Pasion Roja
Relato de comunidad Hetero: Infidelidadschedule 15 min de lectura calendar_today Enero de 2012

Pasion Roja

Mis labios se unieron a los suyos al mismo tiempo que mis ojos de mujer madura y pecadora se cerraban para darle paso a sus desaforadas caricias masculinas.Tensa por la situación al sentir como su veterana mano derecha recorría sin escrúpulos mis ya excitados, erectos y voluptuosos senos, aun....

julio08

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Mis labios se unieron a los suyos al mismo tiempo que mis ojos de mujer madura y pecadora se cerraban para darle paso a sus desaforadas caricias masculinas.

Tensa por la situación al sentir como su veterana mano derecha recorría sin escrúpulos mis ya excitados, erectos y voluptuosos senos, aun escondidos bajo mi blusa blanca entreabierta y aun atrapados por mi brassier, dude por un momento de lo que yo estaba a punto de hacer ahí sentada en ese cómoda sofá.

Mi beso se detuvo sin aviso alguno, y mis labios rompieron ese lazo impetuoso de los pasados 100 segundos en que el y yo nos fundíamos en las primeras gotas de la pasión. El, apenado y también dubitativo, así me lo hizo saber:

-“Estas incomoda por algo?”, el preguntó.

-“No… para nada… que beso tan deli…”, le respondí bajando mi mirada culposa hacia mis piernas coquetamente cruzadas y bien visibles por la corta falda negra que lucia ese día.

-“Que teteros tan deliciosos tienes”, agrego mirando como mis pechos robustos sobresalían semidesnudos listos para su lengua.

El súbitamente cambio de objetivo y volteando su cabeza hacia mi corta falda dejo que su mano se deslizara coqueta y atrevida por mi ya desarreglada blusa y la coloco sobre mi grueso muslo de mujer Llanera. Ya nervioso, dejo que su mano firme empezara ese lento ascenso maravilloso por mis femeninas piernas, levantándome la falda ligeramente.

-“Que piernotas las suyas, Sandra… como se ve de mamasota con esa faldita corta tan rica que tiene puesta”, dijo el.

Me reí y entendí que ahora su objetivo había cambiado. Ahí sentada en ese cómoda sofá a su lado comprendí lo que el quería mientras me acariciaba sin vergüenza ni dudas el muslo de mi pierna derecha.

Levante mi cara y vi en sus ojos la emoción que el sentía al manosearme las piernas, mientras mi tesoro seguía oculto, lejos del alcance de su mano.

Nuevamente gire mi cabeza hacia el y me acerque a sus labios y le regale de nuevo los míos, cerrando mis ojos, ya sin pena ni vergüenza, al mismo tiempo que mis piernas lentamente se descruzaban y así, entreabiertas, dejaban el camino abierto y expedito a esa masculina y atrevida mano que recorría generosamente mis bien formados y tonificados muslos de mujer Llanera. El, sabiendo que mi intrépido movimiento le daba paso a sus masculinos deseos se daba cuenta de que yo, coqueta y atrevidamente, abría mis piernas al mismo tiempo que nuestros labios se fundían de nuevo en un bien merecido y apasionado beso.

Dos minutos más tarde mi lengua enredada con la suya, luchaba una batalla de poder, a la cual los dos sucumbíamos. Ese beso pasional se rompía de nuevo, ya con justificadas razones. Mi corta falda ya no escondía coquetamente ese sexo femenino que en medio de mis piernas, ganoso y deseado, pedía a gritos ser consentido. La fina tanga negra que lo ocultaba parecía querer ser rapada de mis entrañas por la atrevida mano de mi amante. Mis labios vaginales y mi clítoris, ya ligeramente húmedos y magistralmente estimulados por sus ágiles y veteranos dedos, despertaban de ese letargo sueño en el que estaban.

El se agacho y se arrodillo justo en frente mío colocando ahora sus dos manos sobre mis muslos para lentamente esconderse bajo la ya estrujada falda y halarme cuidadosamente la tanga negra, la cual salio sin problema, dejando que se escurriera por mis piernas.

