En esta ocasión les voy a relatar lo que pasó cuando decidimos aceptar la invitación de Andrés y su novia para ir a realizar camping durante un fin de semana en Chinauta y a mi me dio por ser muy gozadorita. Camilo mi marido y yo pensamos que nos haría bien unos días de descanso y aceptamos enseguida, además supusimos que como nos llevábamos muy bien con ellos dos pasaríamos unos días muy entretenidos y divertidos.
Sin embargo no todo salio a pedir de boca, porque un problema surgió cuando Andrés se peleó con la novia, Rossana justo el día antes de irnos. Con lo cual el camping de dos parejas se convirtió en un campamento de tres personas. Por supuesto que cuando vamos al campo solemos escaparnos en pareja a algún lugar solitario a hacer el amor furtivamente, lo cual nos emocionaba de manera intensa. Pero tenía el agravante de que la actividad normal de una pareja en cuanto al sexo, sobreentendido cuando éramos cuatro, quedaba ahora cortada al ser solo los tres, porque uno de los cuatro no tendría como quedar a solas y ese era Andrés.
Seguimos con el plan adelante y llegamos a Chinauta al sitio donde estaba el camping, nos instalamos y en la tarde nos fuimos de compras al centro de Fusagasugá, como era viernes estuvimos tomándonos unas cervezas en un barcito situado en el centro comercial Sutagao. Luego bailamos un rato y pasamos una velada muy agradablemente los tres amigos sin olvidar un poco que Andrés se encontraba apesadumbrado por la peleita que había sostenido con su novia.
De todos modos estábamos solo los tres y nos acomodamos y la pasamos bastante bien durante los dos primeros días, y a pesar de que mi marido y yo no tuvimos ningún momento para escaparnos y estar a solas para hacer el amor, ni tampoco cuando fuimos el sábado siguiente en la mañana a la piscina ubicada en cercanías del Camping, ni mucho menos en las noches, en las que dormíamos los tres en la misma carpa, con mi marido en el medio.
Habíamos llegado desde el viernes e íbamos a estar hasta el lunes que era festivo pues era el puente de los casados y la castidad que llevamos adelante se dejó notar en la tercera noche, ya que yo me sentía bastante excitada, sobre todo cuando pensaba que estaba en una carpa, acostada con dos hombres, y no podía tener ninguna satisfacción no porque no quisiera, sino que no teníamos tanta confianza con nuestros amigos para ponerme a coger con mi marido delante de ese muchacho es lo que comentamos muy discretamente con Camilo, que pena.
Esa noche, en determinado momento me desperté con mucha sed y me levanté a tomar agua. Cuando volví a acostarme, resultó que mi marido se había dado vuelta de su lugar de dormir y se había acomodado sobre el costado en que antes yo me encontraba, dejando un espacio libre intermedio entre él y Andrés.
Medio adormilada, y como no tenía intenciones de despertarlo para que se moviera a su lugar, por lo que suavemente me acosté yo en el lugar que estaba ocupando él hasta antes de levantarme, y quedé en medio de los dos. Luego de dormir no se cuanto tiempo, desperté siendo todavía de noche con la deliciosa sensación del cuerpo de mi marido pegado al mío, a mi espalda y sintiendo el duro bulto de su entrepierna entre mis nalgas. Sin despertarme del todo comencé a refregarme contra el, pues sentí una sensación muy agradable y fui sintiendo como crecía su pene contra mi trasero, hasta que me despabilé y tomé conciencia de donde y como me encontraba.
El darme cuenta de que estaba en la carpa con la presencia de Andrés, además de la de mi marido no fue nada comparada con lo que sentí al recordar que de acuerdo a como me había acostado, en medio de los dos, el que estaba a mi espalda apoyándome su aparato el que sentía duro era Andrés y no mi marido, como yo creía eso me puso caliente.
Por un instante pensé en retirarme por cuanto no estaba segura de él e incluso llamarle la atención por lo que estaba haciendo, pero en realidad no sentía ganas de eso, sino por el contrario quería que él siguiera con su caricia, y por lo tanto junté mi cuerpo e inicié un movimiento de cadera como meneándome, mejor refregándome contra su cuerpo y llevé mi mano hacia atrás para acariciar a quien estaba detrás mío.
En realidad no estaba segura de si era Andrés el estuviese despierto, y conciente de lo que estaba haciendo, seguramente capaz que entré dormido creía que yo era su novia, tal como yo me había equivocado al comienzo.
Al tomar contacto con su entrepierna, Andrés se animó más y me abrazó, comenzó a acariciar mis senos siempre desde atrás mío. Como era tiempo muy seco como verano dormíamos con poca ropa, ellos solo con bermudas y yo con la parte de abajo del bikini y una camiseta encima, lógicamente sin sostén. Las caricias de sus manos en mis pechos, por encima de la camiseta hicieron que los pezones se erizarán, respondiendo a la excitación que todo mi cuerpo sentía con las caricias del amigo de mi marido.
Yo ya no podía contenerme y comencé a escarbar en su bermuda hasta encontrarle el pene y como pude se lo saque, acariciándoselo lentamente y refregándomelo en las nalgas. El siguió metiendo una mano por debajo de mi camiseta y me acarició las tetas en directo, pellizcando los pezones y manoseando mis pechos. La situación me entusiasmó y solo pensé en disfrutar el momento, verdaderamente el hecho me producía muchas emociones y la adrenalina fluía y en mi pensamiento mis ideas se revolvían y el solo pensar que podría pasar de ahí en adelante me excitaba.
Para calentarme más Andrés comenzó a frotarme la zona pelviana y esculco hasta llegar pronto a mi vagina y comenzó a rodearla con sus dedos y frotarla suavemente, luego llevó el dedito del corazón precisamente a la cima del clítoris y me lo friccionó con mucho cuidado lenta y suavemente hasta que yo no pude más y deje escapar un gemido que fue más un gritito de pasión, que me dio la impresión se escucho hasta por lo menos medio kilómetro de donde nos encontrábamos. Huuuy que susto.
