MI MUJER Y MI EXALUMNO
Relato de comunidad Hetero: Infidelidadschedule 19 min de lectura calendar_today Mayo de 2012

MI MUJER Y MI EXALUMNO

Cuando estuvimos de vacaciones en Cartagena, salimos a la ciudad amurallada de rumba tipo 9 de la noche y como no teníamos mucha idea de cuál era un buen sitio, a mi esposa se le ocurrió que llamara a Pablo, un estudiante Cartagenero al que le dicté clase en el pregrado universitario y que al....

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Cuando estuvimos de vacaciones en Cartagena, salimos a la ciudad amurallada de rumba tipo 9 de la noche y como no teníamos mucha idea de cuál era un buen sitio, a mi esposa se le ocurrió que llamara a Pablo, un estudiante Cartagenero al que le dicté clase en el pregrado universitario y que al terminar la carrera se había devuelto para Cartagena a vivir en la casa de sus papas mientras encontraba trabajo. Siguiendo el consejo llamé a Pablo y él me dijo que entráramos a La Carbonera, que seguramente estaría sola debido a la hora, pero que sobre la media noche la rumba se ponía buenísima y que de hecho él iba para allá con una amiga, así que quedamos de vernos en el sitio.

Cuando le conté a mi mujer que Pablo se nos unía le encantó la idea, pues desde que lo conoció cuando yo le dictaba clase me hizo el comentario acerca de lo varonil y bien plantado que lo encontraba. Para esa época, mi esposa y yo ya habíamos hecho trio HMH varias veces y ella sabía lo mucho que me gustaba verla coqueteando y quedarme como un cabrón en la casa mientras ella salía a buscar quien la clavara, así que me dijo con todo el picante que ella le sabe poner a las palabras “me va a tocar ponerme linda para ver si le muevo la aguja a Pablito así como el me la mueve a mí”. Gracias a que estábamos en Cartagena le quedó muy fácil ponerse un vestido pequeñito y suelto, de escote pronunciado, acompañado de unos tacones de 12.5 centímetros que la hacían ver tremendamente sexy.

Así nos fuimos para La Carbonera, cogimos mesa y empezamos a tomar tequila mientras llegaban Pablo y su amiga, los cuales arribaron al sitio sobre las 12 de la noche, nos acompañaron con el tequila y nos pusimos a bailar cada quien con su pareja como quien no quiere la cosa, pero en un momento en que me fui hacia el baño, Pablo no desaprovechó la oportunidad para sacar a bailar a mi mujer y, como buen costeño, bailar bien apretadito con ella mientras le coqueteaba haciendo tímidos halagos sobre lo bien que le quedaba ese vestido. Como mi mujer no dejaba de sonreir a cada palabra de Pablo él fue entendiendo el mensaje y con mucho disimulo bajó un poco la mano que antes estaba en la espalda de mi esposa de manera que el meñique y el anular le quedaron justo sobre el triangulito de la tanga y le dijo con absoluto descaro que ella lo ponía a mil, a lo cual María respondió con una carcajada cómplice. Ella estaba disfrutando con el cortejo y se lo hacía saber a Pablo con su risa, con su mirada de ojos grandes y además con su permisión ante los roces que las manos de Pablo le propinaban a su culo, con disimulo pero con descaro, mientras que yo estaba disfrutando la escena, pues al salir del baño me ubiqué de manera estratégica en la barra para espiar sin ser visto y ya me imaginaba a mi mujercita abriéndole las piernas a Pablo.

La noche siguió su transcurso, Pablo y mi esposa no volvieron a bailar pero era evidente el coqueteo y además mi esposa y yo nos dedicamos a bailar sin descanso, situación que ella aprovechó hábilmente para derrochar su sensualidad y darle un espectáculo a Pablo. Para ese momento yo ya estaba bastante caliente con la situación, así que se lo dije a mi esposa y le dije que aprovechara la oportunidad y si Pablo le proponía que hiciera algo con él no lo dudara, a lo cual ella contestó:

- Pues yo no sé si esta noche, pero de que me voy a comer a Pablito no tengo ninguna duda, porque si no te diste cuenta el niño no hizo más que cogerme el culo mientras bailamos y decirme lo mucho que le gusto … y yo bravísima.

