No se ni siquiera porque estoy escribiendo a cerca de lo que paso la otra anoche. Alguna vez escuche que cuando uno se sentía mal o con algo adentro que no lo podía sacar, lo mejor era escribirlo para así verlo desde otra perspectiva.
Primero que todo debo preguntarme ¿Me siento culpable por lo que ocurrió? No lo se. Espero tener una respuesta al final de este relato.
Empecemos por el principio: Llevo en Bogotá ya varios días, me encuentro en una capacitación para mi nuevo empleo, la empresa es estupenda, es una multinacional que ofrece todas las garantías que uno puede querer. Somos tres en la capacitación, todas mujeres, Mariana de Barranquilla, Andrea de Cali y yo de Medellín, estaremos en la ciudad durante casi dos semanas, recibiendo información de todo lo concerniente a la empresa. La persona que esta en contacto con nosotros es Federico, él es el segundo en el departamento de relaciones humanas, no creo que tenga treinta años pero tiene una preparación como uno de 50. Ah, lo olvidaba soy casada, y creo con todo seguridad que muy felizmente. Esta aclaración es muy importante para entender la pregunta del principio.
Pero bueno, me estoy alejando de lo realmente importante, lo que sucedió esa anoche, empecemos.
Ya llevábamos 3 días con la misma rutina, llegada a las oficinas 8 am, reuniones y charlas hasta la 1 de la tarde, media hora de almuerzo y continuábamos en la tarde hasta casi las 7 y directo al hotel. En el cuarto día, no es que estuviera cansada ni nada parecido, los temas que tratábamos eran muy interesantes y la compañía de las nuevas compañeras junto con la asesoría constante de Federico hacían que las horas no se sintieran pesadas, pero aun así tanta información técnica y administrativa hacía que los días fueran un poco tediosos; en un pequeño receso salí un momento de la oficina y dando un suspiro dije en voz alta, que sería muy agradable una buena copa de vino en esos momentos, pensé que no había nadie, pero cuando me di la vuelta vi que detrás mío estaba Federico mirándome muy serio, inmediatamente me sonroje, y él lo único que dijo era que si sabía que estaba prohibido el licor en horas de oficina, me iba a disculpar cuando me interrumpió y continuo diciendo, que después de las 6 y en otro lugar no lo era, y que casualmente conocía un sitio exclusivo para catar vinos y que tenían las mejores tapas españolas de la ciudad, yo lo mire sorprendida y cuando le iba a dar respuesta, Mariana la costeña apareció y pregunto de que hablábamos, obviamente Federico le comento y decidimos que sería muy buena idea salir en la noche para romper un poco con la rutina, le comentamos a Andrea, pero nos dijo que se sentía muy cansada y declinó la invitación.
Cuando llegue al hotel lo primero que hice fue darme un largo y espumoso baño, el agua casi hirviendo realmente me relajo y todo el cansancio que pudiera tener se desvaneció, Federico había quedado de recogernos a las 8:30, así que tuve buen tiempo para arreglarme con calma, aunque no íbamos solos sentía que la cita era conmigo; mi primera cita con alguien diferente a mi marido, de repente sentí que estaba haciendo algo malo, yo sabía que no pero una voz interior no hacía si no machacarme que lo que estaba a punto de hacer era indebido. Antes de irme llame a mi esposo como hacía todas las noches para despedirme, hablamos unos 10 minutos, la charla fue muy trivial, nada importante, le comente que mis compañeras y yo íbamos a salir a comer algo, no se si consciente o inconscientemente no le comente nada de Federico; me dijo que me quería mucho y que no tomara mucho, pues sabía que el vino me daba dolor de cabeza después de algunas copas. Nos despedimos y colgué. No tuve tiempo de reaccionar, pues casi al mismo tiempo sonó el teléfono de la habitación, Federico muy puntual se estaba anunciando para decirnos que nos esperaba en el lobby. Al bajar Mariana ya estaba con él, conversando como si fueran viejos amigos, los dos estaban muy bien vestidos, y se les notaba que tenían clase y muy buen gusto, aunque yo modestia a párteme sentía igual, estaba estrenando y sentía que encajaba muy bien en el grupo, los tres nos hacíamos notar.