Así nos hallábamos cuando en determinado momento, soltó mis tetas y tomo su pene con una mano, en tanto que con la otra me corría el bikini para permitirle el paso hacia mi concha. Yo levanté ligeramente en un movimiento rápido la pierna derecha y él se acomodó por atrás hasta estar frente a mí ranurita pidiendo pista y con mucho gusto lo dejé hacer, sintiendo como lentamente el glande de su pene se iba acercando y se iba introduciendo en mi, era una sensación muy deliciosa.
Una vez que llegó al fondo de mi sexo comenzó a entrar y salir lentamente, a lo que yo respondí también con un movimiento lento de caderas, tratando de no despertar a mi marido. Sintiéndome ardiente al estar llena con ese pene enorme que nunca había visto pero que lo sentía así de voluminoso. Era tanta la excitación que comencé a agitarme en el inicio de un orgasmo, a lo que el me respondió ayudandoserruchando más fuerte, mi cuerpo se sacudió y mi mente se disparó y di inicio al orgasmo más largo que había tenido en los últimos días.
Después que el orgasmo se fue disipando, pensaba en lo que sucedería si mi maridito se despertaba a mi lado y me viera cogiendo con su mejor amigo, mientras el dormía a nuestro lado. Aunque el no era un hombre de desconfianzas y siempre me había dado voces de aliento y además su gozo era que yo pudiera pasarla bien pues el no estaba al tanto de lo que estaba sucediendo y no me parecía correcto de mi parte por la confianza que teníamos. En este instante Andrés me tomó con más fuerza, lo que me llevó mezclado con la excitación de ese acto prohibido a un nuevo orgasmo, al mismo tiempo que él me llenaba con su leche cálida, rica y abundante pues me sentí como inundada de los líquidos que dejó salir Andrés de su cuerpo.
Una vez que el también acabó, se quedó unos segundos quieto adentro mío dejándome sentirlo, para luego salirse lentamente al tiempo que yo con movimientos rápidos me acomodaba el bikini y la camiseta para continuar el descanso interrumpido. Esta vez con mucho sueño pero más tranquila y relajada de la excitación que había tenido antes, por los dos polvazos que me había echado con Andrés nada menos que el amigo de mi marido. Andrés era buen polvo pensé, logró excitarme y hacerme terminar en un abrir y cerrar de ojos, que delicia!
Cuando me volví a despertar, ya era de día y los dos se habían levantado, y estaban desayunando, mi marido se había puesto el delantal y se encargo de preparar el desayuno, que no eran más que un café, huevos revueltos y tostadas.
Pasado un buen rato me acerqué a la mesa donde estaban, y ellos hicieron comentarios sobre lo dormilona que yo era, y cosas así, a lo que yo sólo respondí con sonrisas, hasta que Andrés me dijo que tenía el sueño muy pesado, a lo que le contesté que -en realidad no, tengo el sueño bastante liviano y cualquier cosa me despierta- y al decirle esto lo miré directamente a los ojos, y en esa mirada que cruzamos los dos nos dimos a entender que ninguno había estado medio dormido y sabíamos perfectamente lo que habíamos hecho, y que lo habíamos hecho concientemente en ese momento.
Andrés me respondió haciendo un elogio de mi vestuario que llevaba puesto esa mañana, compuesto por un short ajustado de Jean azul índigo y brevísimo y una blusita de seda con cordeles atada a la espalda y el cuello, cazaba unos tenis blancos con pintas azules Adidas muy bonitos que me gustaban. Las prendas en realidad me hacían ver muy sexi.
Por lo sucedido la situación se presentó muy novedosa con Andrés el resto del día pues nos estuvimos toreando cada vez que estábamos solos, pero sin acabar de reconocer lo que habíamos hecho, aunque nos decíamos indirectas. Camilo sin embargo estuvo muy pendiente de mi y no se percató de lo acontecido al parecer durmió como un lirón y se mostraba muy tranquilo y cariñoso conmigo.
Al llegar la noche, ya habíamos conversado con mi marido sobre la necesidad que ambos teníamos de hacer el amor, de coger, pero insistíamos en que no podíamos por la presencia de Andrés. En un momento yo le pregunté si no podíamos hacerlo cuando él se durmiera, a lo que mi marido me respondió que si lo hacíamos el se iba a despertar, y que no estaba bien que nos escuchara o nos viera, porque el estaba solo y se iba a calentar sin tener con quien sacarse la calentura.
De todos modos, yo no estaba dispuesta a seguir esperando alguna oportunidad para poder hacer el amor esa noche con mi marido, después de la cogida de la noche anterior que me dejó superarrecha, y que me tenía deseosa de ser penetrada nuevamente. Y me ponía a pensar que mientras en la noche anterior cuando él dormía yo cogía con Andrés, su mejor amigo, y ya me imaginaba que esa noche se podía repetir lo de la anterior, pero esta vez con premeditación por parte de ambos y sin dudas yo estaba preparada y caliente.
Cuando nos metimos en la carpa, después de cenar, yo propuse que nos lleváramos una botella de vino para tomar una copa mientras seguíamos en la charla. Andrés fue el primero en aceptar, seguramente porque creyó que yo quería emborrachar a mi marido y quedar más libre para él y en parte tenía razón. Sólo que yo no lo quería emborrachar demasiado, sino solo alegrarlo un poco para poderlo convencer de que hiciéramos el amor y que me dejase sacarle la calentura a su amigo después. Mi marido no era misterioso cuando de darme placer se trataba y en muchas ocasiones me había complacido pues su principal preocupación era que yo me sintiera bien, eso le encantaba.
Cuando ya casi habíamos tomado toda la botella, yo estaba acurrucada con mi marido, acariciándole la cara y pasaba mi mano por su cabeza y le daba besitos en su boca y en el cuello y el se sentía muy estimulado.
Estábamos con mi esposo acariciándonos y Andrés dijo que tenía ganas de salir a caminar un poco, yo pensaba que trataba de dejarnos solos en la carpa para que nos entretuviéramos y seguramente pudiéramos llegar a tener relaciones. Pero yo le dije que no, que se quedara y mi marido también le pidió lo mismo, ante lo cual el dijo que era mejor que nos dejara un rato a solas, yo no le insistí.