Esas palabras y la risa descarada de mi mujer al decírmelo hicieron que la verga se me pusiera durísima, porque ella ya estaba bastante prendida y la calentura por Pablo se le notaba con solo mirarla. Mi esposa es una mujer a la que considero sumamente sexy (pueden comprobarlo con las fotos que hay en el perfil) y debo decir que cuando está en plan de comerse a un hombre que le gusta su sexualidad se acrecienta de forma exponencial, lo que la hace ver radiante. Esa noche al terminar la rumba Pablo se fue con su pareja y mi esposa y yo no fuimos para el hotel a tirar con muchas ganas y a fantasear con la posibilidad de que me montara los cachos con mi ex alumno, como tantas otras veces hemos fantaseado.

Luego de unos 4 o 5 meses, nos encontramos por casualidad con otro de mis ex alumnos y quedamos de organizar un asado en mi casa con todos los que habían pertenecido a esa promoción, así que mi esposa y yo hicimos la convocatoria por Facebook y muy pronto empezaron a confirmar asistencia varios de los invitados y, entre ellos Pablo.

El día del asado mientras hacíamos los preparativos previos le dije a mi mujer que se arreglara bastante para Pablo a ver si lograba concretar el asunto, a lo cual ella contestó que en la casa era imposible y más con tanta gente que iba a asistir, pero que igual haría su mejor esfuerzo, así que me pidió que le escogiera la ropa, pues siempre me ha encantado alistar lo que ella va a ponerse cuando se va de zorra, de manera que le busqué un conjunto de cucos bien chiquiticos y de brassier de los que se apuntan adelante, los zapatos de tacón más altos que tenía, unos leggins negros y una blusa super escotada de Studio F que le había comprado el día anterior. La verdad es que se arregló como para matar, al punto que cuando fueron llegando los invitados casi todos halagaron su belleza.

Pablo por supuesto no desaprovechaba ninguna oportunidad para coquetearle a mi esposa, pero yo estaba bastante distraído porque realmente había mucha gente en la casa, de manera que le perdí interés al seguimiento y asumí que ese día no iba a pasar nada, me dedique a beber y compartir con el grupo, poco a poco fue notándose que estábamos con tragos y algunos empezaron a despedirse para no coger carretera tarde, mientras que otros dijeron que si no había problema ellos se quedaban en la casa, pues como vivimos en las afueras de Bogotá, algunos preferían madrugar al día siguiente. Nosotros por supuesto respondimos que no había lio ya que en nuestra casa había bastante espacio, mi esposa simplemente dijo que ahí estaba el cuarto de huéspedes y que además iba a tender el sofacama que hay en el estudio del tercer piso y una colchoneta adicional y se fue a eso. Como yo estaba atendiendo a todo el mundo y ya había perdido la esperanza de que me cachonearan esa noche, seguí encarretado en mis asuntos, pero cuando Maria bajó nuevamente me miró con la cara de puta que pone cuando está caliente y me susurró al oído:

- Tu alumnito resultó ser un encabronador de primera … cuando me subí al altillo a tender las camas estaba en eso y lo sentí entrar, el muy hijueputa simplemente se me acercó y me dijo: “mira como me tienes”, se sacó la verga del pantalón completamente parada y se empezó a acercar diciéndome: “¿Por qué no me la chupas?, y tu sabes lo que a mí me gusta tener una buena verga en la boca así que se lo mamé 20 0 30 segundos a lo sumo porque me dio pánico que alguien más subiera, pero puedo decirte que la tiene bien rica y que todavía tengo su sabor en la boca, es un poco más larga que la tuya, pero por lo menos dos veces más gruesa bien cabezona y la tenía durísima.

