AVENTURAS DE UNA PAREJA SWINGER AL100% (1era PARTE)
Relato de comunidad Intercambiosschedule 14 min de lectura calendar_today Abril de 2011

AVENTURAS DE UNA PAREJA SWINGER AL100% (1era PARTE)

Lorena, rompiendo el silencio de la noche, me dice con esa voz que sabe cargar de sutil deseo cuando quiere algo y que ciertamente le resulta muy efectiva a la hora de erotizar, imagino que al igual que a mí a cualquier hombre, y por supuesto, si quisiera, con ello alcanzar sus fines, que le....

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Lorena, rompiendo el silencio de la noche, me dice con esa voz que sabe cargar de sutil deseo cuando quiere algo y que ciertamente le resulta muy efectiva a la hora de erotizar, imagino que al igual que a mí a cualquier hombre, y por supuesto, si quisiera, con ello alcanzar sus fines, que le gustaría que invitáramos a Alejandro a la casa a tomar algo; “Alejandro el de la pareja que conocimos hace quince días” me dice. “Rico si es este viernes o el sábado” ¿qué te parece?

Estábamos espalda con espalda, ya nos habíamos dado el beso de las buenas noches y apagado la T.V. Sentía la suavidad refrescante del satín de su pijamita. -Sí, rico, -le digo con algo de entusiasmo y siento “esa cosquillita” en el bajo vientre que a veces gobierna a través del tirano deseo algunos de nuestros destinos inmediatos. -¿Te gustó, Alejandro, no? -Sí, es lindo, me responde con decisión. La pasé bien, nos entendimos, huele rico, besa rico, se sabe mover. Ah, y sobre todo tiene esa cabecita como tanto me gusta: ¡bien cabezona! ¿Y quieres que lo invitemos a él solo, y Mary qué? Le pregunté, intuyendo la respuesta. Yo ya sabía que no había habido buena energía entre ellas dos. ¿Será que la embarramos si le pedimos que venga él solito? Me suelta por respuesta. -Pues no sé, mi amor, le respondo, ¿No has hablado con él en estos días? -No, me dice. Con ganas, pero me da cosita.

Le sugiero que lo llame para saludarlo y que entre una cosa y la otra le adivine en qué disposición está de si le gustaría un trío. Jah, pero ella me pide que sea yo quien lo llame y le haga esas averiguaciones, ¡Qué tal! En otro escenario y con otros personajes esta conversación sería inverosímil, pero siendo nosotros, aquí y ahora es precisamente este tipo de cosas lo que le confiere una fuerte carga erótica a nuestra relación, ya no somos sólo esposos que comparten los deberes y obligaciones propias de un matrimonio, sino que nos hemos convertido además en cómplices, amantes y al mismo tiempo muy buenos amigos, y todo por cuenta de compartir juntos un tema que nos hace íntimos cómplices y confidentes: el del sexo. Es nuestro punto de encuentro para romper conscientemente la cotidianidad y la monotonía. La válvula de escape a la presión de los problemas de la vida moderna. Este sexo abierto a todas las posibilidades, a fantasear y a atrevernos a llevar a la realidad estas fantasías es nuestro “recreo”.

Descubrimos también que experimentamos un extraño placer, paralelo y complementario, con estos divertimentos; la permanente sensación de estar al margen de las convenciones sociales, al margen de la “legalidad” de la moral (doble y falsísima moral, para ser más precisos.) de nuestro tiempo: porque aunque estemos en pleno 2011, la santurronería y la mojigatería, y la doble moral y la fuerza ignorantizante de las religiones campean con vigor. Alguna vez hablando de esto llegamos a identificarnos de alguna forma con Robin Hood y nos autoproclamamos desde entonces aventureros al servicio de la noble causa del placer.