Ante esto Camilo se puso de pie y le respondió que no, que el estaba sin nadie y que no íbamos a dejarlo solo. Una cosa llevó a la otra, entramos a conversar de su separación y de su soledad y en determinado momento yo me acerqué a él para abrazarlo, diciéndole que no se preocupara por su novia, que seguramente cuando volviésemos se iban a reconciliar y que todo se arreglaría.
El abrazo que le di se fue prolongando y estrechando cada vez más, por lo que mi marido sin presumir nada de nada se nos acercó y nos fundimos los tres en un abrazo de ternura y amistad sin ninguna malicia.
En ese momento yo le di un beso en la boca a mi marido y un besito a Andrés en la mejilla, y como seguimos abrazados, volví a repetir el gesto. Mi maridito no parecía sentirse incómodo en esa situación, por lo que por tercera vez que lo besé en la boca y al besar a Andrés también lo bese en la boca, aunque sin abrir los labios, esperando la reacción de Camilo. El se limitó a besarme a mí nuevamente, por lo que cuando me largó nuevamente besé a Andrés, pero esta vez con labios abiertos y lo mismo hizo él entrelazándonos las lenguas.
Cuando lo largué, miré a mi marido, esperando su reacción, a lo que él se limitó a volverme a besar y comenzó como automáticamente a acariciarme los pechos. Andrés como si sintiera que había sido autorizado se sumó enseguida a las caricias sin ningún temor ni pena y con mucha confianza.
Empujada por los dos me incline y quede recostada, ambos se colocaron a cada lado, y sin decir nada comenzaron a desvestirme. Yo me calenté y mientras me iban desnudando yo sentí un corrientazo entre mis muslos que me hizo sentir una intensa vibración que me recorrió todo el cuerpo por esta nueva aventura que acababa de iniciarse. Andrés muy delicadamente me empezó a sacar mi blusita mientras mi marido me quitaba el short yo me encontraba en estado de shock y me encontraba caliente. Debajo de la ropa sólo tenía una bombachita blanca y diminuta que sirvió de admiración para Andrés que dijo que como me quedaba de bonita, la que en seguida me fue sacada por mi marido. El rostro de Camilo se iluminó por la excitación, seguramente debía sentir emociones muy fuertes por la cara que ponía. El disfrutaba mucho cuando veía que otra persona me estaba proporcionando placer, el se sentía a gusto.
Mientras mi marido se desnudaba, Andrés me besaba y me chupaba las tetas con una fuerza tremenda, haciendo levantar mi temperatura. Cuando mi marido quedó desnudo pude ver la gran erección que tenía, lo que demostraba que en realidad no le importaba que yo cogiese con su mejor amigo, sino que le gustaba esta situación. Se acostó a mi lado y empezó él a darme besos muy tiernos y me succionaba con suavidad mis senos, mientras que ahora él que se desnudaba era Andrés. Yo lo miraba de reojo y cuando terminó de quitarse la ropa, también pude apreciar la erección que tenía y vi un hermoso pene rosado más bien largo y gruesito muy lindo, me gustó ese aparato estiré mi mano para tocarlo y sentir ese enorme pene que ya lo había tenido en mis manos la noche anterior pero que hasta ahora lo veía, era una visión rica.
Mi marido empezó a bajar por mis pechos, mi vientre y hacia mi entrepierna. Luego de pasar su lengua por la piel cuidadosamente depilada de mi pubis, me hizo abrir las piernas y hundió su cara en mi concha, comenzó a lamerla y con fuerza metía su lengua entre mis labios vaginales, lo que me hizo subir hasta el cielo, esa caricia era una de mis preferidas. Me agrada mucho cuando el me hace la miné me siento que llegó muy rápidamente y me pongo a mil revoluciones pues el siempre me localiza el punto g.
Mientras mi marido estaba abajo muy entretenido, Andrés se encargó de besarme las tetas y me las recorría con la punta de la legua en derredor y a mi me gustaba la visión de tener dos hombres a mi servicio, mientras tanto yo le acariciaba el glande del pene a Andrés que ya se encontraba encabritado, era como un asta de bandera y me dí cuenta que realmente la tenía grande, con mi marido siempre bromeábamos acerca del tamaño y yo le decía que -a mi me gustaba como el plátano hartón grande, grueso y tableado-
A los pocos segundos de esta doble estimulación, en los senos y en la concha entré en un vertiginoso orgasmo, era un orgasmo múltiple que estos dos hombres me hicieron sentir hasta acabar de una forma que me dejó desfallecida. Pero como la faena apenas comenzaba pues me recuperé de inmediato para empezar a besar a mi marido, el que se acostó de espaldas para que yo lo chupase a él. Fui descendiendo por su pecho lentamente y pasando la lengua por su piel hasta llegar a su pene parado, el que luego de pasarle la lengua en toda su extensión, me lo introduje en la boca, comencé a darle una mamada y chupándoselo con tremendas ganas, todo esto resultaba muy sabroso, más aún cuando nunca había pensado coger con el amigo de mi marido por temas de desconfianza acerca de nuestra inclinación Swinger y porque no queríamos enredarnos con gente que esté cerca de nosotros, cerca de nuestro entorno familiar y social pues alguien puede decir algo no guardar la prudencia y la gente es malévola y no pueden ver a nadie feliz.
Mientras yo hacía esto, Andrés se fue deslizando por mi cuerpo hacia abajo y comenzó él a chuparme la concha, mientras yo le chupaba a Camilo. Cuando solté el pene de mi marido de mi boca, me dirigí a Andrés y empecé a bajarle por su cuerpo, sin perderme detalle de la expresión de mi marido, para saber su reacción de placer cuando se la chupase a su amigo, y realmente el se mostró muy complacido.