El, como todo un mago profesional, leyendo mi mente y sin pronunciar ningún conjuro ni palabras mágicas, vio como mis gruesas piernas se abrieron completamente, al mismo tiempo que yo acomodaba de nuevo mi cuerpo sobre el sofá, dejando que mi pierna derecha cómodamente se posara sobre el espaldar y la izquierda permaneciera sobre el piso. Mis zapatos negros de tacón alto clavados como estacas me garantizaban que ahí en ese sofá, su cuerpo se posaría encima del mío y salvajemente su verga clavaría sin problema mi bien deseado sexo.

-“ay virgencita… miren esta belleza…”, dijo el sorprendido.

Sus dos ojos verdes, grandes, hermosos y brillantes, no salían de su natural sorpresa.

En frente suyo, ahora perfectamente visible, ese carnoso animal quedaba expuesto a su vista. Después de 7 años de matrimonio al lado de Ernesto, mi esposo, mi ya húmedo sexo mostraba a la perfección y justificaba con sobradas razones el porque merecía algo mas que una sola verga. Mis gruesos y pronunciados labios vaginales y el rojizo e inmenso clítoris colgante lucían listos y pedían a gritos ser consentidos.

Sin dudarlo, vi como el acerco su cabeza a mi tesoro y allí, en medio de mis piernas, se incrusto como una feroz y hambrienta garrapata a chupar con su boca los dulces líquidos que emanaban de mi sexo.

Luego pasaron raudos esos grandiosos 5 minutos en que mis carnosos labios vaginales y sus mágicos y veteranos labios rojos se entrelazaban en un majestuoso, erótico y apasionado beso. 5 minutos en que mi pronunciado y femenino clítoris y su lengua masculina luchaban en una desigual batalla de sobrevivencia. Su áspera y fuerte lengua, aliada con sus dientes parecía querer arrancarlo, mientras que mi clítoris luchaba encarnecido por no dejarse a ser rapado de mi vagina.

Una hora más tarde, yo, encantada, ganaba la batalla.

El reloj marcaban casi las 6 PM y allí en la sala, mi ropa y la de el, tiradas sobre el suelo mostraban los resultados de una guerra en la que yo salía victoriosa.

Completamente desnuda y acomodada en cuatro, sobre ese elegante tapete blanco y con mis sudorosas manos aferradas aun al sofá, con mis ojos cerrados y con mi boca entreabierta dejando escapar esos ruidosos y cadenciosos gemidos de pasión femenina, le hacia saber a el, como yo disfrutaba a pleno ese momento y dichosa lograba mi premio. Mi cuerpo se sacudía lentamente y mis robustos pechos, ya cubiertos de su espesa y blanca leche después de hacerle una paja rusa, se mecían pesados, colgando de mi cuerpo como un dije de oro.

Montado encima mío, como cuando un elegante corcel monta orgulloso a su hermosa yegua para preñarla, con sus manos aferradas fuertemente a mi cadera y su desnudo y ya sudoroso abdomen golpeando sutilmente contra mi trasero, con su cabeza agachada mirando extasiado como su inmensa y gruesa verga, cubierta con un condón de color rosado, se mecía a medias en medio de mis moldeadas nalgas, allá clavada en el ya dilatado asterisco de mi pompis. 5 minutos de sexo anal, cortos e intrépidos, llegaban a su fin cuando el, sin poder contenerse, dejaba que su verga escondida en medio de mi sexy trasero explotara por cuarta vez atrapada dentro de mi erótico cuerpo.

En ese momento pensé en Raúl, Julio, Hugo, Alfredo, Francisco y Juan Carlos, los tres primeros, amigos de Ernesto, mi esposo, y los tres restantes, amigos y clientes míos, quienes en los pasados 7 años de mi matrimonio habían cometido el atrevimiento y habían corrido el riesgo de invitarme a motel con tal mala suerte y desdicha suya, que una y otra vez recibieron esa apenada y negativa respuesta de parte de la atractiva y sexy mujer de Ernesto. 6 hombres que me conocían muy bien desde hacia mas de 6 o 7 años, desde cuando aun estaba recién casada, y que nunca jamás ocultaron ese masculino y machista interés por estar encima mío, disfrutando de cada pedazo de mi desnudo cuerpo con su verga atrapada en medio de mis femeninas entrañas vomitando lujuria adentro de esa bien voluptuosa y femenina mujer llanera.