Quizá nadie me lo crea, pero cuando mi esposa me dijo eso me toco meterme al baño a masturbarme y no duré ni 5 segundos para derramarme a chorros, pues había una idea que me martillaba repetitivamente la cabeza y era que Pablo tenía que haberse dado cuenta que mi esposa era demasiado puta y que yo era demasiado cabrón, pues no había otra explicación para que se atreviera a perseguirla y ponerla a mamar en nuestra propia casa, estando yo en el primer piso y sin que el y Ma Isabel se hubieran dado ni un beso siquiera.

Ya más sereno gracias a la descarga de semen que deposité en el lavamanos, salí a seguir la rumba un poco más calmado pero sin el menor asomo de que se me bajara la arrechera, razón por la cual al percatarme que el trago se estaba acabando y a pesar que ya todos estábamos lo suficientemente alicorados como para seguir bebiendo (de hecho ya había dos o tres personas durmiendo en los sofás de la sala) le dije a mi esposa que se fuera a comprar trago y que le dijera a Pablo que la llevara porque yo estaba muy borracho, a fin de aprovechar al máximo la calentura de los dos tenían.

Pablo ni corto ni perezoso accedió a ir por el trago y se fue con mi esposa (de aquí en adelante narro lo que ella me contó al día siguiente) salieron del pueblo en busca de un lugar 24 horas que era lo único disponible a esa hora, compraron dos cajas de aguardiente y se regresaron. De camino hacia mi casa mi esposa no dejaba de sobarle la verga a Pablo por encima del pantalón, por lo que Pablo la tenía completamente parada y no cesaba de decirle: “¿Sí te das cuenta de cómo me pones?, ante lo cual María soltaba la carcajada sin dejar de amasarle el prominente bulto, hasta que Pablo, aprovechando que estaban lejos del pueblo en una zona rural y despoblada, orilló su vehículo, lo apagó y se dedicó a manosear a mi esposa cogiéndole las tetas por encima de la blusa con una mano y metiéndole la otra mano en la entrepierna diciéndole al oído: “como estás de rica, se nota que te gusta la verga y que te gusta meterle cachos al guevón de tu maridito”. María empezaba a gemir y a retorcerse mientras estiraba la parte delantera de los leggins y abría las piernas lo máximo posible a fin de darle mayor margen de maniobra a Pablo, quien ni corto ni perezoso aprovechó el espacio para correrle la tanga y meterle primero un dedo que le permitió darse cuenta que ella estaba completamente empapada, para luego meter otro y otro hasta que tuvo metidos cuatro dedos en la chocha de mi mujer, al paso que le decía: “Como eres de puta, mira lo mojado que tienes el chocho, como se nota que en la casa no te dan toda la verga que necesitas perra”, al oir estas palabras que le cayeron como miel para los osos, mi mujercita se volteó sin sacarse los cuatro dedos de Pablo, puso su pie derecho contra la ventana para seguir bien abierta y permitir que su amante siguiera maniobrando en su cavidad íntima y le bajó la cremallera a Pablo para dejar libre su deliciosa verga.

Una vez que María logró sacar la tranca de Pablo se dedicó a mamársela con dedicación por al menos unos 10 o 15 minutos mientras él no paraba de meter y sacar rítmicamente los cuatro dedos que le tenía clavados a mi mujer, con la firme intención de hacerlo derramarse en su boca ya que le encanta probar la leche de los machos que se comen, lo cual no pudo lograr gracias al aguante de Pablo, quien después de sacarle hábilmente la blusa y desapuntarle el brassiere, la cogió del pelo con fuerza y la separó de su tarea para ordenarle: “Oye perra, quítate ese leggins y móntate en la verga de tu macho” mientras reclinaba la silla de su carro para darle espacio a la zorra, que ni corta ni perezosa se quitó obedientemente los leggins y jadeando le estaba bajando el jean y los bóxer hasta la rodilla, mientras le chupaba la verga y se la metía hasta donde su garganta le daba para dejarla bien mojada.