Como él no dio muestras de contrariedad, sino que por el contrario en su rostro dejo ver mucha satisfacción por lo que veía, él se agarraba el pene y comenzó a masturbarse lentamente. Entonces a Andrés por su gran apéndice y me lo introduje en mis labios y comencé a chupárselo con verdadero deleite de sentir dentro de mi boca ese enorme pene tan hermoso y duro, que me penetraba hasta la garganta.
Cuando me sentí cansada de mamárselo a Andrés pues ya me dolían las quijadas, me recosté boca arriba y decidí dejarlos que entre ellos se decidiesen a continuar haciéndome lo que ellos quisieran y si era su deseo cogerme en el orden que estimaran que lo hicieran de una vez.
Parece que de mutuo acuerdo sin decirse nada, la decisión fue que el primero que me penetraría sería mi marido, quien se acomodó sobre mí y me fue clavando lentamente, comenzó a penetrarme en largas estocadas que me perforaban de una forma divina que me hacia ir hasta el cielo y regresar, la presencia de Andrés me ponía más caliente por saber que el nos estaba mirando hacer el amor. Pero más me arrechaba saber que más tardecito lo tendría a él dentro de mí.
En pleno goce de ambos, alcancé con mi mano el pene de Andrés y lo empecé a masturbar, mientras mi marido me seguía cogiendo sin cansancio, el hombre bombeaba con fuerza y sus movimientos de cadera eran muy rápidos. Andrés estaba prendido se sentía su arma caliente como si tuviera fiebre.
Cuando comencé a sentir la llegada del orgasmo, Camilo apresuró sus movimientos y acabó en mi interior llenando mi vagina con sus líquidos calientes casi hirviendo hasta que se salió de dentro de mí sentí su grado de excitación. Una vez terminó dejó el lugar libre para que entrase Andrés, quien no perdió tiempo y se apresuró a instalarse encima mío, y con su mano derecha acomodó su pene frente a mi ranurita, miré a Camilo y sus ojos brillaron de la emoción cuando vio a Andrés clavándome semejante lindura de aparato una vergota que ya la noche anterior había sentido dentro mío e iniciando una lenta pero profunda cogida.
La sensación de estar atravesada nuevamente por el mejor amigo de mi esposo, recordando la noche anterior, cuando ya me había cogido estando dormido él, y con las caricias que mientras Andrés me serruchaba mi marido me hacía en los pechos, me llevó a un estado de excitación increíble, por lo que a los pocos minutos de estar recibiendo los embates hasta el fondo de mi concha me fui en un nuevo tremendo orgasmo. Seguido de inmediato por la acabada del propio Andrés que cuando se fue a venir me lo sacó y se derramó en mi barriguita donde saltaron gruesos goterones de blanco y espeso líquido, prácticamente me dejó el ombligo lleno de liquido seminal, yo me froté la leche por todo mi vientre y con los dedos untados de leche me los introduje en la vagina y luego los llevaba hasta la boca y los lamía lo que me hacia sentir muy a gusto y deliciosamente poseída por estos dos machos que habían pasado muy buenos momentos conmigo.
Cuando Andrés termino volvió a introducirme su pene y me hizo varias estocadas antes de bajarse de encima, sacándolo y metiéndolo, miré aCamilo y lo vi tranquilo con cara de satisfacción, al ver a su amigo disfrutando de lo lindo con su amada esposa que me había cogido, y en realidad Camilo ya estaba nuevamente excitado según pude notar en su pene que ya estaba con una erección impresionante de nuevo.
Como yo aún estaba ardiendo y esta vez Camilo se quedó acostado, boca arriba, pues me puse a besarlo nuevamente llegando poco a poco hasta su zona erógena y lo tome por el pene y comencé una nueva sesión de felatio, volviendo a chuparle el pene, pasando la lengua por el glande y a todo lo largo de su tronco y haciendo que se pusiera de pie, para luego metérmela en la boca y lentamente ir sacándola para luego volverla a meter en largas mamadas.
Luego de un rato de abrigar esa enorme cantidad de carne en mi boca succionando con verdadero placer, me le subí encima pasando las piernas a sus costados y sentándome lentamente en el pene el cual dirigí hasta hacerlo entrar totalmente en mi ranurita.
Cogíamos lentamente, dosificando los movimientos y la entrada y salida de ese enorme pene a mí gusto, lo que fue logrando un estado de excitación como si no hubiese tenido ningún orgasmo todavía, yo estaba como cuando iniciamos después de los vinos y ya había pasado un buen rato.
Mientras tanto, Andrés, acostado a nuestro lado, comenzó a masturbarse suavemente, por lo que su pene se le fue parando nuevamente. Yo entonces estiré la mano y le dije –dámela- Él se levantó, arrodillándose a mi lado y lo puso cerca de mi cara. Lo tomé con dulzura y lo empecé a besar lentamente, pasando luego a lamerla mientras sentía las manos de mi marido en mis pechos, y estaba dentro de mí. Puso Andrés una mano en mi nuca, como para que yo no fuese a parar de chuparle su cosota, la cual no soltaba mientras que debajo de mi mí marido me entraba y salía según el ritmo que yo imponía sentada encima de él.
De esta manera sentí que todo el cuerpo me hormigueaba, sentía que me venía un nuevo orgasmo, por lo que me metí todo el pene de Andrés en la boca, mientras sentía a Camilo mi maridito que desprendía una energía que subía desde mi concha y meinvadía todo el cuerpo, la sensación es casi que indescriptible.
Después de que llegué al orgasmo no pare de mover mi cadera y seguí cogiendo a mi marido para lograr que él también acabase y al mismo tiempo le chupaba el pene a Andrés. De repente sentí que Andrés empezaba a respirar agitado, mostrando que estaba llegando al orgasmo, por lo que presumí de intentar soltarle el enorme aparatosacándomelo de la boca, pero su mano empujando en mi nuca me lo impidió, así que se la tuve que seguir chupando hasta que llegó al orgasmo y acabó eyaculando en mi linda boquita, la que me llenó de leche pero ni así me soltó la nuca, debiendo entonces tragarme toda la leche, en el mismo momento en que mi marido acababa eyaculando en mi concha, llenándome de leche también por abajo que delicia.
