Nos sentamos en un silencio obligado tanto por el volumen de la música como por el nerviosismo de nuestros amigos. Andrés sacó a bailar a su esposa y yendo yo al baño vi que muy apretados y amorosos, charlaban sin cesar, los dos sonriendo y, como se podía adivinar, compartiendo ya sus planes para con nosotros.
Me senté y al llegar Diana de oficio no me levanté. Cuando ella se puso sobre mi regazo le atrapé las piernas y acaricié sus muslos subiéndole la falda, lo que ella dejó hacer tomándome suavemente de las muñecas como para dirigirme y apretando su culito contra mi entrepierna que ya dejaba sentir una erección muy de circunstancia. Al sentirme, como si hubiese tocada un hilo eléctrico cargado, ella escapó a su puesto a mi lado en donde permaneció en silencio un momento. Puso luego su cabeza en mi hombro y Andrés sacó a bailar a mi Moni. Al salir ellos del cubículo di un beso en los labios a Diana que lo contestó con un temor no disimulado, lo que lo hizo muy tierno aunque ausente de todo morbo. Colocando de nuevo su cabeza en mi hombro me dijo que se sentía tan en confianza conmigo que no le molestaba en absoluto dejarme sentir sus temores y sus tontos pudores. Esta vez tomé su mano y la besé, para devolverle toda la ternura que ella me hacía sentir sin agredir sus pudores.
Cuando nuestros conyugues regresaron de haber bailado saqué de nuevo a Diana y esta vez, para el bolero que sonaba, ella se apretó contra mí poniendo sus brazos alrededor de mi cuello y estrechándose completamente contra mí. Poco a poco, al ritmo de la música, sus movimientos se hicieron más y más precisos buscando sentir mi erección y fue de esta manera casi masturbadora, sus piernas entre las mías o abrazando las mías, que terminamos esa canción. Al llegar a la mesa pudimos ver que Andrés y Moni se besaban con gran pación, las manos del caballero aferradas a los senos de mi esposa. Cuando él quiso reaccionar a nuestra llegada mi esposa lo obligó suavemente a seguir besándola, por lo que me senté casi en silencio y Diana, al sentarse sobre mí, como ya era costumbre, me dejó acariciarle libremente sus piernas poniendo sus faldas a su cintura. Cuando subí hasta sus senos ella me tomó las manos para suavemente liberarlas luego y echando sus brazos hacia atrás tomar mi cabeza apoyando la de ella contra mi hombro y entregarse completamente a mi caricia.
Cuando nuestros esposos regresaron por fin de ese interminable beso, Diana siguió charlando sin bajarse de mis piernas, solo que sus nalgas comenzaron a frotar mi intimidad. Al percatarse Moni de esta situación sonrió y levantándose por encima de la angosta mesa que las separaba besó a la damita que yo acariciaba lo que les hizo aumentar la excitación a las dos de manera evidente por sus suspiros. Diana le susurró algo a mi Moni y ella sonriendo abrió su bolso y sacó uno de los preservativos para regresar a besar a Diana quien la esperaba volteando su cabeza para besarme con pasión en mi boca, su lengua jugando con la mía. Mi esposa se puso a mi lado, levantó a Diana empujándola suavemente sobre la mesa y rápidamente me abrió el pantalón y sacando mi pene le puso un preservativo. Yo sintiendo eso aproveché para bajarle los calzones a Diana y al regresar ella contra mí, con las faldas bien arriba, se encontró con mi pene erguido que golpeaba suavemente a la puerta de su vagina. Ella en un suspiro, narrando lo que le pasaba a su esposo, me introdujo en ella para luego guardarme bien al interior moviéndose solo en círculos que se aceleraban poco a poco. Mi esposa aprovechó para levantarle la blusa y besar el seno que yo no acariciaba. Cuando Diana tuvo un orgasmo en un quejido largo solo acallado por la boca de mi esposa con la que intercambiaba besos apasionados, ella esperó a calmarse y luego levantándose y dejando sus nalguitas a mi vista me pidió que le subiera los calzones, lo que hice después de besarle esos dos globos lindos, puertas de tan deliciosos jardines a los que esperaba ser invitado pronto.
Mi esposa dio un beso largo a Andrés, bajando en un momento a chupar su pene, lo que hizo por pocos momentos debido a la incomodidad de los bancos en ángulo. Se enderezó pues Moni y luego de otro beso a Andrés que estaba ya sin ningunos nervios, solo excitado, interrumpió el beso en el que estaba yo con Diana para decirnos que nos fuéramos al apartamento, si se podía ir ya. Diana tomó su bolso lista para salir y yo riendo le bajé la blusa que la tenía al cuello, puesto que yo había acariciado y besado esos pechos mientras mi esposa administraba la felación a su esposo.
En el próximo relato les cuento como fue la velada en el apartamento de los amigos de Andrés y Diana. Gracias por haber tenido la paciencia de leerme hasta aquí.








Comentarios
0 comentarios
Inicia sesión para dejar un comentario.
login Entrar