Hoy, ese séptimo hombre, igual de atrevido y corriendo el riesgo de que yo me le negara a su arriesgada propuesta, después de invitarme a su apartamento, llegaba a su masculino orgasmo, esta vez con su verga enterrada como un puñal de pasión en medio de mis paradas nalgas, mientras mi cuerpo se mecía lentamente a la misma velocidad que sus dos arrugadas y agotadas guevas bogotanas bombeaban con dificultad las ultimas gotas de su viscoso esperma en mi tesoro. Allí, desnuda y en cuatro, como una bien jugosa y deseada carne a la llanera, esa veterana verga enterrada en medio de mis nalgas como una varita mágica, me daba ese toque encantador que mi vida sexual tanto necesitaba. Allí, desnuda y en cuatro, como una furiosa yegua llanera cayendo enceguecida a los coqueteos de mi impetuoso corcel, mis reprimidos deseos sexuales despertaban al mismo tiempo que llegaban a su fin 7 años de fidelidad a mi matrimonio. Jamás me imaginaria que ese hombre le daría vuelta a mi vida en tan solo 8 días.

En mi exhausta, enrojecida y satisfecha vagina reposaban ya 2 poderosas cargas de su espeso, hirviente y mágico esperma, mientras mis voluptuosos pechos aun mostraban los resultados de una fantástica paja rusa con la cual empezamos los dos esa vaporosa tarde en la sala de su apartamento de hombre separado, cuando el medio de sus ruegos y peticiones, me pidió que le dejara colocar su erecto miembro en medio de mis robustos pechos.

En medio de mis maltratadas nalgas, con dolor y natural femenina molestia, su firme, delgada y erecta verga, hundida casi en su totalidad me recordaba como yo pagaba el alto precio de la egocéntrica vanidad masculina.

En medio de su inmensa excitación al sentir como su verga, placenteramente, ya había vaciado dos espesas y generosas cargas de su hirviente leche, y viéndolo como un deseo no cumplido en los pasados 8 días, el, mágico y atrevido, hacia 5 minutos había roto su formalidad y me expresaba su intenso deseo machista de ir mas allá con mi femenino y sexy cuerpo. Al parecer mis atractivas y paradas nalgas habían llamado poderosamente su atención:

-“Sandrita… mamasota divina… déjeme darle por detrás”.

Tan pronto su cuerpo dejo de sacudirse y su masculina magia llegaba a su fin, el, jadeante y mostrando síntomas de natural cansancio, pronuncio las mismas palabras que en los pasados 7 años, dolorosamente, esos 6 atrevidos hombres me habían expresado, eso si, sin nunca ellos darse el gusto de disfrutar de mi cuerpo, así como el lo acabada de hacer:

-“Con ese culo tan rico… y esas piernotas suyas… Sandra… yo a usted no la dejaría sola ni un solo segundo…”.

-“Desde el pasado Sábado que la conocí, con su carisma de mujer Llanera y ese cuerposote, me di cuenta que usted era toda una hembrota que se merecía una sacudida bien rica y que su esposo no le da en la cama lo que usted tanto desea…”.

Dos lapidarias frases que no podían ocultar una verdad sostenida a medias luego de 7 años de matrimonio. El, en escasos 8 días de conocerme, resumía en esos 5 segundos lo que todos ellos coincidían.

1 hora mas tarde llegando a mi apartamento, esa personita que me motivaba a luchar y me obligaba a seguir adelante, me entregaba sin pretensiones ni excusas su inocente e incondicional abrazo.

-“Mamaaaaaa…!!!...”, corría gritando hacia la puerta mi pequeña Carolina, de 5 años de edad, mientras sus tiernos bracitos se amarraban a mis bien visibles piernas, bajo la corta y sexy falda negra que ese Miércoles yo lucia.

Ahí de pie, al lado del sofá, Julio, el gran amigo de Ernesto, no me quitaba los ojos de encima. Con su camiseta roja de Independiente Santafé, orgulloso por su equipo y listo para salir esa noche al estadio ElCampin con mi esposo a gritar y a animar a su rojo glorioso, el miraba a Carolina con atrevida envidia, al ver como mi pequeña entrelazaba sus tiernos y débiles bracitos en medio de mis gruesas y bien formadas piernas, levantándome ligeramente la corta falda.