Ella estira su brazo derecho y su mano toma mi verga; la encontró medio parada, despertando, pues no fue sino soltar la primera insinuación de “aventura” hace tan sólo unos segundos para despertarla. Ella sabe perfectamente cómo excitarme. Me la masajeaba con parsimonia al tiempo que me decía con la misma vocecita sensual que se ha masturbado estos días, en las mañanas, sobretodo, pensando en él, imaginándolo tendido en nuestra cama, en la mañana. Ella lo recibiría en nuestra casa vestida únicamente con la bata que sabe que se ve mejor, una cortica, roja, de seda en la que se le marcan perfectamente los botones pronunciados de sus pechos.

Esa mañana, tras despertarme antes de tiempo montándose sobre mí para hacerme el amor y mandarme a trabajar bien exprimido y habiéndome premiado luego con un rico desayuno, me despacharía con un beso y una mirada que aunque pícara no despertaría en mí sospecha alguna. Él, quizás acechando cerca a la casa y una vez comprobar que me he ido a trabajar, se dirigiría a la entrada, golpearía suavemente a la puerta, tres veces, tal y como habían quedado, pero la encontraría abierta. Alejandro ingresa sigiloso, mira para todos lados, no la ve, busca en los rincones, pero no la encuentra. En la cocina no está. Encuentra un baño, la busca allí, pero tampoco está. Recorre las habitaciones, pero nada. La llama en voz baja y nadie responde. Sospecha que algo no anda bien y considera prudente volver sobre sus pasos y abandonar esa casa. Se detiene en la que debe ser la alcoba matrimonial a juzgar por el tamaño de la cama. Sobre ésta reposa extendido un conjunto de ropa íntima que indudablemente debe ser de ella. Es muy pequeña y semitransparente. Mira para los lados para comprobar que nadie lo está viendo. Se da cuenta que está solo así que toma el panty entre sus manos y se lo lleva a la nariz; tiene los ojos cerrados inspirando profundamente, seguramente queriendo hallar algún íntimo aroma natural. Sólo percibe el perfume del jabón, pero la prenda es de una exquisitez tal que nada más tenerlo en las manos genera placer. Se imagina esa pieza pegada a la vulva, a los labios y las formas del triángulo de amor de Lorena; el hilo hundido entre sus tersas nalgas. De repente unos dedos tocan su hombro desde atrás, abre los ojos asustado, voltea en redondo y se encuentra con la figura de Lorena que suelta una sonora carcajada. ¡Qué grato recibimiento le debe parecer verla reír así! Cuando pasados unos segundos para de reír se le queda mirando deseosamente, hambrienta, inquieta, impúdica, vagabunda de pie con las piernas ligeramente abiertas sobre unos “indecentes” tacones rojos que hacen juego perfectamente con la escasa ropa que lleva; nuestra apreciada bata de seda y bajo ésta unos exquisitos “hilos” del mismo color. Se lanza a su boca, lo besa húmeda y profundamente, le abre la cremallera del pantalón, introduce su manita curiosa y encuentra dormido el juguete que anhela; le gusta encontrarlo así, como un cachorrito tierno que inspira acariciar. Lleva sus dedos afanados a los botones de la camisa. Con experta agilidad hace que la camisa de Alejandro caiga al piso. Siente un placer estremecedor de poder acariciar con sus dos manos el torso del hombre. Le gusta su olor, palpa su piel y puede sentir la frescura que dejó un baño reciente. Lo libera de cinturón y pantalón, y por gusto propio lo deja únicamente en los boxers ajustados que trae. Le encanta acariciar así, por encima del algodón, adivinando con el tacto lo que hay dentro. Aún está blando, pero a ella eso no la desanima. Baja y sus labios besan y mordisquean delicadamente la suave tela blanca, siente una tentadora tibieza y un seductor olor. Lo tumba suavemente sobre la cama y se monta sobre él con las piernas abiertas. Sus delicados dedos se apoyan en el pecho de Alejandro y comienza a moverse arrítmicamente, frotando su vulva contra el bulto del amante. Continúa unos segundos más con este movimiento hasta que de repente se detiene en paro y en su cara se dibujan gestos ¿De dolor, placer? Hace esfuerzos por contenerse y le suelta una frase casi que agónica: -¡No me quiero venir todavía! Y su voz se ahoga en los labios de Alejandro. El hombre que hasta ahora ha sido totalmente pasivo, tras desanudar el cordón introduce sus