Un día el esposo de Doña Sara planifico irse con sus hijos y mi familia para una finca para un trabajo y aprovechar el paseo, se irían por la mañana para regresar por la noche del viernes. Yo oficialmente estaba en la universidad en Pereira, por lo que él, que ya sospechaba algo, se sentía más tranquilo, solo que su esposa me llamó para que yo sacara “libre” el viernes, que ellos se irían de madrugada.
Llegué ese viernes a las 11 de la mañana y se encontraba la damita en la casa encargada de preparar un pargo rojo enorme, que les habían pedido en sancocho para esa misma tarde… Le ayudaban dos otras damas en su trabajo que se irían con todo el pez que se veía entero (sin la cabeza) en una bandeja grande mientras ya ponían en ollas los plátanos sudados, las yucas e incluso los postres. Sara simuló a la perfección su sorpresa de verme llegar el viernes y yo muy “indiferente” saludé como de mala gana, murmurando un “cancelaron las clases de hoy” y me fui a encerrar a mi cuarto, de donde salí para preguntar donde estaba todo el mundo y ella me respondió que habían salido para una finca, me dijo igualmente que no me fuera a dormir, porque habría almuerzo dentro de poco, a lo que accedí. Almorcé sin mirarla casi, dedicado a charlar con las otras señoras y de inmediato me encerré en mi habitación a leer.
Oí y contesté la despedida cuando se fueron las señoras que le ayudaban con todas las ollas del almuerzo y ella pudo, al fin, venir a saludarme con besitos y ternuras. Cuando me puse muy insinuante a querer desnudarla me miró con gran picardía de sus ojitos indios, negros como la noche, para decirme que me había preparado una sorpresita. Me explicó que donde la habían criado (unos tíos, sus padres habían sucumbido a la violencia, la misma de ahora que en realidad dura desde hace un siglo…) le habían enseñado un secretito. De inmediato me llevó a la cocina en donde me mostró la olla pitadora donde, como me dijo, había puesto la cabeza del pargo rojo desde que se había ido su esposo, a las 7 AM. Me mostró el contenido y ya la cabeza estaba casi completamente desleída en un jugo espeso que hervía lentamente. Puso un poco en una olleta, una pastilla de chocolate y lo batió con el batidor de madera que supongo aun conocemos todos. Me dio a tomar una taza cafetera de ese menjurje (perdonen, pero temo que algunos vegetales especiales se escaparon a mi curiosidad) que en realidad era asqueroso.
Retuve las ganas de vomitar y luego ella riendo me llevó de la mano hasta mi cama en donde me acostó, desnudándome y poniéndome el pantalón de mi pijama y se despidió con un besito, la mirada brillante, diciéndome que ya regresaba. Creo que estuve despierto cuando ella salió de la habitación, pero caí en un profundo sopor muy rápido. Créanme queridos lectores que si lo hacen, es mejor dormirse de espaldas, si no, si se duermen sobre el vientre, se despertarán haciendo el trompo. Tendrán una erección nada natural pero enorme, constante y vigorosa. Sin perder su sensibilidad encontrarán su pene transformado en un mástil duro, erguido e inflexible.
Me desperté unas dos horas después, debían ser las 2 y media de la tarde, con una erección como la descrita más arriba. Tan pronto me oyó despierto vino la dulce Sara corriendo para llenarme de besitos. Estaba vestida de una de sus faldas largas con una camiseta en la que jugaban libres sus senos. Mis manos inquietas verificaron rápido que no llevaba ninguna ropa interior, lo que aproveché para tocar sus nalguitas, la parte de su cuerpo que me gustaba más, sus senos, todita ella, que no tardó en quedar completamente desnuda. Aproveché su desnudez para besarla en la nuca, sus hombros, sus senos, todo esto sin dejar de acariciarle los mismos senos, sus piernas, su culito, aprovechando esas pocas ocasiones en que nos podíamos ver sin temer la aparición de algún inoportuno, ya sea su esposo, alguno de sus hijos o alguien de mi familia. Amablemente ella bajó para tomarme en su boca, y obedeciendo a mi invitación, se volteó para que hiciéramos un rico 69. Su cuquita recibió mis besos y mi lengua ya húmeda, su gallito diminuto erecto recibió mis chupones para que solo se oyeran sus suspiros, mientras mi pene recibía sus besos, sus chupadas y por momentos me tragaba entero, lo que no debía serle muy fácil, puesto que nunca había, ni he estado después, tan grande ni tan inhiesto.
Luego de un primer orgasmo en mi boca, como una serpiente, subió por mi cuerpo y mientras nuestras lenguas jugaban a abrazarse, su cintura con un movimiento casi independiente me introdujo en su sexo. De esta manera se movía de los hombros frotando sus senos contra mi pecho, sus nalguitas subiendo y bajando para introducirme y sacarme a su gusto, sus brazos apretando mi nuca y sus besos recorriendo mi cara cuando nuestras lenguas no se acariciaban mutuamente. Me encantaba cuando se arqueaba, usando de su gran flexibilidad, para besar mis tetillas, lo que hacía riendo al ver y sentir mi reacción ante esta caricia magistral. Cuando sentí que ella venía para su segundo orgasmo le dije que quería venir con ella y casi riendo me dijo que sí, que era tan solo un comienzo. De esta manera, apretándonos el uno contra el otro, sus caderas hundiéndome hasta el fondo de su humanidad, tuvimos un orgasmo de concierto.