Después de este tremendo ajetreo que nos mandamos, los tres quedamos agotados, por lo que, acostada en medio de los dos y sintiendo las manos de ambos machos recorriéndome el cuerpo, quedé extenuada y pronto me dormí agotada.
No se cuanto tiempo habré dormido, todavía estaba oscuro yo tenía mucho sueño pero la sorpresa fue cuando me desperté sintiendo una mano que escarbaba en mi concha, acariciando mi clítoris y excitándome.
En la oscuridad no pude determinar quien era, pero cuando recordé la posición en que nos habíamos dormido, me di cuenta que era Andrés el que me estaba acariciando. El muy inquieto se estaba descarando porque la jornada que habíamos tenido hacia pocas horas nos había dejado deslechaditos a todos y el se encontraba nuevamente excitado que potencia la que tenia Andrés.
Estirando mi mano, tomé su enorme falo y también lo empecé a acariciar hasta que después de algunos segundos se movió para darse vuelta y llevar su cara a mi entrepierna, comenzó a lamerme la concha en tanto que apoyaba sus rodillas a los costados de mi cara, por lo que su pene quedó apuntando a mi boca. Sin hacerme de rogar la tomé y empecé a chupársela al mismo tiempo que el me chupaba la concha y formamos un hermoso sesenta y nueve que el volvió setenta pues me introdujo su dedo del corazón en mi precioso hoyito lo cual me produjo una emoción fuerte.
Después de algunos minutos en los cuales él me hizo acabar dos veces mientras yo saboreaba toda la extensión de su pene con mi boca y acariciando con la lengua la hermosa y dura cabeza, se dio vuelta y se acostó sobre mi, metiéndomela en mi concha de una sola estocada, lo que me hizo lanzar un quejido que inmediatamente el acalló tapándome la boca y susurrando que no hiciera ruido. Me hablo quedamente y me dijo eres un gran polvo me estás gustando puramente. Yo no dije nada guarde silencio y me goce el momento de sentirlo adentro mío, eso era muy emocionante.
Fue evidente que Andrés no quería despertar a mi marido y que quería cogerme sin su participación. Su pene entraba y salía de mi concha haciéndome elevar la temperatura hasta que comencé a sentir que se le ponía más dura todavía en el preludio del orgasmo por lo que me dejé llevar yo también y los dos acabamos juntos. Después de este polvo, ambos nos volvimos a dormir. Me dormí pensando en lo que sucedería entre nosotros después de esta noche, tenía algo de susto.
A la mañana siguiente mi marido fue el primero en despertarse y mientras el se levantaba me desperté yo. Los tres estábamos desnudos y cuando vi que Camilo tenía el pene parado, lo mismo que Andrés que estaba durmiendo, se la agarré e intenté acariciársela, pero me dijo que en ese momento no lo hiciéramos, yo quede desconcertada pero no hice ningún comentario.
Cuando salimos de la carpa para preparar el desayuno, le pregunté que como estaba, a lo que me respondió que bien y retrucó a su vez preguntándome como estaba yo. Le dije que bien y me preguntó que como había pasado la noche anterior, a lo que contesté que había pasado bien, y en realidad lo había pasado muy bien y que había gozado como una loca. Intentó disculparse por lo que había pasado, dando a entender que había sido él quien me había impulsado a comerme a su amigo.
A lo que yo le dije que en realidad era algo que se había dado por las circunstancias y que no había que preocuparse, que no me hubiera sentido mal sino que lo había disfrutado y que era algo que no tenía que preocuparnos, que ya había pasado y que seguramente Andrés así lo iba a entender. Sin embargo yo le pregunté –Amor y tú te sientes bien o no te gustó la situación- A lo que el respondió -no nada estoy bien me gustó y si tu te sientes bien pues rico me gusta- e inmediatamente me dijo -Y te gustaría repetir?- A lo que le dije –Claro por supuesto si tu estás de acuerdo- y le susurré –Te amo tanto papito- y le dí un beso tierno y calido y guardamos silencio.
Sin embargo me preocupaba el hecho de que Andrés quisiera mantener en discrecionalidad nuestro último polvito, esto en realidad me dejo insegura, porque la actitud de Andrés cuando me había vuelto a coger sin querer que se despertara mi marido me dejaba la duda de si él estaba de acuerdo en que lo de anoche era algo solo circunstancial o comenzó a interesarse en mí súbitamente. Por mi parte no estaba interesada en un romance con Andrés por lo que no quería saber nada de Andrés de entrar en un romance clandestino, eso si que no. Camilo aceptaba que yo disfrutara y yo también, pero no estábamos ninguno de los dos dispuestos a traicionar esa confianza que nos habíamos dado hasta ahora, pues nuestro amor era el que permitía estas confianzas y por supuesto estas aventuras en las que la pasábamos muy bien.
Durante la mañana hicimos la vida normal que habíamos venido haciendo, conversando entre nosotros y con otros amigos que hicimos en el camping y cuando fuimos a la piscina, ya cuando volvimos quedamos en que mi marido iba a ir hasta la Plaza de mercado de Fusagasuga en el automóvil de unos amigos a comprar lo necesario para el almuerzo y nosotros alistábamos el fogón.
A los pocos segundos de que mi marido se hubiese ido, Andrés se metió en la carpa y me llamó, cuando entré me abrazó y me besó con pasión, a lo que yo no respondí, soltándome y diciéndole que lo que había pasado la noche anterior era una aventura sexual que compartimos los tres pero que no implicaba nada más.
El dijo que la noche anterior habían sucedido varias cosas. -te cogimos Camilo y yo juntos, pero después tú y yo cogimos sin él, y lo mismo habíamos hecho la noche antes- y me besó de nuevo, pero esta vez sin que yo me negase y sin que le respondiese de igual forma, metiendo la lengua en la boca de él. El hombre fue muy rápido me desprendió el sostén del traje de baño y me sacó el bikini y me dejó como Dios me trajo al mundo, mientras tanto yo le sacaba las bermudas el hombre me estaba haciendo arrechar mas de lo previsto, lo tomé del pene a manera de saludo y nos seguíamos besando ardientemente.