Sin importarle que los pudieran estar viendo, mi esposita se montó a horcadas sobre Pablo, se corrió la tanga para darle espacio a la verga de mi alumno, se la acomodó en la boca de su chochita rica que para ese momento estaba hinchada y destilando los jugos vaginales que ponían en evidencia la arrechera de que era presa, y empezó a metérsela poco a poco, soltando pequeños gemidos, hasta que estuvo completamente sentada, hecho lo cual le susurró a Pablo en el oído: “Que delicia de verga, no te imaginas las ganas que tenía de comérmela todita”.

Pablo le chupaba las tetas y le cogía duro el culo abriéndole las nalgas para que su verga llegara más a fondo, mi esposa empezó a subir y dejarse caer para sentir toda la fuerza de la tranca que le propinaba tanto placer y empezaron a culiar con fuerza diciéndose toda suerte de groserías, besándose con pasión y retorciéndose en la silla. Para ese momento los dos habían logrado un estado de arrechera total y mientras él le gritaba: “Eso perra, métetela toda, comete la verga de no te da el cabrón de tu marido, déjame llenarte el chocho de leche caliente”, ella le correspondía gimiendo con fuerza y gritando: “Que verga tan rica papasito, como culeas de rico, dame la leche, dámela por favor”

Aprovechando la excitación que los tenía dominados por completo y luego de casi 15 minutos de tener a la perra de mi mujer cabalgándolo sin piedad, Pablo le metió dos dedos en la chocha sin sacar su verga para lubricarlos, los sacó y empezó a dilatarle el culo metiéndole primero un dedo con calma y metiéndole luego el otro hasta que tuvo los dos dedos bien hundidos hasta el fondo y empezó a meterlos y sacarlos con fuerza mientras mi zorra no paraba de hacer movimientos circulares con la verga de Pablo enterrada hasta el fondo. Ella empezó a gritarle “Hijueputa, como me comes de rico, quiero que me llenes de leche, dale la leche a tu perra, dámela ya”, y Pablo que ya no aguantó más aumentó el ritmo de entrada y salida de los dos dedos que castigaban el culo de mi mujer, arqueó su espalda y se derramó hasta la última gota mientras le gritaba “Toma perra, aquí está la leche de tu macho”.

Los dos tardaron unos 10 o 15 segundos en reponerse, luego de los cuales María se levantó con suavidad y sin quitarse de encima de Pablo puso la mano debajo de la chocha para recibir el semen tibio y viscoso que le escurría lentamente, cuando ya no le salió más se acomodó la tanga con la otra mano y mirando a Pablo a los ojos se llevó la mano llena de semen a la boca sin decir una palabra, se la metió por completo tragándose toda la leche de su moso y la sacó para exclamar, “Que leche tan rica papasito, soy tu puta cuando quieras, si quieres comerme llámame cuando sea y donde sea que yo por esa verga voy a donde toque”. Dicho esto se levantó de encima de Pablo, volvió a la silla del copiloto y empezó a arreglarse.

Pablo se arregló rápidamente y prendió el carro para ir hacia mi casa, manejando bastante rápido porque para ese momento hacía cerca de una hora y media que habían “salido por el trago” y él temía que yo “me diera cuenta de algo”.

Mientras tanto en la casa todos estaban tan borrachos que nadie notó la ausencia de Pablo y mi mujer, de hecho ya el único que quedaba en pie era yo, que por supuesto no sólo estaba completamente despierto sino arrecho a más no poder. De hecho ya me había masturbado dos veces más pensando en la gozada que Pablo le estaba pegando a mi mujer, pues entre más pasaba el tiempo más me quedaba claro que estaban culiando, lo cual me ponía a mil al imaginármelo clavándola entre el carro, o quizá en un potrero, y me mataba la ansiedad de saber exactamente lo que estaba pasando, por lo que cada 5 minutos me asomaba al balcón de la casa para ver si ya venían.

