Al llegar a mi altura Diana se arrodilló frente a mí y sentada sobre sus talones comenzamos con un beso largo, paciente y sin prisas, en que nuestros labios acariciaban los labios del otro, nuestras lenguas poco a poco entraban en lucha con la lengua del otro y mientras la damita me apretaba la nuca con sus brazos, mis manos acariciaban ya sea su espalda, sus muslos o sus senos reconociendo ese cuerpo nuevo que se ofrecía su curiosidad. Luego de acariciarle sus senos, que francamente no me cansaba de hacerlo, durante mucho tiempo, ella poco a poco pasó a acariciar mi pecho, mi espalda y luego suavemente tomó mi pene en sus manos para acariciarme. Mientras estábamos los dos en estas caricias casi inocentes, mi esposa se levantó de la cama, tomó algo del paquetico de preservativos que reposaba en el nochero y se llevó a Andrés para la ducha en donde se lavaron. Diana me susurró tan solo un “después vamos nosotros”. Los griticos de excitación de Moni nos hicieron reír ligeramente y estuvimos de acuerdo que era mejor dejarlos tranquilos el tiempo que ellos desearan de esa ducha. Nuestro beso fue muy tierno, largo aun más de lo necesario, mientras nuestros conyugues terminaban de copular en la ducha, pero la nena deseaba que estuviésemos limpios los dos antes de pasar a actividades menos angelicales, fue lo que me dijo entre dos suspiros que mis caricias le habían arrancado. Yo le pedí que sus caricias a mi pene fueran menos precisas para no acelerar a destiempo una conclusión que no sería la más oportuna en ese instante. Ella sonriendo miró mi pene que tenía en su mano y le dijo, como si fuera alguien distinto de mí, con su vocecita linda “papito, espérese pues que le queda mucho trabajo por hacer y gustico por recibir”. Riendo le dije que él, mi pene, quería saber que por qué puerta le esperaba el trabajo y ella apretándose contra mí me respondió que pensaba que todas las puertas se abrirían para él.
Por fin oímos de nuevo la ducha y las charlas menos monosilábicas de Andrés y Moni y al salir ellos del baño, Diana se bajó de la cama y llevándome tomado del pene, mi mano sobre sus nalguitas, cruzamos nuestros cónyuges que se secaban mutuamente a la salida de la ducha, abrazados y besándose casi sin parar. Andrés le preguntó a su esposa si estaba bien y Diana con una sonrisa y dándole un beso en su boca, en un momento que mi esposa Moni la dejó libre, le respondió que esto apenas comenzaba y que estaba delicioso, para luego voltearse hacia mí y apretándose contra mi cuerpo darme un beso apasionado. Cuando nos separamos y continuamos a la ducha le dijo a Andrés que “Gerardo me tiene muy arrecha y que pensaba todas las fantasías que habían hablado” lo que hizo sonreír cariñoso a su esposo Andrés. Ya en la ducha nos besamos dejando correr el agua entre nuestros cuerpos que no dejaban de frotarse, luego ella me enjabonó sin olvidar mi pene y yo su cuerpo, sus senos que tanto me fascinaban, sus nalguitas, su cuquita e introduciendo mi mano entre el valle formado por sus nalgas, su anito y todo lo que se encontraba alrededor, sin olvidar su espalda y sus muslos.
Salimos de la ducha para secarnos sin dejar de ser cariñosos los dos y vimos que Moni cabalgaba a Andrés sobre la cama mientras éste le acariciaba los senos, pero corridos a un lado de la cama como dejándonos puesto. Una vez secos Diana me llevó también al borde que estaba libre y luego de dar un beso en la boca a su esposo y otro a mi esposa, sin olvidar tomar los senos de mi Moni en sus manos e incluso chuparlos un poco, se tiró sobre mí con una brusquedad tan solo fingida para que ya de todo su cuerpo sobre mí comenzáramos a besarnos. La damita se deslizó por mi pecho en dirección a mis pies, me besó en mis tetillas, luego en mi vientre para engullirme afanada al llegar a mis genitales con su beso. La quise atraer hacia mí para corresponderle la caricia en un 69, pero ella sacándome de su boca me dijo, un poco burlona de mi manera de hablar: “déjame hacerle honor un ratico y luego sí”. En verdad me hacía honor como una idólatra orando a su divinidad, puesto que de rodillas, sus nalgas sobre sus talones, entre mis piernas abiertas me introducía hasta el fondo de su garganta, me lamía ya sea afuera desde la raíz hasta el glande, ya sea tan solo el glande cuando estaba yo justo después de sus dientes, ya sea el tallo cuando me tenía al fondo. Por momentos su lengua no se sentía, pero era para que, abrazándome fuerte con sus labios, hacer movimientos de succión que hundían sus mejillas, como queriendo extraer de mi ser toda parcela de placer que podía existir. Sus senos jugaban libres contra mis muslos y yo los acariciaba por momentos enderezándome un poco o simplemente acariciaba yo su cabeza entregado a tanto placer. En un momento que los miré vi como Andrés y mi esposa, no sin dejar de hacer el amor, nos miraban con ternura, él orgulloso de las proezas de su esposa, la mía contenta porque me daban tanto placer.
