AVENTURAS DE UNA PAREJA SWINGER AL100% (2da PARTE).
Relato de comunidad Intercambiosschedule 15 min de lectura calendar_today Abril de 2011

AVENTURAS DE UNA PAREJA SWINGER AL100% (2da PARTE).

Esta es la continuación de la primera parte.2:00 PM. Me deleito mirando el casting de “niñas” que adornan unas cuantas calles del centro de Bogotá, en la zona de tolerancia. Seguramente la zonamás importante del comercio sexual de la ciudad. Algunas chicas salen de sus sitios de vivienda,....

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Esta es la continuación de la primera parte.

2:00 PM. Me deleito mirando el casting de “niñas” que adornan unas cuantas calles del centro de Bogotá, en la zona de tolerancia. Seguramente la zonamás importante del comercio sexual de la ciudad. Algunas chicas salen de sus sitios de vivienda, un número reducido viven pagando arriendo por habitaciones. Otras, la mayoría, viven dentro de los locales en que trabajan y por las mañanas puede uno verlas desarregladas y en ropa muy informal y todavía en chanclas deambulando por allí, buscando dónde desayunar y cabinas telefónicas para comunicarse con sus familiares generalmente en provincia. Pero a esta hora a la mayoría se las puede encontrar ya divinamente dispuestas; vestidas, inmaculadamente peinadas y maquilladas y listas a ganarse el día.

A unos sesenta metros de donde estoy parqueado se detiene un taxi, después de unos segundos se abre la puerta, asoma la deliciosa figura de una pierna desnuda y un zapato brillante de tacón generosamente alto. En otro sitio esta escena atraería la atención de más de una mirada morbosa y prejuiciosa, pero aquí es algo común. Desciende del taxi una mujer medianamente alta, atractiva, delgada, buen porte, cabello negro, largo. Viste falda que estando así de pie le cubre hasta la mitad del muslo, pero que cuando esté sentada debe enseñarlo casi todo. Y aún dejar para alimentar generosamente la imaginación. Lleva una de esas blusas que siempre dejan un hombro al descubierto. Luce fenomenal. Y la cantidad de pulseras y cadenilla, ah y su bolso plateado, hacen que la mujer brille aún más. Hay que reconocerle que está muy buena. ¿Cuánto cobrará por prestarme sus servicios amorosos? Humm, sí, sin duda me gustaría hacerle el amor a esa mujer. Llamo al trabajo a reportarme y mientras tomo notas en la agenda veo que la mujer se lleva repetidamente el celular a la oreja, parece que su cliente está demorado, suerte que no me acerqué a proponerle nada, porque qué pereza ser rechazado en plena calle. Está de pié en el andén de la esquina de la calle 23 con carrera 14ª. Los tipos que pasan al lado le dicen cosas. Un carro se detiene en frente de ella; el tipo se estira hacia la ventanilla y la llama. Ella voltea a mirar a ambos lados y se acerca al carro. Hablan por un par de minutos, Algo le dice el hombre que la hace sonreír y jugar con su cabello. Después ella se separa del carro sonriendo y vuelve a su espacio en el andén, el tipo arranca y se aleja parsimoniosamente, deduzco que no llegaron a un acuerdo.La chica vuelve a insistir con el celular. Cuando termino mi conversación llamo a mi esposa, le digo que estoy un poquito retrasado para nuestra cita a almorzar. Advierto en el tono de su voz que está un tanto seria, me increpa por no contestarle al celular. Me asegura que hace veinte minutos llegó al sitio y que está asustada. -Mi amor, no seas exageradita. Te conozco bien y apuesto a que no llevas más de cinco minutos esperándome (nueve, para ser exactos, pienso mirando el reloj). –Esto está muy feo por acá, ya hasta un tipo me propuso irme con él. -¿Y qué le dijiste? -Le pregunto-. ¡Que no, claro! Además estaba feo. ¿Y te ofreció plata? –¡¡Humm, más descarado. Me ofreció cuarenta mil pesos!! Yo le dije que por menos de cien nada, ¡qué tal el descarado!, ¡¡que respete!! Al final me ofreció setenta mil, -me dijo-. Yo reía dentro de mí. –De todas formas dijo que iba a dar una vuelta para pensarlo y si al caso volvía. Y continuó, -bueno, te apuras, porque si regresa no sé qué decirle y hasta me toca hacerle el favor. -¡No, no, cómo se te ocurre! ya estoy en camino, dame unos diez minutos. Trata de portarte juiciosa mientras tanto y suelto una carcajada. -En serio, no seas bobo y apúrate, -me dice. -Bueno, mi amor, ¿sabes qué? Mientras llego, ve al localito que venden ropa bien fufis y cómprate algo muy atrevido. -Pero muy atrevido, le insisto. ¿Te parece? Recuerda que está bajando por esa misma calle unas dos cuadras, en toda una esquina. La idea le sonó. Arranqué el carro y la seguí a prudente distancia esas dos cuadras que resultaron ser tres, me di el enorme placer de verla desfilar al paso rítmico que obligan los tacones. Me gustó mucho verla en esas calles, en ese ambiente.