Cuando estando en la sala del primer piso y sentí que abrían la puerta, me desgoncé en el sofá como si también estuviera dormido y los vi entrar muertos de la risa y dirigirse a la sala. María, que tenía claro que yo tenía que estar completamente despierto, se acercó y tomándome por los hombros me sacudió con fuerza diciendo en voz alta: “Amor, ya llegamos con el trago … mi vida, despierta” y yo botado como una piedra no daba el más mínimo asomo de despertar, por lo cual mi esposa le dijo a Pablo: “Ayúdame a subirlo porque cuando Jaime se duerme borracho no lo levanta ni una banda de guerra”. Pablo no se hizo rogar y entre los dos empezaron a manipularme con cierta dificultad (yo peso 85 kilos) situación que no desaprovechaba para cogerle accidentalmente el culo o las tetas a mi mujer diciéndole con descaro “Uy que pena seño”, hasta que lograron subirme a nuestra habitación y botarme en la cama.

Una vez apagaron la luz después de acomodarme, la habitación se tornó bastante oscura y yo había quedado acostado de lado dándole la espalda a la puerta, pero de frente al espejo del tocador de mi esposa, de manera que veía con lo que estaba pasando con alguna claridad que iba en aumento a medida en que la pupila se adaptaba a las nuevas condiciones. Pablo le preguntó a Ma Isabel casi susurrando “¿seguro que no lo despierta ni una banda de guerra?” y ella le contestó casi gritando: “No tengo la menor duda”, dicho lo cual se montó sobre la cama bruscamente de rodillas, se aproximó a donde yo estaba y empezó a brincar a mi lado mientras me zarandeaba con fuerza cogiéndome del hombro y gritando durísimo: “despierta mi bien despierta … despierta mi bien despierta…”, luego de lo cual se votó de espaldas sobre la cama en una carcajada compartida entre ella y Pablo quien sólo pudo exclamar “¿No joda, estás segura de que no está muerto?” y continuaron riendo como niños.

Cuando se les calmó la risa, mi esposa que estaba botada de espaldas se quitó los zapatos, elevó las piernas al aire y se sacó ágilmente los leggins para quedar en cuquitos, luego de esto se acostó atravesada en la cama colocando su espalda sobre mí, abrió completamente las piernas y empezó a sobarse la chocha mirando a Pablo y diciéndole: “Te va a tocar darme otra vez, porque a mi marido así como está no se le para ni con horqueta y yo la verdad tengo ganas de más verga” Pablo sin mucha seguridad de lo que hacía, se quitó el pantalón y se subió a horcadas sobre mi mujer poniéndole el bóxer justo en frente de la cara al paso que le dijo “Pa’ ver si a este si puedes despertarlo” y ella sin ningún recato le sacó la verga y empezó a mamársela hasta que logró ponérsela bien dura.

Yo por mi parte no daba crédito a lo que estaba pasando y con la verga dura otra vez escuchaba con extremo placer los chasquidos que generaba la boca de mi mujer cada vez que entraba y salía la verga de Pablo, estaba que se me rompía la tranca de pensar en lo puta que era mi esposa y en el concepto que Pablito se estaba llevando de nosotros, quien solo atinaba a decir con notable excitación: “Eso perra, sigue mamándole la verga a tu macho, así perra, así…”

