Cuando regresó Diana de pedir los tintos le pude decir que estaba con ardientes deseos de poder acariciar su traserito y que sus piernas eran lindas y que esperaba su autorización de poder besarlas poro por poro. Ella con la mirada de excitación que nuestra complicidad nacida de poco tiempo atrás le permitía no ocultar puso la mano en mi brazo y mientras me acariciaba ligeramente me recordó que en la primera cita no haríamos nada para pedirme que no le siga hablando así porque la “ponía a mil” y antes de cambiar de tema me dijo que por su parte no me diría esos detalles, que se limitaría a hacer las cosas. Me resigné pues a manifestar mi impaciencia y luego Diana, respirando como para darse una compostura, entró en la conversación de su esposo con Moni e hizo la pregunta general de cuando nos veríamos de nuevo. Andrés de inmediato dijo “tan pronto como podamos” y mi Moni replicó que cuando podrían ellos, ya que nosotros estábamos siempre disponibles. Diana muy estratégica nos dijo que podríamos vernos en Cartago al Sábado siguiente para almorzar y que tal vez podríamos ir a un apartamento que ellos cuidaban para tomar el digestivo.
Esta parte del digestivo lo dijo con una sonrisa maliciosa lo que produjo otra sonrisa en todos nosotros con nuestro asentimiento inmediato. Llegaron los tintos y la charla continuó muy inocente en la descripción del dicho apartamento y las circunstancias de porqué lo cuidaban, sin olvidar de que cada pareja recordara a los otros que la posible presencia de los hijos respectivos nos impedían pensar en nuestro lugar de habitación habitual. Tomando el tinto agradecimos, como en un brindis, a los amigos de ellos que habían dejado el apartamento a su cuidado y nos comprometimos a cuidarlo muy bien mientras estuviéramos los cuatro en él.
Por fin llegó el fin de semana siguiente y salimos mi esposa Moni y yo para estar en Cartago a las 11 AM, donde nos encontramos con Andrés y Diana que nos esperaban a la bajada del bus. Los dos caballeros estábamos en ropa informal aunque elegante y las damas en ropa muy veraniega. Moni en su vestido blanco que contrastaba con su piel morena y Diana en minifalda muy amplia, que llegaba un poco más arriba de sus rodillas y una blusa también amplia en la que pude notar que sus senos jugaban libres de todo sostén, en ritmo a cualquiera de sus movimientos. Diana me saludo de un beso en la mejilla que habría sido casto si sus senos grandes y erguidos no se hubiesen aplastado contra mi pecho dejándome sentir que también eran duros como los de una jovencita.
Después de los saludos de rigor pedimos un taxi y nos dirigimos hacia un restaurante muy elegante situado al otro extremo de la ciudad, en una casa de estilo muy valluno, casi colonial, donde la gerente nos recibió con una cortesía exquisita. La cosina era comida tradicional colombiana, hecha con el mismo buen gusto que el de la casa, el de la decoración y la amabilidad de la administradora. Almorzamos sin tocar el tema del futuro inmediato, Diana sentada a mi lado y Moni al lado de Andrés. Todo muy inocente si no fuera por la pierna de Diana que se apretaba contra la mía. En un momento en que su pierna medio acarició la mía le contesté ese gesto moviendo la mía como para responderle a su caricia y nos miramos con una sonrisa. Al interrogarnos Moni y Andrés sobre el motivo de la sonrisa, Diana les contó que aprovechando estar contra el muro, protegidos por la mesa, el mantel y la presencia de ellos, nos acariciábamos la pierna con la pierna. Moni y Andrés tuvieron una mirada de ternura hacia nosotros riendo de nuestra actitud de colegiales.
Con el tinto que culmina todo almuerzo, Andrés sin poder dominar su timidez y nerviosismo nos pidió que fuéramos a una discoteca al salir. Después de pagar la cuenta, cada pareja pagando la mitad, tomamos un taxi y nos dirigimos a la discoteca. Al llegar nos instalaron en una cabina con la mesa en mitad y bancos alrededor de la mesa contra los muros libres de la puerta de acceso. La dicha puerta se conformaba por esas cortinas de pedacitos de guadua, como hacía tiempo no veía yo. La discoteca era muy obscura, en muda invitación al tipo de encuentro que nos proponíamos tener. Andrés y yo nos sentamos contra la puerta y dejamos a las damitas juntas, mi esposa Moni al lado de él y Diana a mi lado. Pedimos el ron que nos gusta a todos, el de Caldas, y luego de libar uno o dos tragos, el esposo de la otra parejita sacó a mi Moni a bailar una salsita suave mientras que yo con cierto atrevimiento tomé simplemente la mano de Diana que guardé hasta el regreso de ellos. Diana pidió a mi Moni que la acompañara al baño y los caballeros nos levantamos para dejarlas pasar. Andrés en enorme muestra de confianza me contó que no sabía si estaba más asustado que excitado y yo le agradecí que semejantes sentimientos le fueran despertados por mi esposa. Yo le confesé que no estaba asustado pero sí muy impaciente, lo que nos permitió reír relajando la tensión. Al regresar ellas, Diana me dijo que no me pusiera de pie y de oficio se sentó sobre mí para deslizarse a su puesto sin evitar en absoluto frotar sus nalguitas contra mis muslos.
Saqué a bailar a Diana y nos dimos el gusto de bailar apretaditos, pero solo sus senos se frotaban contra mí por momentos. Raramente al principio y luego de manera más constante y directa, a medida que sus temores se alejaban, por lo que comprendí que su sentada en mis piernas había sido un acto de coraje enorme para ella. La vez siguiente Moni me pidió que la sacara a bailar el bolero que sonaba y apretada mi esposa contra mí me contó que Diana, al igual que Andrés estaban que se “miaban” del susto y Diana si no estuviera tan excitada habría salido corriendo. Me contó igualmente que la otra damita le había preguntado si traíamos suficientes preservativos porque ellos en medio del susto habían olvidado comprarlos. A mi esposa le encantó que ella haya propuesto pagarlos, lo que se le rechazó y se felicitó de haber traído muchos.
Paro aquí esta parte para que en el próximo “capitulo” aparezcan los detalles más sensuales, por no decir sexuales, que no por ser menos indispensables, hacen culminar toda relación swinger.








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