Mis femeninos y sexys muslos quedaban coquetamente y atrevidamente visibles, motivo suficiente para que el, sin excusas ni vergüenzas, me mirara detenidamente queriendo devorarme entera, así como acostumbraba a hacerlo en los pasados 7 años. Sus ojos, descarados y lanzados, repasaron mis robustos pechos, mis piernas y finalmente mi cadera, donde la corta faldita negra que ese miércoles lucia se ajustaba maravillosa, destacando orgullosa y a sus anchas ese par de firmes, femeninas y redondas nalgas de mujer Llanera.

Que ironías da la vida. Así es, cruel e injusta.

En mis entrañas aun reposaba, fresca e hirviente, la espesa savia de una atrevida y veterana verga, la cual esa tarde, exploto sin compasión una y otra vez, atrapada en mis tesoros, acabando con 7 años de fidelidad a mi matrimonio. Aferrada a mis piernas, levantándome sin culpa la corta falda, mi hija Carolina celebraba con infantil jolgorio mi regreso al apartamento, sin jamás llegar a imaginarse que el sediento sexo de su progenitora estaba lleno de la magia de ese encantador mago que el pasado Sábado amenizo la fiesta de su quinto cumpleaños, y que de paso, dio el toque mágico para convencerme de que ese Miércoles en la tarde mis piernas se abrirían completamente para darle paso a sus maravillosos encantos.

Así es, cruel e injusta con algunos y llena de fortuna para otros. Los ojos de Julio estaban puestos y estáticos en mi corta y ajustada falda donde mis moldeadas nalgas lucían más atractivas que nunca. Mi parado y firme trasero tenia en frente mío a su mas asiduo admirador y el, con su mirada inocente, nunca imaginaria que hacia menos de una hora, justo en medio de esas femeninas y sexys nalgas, la mágica verga de un hombre que conocí hacia escasos 8 días, permanecía enterrada, vomitando lujuria en mis entrañas.

En ese momento me di cuenta de que si me había dado el chance de romper los falsos esquemas de mi matrimonio, con alguien que en escasos 8 días le dio un vuelco total a mi vida, porque no darme la oportunidad con alguien que, paciente y con muchas ganas, bien me había esperado por 7 años?.

Hoy, en una lluviosa noche de Agosto, dos meses después de ese encantador y salvaje encuentro con Manuel, el mago de La Candelaria, ese hombre que me abrió los ojos, y de paso, las piernas, siento como ese magistral corrientazo orgásmico viaja raudo por mi cuerpo y parece explotar en mi húmedo sexo. Desnuda, súper arrecha y ya bien excitada, cómodamente sentada sobre el obeso abdomen de Julio, el amigo de Ernesto, quien también desnudo y acostado boca arriba, ambos cómplices de una infidelidad que se pedía a gritos, vivimos un sueño hecho realidad en un motel del sector de Galerías, muy cerca del estadio ElCampin. Recordando mis épocas de muchacha libre y traviesa en los tupidos y exuberantes parajes de Puerto López, Meta, cuando a mis escasos 16 años montaba alegre sobre mi potro salvaje, hoy en esta cama encubridora, a mis 35 años, sobre las sabanas pecadoras, desarregladas y calidas, símbolos inequívocos de dos cuerpos llenos de pasión entregándose el uno al otro, cabalgo dichosa la hermosa, velluda y dura verga de Julio, quien acostado boca arriba y con sus manos aferradas a mi cadera, ve como mis voluptuosos y robustos pechos se mecen a la misma velocidad que mi erótico cuerpo monta cadencioso el suyo. Su verga sin condón, firme e inmensa, se sacude deliciosamente entrando y saliendo parcialmente de mi húmedo sexo, mientras yo llego a ese orgasmo maravilloso y le entrego sin disimulo al mejor amigo de mi esposo ese grito femenino desaforado para indicarle como su dura vergota, escondida en mis entrañas, me hace tocar el cielo.

Ahí, con mi gruesa cadera montada sobre su obeso abdomen y mientras esos espasmos orgásmicos pasan a través de mi cuerpo como estrellas fugaces, veo que la cara de angustia de Julio no es mas que la indicación de que 7 años de espera valieron la pena y que ese momento finalmente llegaba a su fin. A sus 43 años, su masculino y apasionado grito y esa sensación de calor intenso quemando las paredes de mi vagina, me dan a entender que un volcán de leche hirviente explota por primera vez allá atrapado en medio de mis gruesas piernas, mientras que las manos de Julio, desesperadas, abren mis nalgas y torpemente uno de sus dedos entra sin escrúpulos en el coqueto asterisco de mi ano, al mismo tiempo que dejo que mi torso caiga sobre su pecho para que mis robustos senos alimenten su sedienta boca y callen por unos segundos sus masculinos gemidos pasionales.