Lentamente nos fuimos tendiendo desnudos, hasta que al igual que la noche anterior mientras mi marido dormía, nos dimos vuelta nos acomodamos quedando con nuestros sexos frente a nuestras caras y empezamos a hacer un sesenta y nueve de antología, sintiendo los deliciosos olores a limpio que desprendían nuestros sexos y chupando él con rapidez mi concha y recibiendo yo en mi boca su pene que se encontraba bien erecto y duro.
Sin hacerme acabar con la chupada de clítoris, terminó el sesenta y nueve y me hizo poner de rodillas y con los codos apoyados en el suelo, al tiempo que se ubicaba detrás de mí y apoyaba la cabeza de su pene en la entrada de mi hoyito. Yo le pedí que no me lo hiciera por atrás, que me iba a doler, pero el dijo que no me preocupara, que enseguida iba a empezar a disfrutarlo.
Poco a poco, mientras me acariciaba el chochito, me colocó su glande en la puerta de mi culito y poco a poco fue deslizando la cabeza de la verguita, digo vergota hacia adentro y ese fue el único momento en que sentí dolor, porque una vez que la cabeza pasó la entrada empecé a sentir una oleada de placer y calentura tal, que realmente disfruté cuando siguió penetrándome por atrás, y se daba garra abriéndose camino entre mis nalgas.
Estuvo cogiéndome por atrás como siete minutos, durante los cuales me llevó al orgasmo tres veces, entre el placer de sus dedos en mi vagina y el que me proporcionaba su aparato que entraba y salía de mi trasero entre gemidos y suspiros. Fue mucho el placer que me proporcionó esta cogida además desde esa posición pudo acariciarme todo mis senos, mis nalgas que me las palmoteo suavemente y la conchita en la que hizo chapotear sus dedos pues de lo excitada que me encontraba solté cantidad de líquidos.
Andrés era un como arrechísimo pues al poco tiempo de encontrarse en esta tarea comenzó a venirse, sentí la leche caliente regar mi culito y esta sensación era verdaderamente algo inimaginable, algo que nunca había sentido, porque debo reconocer que mi marido me había cogido por el culito pero hasta ahora no se había venido dentro de mí por allí. La situación estuvo muy rica.
Cuando Camilo regresó de hacer las compras para el almuerzo, yo todavía estaba acostada en al carpa, agotada después de la sesión de sexo con Andrés y con el culito un poco adolorido, pero realmente contenta y muy satisfecha.
Pasamos otro día disfrutando de nuestro campamento, cuando estábamos los tres juntos, nos mantuvimos como si lo que pasó aquella noche en que los dos me cogieron, hubiese sido cosa de esa vez y nada más. Todos hacíamos de cuenta como si nada hubiera pasado.
Con mi marido volvimos a coger otra noche, en la que pensamos que Andrés estaba dormido. Pero Andrés estaba alborotado y muy subrepticiamente me había presionado para que siguiéramos cogiendo sin que Camilo se diera cuenta casi todos los días, ya que se las arreglaba para quedarse a solas conmigo. Inclusive una vez que fuimos a la piscina los tres, en un rato que mi marido se quedó acostado dormitando y tomando sol, yo me fui al agua con Andrés, el me cogió bajo el agua y me penetró sin ningún miramiento, mientras vigilábamos a que Camilo no nos fuese a ver la piscina realmente estaba solo con nuestra presencia por fortuna.
Al final me estaba asustando por cuanto tenía sentimientos de culpa por estas infidelidades. Y no era porque no amara a mi marido, sino porque me estaba acostumbrando a tener ese pene nuevo entre mis cavidades eso me ponía a mil revoluciones y con solo pensarlo me mojaba y eran abundantes los líquidos que manaban de mi interior, estuve durante varios días mojando cucos.
Cuando volvimos a casa, la situación volvió a la normalidad, es decir, con mi marido todo volvió a la normalidad él estuvo tranquilo y durante tres días no volví a pensar más en el camping, sin embargo en lo que si pensé fue en lo que me había hecho disfrutar Andrés cuando me cogía. Especialmente cuando me cogió por atrás y me acabó en la boca y me hizo tragar la leche el día que se la chupé, el hombre estaba caliente y debo destacar que, por ejemplo mi marido, que también se arrecho y se vino en mi boca dejándome toda llena de leche por que ese día arrojó leche como nunca por primera vez desde que estaba con él, aunque se la había chupado desde el principio nunca se había derramado como esa vez la situación los había puesto a full.
Días después de regresar del camping Andrés me llamó por teléfono para saludarme y preguntarme que como nos encontrábamos, mecomentó que se había reconciliado con Rossana, su novia. Me mostré muy contenta con la noticia, y quedé tranquila en el sentido de que no iba a intentar seguir conmigo como en el camping, aunque un poco desilusionada, porque en definitiva había gozado muchísimo. Por esto es que Andrés me sorprendió al invitarme a ir a su casa al día siguiente, y más me sorprendí yo misma al contestar de inmediato que si y aceptar la invitación sabiendo lo que iba a suceder en esa visita, también pensé que no podía ponerle los cuernos a mi marido que realmente era muy comprensivo y alcahueta conmigo, no era justo pensé.
Sin embargo la adrenalina me impulsó a hacer lo indebido, al día siguiente sin decirle nada a Camilo mi marido, vestida elegantemente y maquillada como para una fiesta, me presenté a la hora exacta en que me había citado. Andrés me recibió con un beso en la mejilla y me hizo pasar a su apartamento.
Luego de algunos minutos de conversación intrascendente, cuando sonó el timbre de su casa, Andrés me dejó pasmada al comentarme -debe ser Rossana, que debe venir a esta hora-.
Me quedé helada, porque si Andrés me llamó era por que quería algo conmigo ese día, no se me ocurría otra razón, y no entendía el porque de la presencia de Rossana. Sí el sabia que ella iba a llegar púes no debía haberme llamado. Ahí mismo se me quitaron las ganas que tenía de hacer algo con ese hombre, pero me quedé callada y sin mostrar desagrado por la presencia de la muchacha y dije veamos que pasa.