El tráfico a esa hora había bajado un poco, así que llegamos en menos de 20 minutos al bar; era un sitio encantador, estaba lleno, pero Federico había reservado mesa por lo que no tuvimos que esperar. Pedimos un vino tinto español, yo no se mucho de vinos, me gustan o no, así de simple, pero Federico hablo muy bien de él y lo ordenamos. Luego de la primera botella decidimos comer algo, ya nos encontrábamos completamente relajados, los temas de la oficina habían desaparecido, Mariana le dio por contar chistes, no se si eran buenos o no, pero con su acento barranquillero sonaban divertidísimos. Después de las tapas decidimos pedir una sangría, el mesero nos advirtió que era una receta de la casa, que era completamente distinta a cualquier sangría que hubiéramos probado antes. Nos tomamos dos jarras, yo me sentía en las nubes, pues aunque estaba ya algo entonada, no me sentía mal. Los temas de conversación se estaban subiendo de tono, cada vez eran más calientes, sin pensarlo dos veces Mariana propuso que contáramos nuestra experiencia sexual mas candente y extraña, ella incluso propuso comenzar y nos contó que cuando el Junior quedo campeón hace unos años, como el papá de ella era de la junta del equipo la invitaron a la celebración privada del campeonato y terminó en el cuarto del hotel con dos jugadores, no quiso dar nombres, pero si indicó que uno era argentino y el otro de Tumaco, cada uno con unas habilidades que no tenían nada que ver con el futból; luego siguió el turno de Federico, yo simplemente los escuchaba, era una sensación extraña, por un lado me sentía como entrometiéndome en la vida de ellos, pero por otro lado sentía una excitación que iba subiendo de nivel entre frases calientes y tragos de la sangría. Federico nos conto que lo había hecho con una azafata en un vuelo entre Nueva York y Bogotá, el vuelo iba muy vacío, pues era un 31 de diciembre y el era el único pasajero en primera clase, dijo y juro que era cierto que se bebió casi media botella de Champaña directamente del clítoris de ella, yo ya estaba apunto de estallar, para que nadie nos escuchara el se nos acerco y el roce de su pantalón con el mío me tenía ya completamente húmeda. Cuando término la historia los tres nos enderezamos en nuestros asientos, inmediatamente después Mariana se acerco a mi oído, pensé que me iba a hacer algún comentario de la historia sin que Federico oyera, pero lo que hizo me dejo aun más excitada; sin decir una sola palabra introdujo su lengua en el lóbulo de mi oreja y lo recorrió muy suavemente durante unos pocos pero interminables segundos, cuando término se separo de mi y simplemente comento, que faltaba mi historia, yo no salía de mi asombro no se me ocurría que decir, no es que fuera una mojigata ni nada por el estilo, pero la verdad no se me ocurría nada que me hubiera ocurrido siquiera la mitad de apasionante a la de ellos y lo único que me atreví a decir era que ya eran cerca de la 1 de la madrugada y que lo mejor era pedir la cuenta e irnos. Los tres nos miramos, Mariana fue la primera en hablar y con una sonrisa entre picara y de burla comento que yo iba a necesitar una historia para contar muy pronto y con un movimiento de manos llamo al mesero para pedir la cuenta.
Ya en el carro las cosas siguieron en un tono igual o aún más caliente que en el bar. Yo iba adelante acompañando a Federico, Mariana atrás parecía como los niños pequeños que se hacen en toda la mitad de la silla de atrás como para no perderse nada de lo que sucede con los papás. A pesar que había tomado igual o más que nosotros a Federico no se le notaban los tragos, yo me sentía muy cansada, pero todavía con un volcán entre mis piernas a punto de estallar. Decidí recostar la silla para descansar un poco y tratar de calmarme, así lo hice, cerré mis ojos y me convencí que ya todo había terminado. No se si alcance a dormirme o no, pero en un momento dado sentí que el carro frenaba y se detenía, cuando trate de incorporarme aun medio dormida sentí que alguien acariciaba mis pechos por encima de mi blusa, y a la vez otra mano más rozaba mi muslo. Iba a abrir los ojos pero una voz muy dulce me lo prohibió acerco sus labios a ellos y me impidió abrirlos. La mano del muslo estaba cada vez más lejos de este y más cerca de mi sexo, con una asombrosa agilidad quito la correa, bajo el cierre e introdujo su mano dentro de mi tanga, el roce de sus dedos con mi clítoris, sumado a un masaje continuo pero cadencioso de mis tetas me hizo correrme casi de inmediato. La mano que estaba dentro de mis pantalones no se detuvo, por el contrario continuo sus movimientos pero ya con un dedo dentro de mi vagina. Decidí entonces que mis manos también debían ser utilizadas, así que con mucho cuidado, para evitar que la mano que me acariciaba mi sexo no se saliera de ahí la acerque a mi vecino de la izquierda, no tuve que hacer mucho esfuerzo en localizar mi premio este ya estaba fuera de su prisión y deseoso de prestar sus servicios.