Cierro los ojos y siento perfecto esa verga bombeando sin misericordia 7 años de pasiones reprimidas y de paso convirtiendo mi estrecha vagina en un manantial de fresco, efervescente y blanco esperma, mientras que Julio, devorándose mis tetas, ágilmente me estimula y prepara mi ano para la siguiente batalla, mientras que su verga sigue vomitando su blancuzca lava en lo profundo de mi vagina.

Justo en ese momento se escucha desde el motel el lejano grito de gol de los hinchas en el estadio ElCampin. Por unos segundos, Julio y yo nos olvidamos que ahí en esa cama, los dos acabamos de llegar al mismo tiempo a ese primer fantástico espasmo orgásmico, y volteamos a mirar hacia la pequeña ventana de vidrios oscuros, salpicada por la fría lluvia bogotana.

-“Deber ser Gol de Santafecito…”, dice el con voz entrecortada por la excitación, retirando mis exuberantes senos de su boca por un segundo.

Ambos nos imaginamos a Ernesto, mi esposo, saltando de la dicha en las tribunas y gritando de emoción ese gol allá con sus amigos, fervorosos hinchas del rojo.

-“Tiempo de celebrarlo mamasota”, dice Julio volteando de nuevo su cabeza y dándome un corto beso en mi seno derecho.

1 minuto después, mi blackberry y el de Julio vibran con la llegada de un mensaje de texto. Los dos sabemos que es un mensaje de Ernesto, mi esposo, comunicándonos las buenas noticias de ElCampin.

-“Espera…”, le dije a Julio estirando mi brazo con dificultad hacia la mesita de noche de la suite.

Tome el blackberry y leí en voz alta el mensaje:

-“Amor mío SantaFe 1 Tolima 0”.

El pequeño frasco de aceite Johnson deja caer las últimas gotas sobre la entrada de mi coqueto asterisco y Julio, emocionado, nuevamente me introduce su dedo en mi ano.

Emocionada, excitada y ya acomodada en cuatro sobre la cama de la suite, como una yegua llanera esperando que su brioso corcel la monte, con Julio estimulándome por detrás y vaciándome copiosamente el aceite lubricante en medio de mis nalgas, pienso que estos 7 años han sido lo mejor de mi vida, pero también lo suficiente como para tomar la madura decisión de experimentar y disfrutar algo nuevo y salvaje. El hecho de sentirme una reina en la cama con un caballero listo a satisfacerme a pleno

-“Fue fácil escoger entre clavarme esta belleza de culo o ir a ver a mi equipo del alma… No sabes cuanto he esperado este momento Sandrita”, dijo Julio notablemente excitado.

Sonreí y cerré los ojos dándome cuenta que Julio estaba listo y su elección la más apropiada. Apreté con fuerza y rabia mis manos contra las sabanas y mutuamente los dos dejamos salir roncamente ese gemido inicial de complacencia y dolor, mientras que la verga de Julio, cubierta con un condón azul claro, se abría paso lenta y delicadamente por entre mis nalgas llaneras.

Que ironías tiene la vida. 5 minutos mas tarde, Ernesto, Julio y yo gritamos todos juntos nuevamente de emoción. Mi esposo, celebrando a gritos el segundo gol de su equipo del alma. Julio, celebrando con sus gemidos que después de 7 años deseando ese soñado instante, finalmente su verga explotaba enterrada en lo profundo del redondo y parado culo de la rica mujer de su amigo. Y Yo, Sandra Bibiana, llegando de nuevo a mi orgasmo, encantada de nuevo por la magia de entregar mi cuerpo a los encantos de un hombre que de verdad me desea.

— julio08

12 de enero de 2012

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julio08

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Comentarios

1 comentario

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  • andressinmiedo
    andressinmiedo · 12 de ene de 2012

    woa esta mujer si que es una diosa muy bonito tu relato espero que algun dia podamos conocernos sigue asi soy tu fan numero uno de tus relatos besos y abrazs

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