Cuando ella entró me saludó y la note un poco fría y distante, lo que me dio a entender que tal vez Andrés le había comentado lo que había pasado en el fin de semana pasado en el camping, y tal vez ella estaba molesta aunque no se mostró sorprendida por mi presencia allí.
Durante algunos minutos la conversación fue del tiempo y pavadas cosas así, hasta que al fin ella preguntó -¿y como la pasaron en el camping?- Yo le contesté que -muy bien, que habían hecho días lindos y que era una lástima que ella no hubiese ido y compartido con nosotros-.
-Si yo hubiese ido ustedes no habrían hecho lo hecho- repostó ella, y ahí la cosa se puso medio espesa. Yo no tenía ganas de realizar una escena de celos y realmente no entendía por qué Andrés nos había juntado.
Andrés con voz serena intervino diciéndome -no te hagas problema, en realidad te invité para que podamos dejar esto en claro-
-¿Tu marido se molestó o te hizo alguna observación?- me preguntó.
-No, en realidad se sintió a gusto y participó con nosotros, y en realidad de lo que pasó fue porque Andrés estaba solo- y si no tal vez nunca hubiera pasado.
-Pero él no sabe que te seguiste acostando con Andrés- siguió Rossana.
-No, el piensa que nuestra aventura se inicio y terminó allí mismo en el campamento- le contesté.
-Y no sabe que hoy viniste aquí-
-No, no tiene ni idea- y espero que tú no le vayas con el cuento. Por que el me tiene mucha confianza y no se que pensara de mí, que me perdió, que me putíe, no sé, no me gustaría que pensara mal-
-Y viniste dispuesta a realizar tus fantasías de nuevo con Andrés- afirmó, más que preguntó, -parece que te quedo gustando- Dijo.
A esa altura ya me estaba cansando de ese jueguito de palabras que no sabía a donde llevaba y le contesté que –Si-
-Y bueno, dale, hágale, has de cuenta que yo no estoy acuéstate con él, tranquila coge con él, quiero ver si eres tan buena como el dice-, me dijo con una media sonrisa socarrona y yo quedé estupefacta. No sabía si estaba bromeando o en realidad ella quería que yo hiciera lo que sugería. Pensé esta vieja está disgustada y a lo mejor Andrés se puso de lambón y le contó y quiere saber si fue verdad la historia seguro para cogernos y a lo mejor hacer un escándalo.
Con ese comentario que ella hizo, Andrés se me sentó al lado y me abrazó. Yo no sabía que hacer, porque una cosa era acoplarme con él y mi marido en una situación que se fue dando y otra distinta era hacerlo con él delante de su novia la que se pensaba casar con él, para que ella nos viera. Y ahí se me ocurrió la idea de si sería solo para que ella nos viera. ¿No querría participar también ella?
Todo esto me pasó por la cabeza en unos segundos, y me subió un estremecimiento por la entrepierna al pensar en si ella quería participar, así que respondí al abrazo de Andrés y lo besé en la boca. Su lengua entraba con pasión en mi boca y yo le respondí igual, y entre en un estado de excitación con una rapidez tremenda al sentir los ojos de Rossana clavados en nosotros y verla disfrutando de la manera como nos besábamos y con nuestras manos recorríamos todo nuestros cuerpos. A mi me encanta que me vean haciendo el amor teniendo sexo, no se porque me gusta que me miren cuando estoy tirando es un aspecto que me excita demasiado y era lo que me estaba pasando en ese momento.
Lentamente Andrés comenzó a acariciarme los senos y desprendiéndome la camisa, para quitármela y después meter una mano bajo mi falda, acariciándome las piernas con las yemas de sus dedos hasta subir al encuentro de mi bombacha.
Yo también entusiasmadalo empecé a desnudar, sacándole su camisa y desprendiendo su pantalón. Estábamos medio desnudos los dos, el solo con slip y yo con los pechos al aire y solo la bombachita, revolcándonos en el sillón, cuando empecé a bajarle besándolo por el pecho y hacía su pene, le bajé el pantaloncillo y dejé en libertad esa cosota ya totalmente parada llevándomela a la boca y comencé a mamársela de una manera muy excitante.
A los pocos segundos de tenerla en mi boca, saboreándola, sintiendo su sabor saladito, siento que Rossana se acerca a mí, al mirar hacia ella, sin soltar esa cosota de mi boca, la veo totalmente desnuda que se acuesta a mi lado y me dice:
-¿Te gusta? Y volvió a decirme
-¿Te gusta la verga de mi novio? Chupásela bien-
-Ahora dámela a mí- y diciendo esto último la tomó con su mano y la retiró de mi boca para llevársela a la de ella y comenzar a chuparla ella también.
A los pocos segundos se la sacó de la boca y sin soltarla me la ofreció nuevamente, ante lo cual no me hice de rogar y empecé a succionarla nuevamente. Seguimos en este juego durante un rato, un poco la mamaba ella y otro poco yo, con lo que Andrés se volvió frenético de excitación, llegando su pene a un tamaño y una dureza que yo no le había visto hasta ese momento. Luego de un rato de estar así, Rossana me empujó sobre el piso y él se me puso encima. La propia Rossana tomó su pene y lo apuntó hacia mi concha, en tanto que él la empezaba a introducir dentro de mí.
Cuando la tuve toda adentro, Andrés se retiró y casi sacó la cabeza hacia afuera, para volver a clavarla hasta el fondo, y de esta manera me cogió durante algunos minutos, mientras que Rossana a mi lado lo acariciaba y se masturbaba frotándose el clítoris con fuerza y con mucha rapidez, lo estaba disfrutando enormemente. Yo por mi parte me estaba haciendo a la idea de que quien me estaba clavando era mi marido o por lo menos que el estaba allí y disfrutaba de lo que veía.
