene un trabajo de 8 a 6 que no le permite muchas libertades. La comunicación con ella parece asunto de los espías más avezados: celulares clandestinos, llamadas desde teléfonos públicos, correos electrónicos creados exclusivamente para nuestros encuentros, salas de chat a las que entramos con seudónimos inverosímiles: vainilla, Señor R, Angel de ojos tristes, Angel caído…En medio de una de esas charlas en Messenger, fuí sorprendido por Ana, mi novia de toda la vida. Tenía el cuadro de dialogo abierto, con las cámaras prendidas. Le dí clic de cerrar a todo lo que encontré, pero aparecían mensajes nuevos, el computador pedía permiso para cerrar las aplicaciones, y luisa permanecía allí, en la cámara, sonriendo si entender cuáles eran mis afanes. No había otra salida: apagué la pantalla, apagué el computador, desconecté todos los cables que pude, y me dispuse a darle a Ana una elaborada explicación de lo que estaba haciendo, mientras rogaba que al prender de nuevo el aparato este no se reiniciara con los programas que había tratado de apagar. -Estaba viendo porno, que pena- le dije.-Pero si yo se que ves porno todo el día, y hasta me muestras las páginas. Por qué apagaste el computador, a quien estabas viendo empelota.-Esto era diferente…-Te he visto entrando a páginas de sado, de travestis, de mujeres lesbianas luchando, de viejas culiandose tipos con unos pipís inmensos. No sé que puedas estar viendo nuevo si ya lo has visto todo. ¡Y el susto que te dio¡ Muéstrame que estas escondiendo-Estaba viendo una página de niñas prepago que recomiendan en Guía Cereza. Colegialas de Medellín, unas niñitas que…-Ah, no te creo. Ya me habías mostrado una página de niñas prepagos…-No, no. En esta página dan teléfonos, direcciones, precios, y les muestran las caras. Donde me veas revisando esa página crees que estoy por contratar a una de las niñas.Pude sortear el incidente con cierto éxito. Digo cierto, por que Ana en sus conversaciones empezó a utilizar con mucha insistencia palabras como “infidelidad”, “cachos”, “cuernos”, y de un momento a otro retomó ciertos modales de esa “putica” que fue en sus primeros años de noviazgo: no perdía oportunidad para cogerme el bulto, para sacarme orgasmos recién levantados, para sorprenderme en la ducha, hasta me lo mamaba de noche, sin avisar y cuando ya estamos medio dormidos, y se tragaba toda la leche sin esfuerzo, cosa que no hacía por años. Yo sabía que estos polvos tranquilizaban a mi novia y la mantenían alejada de peligrosas pesquisas en mis teléfonos y en el computador. Y encontré una forma de acercarme al bronce en el que quería perpetuar la imagen de esa primera vez que se lo metí a Luisa por el culo. Siempre que Ana se me acerca con intensiones de robarme un polvo, la pongo de espaldas contra la cama, le separo las piernas, le abro las nalgas con las manos, y se lo meto con ganas, lo más profundo que puedo. Ahora estoy con Ana y con Luisa a la vez, sacándoles a las dos, simultáneamente, esos quejiditos de dolor y de placer que sigo escuchando por el resto del día.

Relato de comunidad Hetero: Infidelidadschedule 4 min de lectura calendar_today Enero de 2011
Un Cuento De Navidad
La visión la tengo muy clara a pesar de que ya había pasado más de un mes: Luisa de espalda, agachada contra el borde de la cama, apoyando los antebrazos en el colchón, con las piernas extendidas y abiertas unos 40 centímetros que dejaban expuesto por completo la abertura del ano....
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