Maratón Sexual
Relato de comunidad Hetero: Generalschedule 8 min de lectura calendar_today Enero de 2012

Maratón Sexual

Un sábado recibí su llamada, era la hermosa, me dijo:- Estoy cerca de xxx motel y me antojé, venté rápido que te quiero comer, me muero de ganas, pero ojo, recuerda que cada vez que te encuentres conmigo, vivirás un momento muy especial en tu vida, por tanto así tengas prisas, debes....

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Un sábado recibí su llamada, era la hermosa, me dijo:

- Estoy cerca de xxx motel y me antojé, venté rápido que te quiero comer, me muero de ganas, pero ojo, recuerda que cada vez que te encuentres conmigo, vivirás un momento muy especial en tu vida, por tanto así tengas prisas, debes verte bien para una ocasión tan importante, eres mi fantasía hecha realidad así que si te toca demorarte para verte hermoso, no le pares bolas a mis desesperos.

Eran las dos de la tarde y estaba esperando el almuerzo, su llamada hizo que me metiera corriendo en el baño, en menos de 5 minutos, me bañé, me afeité, me eché colonia, esa que ella le gusta y tomé una moto taxi a la que le comenté mi fuerte necesidad de que se moviera rápido ya que se trataba de un asunto de vida o muerte, me debía mantener alejado del moto taxista para que él no sintiera la dureza de mis deseos. En 25 minutos estaba en la entrada del motel, la llamé para avisarle y ella me dijo:

- Oyeee, pero si eso queda en el otro extremo de la ciudad, estas demasiado arrecho…

Ella me recogió en un taxi y entramos al motel, allí nuestros labios se encontraron como dos imanes de polos opuestos, casi no nos despegamos, desesperadamente nos desnudamos, al quitar su panty blanco pude ver ese hilito que se desprendia, mi boca corrío hacia esa fuente de placer que está entre sus piernas, probé de su dulce néctar, luego nos fuimos al baño, la costumbre era bañarnos antes de tener relaciones, eso para saborear bien la esencia de nuestras pieles, al salir del baño, me pidió que me pusiera en cuatro, yo como el niño bueno que soy, obedecí y sentí su lengua y sus labios devorarme con un hambre mayor a la que tenia mientras esperaba ansioso mi almuerzo en la cocina de mi casa, me hizo el beso negro con ansias, de manera magistral, el placer que sentía era tan intenso que no me contuve, grité como niña, ella por momentos paraba para reírse de mí, según ella yo estaba fingiendo un orgasmo y lo hacía nada más para hacerla sonreír.

Se montó sobre mí para cabalgarme, la verdad es que lo hacía algo brusco, tanto que temí que me fracturara el pene, pero eran sus ansias, esas que controló un poco para seguir en lo suyo, su cara era la de una niña que acaba de recibir un regalo, un helado que deseaba comerse de maneras extrañas, me excité tanto que sentí que no duraría mucho, por eso le saqué mi pene pero nada, no aguanté, me vine y no llegué ni a los 2 minutos, quizá minuto y medio, que irónico; mi intención ese día era darle buena verga porque la vez pasada lo habíamos hecho anal y ella quería más vaginal, quería darle tanto por la vagina que llegara el momento el que me pidiera que no siguiera, que le diera anal o que la dejara chupármela o masturbarme…, pero esa maratón sexual se redujo a menos de 2 minutos, ¡ POLVO DE GALLO!, esas palabras pasaron por mi mente, en realidad me sentí algo mal por lo que hice, esperaba sus palabras, no sabía si estas serían lapidarias o de solidaridad, ella tenía una sonrisa inmensa en su rostro y me dijo:

- Te viniste rapidísimo, tan arrecho estabas, tan arrecho te pongo…

Su rostro mostraba una expresión de arrogancia, de orgullo, creo que por dentro ella se decía: soy muy hembra, así lo pongo, así lo tengo, este chicho sí que me desea, para el soy tremendamente sexy, arrechante, tanto que no puede controlarse ….

Me dio un hambre tremenda, pedí unas salchichas y papas fritas para comer un poco, ella tan solo se reía de mis actos. Después de darle algo a ese estomago vacio, empezó el segundo tiempo, en el borde de la cama la penetraba suavemente, luego fue subiendo la velocidad, lo hacíamos en varias posiciones, pero ambos mirábamos con ganas a la silla del amor, allí se sentó, abrí sus piernas y empecé a penetrarla agresivamente, ella estaba tan mojada que vistió de blanco mi verga negra, me emocioné, tanto que empecé a penetrarla con ansias, su rostro se puso rojo, y yo le hacía más duro, fueron quizá 10 minutos de fuertes embestidas, su vagina se estaba secando, ella me pidió que le hiciera anal, que lo ansiaba, yo le dije:

- No, hoy es el día de la vagina, te voy a dar tan duro que te va a doler, vas a quedar incapacitada por varios días, quizá no puedas caminar bien al salir de aquí.