Para evitar algo inconveniente, atraje a Diana hacia mí, a lo que ella accedió y pude ver sus ojos brillando de placer, de esa excitación que se desborda por la mirada de las damas, ya entregada ella al placer que yo podría darle. Nos besamos con mucha pasión y dulzura también, hasta que volteándola a ella sobre la cama, al lado de su esposo, me puse suavemente sobre ella para no interrumpir nuestro beso y le besé toda la cara con besitos cortos como a un niño de brazos, le besé la parte de atrás de las orejas y bajé a su cuello que besé y lamí un buen momento para continuar y hacer lo mismo sobre sus hombros, todo esto sin olvidar acariciarla con mis labios sin que sea un beso, como recogiendo sobre su piel algo diminuto a la sola ayuda de mis labios. Por fin llegué a sus senos hinchados, duros y suaves como bolas de billar, para besarles esas punticas erguidas como astas, tratar de entrarlos todos en mi boca o simplemente mamarlos como un recién nacido. Diana se movía ondulando como una serpiente, sus piernas apretaditas la una contra la otra preparando su clítoris a la caricia que no sabría tardar demasiado.
Me forcé a abandonar sus senos para besarle el vientre, su ombligo, la parte que se encuentra justo arriba del hueso iliaco, ese punto sensible que me gusta besar de manera un poco brusca, hundiendo ligeramente mis labios en él, para sentirla saltar ante la descarga de placer. De ella misma, luego de algunos minutos de estas caricias, abrió sus piernas para que, sus pies sobre la cama, abarcar lo alto de mi cuerpo presionándolo suavemente, y con sus manos empujar mi cabeza hacia su vagina que pedía con su humedad ser besada sin demora. Teniendo su cuquita a pocos centímetros la observé unos segundos admirando las gotitas que brillaban como perlas para besar esos otros labios que aun no había besado yo. Ella incontinente encerró mi cabeza con sus muslos y sus manos acariciaron mi cráneo. Luego de besarla así, mis manos bajo sus piernas subidas para acariciar sus senos deliciosos, puse mi lengua a recorrer su vagina en todo su largo, entrando mi lengua por su apertura cuando pasaba por ella, como en una obertura a una sinfonía de placer que tan solo comenzaba. Cuando sentí su excitación subir y aumentar, paré cruel esta caricia para recorrer sus piernas con mis besos, desde los pies hasta que por la parte interior de sus muslos llegar de nuevo a su cuquita y pasar a la otra pierna. No tardó ella, en un momento en que pasaba por su vagina, a encerrarme con sus muslos y con la mano imperativamente exigirme que le besara su caverna del placer. Mientras una de mis manos recorría su cuerpo, ya sea acariciando sus senos, ya sea la pierna que estaba a su alcance, con la otra le introduje dos dedos, para que, con la palma de mi mano hacia arriba, acariciar su interior mientras que mis labios y lengua besaban, succionaban, y lamían su clítoris que erguido recibía estas atenciones feliz. El pecho de la damita se hinchaba y bajaba cada vez más rápido y los latidos de su corazón bajo el seno izquierdo se aceleraban. Comenzó a emitir quejidos pequeños entre muchos suspiros, parando en un momento, para decirle a su esposo Andrés, con palabras entrecortadas por el placer, lo feliz que se sentía.
Por fin, en un quejido largo como si agonizara, arqueándose hasta levantar su cadera, sus manos empujando mi cabeza hacia ella, como queriendo hacer entrar mi cabeza entera en su sexo, apretándome con sus piernas con una fuerza insospechada y casi asfixiante, su corazón latiendo un redoble fuerte bajo su seno acariciado por mi mano, llegar a un orgasmo largo. Esperé que su orgasmo terminara sin dejar de atenderla, para que una vez relajada y distendida, subir a ponerla sobre mí y darle besitos como a un bebé que se duerme suavemente. Ella no tardó a abandonarse completamente sobre mí, su cabeza reposando en mi pecho, sus manos a lo largo de mi cuerpo y sus nalguitas haciendo movimientos suaves mientras mis manos las acariciaban. El orgasmo de nuestros esposos no la incomodaron y yo pude ver como mi Moni, siempre sentada sobre Andrés, lo hundía hasta el fondo mientras él se aferraba a sus senos, para luego mi esposa caer sobre él y terminar el orgasmo de los dos en un beso que de apasionado poco a poco evolucionó a tierno.
El estado de relajación de Diana nos impedía charlar muy fuerte y a mí terminar, por lo que esperamos todos que la damita se activara de nuevo, aunque yo sí sentía como su vientre acariciaba suavemente mi pene que aun erguido palpitaba entre nuestros cuerpos. Les pienso contar como se despertó Diana y como nos dimos satisfacción, en otro relato, salvo si manifiestan un cansancio comprensible a relato tan largo y con lujo exagerado de detalles. Gracias en todo caso por leerme, si llegaron hasta esta etapa.








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login EntrarSaludes Gerardo, para nada, no nos aburres con tu zaga, por el contrario considero que esta zaga como te dije en un comentario anterior deberia llamarse Manual Swinger de Gerardo, nos muestras demasiados elementos de tu cultura, tal vez sin darte cuenta, pero acá dices muchísimo más de lo que he leido en blogs respecto al tema, en verdad muy, pero muy ilustrativa tu zaga, muchas gracias por deleitarnos con escritos de tan buena calidad y que nos dan un espacio para pensar, reflexionar y aprender, quedo a la espera de tu entrada de blog.