Ella me guardó en su vientre y con una sonrisa, los ojos semi cerrados, me acompañó hasta el final de mi orgasmo. Yo me esperaba a que la flacidez normal después de un orgasmo me ganara, pero seguí igualmente erecto. Cuando le pregunté si se debía a su menjurje, riendo me lo confirmó. Dejando de estar acostada sobre mí, se sentó para hacerme entrar y salir de ella de la manera que aficionaba más, sus pies a plano, colocados a mis costados, y como haciendo cuclillas, seguíamos teniendo nuestro sexo, su cadera subiendo hasta dejar por fuera mi pene y sentándose bruscamente para empalarse inmisericorde de inmediato, mientras yo aprovechaba para acariciar sus senos, o simplemente viendo como su cuquita se liberaba, para antes de cerrarse de nuevo, entrarme de nuevo hasta el fondo. Como de costumbre, por momentos se inclinaba para besarme, pero seguía siempre martillándome gracias a los movimientos de sus caderas. Esta vez me demoré mucho en tener mi orgasmo, lo que le permitió a ella tener dos más en esa posición.
Para variar se dio media vuelta y pude tener los globos hermosos de sus nalgas a la vista, mientras ellos subían y bajaban haciéndome entrar en ella. Cuando uno de mis dedos se aventuro hacia su chiquito, ella se apoyó en mis rodillas para que su espalda arqueada me invitara a hurgar su ano… Estando ella arriba puse mi dedo sobre su esfínter y de ella misma me introdujo, al tiempo de bajar para introducir mi pene en su vagina. De esa manera, su cuerpito de guitarra se ofrecía a mi vista, con mi pene y mi dedo penetrándola, hasta que ella tuvo otro orgasmo, uno de los muchos que tendríamos los dos esa tarde.
Diciéndome un “¡estoy tan arrecha papito!” se acostó a mi lado, sobre el vientre, las piernas ligeramente separadas y yo como obedeciéndole me puse sobre ella y llevé mi pene a su traserito, luego de haberlo acariciado unos minutos. Puse mi miembro en la entrada de su culito y de ella misma, me entró fuerte, como si fuese en su vagina, diciéndome un “huyyyy, ¡como duele de rico!” y yo de inmediato comencé mi mete y saca, sintiendo como sus nalgas me acompañaban cuando yo salía, como para amortiguar mi futura embestida. Yo estaba sobre ella, mis manos pasando bajo su cuerpo para acariciar sus senos, y cuando su excitación subía, ella se quejaba con sus “siii, papito, ¡hágame duro!”, interrumpidos a veces, al voltear ella la cara, para darnos besos en la boca. En un momento, con uno de mis orgasmos por venir, sus piernas dobladas a las rodillas, trató de apretarme y de nuevo tuvimos juntos un orgasmo al unísono.
Nos fuimos a la ducha, yo siempre en erección, donde luego de bañarnos me hizo una felación hasta que me vine en su boca. Me demoré muchísimo recibiendo su felación, porque no solo adoro esa caricia, si no que independientemente de mi erección magnifica, aunque artificial, yo comenzaba a tener mis orgasmos con dificultad. Sara me recibió en su boca, me lamió y me chupo incluso después de mi venida. Cuando al fin le pregunté por el tiempo que yo estaría erguido, ella me dijo que serian mínimo unas 4 horas. Cuando le dije que como se sucedía todo, ella me dijo que simplemente yo tendría los orgasmos pero sin eyacular casi. Cuando me extrañé por lo que decía, me dijo “mire” y estando en la cama me comenzó a masturbar y a chupar. Cuando por fin otro orgasmo se me insinuó, ella me sacó de su boca y me siguió masturbando. Ella tenia razón, puesto que cuando tuve el orgasmo, solo una gotita blanca apareció en la punta de mi pene.
Hicimos el amor de todas las formas posibles, de pie, como cuando lo hacíamos apresurados detrás de la puerta, en el misionero, en posición perrito, ella sobre mi, por delante, por su chiquito, de todas las maneras, yo teniendo seudo orgasmos… Al final me dolía mi pene y me ardía por el frote frota en su cuerpo, pero seguía erguido y orgulloso. Por fin, a eso de las 7 PM, la llegada de su esposo la obligo a vestirse de prisa para salir a recibirlo, mientras yo me vestía para hacerme el dormido… Solo algunas horas mas tarde mi miembro aceptó relajarse un poco.
No me hice ningún electro cardiograma durante esos momentos, no me tomé la presión ni me conté el pulso en toda esa tarde, pero estoy seguro que si hoy yo comienzo la misma aventura, temo tener la muerte feliz del síndrome del motel, como llaman los técnicos a la muerte que llega a algunos elegantes, que se retiran de la vida haciendo el amor. Si alguien conoce la formula completa del menjurje, no les aconsejo intentar la experiencia, si de todas formas lo desean, no lo hagan después de los 30 años, sino, si insisten, por favor, me escriben en su testamento, jajaja. Es una muerte envidiable, supongo, solo superada por el hecho de seguir en vida.








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