- Que ricooo, esa fue su respuesta.

Mis palabras operaron en ella como el más fuerte de los afrodisiacos, nuevamente mi verga estaba vestida de novia, en esa silla fueron quizá 3 minutos más, luego para tomar aire la ubiqué en el borde de la cama, allí fueron unos 5 minutos de penetradas suaves para recuperar el aire, luego llegaron mis embestidas agresivas, su cara me mostraba un placer tremendo, como su estuviera a punto de venirse, por eso le daba mucho más duro, quería su orgasmo, ella solo decía: que rico, rico, ¿Qué es esto?… como si no supiera…

Le daba tan duro que sonaba como si le estuvieran pegando a alguien planazos en la espalda, eso la excitaba aún más, a mi también, hasta el punto de exigirle a mi cuerpo la mayor fuerza y velocidad posible, pero empezaba a ahogarme y tocaba tomar algo de aire, tomaba aire reduciendo la velocidad de los movimientos pélvicos, luego de 4 o 5 minutos de movimientos suaves, aceleraba nuevamente y con la aceleración, su rostro mostraba estar cerca de un orgasmo, por lo que le hacía con toda mi velocidad, esperaba que ella nuevamente quedara seca para cumplir con mi promesa pero en realidad estaba cada vez más arrecha, transcurrieron así quizá unos 40 min, con variaciones de velocidades y cambios de posiciones hasta que llegó el momento en que me dijo que se debía ir, la estaban acosando en su celular, me sentía agotado, descansamos quizá unos 5 minutos en la cama, ella me comentó de algo extraño que sintió, me dijo:

- Oye no sé que tienes tú en la punta de tu verga pero cada vez que la siento en el fondo es como si empezara a venirme pero no me vengo, cada punzada es como un orgasmo que dura el lapso de tu punzada, es diferente, es algo que nunca había sentido, no sabía que eso se pudiera sentir.

Nuevamente me abalancé contra ella, no me había venido y eso no podía quedar así, le di con todas mis ansias, antes me concentraba mentalmente para no venirme, esta vez deseaba afanosamente terminar, fueron quizá 10 o 15 minutos de un esfuerzo físico impresionante, luego me detuve a descansar y ella se fue al baño con la intensión de bañarse para irse, en la mitad del camino la abracé por la espalda y la penetré en la vagina, ella caminaba hacia el baño mientras era penetrada por un perro arrecho. En el baño, cuando la iba a penetrar ella misma tomó mi pene y lo dirigió hacia su ano, este no opuso mucha resistencia, ya estaba bastante dilatado y de una la penetre con las ganas de dejar en ese lugar mi regalo blanco. El agotamiento físico me pasó la cuenta de cobro, poco a poco sentía un frío y un mareo en todo el cuerpo, como si me fuera a desmayar, pero eso en lugar de detenerme hacia que le diera más duro, si me desmayaba o si tenía una muerte súbita en ese lugar, sería después de venirme. Todo se empezó a oscurecer hasta que quedé ciego, mi cuerpo iba cayendo, con mi voz que se hacía cada vez más tenue, pronunciaba las siguientes palabras:

- ¡Me desmayo!, ¡me desmayo!, ¡no veo!, ¡no veo!.

Ella se reía pensando que tal vez era otro de mis chistes en la cama, o parte de un teatro, mi cuerpo se estrelló contra el borde de la pared de cristal del baño, a ciegas salí de allí gateando y me quedé en una esquina tirado, sus risas se oigan mientras se bañaba, sentí un frío profundo en todo mi cuerpo, un temblor enorme, pensé que de allí saldría para un hospital, pero poco a poco fui recobrando la visión, estaba tan agotado que me costaba pararme, al recuperarme un poco, me cambié y me senté en una silla, ella se sentó en mis piernas y allí esperamos el taxi, este la dejó a ella a unos 100 metros de la salida del motel y a mí me dejó 50 metros después, al bajarme mis piernas temblaban, mis manos también, ese día supe lo que sienten las personas con Parkinson, decidí caminar un poco para recuperarme, caminaba con el temor de que se me enredaran las piernas y me cayera, en una tienda compré una bebida hidratante y un pan bastante dulce, esto junto a la caminata me aliviaron un poco, llegué a mi casa cansado, vuelto nada, como si hubiera corrido una maratón, a ella la llamé algo satisfecho pensando en que estaba en un estado lamentable, pero nada, el que terminó incapacitado fuí yo, desde ese dia me propuse hacer ejercicio para que algo así no me volviera a pasar, todavía no he empezado, pero un dia de estos empiezo y no me volverá a pasar...

— negrocarta

22 de enero de 2012

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