Me excitó, me entraron más ganas de ella. Ese entorno me resulta fascinante, la estética, el decorado, el ambiente desligado de falsa moral, la actitud resuelta y atrevida de las mujeres, su manera de vestir y de mostrarse tiene para mí un encanto visual difícilmente comparable. La vi entrar al local de ropa. Todo allí es insinuante. La vez que nos dimos una vuelta por el sector (íbamos de paso y nos dio por darle una mirada a esas calles) descubrimos ese negocio y conseguimos unos tesoros, valiosa gasolina que ha encendido algunas de nuestras noches de pasión. Al poco de entrar la vi probándose ropa. Esperé cinco minutos observándola a través de las vitrinas. Luego entré también, la saludé efusivamente y la ayudé a escoger algunas cosas. Con ella había dos “niñas” más comprando zapatos “fufos” y ropa pequeñita y muy sugestiva.

Enseguida fuimos a almorzar a Teusaquillo. Nos reímos a más no poder, sentados a la mesa, mientras le narraba que yo había llegado antes que ella a nuestro punto de encuentro y que estuve todo el tiempo viéndola en su mini aventura como profesional del sexo.

Ella ya me había preguntado por nuestro carro, el cual se lo había dejado a Arturo, un compañero de trabajo, y él me había prestado el suyo, precisamente para poder despistarla y que no me reconociera. Nos acariciamos por debajo de la mesa. Haberla visto desenvolviéndose en esa zona, exhibiéndose y paseándose con la propiedad que lo hizo me había excitado tremendamente. Inclusive estar en ese restaurante, con algún grado de elegancia, nos era emocionante, pues la pinta de mi esposa llamaba muchísimo la atención. Los hombres y mujeres presentes no dejaban de mirarla y eso me hacía sentir lleno de orgullo y con el morbo elevado. Y mi esposa súper fresca y desinhibida. Me encantó la actitud aventurera con que tomó el juego de ese día. Inclusive había sido “mala” tentando por el camino al taxista, que la llevó a la cita, resulto ser un joven tímido a quien se le subieron los colores a la cara más de una vez con los comentarios y mostradas de pantis gratuitas de mi esposa.

Pero curiosamente lo que yo pensé que me iba a dar trabajo para convencerla: el tema del qué dirán no resultó tal. Me sorprendió la ejecución que le dio mi esposa. Me contó, orgullosa, cómo había salido de nuestra casa sin afán de esconderse, consciente de ir vestida como puta. Que la habían visto las vecinas chismosas y no le importaba, mejor aún, se sintió bien. Igual que la posibilidad de ser vista en la zona de prostitución, vestida como estaba a plena luz del día por alguien conocido, o conocida, la tenía sin cuidado. Aunque, claro, los anteojos oscuros resguardaban algo su identidad. En cualquier caso no se sentía obligada a darle explicaciones a absolutamente nadie. Dejó brotar esa vena rebelde que la hace ser muy independiente y aventurera. Yo, por supuesto se lo celebré.