manos en la bata, vuelve a sentir entre sus dedos esos deliciosos pechos, los pezones duros, la piel tibia y tersa. La visión es magnífica: las exquisitas sombras que le dan forma a la redondez de unas impactantes tetas de hembra madura, el vientre plano enmarcando un ombligo seductor y como delicado adorno las sensuales figuras del diminuto panty que esconde ese maravilloso jardín de placeres que una vez gozó por un par de horas. Ya los labios de la vulva de Lorena sienten el despertar de la verga sometida. Se está poniendo dura, piensa ella y con más entrega se frota. Se levanta y se arrodilla frente al hombre, con las dos manos acaricia la semiparada verga, se decide a bajar los boxers y es primero su lengua la que acaricia al que está despertando; luego sus labios. Con saliva lo baña en toda su extensión. Ahora es su boca la que se entrega al placer de mamar con íntimo goce lo que en este momento le parece un verdadero postre. Se lo mama tan intensamente que casi consigue que Alejandro se derrame en su boca. Si no es porque los gemidos del hombre lo delatan de la inminente llegada, a Lorena la hubiera sorprendido el chorro de semen en su boca. A ella eso no le hubiera molestado, pero quería primero ser penetrada generosamente por esa verga y poderla sentir adentro, muy adentro, antes de hacerlo derramar. Ella se pone en pie y se baja el delicado panty, lo recoge y lo lanza a la cara del hombre, éste sonríe maliciosamente y lo pega a la nariz. Lorena vuelve a montarse. Ya la verga está plenamente vigorosa. Palpita sobre el vientre del hombre. Seguramente él está pensando en los condones que trae en uno de los bolsillos del pantalón y que le costó trabajo conseguir a última hora en el comercio esa mañana. Está a la expectativa de que ella los solicite. Ella se sube lentamente. A pesar de que abre sus piernas generosamente, se ayuda con sus dedos a abrir los labios. Los posa delicadamente sobre la extensión de la verga, abrazándola, impregnándola con su humedad. Alejandro yace cómodamente acostado. -Me gusta sentirla así, -le comunica ella, el tronco desnudo masajeándome, acariciándome la vulva. Está muy lubricada por lo que la frotación que está teniendo le resulta muy fácil, y claro, placentera. A él por supuesto las sensaciones que le regala su verga sintiendo la humedad de esos labios tibios que lo abrazan le encantan. En un momento ella, sin dejar de mover las caderas, inclina su pecho sobre el de él y entre beso y beso le anuncia que no aguanta más, que va a traer condones. Alejandro le dice con tristeza que en su pantalón hay una buena cantidad. Él en ese momento sólo desea poder penetrarla al desnudo, sin condón, sentir su carne rígida entre las carnes mojadas y calientes de ella, pero claro, sabe que es un deseo prohibido y no se atreve siquiera a proponerlo, juzga que esto podría ensombrecer este delicioso momento. Al mismo tiempo los pensamientos de Lorena parecen calcados de los de Alejandro. El movimiento de sus caderas se torna más íntimo, más inquisitivo, como si la bella estuviera explorando. Pareciera no conformarse con el masaje que se procura con el tronco. Ahora sus movimientos aunque sutiles buscan que la punta del pene encuentre y acaricie la boca de la vagina. No tarda mucho en encontrarlo, emite un gemido casi imperceptible y sus caderas dibujan cortos movimientos circulares. Ella sobre él, sus ojos clavados en los de él, hablándoles sin palabras. Las manos de Alejandro aprietan la cintura de la hembra y la empujan hacia abajo y su cuerpo agradece la cálida y húmeda sensación de sentirse adentro, entonces ella empuja aún con más fuerza experimentando algo que la aproxima a una especie de plenitud que si bien es momentánea y fugaz le resulta muy placentera. –No deberías clavarme sin condón, no debemos. ¡Es tan rico, pero no debemos! ¡Qué dirían tu mujer y mi esposo si lo supieran! Seguro nos matarían, dice la entrecortada voz de Lorena. Será nuestro secreto, -le contesta Alejandro. Se intensifica el combate entre los dos, y a las embestidas de él, Lorena responde con no menos encarnizados contraataques. Prontamente el copioso sudor en ambos evidencia la intensidad del encuentro. –Avísame cuando te vayas a venir, le pide Lorena a Alejandro. Ajahh, le responde él entre jadeos.