Suavemente lo empecé a tantear con las yemas de mis dedos, luego casi con rabia lo apreté con mi puño como si nunca lo fuera a soltar. Volví nuevamente a recorrer todo su miembro y cuando llegue a la cabeza, sentí un liquido suave y viscoso que le salía, esa sensación me despertó de mi letargo y me levante de mi silla y sin pensarlo me dediqué a saborear ese liquido maravilloso que le brotaba. Cuando sentí que ya había cumplido a cabalidad mi misión me detuve me levante y sin pensarlo dos veces bese a Mariana, la cuál se estaba masturbando mientras yo realizaba mi tarea. El auto de Federico era muy espacioso y confortable, una 4x4 así que las diferentes situaciones que he estado describiendo no eran tan incomodas de realizar como podrían parecer. Luego de besarla logre reaccionar un poco y me di cuenta donde estábamos, era el garaje del edificio donde vive Federico, a esa hora era muy improbable que alguien apareciera.
Cuando por fin logre captar donde y como me encontraba, mi primera reacción fue acomodarme el brasier y abotonarme la blusa, pero Mariana me lo impedía. Decidí que lo mejor era rendirme y dejarme llevar por ella.
Sin pensarlo dos veces Mariana tiro para atrás el respaldar de su silla y se acostó boca arriba, como estaba de falda, solo tuvo que subírsela para que yo pudiera admirar su sexo, estaba recién afeitado, seguramente lo había hecho esa misma noche, sin dudarlo me acerque a su vagina y comencé a lamérsela, Federico mientras tanto bajo totalmente el espaldar de su silla para así quedar todos más cómodos. No me quiero imaginar la cara de Federico viendo aquella escena, Mariana Acostada, con su camisa completamente abierta, mi cabeza entre sus piernas lamiendo desenfrenadamente, mientras mi culo en una posición que invitaba a ser poseído. Yo continuaba aún con los pantalones puestos, ya que no había tenido tiempo de quitármelos, claro que eso no duro mucho tiempo, en medio de mi faena con Mariana, sentí unas manos que suavemente trataban de bajar mi pantalón, no opuse ninguna resistencia, lo siguiente que sentí eran unos besos húmedos en mis nalgas y su lengua recorriendo todo mi culo desde el ano hasta muy cerca del clítoris, eso acrecentaba los movimientos de mi lengua en el clítoris de Mariana y parecía que estaba dando resultado, pues ella cada vez jadeaba con mayor fuerza. En un momento dado, Federico se detuvo y cambio de posición, le dijo a Mariana que se moviera un poco más hacia el fondo de la camioneta para el poder ponerse detrás de mí, no hay que ser muy perspicaz para saber que pretendía, es por eso que me detuve un momento de mi edificante tarea y le pregunte que si prefería metérmela por la vagina o por el culo, el me miro y dijo que soñaba con clavármela bien adentro, pero que no se atrevía a pedírmelo, pues no sabía que podía pensar yo. Yo simplemente lo mire y con un desdén que ni yo misma me lo creo en el momento que estoy escribiendo esto le dije que hiciera lo que le diera la gana y seguí disfrutando de la vagina de Mariana. No se que paso por la cabeza de Federico en esos instantes, pero lo que siguió después fue el orgasmo más apasionado que he sentido en mucho tiempo. Federico escogió mi ano, al principio sentí una pequeña molestia, la cuál desapareció casi de inmediato, el estaba muy húmedo también así que su miembro me penetro con relativa facilidad. El trío en que nos habíamos convertido funciono con una simetría casi perfecta, los tres nos movíamos al ritmo de Federico, mientras más fuerza aplicaba el, con más ímpetu lamía yo y con mayor volumen jadeaba Mariana, terminamos casi simultáneamente, con el último empuje del pene de Federico yo lance un suspiro de placer que hizo que Mariana se quedara ya sin voz y sus últimos suspiros resultaron completamente silenciosos, Federico se encontraba recostado sobre mi espalda, yo trataba de decir algo, pero no salía ni una palabra de mi boca.
Tardamos unos minutos más en reaccionar, lo último que recuerdo fue a Mariana diciendo entre risas, “Ajá, por fin tienes algo para contá”
Llegamos al hotel casi a las 3 de la madrugada, no se como me levante, pero llegamos a tiempo al trabajo. Cuando estuvimos allá nos comportamos igual que los días anteriores, parecía que la noche anterior no había pasado nada…
Bueno, que rápido pasaron estos 15 días, que buenos amigos hice en esta ciudad, en estos momentos me encuentro en la terminal esperando el llamado de mi vuelo escribiendo esta historia y pensando si debo o no contarle a mi esposo…
Con respecto a la pregunta del principio, la verdad no me siento culpable de nada, amo con toda mi alma a mi esposo y no lo he dejado de amar por lo que ocurrió, se que el me adora y ama también y que seguramente cuando lea esto se va a poner tan caliente o más a como estuve yo, así que acabemos esto rápido y enviémoselo por correo, para que lo reciba antes de que yo llegue y este bien caliente para que sea todo oídos a las otras historias que sucedieron durante el resto de la capacitación.








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login EntrarQue Buen relato...te Felicito.