Terminado el almuerzo la llevé a un banco, por la Av. Chile, ella tenía que hacer algunas cosas allí. En el camino se masturbó muy satisfactoriamente. Dijo que para dejarle “salado” el carro a Arturo. Me la mamó un poquito, pero le pedí que no me hiciera derramar porque le recordé que esa noche teníamos que terminar la jornada en nuestra habitación. La aventurilla vivida ese mediodía era el precio que le había “impuesto” por el trío con Alejandro para el siguiente día.

Quedamos en que llegaba hacia las ocho de la noche a la casa. Le pedí que me recibiera en la cama, con los ojos vendados y vestida sólo con ropa interior. Me fui a intentar recuperar el día de trabajo. Me costó mucho esfuerzo poder concentrarme el resto de día ante la inquietud sexual; física y emocional que tenía.

Ese día trabajé hasta las 10:30 pm, había decidido hacerlo hasta un poco más tarde, pero acabé antes y la curiosidad por lo que estuviera pasando en casa me hizo salir antes. Había decidido con antelación darle a mi esposa la sorpresa de facilitarle el encuentro con Alejandro a solas, ellos dos. Ella me estaría esperando a mí, a las ocho de la noche. Es seguro que tendría lista una cena especial y haríamos el amor como cualquier pareja. Y estaría esperando también que al siguiente día tuviéramos el encuentro con Alejandro. Estoy seguro de que el elemento sorpresa, si todo iba bien, le iba a gustar. Así que junto con las llaves de la casa le había dado a Alejandro todas las indicaciones para que llegara hasta la cama con propiedad y sin tropiezos al encuentro con mi mujer.

No me bañé a propósito para recibirlo, a pesar de que fue un día caluroso y lleno de emociones inesperadas que me hicieron sudar, inclusive me masturbé en el carro. Sé muy bien que a mi esposo le encantan los olores naturales en una mujer. Cuando está excitado, y esa noche yo esperaba encontrarlo muy excitado, le fascina hallar en mí el aroma del sudor o encontrarme oliendo a sexo. Eso sí, me maquillé y peiné con esmero y acorde con la experiencia del día me sentía una prostituta sin más. La cena está lista para calentarla en cualquier momento, pero eso será después de que se haya comido todo el postre, que soy yo, precisamente.

Cuando nos conocimos estuvimos de acuerdo en que todo lo que tiene que ver con el sexo iba a ser un juego, un juego placentero, nuestro juego; el que íbamos a darnos el lujo de jugar aun siendo adultos y llenos de preocupaciones laborales, obligaciones económicas y familiares, con aciertos y reveses. Y nos ha funcionado. Así que lo de esta tarde ha sido divertido para los dos, esta noche va a ser divertida y si se da el trío con Alejandro mañana, pondré todo de mi parte para que también lo sea; divertido y placentero para los tres.

Quise darle la sorpresa de vestirme con la ropa y las botas que compré esa tarde. Realmente me veía como una profesional del sexo; hasta disfruté de la sensación que me producía verme así al espejo. Creo que vestir así me hacía sentir como tal, y me gustó enormemente. Adoptar esa apariencia me permitió sentirme informal, libre de imposiciones, libre de prejuicios, libre de guardar apariencias, libre para comportarme como quisiera, libre para seguir los instintos naturales de hembra.

Encendí una vela aromática en el pasillo y dos en nuestra habitación. Nunca me ha llamado la atención llenar la casa de velas encendidas, me asusta que cualquier descuido origine un incendio de consecuencias incalculables, porque cuando hago el amor no presto atención a nada a mi alrededor, todo lo demás deja de existir.

