Ya se estaba haciendo tarde y me tocaba trabajar de 7:00 p.m. a 10:00 pm, cuadramos que nos encontraríamos en la noche y continuaríamos lo que empezamos, ella estuvo de acuerdo y por eso pensé que esta vez sí entendía a que íbamos, entramos en una discoteca del centro del municipio, bailábamos, hablábamos, nos besábamos, la noté mucho más tranquila, ella estaba disfrutando de mi compañía, en confianza me hizo unas preguntas:
- Esa mirada, esa mirada la he visto de parte tuya, antes me mirabas con cierto miedo como pretendiendo evitar que pasara lo que ha pasado, pero también me mirabas en ciertos momentos con esa mirada, esa mirada que me aterroriza, que significa eso, porque me miras así.
- Mmm, porque me gustas, te deseo, me provocas, creo que se me notan las ganas y no las puedo ocultar, esa debe ser mi mirada morbosa.
- Hay dios, que peligro, me estas mirando así, ¿eso qué quiere decir?.
- Mmm, que en este momento tengo unas ganas de…, a ver..., de darte un beso.
- Tan lindo.
Al salir de la disco nos fuimos a un parquecito, allí empezamos a besarnos, la besé en el cuello y ella gritó, eso despertó mis ansias y mi espíritu vampírico, desesperadamente arremetí contra su yugular, luego bajé a ese espacio que hay entre sus tetas, allí escuché sus gritos y risas, una risita toda nerviosa, ella retiró mi cabeza de su cuerpo y me dijo:
- ¿Oyeee que me haces?, soy toda cosquillosa.
- Hacía años que no sabía que era una caricia y un beso.
Era cierto lo que decía de los besos, al principio eran labiales y tímidos, luego fueron más húmedos, mmm, me encanta la humedad…
“Soy cosquillosa”, esas palabras retumbaban en mi mente, cosquillosa para mí significa altamente sensible, mmmm rico, me gustaría ver como ella desborda toda su sensibilidad ante mis caricias, por eso puse mis manos en sus tetas, las masajeaba, las mordía, besaba mucho esa zona y los pedazos de piel que tenia al descubierto, sentía sus gemidos, su placer, su mirada por momentos pasaba de ser la de una caperucita en apuros a la de una felina, pero volvía a ver su mirada de peligro… ella no hacía nada, no evitaba nada, solo recibía lo que yo le ofrecía.
- ¿Qué tal si te acaricio en un lugar más privado?, tengo muchas ganas de acariciarte.
- ¿Cómo así?, ¿a dónde quieres ir?
- A un motel
Ante mí propuesta nuevamente vi en ella el terror, su piel de gallina, es como si ella se dijera así misma: mi misma, este tipo me quiere comer y no sé si tenga la voluntad de resistirme… le dije entonces:
- Tranquila, no te voy a hacer nada que no quieras hacer, solo acariciarte y besarte como lo estoy haciendo, pero con más tranquilidad, sin sentir que estamos contando dinero y le restregamos nuestra riqueza a algún pobre que pase por acá.
Mi intención era llevarla a un motel, besarla y acariciarla en sus zonas erógenas hasta que llegara el momento en el que ella misma me pidiera que hiciéramos el amor.
Me comentó que en ese municipio los moteles los cierran a las doce de la noche, los que funcionan las 24 horas quedan muy lejos, por allá en donde estuvimos en la tarde, esa zona en la noche es solitaria y peligrosa y pasa poco transporte.
No conocía mucho de ese municipio, me dedicaba a trabajar, a conectarme a internet en un súper mercado que tenía acceso gratuito y a ir a casa a ver novelas en las noches, los fines de semana viajaba a mi amado corralito de piedras por cuestiones académicas, no conocía sitios, no sabía a dónde llevarla, ni qué tipo de transporte usar, taxis habían pocos, más bien mototaxi, ella buscaba evitar que pasara lo que tarde o temprano pasaría, el terror seguía en su rostro por eso reflexioné un poco y me di cuenta que iba demasiado rápido para su ritmo, no quería asustarla más de lo que estaba, en lugar de inventarme un cuento con el cual embaucarla para que terminara conmigo en un motel u hotel, decidí dejar que ella asimilara su nueva situación, de todas formas ya el trabajo de seducción estaba hecho y el tiempo le permitirá pensar las cosas, aumentar su morbo, su tensión sexual y decidirse a hacerlo conmigo, ya hice la bolita de nieve ahora la dejaría correr por la montaña de sus pensamientos.
Continíua...








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