Luego de un rato de estar mamando, Ma Isabel le dijo a Pablo “Métemela toda papasito, métemela ya que no aguanto más las ganas de tenerte adentro” y él, obediente, se bajó un poco, se acomodó las piernas de ella en los hombros y empezó a meterle la tranca suavemente, aumentando el ritmo de manera paulatina hasta que empezó a embestirla con fuerza mientras, lo cual ya me tenía a punto de derramarme, pues además del sonido delicioso de la carne de Pablo estallando contra la de mi zorra los dos no dejaban de decirse cosas entre ellos y para mi, tales como “¿Te gusta perra? ¿Te gusta la verga de tu macho?”, “Me encanta tu verga papasito, métemela toda, métemela duro”, “Cómo eres de puta, me pones muy arrecho zorrra, hace rato no me culiaba una coya tan descarada”, “Soy tu perra malparido, soy la perra que hace lo que sea por tener tu verga adentro, aprovecha que el cabrón de mi marido nos está sirviendo de colchón y méteme bien duro esa ricura que tienes entre las piernas”, “No pares hijueputa, no pares de darme con esa verga rica”.

Después de estar culiando un rato en esa posición, Pablo lo sacó y se lo metió en la boca a mi esposa otra vez, la puso a mamar un minuto quizá y le dijo que se pusiera en cuatro, lo cual ella atendió gustosamente y no sólo se puso en cuatro sino que, para mi deleite, puso su cabeza de lado sobre la mía y me agarró fuertemente. Pablo se ubicó detrás de la puta de mi mujer y empezó a bombearla duro por la chocha mientras le daba fuertes palmadas en el culo y le decía “Tienes un culo delicioso perra, como me está gustando clavarte”, ella agarrada de mí se impulsaba hacia atrás para aumentar la fuerza de la embestida y le decía a Pablo “Ese culo es tuyo hijueputa, yo quiero ser tu perra, clávame cuando se te dé la gana”, Pablo escupió en el culo de mi mujer y empezó a horadarle el ojete con un dedo hasta que logró hacerse espacio para meterle tres dedos entre el culo sin parar de bombearle verga ni por un segundo, mi esposa completamente desencajada me empezó a decir mientras me apretaba con fuerza: “Mira cabrón, mira como me tiene de culiada este hijueputa, aprende como es que se le da gusto a una perra” “¿ es que no te das cuenta de cómo me está gozando por la chocha y por el culo?”.

Luego de escuchar esto no aguanté más y me derramé por cuarta vez, Pablo por su parte no paraba de empujar y con la mano que tenía libre cogió a mi mujer por el pelo y con extrema brusquedad la hizo arquear hacia atrás por lo que ella me soltó, se agarró duro las tetas y mientras se retorcía jadeando de la forma que caracteriza sus venidas, empezó a decir de manera frenética “Más, más, quiero más, no pares de darme verga hijueputa, lléname la chocha con tu leche” y Pablo que también estaba en la puerta del climax no aguantó más y se derramó exclamado “Acá está tu leche perra, toma la leche que pediste zorra de mierda”.

Al terminar Pablo se paró a vestirse y mi esposa se quedó botada en la cama boca arriba, él salió de la habitación no sin antes darle un beso en la boca a mi mujer y decirle “Espero que se repita mi vida, hace rato no culiaba tan rico”, a lo que ella correspondió diciendo “Claro que se repite corazón, cuando tú digas y donde tú digas”. En cuanto salió Pablo yo me di la vuelta, cubrí a mi mujercita con las cobijas, le di un largo beso en la boca y le dije, descansa mamasita, descansa que te lo mereces.

Creo que no tardamos ni dos minutos en dormirnos y al día siguiente amanecimos con la arrechera al máximo, empezamos a acariciarnos y besarnos mientras mi mujer me contaba con lujo de detalles todo lo que les he narrado, tiramos delicioso ese día, creo que al menos 4 veces, yo no paraba de preguntarle cosas sobre su nuevo macho y ella no paraba de decirme lo rico que la había pasado, lo mucho que le había gustado la verga de Pablo y las ganas que tenía de volvérselo a comer, lo cual sucedió en otras tres ocasiones, pero eso será materia de posteriores relatos.

— esposwing

22 de mayo de 2012

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