-Cambiamos de posición un par de veces, buscando mayor comodidad y por hacer ese jueguito de buscar sentir quizás aún más intensamente. Estoy tendida de espaldas con las piernas muy abiertas y él me penetra con fuerza. Luego me toma de los tobillos, los eleva y los posa sobre sus hombros, se inclina sobre mí y me sigue penetrando así, repetidamente, más rápido y con mayor fuerza. Hallándonos así me ha hecho derramar un par de veces muy intensas. En un momento le chillo que me está atacando un calambre muscular en una pierna, por lo que Alejandro se despega de mí y me permite estirarme. Nos da un ataque de risa de la situación, pero después de unos segundos cuando ya me ha pasado el dolor, me pone boca abajo, estirada. Besa mis nalgas tiernamente y me hace estremecer cuando me da unos lametazos en el ano, la sensación es indescriptiblemente placentera. Con una de sus grandes manos me toma de las dos muñecas apresándolas firmemente, estiradas hacia delante. Con sus rodillas encuentra la forma de abrir mis piernas y siento su cuerpo sobre el mío, frotándose frenéticamente. Me gusta lo que estoy sintiendo: su verga frotándose en mis nalgas. Vuelvo a sentir la cabeza abriéndose camino en mis labios que como te imaginarás siguen totalmente mojados.

Con placentera facilidad su verga vuelve a hundirse dentro de mí, me siento llena otra vez. Él no se ha venido todavía; lo siento en su indeclinable entusiasmo. Está penetrándome con gran intensidad. Creo que por ahora no podría derramarme ni una vez más, estoy satisfecha, relajada, pero me encanta que él siga penetrándome. Aprieto fuertemente la vagina. Ya quiero darle el placer máximo, quiero que se derrame y disfrute conmigo, que disfrute con mi cuerpo, que disfrute con mi vagina, que disfrute amasándome las tetas. Mientras pienso estas cosas, escuchaba sus fuertes inspiraciones sobre mi cabeza, cerca de mi oreja, lo cual me causaba cosquillas. Me ha dicho enseguida que le gusta el olor a rosas de mi cabello. He sentido la mano que le queda libre aferrada firmemente a mis cabellos, halándolos, manteniéndolos en una tensión que resulta excitante y lejos de producir dolor me hace sentir un extraño placer. Besa y acaricia mi espalda y me sigue diciendo cosas bonitas, cada vez que sus dedos recorren mi espina dorsal logra hacerme estremecer. A veces su mano aprieta mi nalga, con fuerza, con decisión; me gusta. Abre mis nalgas y me doy cuenta que eso le excita porque acelera sus movimientos y se tornan más fuertes, casi salvajes. Como quiero hacerle gozar, me acuerdo de lo que tú me has dicho algunas veces: “que ataque el cerebro, el principal órgano sexual” y comienzo a hablarle sucio “Dame duro…Así, rico, mi amor, más duro…Clávame más, síí, así, ¡qué placer!… Hace tiempo que no me culeaban tan rico…¡Uff, qué delicia de verga…!¡Ayy, la siento toda, me encanta…!Más, dame más… hasta el fondo… Soy toda tuya…Derrámate dentro de mí, lléname de leche…”En una época, no hace mucho, me era imposible pronunciar frases como éstas. Ahora disfruto intensamente decirlas, sé que tienen un poder verdaderamente afrodisíaco en los machos, inclusive también sobre mí. Al comienzo me quedaba corta de palabras y sí, lo confieso, también de ideas, por eso desarrollé un crecido repertorio de frases para usarlas en el momento apropiado, nada de teatro, todas muy sentidas y honestas, simplemente herramientas eficientes de placer. En otros contextos, lo que ciertamente son vulgaridades, haciendo el amor y en el momento apropiado y con la persona indicada son un condimento valiosísimo: desinhiben, crean morbo sexual, violentan placenteramente sin lastimar, excitan los sentidos.

