Ya les he hablado de doña Sara, con quien tuve muchas aventuras de las que algunas he relatado aquí. Mis hermanos y yo compartíamos la misma casa con ellos, la pareja y 3 hijos. Como ya lo he dicho antes, Sara era de estatura media, delgada, sus maternidades no le habían dejado ninguna traza en su cuerpo juvenil, de cara bonita, piernas delgadas, senos no muy grandes y unas nalguitas de ensueño. Cada vez que yo podía me prendía de ellos, eran redondos, indiferentes también a las maternidades hechas con lactancia completa y a sus 30 años seguían siendo firmes y sedosos. Debo reconocer que la excitación que nos producíamos era enorme y cada vez que podíamos ella corría hacia mí para guardar mi pene en su vagina y dejarme ver su gran agilidad. Siendo yo estudiante con un horario propio, las oportunidades no faltaban cuando los otros salían a sus ocupaciones diarias para nuestras caricias adulterinas. Solo las vacaciones escolares nos impedían regalarnos lujuria, puesto que en la casa se quedaban tanto sus hijos como mis hermanos… Pero bastaba que se “descuidaran” un segundo y yo entraba en ella en coitos no muy elaborados pero no menos agradables, como les doy un ejemplo, en mi relato “detrás de una puerta”, jejeje, en 🔗
Como les conté en el relato referenciado, el esposo de Sara había instalado su industria artesanal en el patio de la casa, lo que nos “bloqueaba” muy a menudo en nuestras caricias. Para empeorarlo todo, durante unas vacaciones escolares, el suegro de Sara vino a visitar a su hijo y para acomodarlo se puso una cama más en mi habitación, con uno de los hijos de la pareja y para que ésta entrara se quitó la puerta de entrada, la misma puerta detrás de la cual nos habíamos hecho, entre muchos, el “rapidin” que ya les relaté. En la pieza al frente dormía el suegro, quien dejaba, él también, su puerta abierta… Esta organización tan poco oportuna duraría más de tres semanas, tiempo previsto para la visita del anciano genitor. Yo, en mi habitación, tenia como vecinos a mis dos hermanos y al hijo de Sara y al perturbador suegro al frente, alejado tan solo por el estrecho corredor.
A los pocos días de “visita” ya nos mirábamos la linda Sara y yo con el hambre que sentíamos por el cuerpo del otro, por sus caricias y por sus besos, pero en esas condiciones dejábamos solo a nuestros ojos, cuando nadie nos miraba, expresar de esa manera muda nuestras ansias insatisfechas. Bajo este régimen de abstinencia yo no me dormía fácilmente y la luz de mi nochero duraba hasta tarde prendida mientras yo leía esperando ese sueño que alejara el cuerpito de Sara de mi mente.
Una semana había ya pasado desde la llegada del suegro, que muy contento presentaba todas las señas de quedarse todo el tiempo planificado en nuestra casa, cuando, tarde en la noche, cuando todos dormían en paz, mis hermanos profundos en mi pieza, al igual que el hijo de Sara, vi, cuando no me lo esperaba, la carita de la damita que se insinuaba en el marco de la puerta, mirándome sonriente. De inmediato apagué mi lámpara y sentí como Sara silenciosa llegaba hasta mi lecho, para darnos todos los besos que nos había tocado negarnos. Rápido verifiqué que llevaba un pijama compuesto de un vestido largo, sin interiores que limitaran demasiado mis caricias y el temblor de su piel ante mis caricias mostraba claro el placer que estas le producían. La pasión en esos besos expresaba toda la sensualidad acumulada, las caricias a sus nalguitas trataban de recuperar las no hechas, mis manos pasaban incontinentes de sus glúteos a sus senos, su espalda, sus piernas, mientras ella me cerraba fuerte de la nuca con sus brazos, su lengua jugando con la mía, y a veces aflojaba su abrazo para darme uno que otro beso en la mejilla.
Por fin su mano bajó para aprisionar mi pene siempre con esa vehemencia de nuestros movimientos hambreados. Su caricia me recorría, me apretaba, su mano buscaba recordarse en la oscuridad mi forma, como las mías lo hacían con su cuerpo. A veces, un aro, formado por su índice y su pulgar, encerraba la raíz de mi pene y los otros dedos se posaban, como mariposas en una flor, sobre mis testículos. Al cabo de pocos minutos de esta caricia, yo estaba inhiesto y duro como el mástil mayor de un velero y ella alejó su boca de mis besos para engullir mi masculinidad mientras yo continuaba, levantando su pijama, a acariciar su rabito redondito y firme, cuando no sus senos. En su succión por momentos un ruido se escapaba, lo que nos hacia detenernos para escuchar si el ritmo de respiración, de mis dos hermanos y su hijo en la habitación, de su suegro en la habitación al frente, había cambiado de ritmo. Cargado como estaba yo de toda esa semana de abstinencia que se me había impuesto por la visita, la tentación de descargarme en su boca me interesaba, aunque ella sospechando la cantidad me esquivaba y con su mano me invitaba a bajarme al suelo, lo que yo trataba de evitar.
Finalmente me convenció y estando yo en el suelo, mi pantalón de pijama a las rodillas, ella arremangó su pijama hasta su cintura y colocándose sobre mí, se ensarto en mi pene. Al igual que cuando me mamaba, si un ruido se escapaba de nuestros cuerpos que se chocaban, nos inmovilizábamos hasta percatarnos que nadie se había despertado. Pocas veces ella se inclinaba para besarnos en la boca y mis manos dejaban entonces de acariciar sus muslos o sus senos, para apoderarme de sus nalguitas, que a pesar de la posición incómoda, seguían subiendo y bajando para entrarme en ella. No tardé a eyacular, y ella, cuando sintió que yo venía, se sentó sobre mí y mientras me besaba me recibió en totalidad, luego, un beso rápido y, siempre en silencio, se levantó y se fue. Yo me subí de nuevo a mi cama y ya apaciguado, me dormí del sueño de los justos.
Casi todas las noches de la visita del suegro, los dos nos “vimos” por las noches para regalarnos esas dosis de adrenalina y de sexo que nunca olvidaré, por lo sencillas y por lo arriesgadas. Durante el día, nuestras miradas ya no eran de personas hambrientas del cuerpo del otro, sino de mucha complicidad y malicia. Gracias lector por seguirme en estos recuerdos hasta aquí.








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