Escuché a mi esposo meter la llave en la cerradura de la puerta de entrada a la casa, estoy familiarizada con el tintineo de su llavero. No esperaba que llegara temprano y yo todavía no tenía listo todo. -¡Qué milagro que llegues temprano, mi amor, no te esperaba todavía! Le grité. No contestó, pero lo sentí entrar a la sala. -Pon a sonar el CD que está encima de la mesita. –Le grité nuevamente desde la habitación-. No esperé a que respondiera porque en ese instante recordé que había metido dos botellas de champaña en el congelador para que se enfriaran rápido y seguramente ya estaban hechas hielo. Como un rayo salté a la cocina a rescatar las botellas y al pasar frente a la sala vi de reojo la figura de mi esposo, sin detenerme. –Siéntate ya te llevo una copita, -le digo, mientras destapo una botella. Escuché sus pasos atrás de mí y le pregunté cómo le fue en el trabajo. Tampoco esta vez contestó. Ahí me percaté que no le había escuchado responderme ni una sola vez desde que llegó. –Humm, mi vida, parece que se te comieron la lengua y ni cuenta te diste. Sentí, enseguida, una mano suya acariciarme la cintura hasta aferrarse a mi estómago, su cuerpo pegarse a mi espalda y frotarse con mis nalgas. Olió mi cabello, lo acarició. Su mano derecha bajó lentamente por mi espalda, acariciando placenteramente, para mí, la piel desnuda gracias al escote profundo del vestido que llega justo adonde comienza la cola. Acarició y apretó mis nalgas al tiempo que me besaba en la parte de atrás del cuello. Comencé a sentirme transportada. –Te salvaste, si hubieras llegado tarde, me habría ido a conseguir cliente y no me hubieras encontrado, y hablo en serio. –le dije, excitada. Y escuché por respuesta de unos labios pegados a mi oreja: -dime en cuál esquina te paras y allá te busco. Sentí pánico o algo muy cercano a eso; no reconocí esa voz en nadie que conociera. Tuvo que haber sido como acto reflejo que lo empuje con todas las fuerzas y giré en redondo para verle la cara al intruso. ¡Vaya sorpresa que me llevé! Me costó quizás algo más de unos cuantos segundos para asimilar la situación e intentar acomodar las ideas en la cabeza. -¿Y tú qué haces aquí? -Le pregunté, todavía desubicada. –Qué grosería la mía, entré y ni siquiera saludé. Buenas noches, Lore. – Me dice, al tiempo que estira sus manos para tomar las mías, y con una linda sonrisa dibujada en su rostro y mirada límpida las acerca a sus labios y las besa tiernamente. Se acerca. Sus labios buscan mi mejilla en un claro ademán de darme ese beso que es tan normal a manera de saludo. Ciertamente me besa calmosamente en la mejilla, pero no una, ni dos, sino tres veces a medida que sus labios van buscando los míos. Sin hallar ningún tipo de resistencia los encuentra. Recibo su beso que comienza como uno de esos besos lentos, casi que llenos de amor, cadenciosos, exploratorios, pero que rápidamente se torna en apasionado, en el que se escapan gemidos involuntarios, al que le acompañan brazos y manos que necesitan abrazar y acariciar. No hace falta decirnos nada, no necesito explicación alguna de su presencia en mi cocina. Me imagino, porque mis ojos están cerrados, que mi esposo debe estar en la puerta de la cocina viéndonos en ese mismo momento. Loco, -pienso- logró sorprenderme en verdad. Él y su lema de que “la vida es una comedia” en la que somos actores y público a la vez, y a veces nos toca ser lo uno y otras veces lo otro. Una obra de teatro en la que es placentero seguir un libreto, pero hay que estar muy alerta para improvisar en cualquier momento y en todo caso gozarse la obra en su totalidad: la planeación, la puesta en escena, los yerros y las improvisaciones sobre la marcha.

Nuestras bocas y cuerpos se separan. Nos regalamos miradas cargadas de agradecimiento, de expectativa, de curiosidad. Le ofrecí una copa y brindamos por el inesperado reencuentro. Me dice frases galantes que suenan espontaneas y sinceras al punto de que sentí que en algún momento se me subieron los colores a la cara. Busqué a mi esposo con la mirada. Al no verlo le pregunté por él y me dijo que llegaba hacia la medianoche y enseguida me entregó un sobre con una nota adentro que leí inmediatamente y decía simplemente: “vive tu fantasía.” TE ADORO. Nos vemos más tarde. P.D. Déjame la llave de la puerta debajo del tapete.