No acababa de decir algunas de mis poderosas frases mágicas cuando todo me indicó que Alejandro estaba teniendo un fuerte orgasmo. Sentirlo fue un complemento a mi placer. ¡Humm, su verga dentro de mí teniendo espasmos, brincando! Su boca pegada a mi oreja inundándome con sus gemidos. Luego se quedó quieto, sobre mí, con la respiración muy agitada, descansando, su cuerpo sobre el mío, empapados de sudor, en completo e inmutable relax.

Para cuando mi esposa terminó de relatarme esta fantasía ¿o aventura ya vivida? Ya yo había experimentado dos violentos orgasmos. No sé si ella también se vino porque al poco tiempo caí en un profundo sueño. Al otro día, durante el desayuno, le prometí que iba a llamarlo, ante lo cual mi esposa me regaló una de sus bellas sonrisas que recompensan cualquier cosa. Efectivamente, llamé a Alejandro cerca del mediodía y coincidió que estábamos cerca así que nos pusimos cita para almorzar. Durante el almuerzo no hablamos de otra cosa que del encuentro swinger que habíamos tenido y contándonos experiencias similares. Se puso muy contento cuando le dije que mi esposa quería volverlo a ver. No le revelé nada de la fantasía que ella tenía, le dije sólo que teníamos ganas de hacer un trío, y que Lorena quería que fuera con él. Se mostró muy entusiasmado y dispuesto. Le pregunté por Mary, su esposa, y me soltó una excelente solución: ciertamente no le podía compartir nuestros planes porque le formaría tremendo problema, pero quedamos en que para ser justos, sin necesidad de decirle nada, le organizaríamos un trío también a ella. La idea, por supuesto, me sorprendió y me encantó. Yo me había entendido muy bien con ella y creo que Mary también gozó lo que quiso y se sintió cómoda conmigo, de hecho me pareció que nos hizo falta un poco más de tiempo para darnos un poco más. Así las cosas nos pareció que el juego pintaba de lujo. A partir de allí Alejandro me llamaba a diario para saber cómo iban los planes. El lunes siguiente le confirmé que habíamos cuadrado todo para el día miércoles siguiente. Llamé enseguida a mi esposa y le dije que el jueves iba a tener su tan fantaseado trío y cuando le hice ver que todo tiene un precio, entendió con facilidad y aceptó risueña, aunque con algunos reparos, la “exigencia” que le hice a cambio de mi generosidad conyugal; aunque, bueno, yo solamente le pedí que fuéramos a almorzar juntos el miércoles, y eso no tiene por qué ser un gran sacrificio.

... CONTINUA. (No te pierdas la segunda parte)

— sexposos2011

16 de abril de 2011

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sexposos2011

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Somos pareja swinger

Comentarios

1 comentario

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  • aquiles
    aquiles · 30 de mar de 2012

    exelente relato, nosotros como pareja hemos vivido experiencias similares y vieran ustedes como ayudan a  fortalecer la relaciòn de pareja. Nada mas rico que pichar si  no

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