Me imagino que una mueca de picardía apareció en mi cara, se habrán acelerado los latidos del corazón, se habrán aparecido imágenes fugaces de fantasías disfrutadas en soledad. Todo esto conjugándose con planes por desarrollar al término perentorio que permite la inmediatez. Debí pensar, seguramente, que era momento de pensar rápido, tomar decisiones rápidas y actuar. Pero inmediatamente tuve que haber pensado que no era el momento para ponerme a pensar sino, como ha sido mi vida, de dejarme llevar por lo que dicta el corazón en momentos así. Me lancé a los brazos de Alejandro, ahora fui yo quien buscó su boca, la cual volví a encontrar cálida y fresca. Nuestros cuerpos se frotaron aunque con algo de timidez.

Le pedí que fuera a sentarse a la sala, que me esperara allí. Tomé el teléfono y tuve la intención de llamar a mi esposo, pero inmediatamente abandoné la idea por considerarla necia. Llevé las copas, la botella de champaña y me senté cerca de donde él estaba. Quería que me viera tan atractiva y sensual como me sentía, así que me ubiqué a una cierta distancia. Sus ojos me recorrían y evidenciaban que me deseaba y eso más me excitaba. Me senté casi que de frente a él y adrede cruzaba las piernas mientras conversábamos. Con el pretexto de cualquier cosa me levantaba y paseaba frente a sus ojos como lo que era en ese momento; una hembra en celo. El vestido en lycra muy ajustado al cuerpo, de falda corta, con el generoso escote en la espalda, las piernas desnudas y sobre todo las botas de tacón alto y que llegan hasta arriba de la rodilla me hacían sentir muy “estimulada”, totalmente en sintonía con lo que estaba sucediendo en esos momentos. Ese atuendo fue capaz de inyectar una fuerte dosis de seguridad en mí, con lo que me resultó muy cómodo dejar salir esa parte de mi personalidad con la que puedo ser muy vagabunda.

El juego de provocación resultó ser muy efectivo, por lo menos en mí, pues me excitaba cada vez más.

Alejandro me tomó allí mismo, en la sala de mi casa. Bastó acercarme y sentarme sobre sus piernas para que él tomara el control. Me hizo el amor en el sofá, con alguna incomodidad, pero a fin de cuentas fue divertido, placentero y emocionante. Me recordó a las películas porno en las que las actrices, a pesar de estar en posiciones difíciles logran acomodarse y facilitarle la tarea al hombre, o los hombres, que le están dando su dosis de PENETROL. En algún momento resultamos en el piso, sobre el tapete y yo montada encima de él, cabalgando a mi antojo. Cumplió de sobra mis expectativas, y estoy segura de que mi desinhibición total hizo que Alejandro encontrara en mí la realización de alguna de sus fantasías. Nos bebimos una botella de champaña y nos mareó bastante. Después del último orgasmo nos entregamos al descanso, allí mismo, recostados en el tapete. Me refugié en sus brazos, posé mi cabeza sobre su pecho, y pronto sentimos que un dulce sueño nos invadía, pero en la sala ya se sentía frío, así que lo conduje hasta mi cama. Nos metimos bajo las cobijas. Comenzamos a conversar, a contarnos asuntos muy personales e intimidades cuando por un momento pareció disiparse el sueño. No sé a qué hora me quedé dormida. Un sueño plácido y profundo me ayudó a recobrar fuerzas, y las necesitaría.

…CONTINUARÁ

— sexposos2011

18 de abril de 2011

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sexposos2011

Escrito por

Somos pareja swinger

Comentarios

1 comentario

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  • max-fenig
    max-fenig · 18 de abr de 2011

    Felicitaciones... Son una pareja de parejas... espero poder conocerlos algun día... :)

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