Cuando Andrés acabó, sentí una inundación dentro de mí. La calentura que tenía lo hizo llenarme mi concha con su leche, al mismo tiempo que yo llegaba a un orgasmo que se me hizo múltiple y también acabe, con grandes suspiros y gemidos. No obstante esto, pude sentir que Rossana a mi lado también acababa con los dedos perdidos en su entrepierna. La noviecita se lo estaba gozando de lo rico.
Si bien yo acabé, igual me quedé excitada y a Rossana no se le escapó este detalle. Ni bien Andrés me la sacó y se me bajó de encima, ella se acercó y me metió los dedos en la concha, e inicio una masturbación que me impactó. No era la primera vez que otra mujer me acariciaba así y sin embargo me pareció de lo más natural, por lo que la dejé, primero en forma pasiva, y luego, paulatinamente, ingresando en el juego yo también, acariciándole los pechos.
Así fue que me empezó a chupar las tetas, luego a besarme en la boca y meterme la lengua adentro, para finalmente bajar por mi cuerpo con sus labios en dirección a mi concha. Andrés, mientras tanto, se recuperaba de la tremenda repolviada que había tenido conmigo y se dedicaba a acariciarnos a las dos, pasándonos la mano por todo el cuerpo, y muy especialmente en los pechos, donde amasaba mis pezones, dejándolos duros y prontos para ser chupados, cosa que hizo de inmediato, mientras su novia empezaba a pasar la lengua por mi clítoris.
La chupada de concha que me hizo Rossana fue realmente espectacular. Nunca ningún hombre me chupó de esa manera y además me mordía muy suavemente el clítoris. Yo siempre había tenido la sensación de que las mujeres chupan la concha mejor que los hombres, pero nunca pensé que eso sería cierto y esta vez Rossana me había dado una lección de lengua que me dejo ardiendo.
Rossana me enloqueció. Acariciaba mi clítoris con la lengua, a veces con rapidez y violencia y otras con suavidad y delicadeza, y aunque parezca increíble, cuando lo hacía suavemente era cuando más me enloquecía de placer. Y también sentí enloquecer cuando tomó mi clítoris entre sus labios y me lo succionó. Realmente ningún hombre me hizo sentir eso y la prueba está en los tres orgasmos tremendos que tuve en los casi quince minutos en que la lengua y los labios de Rossana estuvieron en mi concha.
Cuando ella terminó de chuparme, se puso boca arriba y fue el turno de Andrés de chuparla a ella, por lo que fue chupándola lentamente por los pechos hasta llegar a su vientre, donde fue pasándole la lengua y descendiendo más todavía hasta llegar a su chochita. Mientras el hacía esto yo observaba y acariciaba los senos de ella. Cuando comenzó a llegar al primer orgasmo, le empecé a chupar las tetas, disfrutando especialmente los pezones. Ella me abrazaba y me acariciaba, y en determinado momento me dijo, con una voz suave y dulce si no me animaba a chuparla yo.
La forma en que me lo pidió, sin exigencia, y con la voz cargada de deseo, unido al placer que yo había sentido, me convencieron de que debía hacerlo, para retribuirle en parte todo el goce que ella me había dado, y lentamente fui deslizando mi boca por sus pechos y su vientre hasta llegar a la entrepierna, donde Andrés ya me había dejado el lugar libre. De esta manera pude gozarme a Rossana lo que nunca había esperado tener con ella una experiencia bi, que la disfruté plenamente y que la volví a repetir a los tres días, pero en esta oportunidad sin la presencia de Andrés. Solo Rossana y yo. Mano a mano y lengua a lengua.
En esa oportunidad Rossana fue a visitarme a mi casa y yo la invité a que se quedara a dormir en mi casa, pues Camilo no sospechaba nada y ese día se encontraba fuera de la ciudad y estuvimos practicando todo tipo de posiciones lésbicas que me dejaron sumamente agotada, pues me dedique a hacer cosas deliciosas con Rossana quién pasó toda la noche a mi lado, aunque gran parte de la noche estuvo o sobre mi o debajo mío.
Prácticamente no dormimos, porque cada vez que acabábamos, antes de que nos durmiéramos volvíamos a empezar. Esa era una de las diferencias con los hombres, Una vez que te cogieron, tienes que esperar a que se les vuelva a parar el pene, y se demoran un poco más para recuperarse y es precisamente en ese ínterin una se duerme.
Con ella reiniciábamos a cada rato. Incluso llegamos a hacer un campeonato para ver cual de las dos acababa más veces de corrida. Así fue que ella empezó a chuparme y me hizo acabar cinco veces sin parar de usar la lengua. Pero yo me vengué porque cuando fue mi turno de chuparla a ella, la hice acabar siete veces de corrido esa mujer se iba enloqueciendo y como yo la conocía tan seriecita pues nunca me imaginé que tuviera esos gustos para disfrutar el sexo.
Ella no se marchó al día siguiente y cuando mi marido regreso de viaje, le conté que Rossana sabía lo que había pasado en el campamento y que había venido dispuesta a vengarse y fue así que el se entusiasmó y me preguntó –Y como hacemos?- yo le dije fácil –La invitamos a nuestra casa- y el repreguntó –Y si vendrá?- le respondí–Claro- Y yo misma la llamé y ella aceptó ir a nuestra casa yo la puse en antecedentes de la situación y ella me tranquilizó diciéndome que guardaría la prudencia en lo que habíamos hecho días antes y lo mismo le dije yo que le guardaría la espalda y Andrés no sabría nada de lo acontecido y así nos pusimos de acuerdo.
Esa noche entre Camilo y yo nos dimos un banquete con Rossana, cuando ella llegó la atendimos pedir de boca y también porque le hicimos de todo y ella se dejó coger sin ningún recato por parte de Camilo que se gozo esta oportunidad y la penetro de manera fenomenal, Yo por mi parte estuve disfrutando a Rossana y a Camilo y me divertí de lo lindo con todo lo que hicimos y me hicieron que delicia.Al final Camilo le sugirió a Rossana que hablara con Andrés y lo convenciera para que este fin de semana nos encontremos los cuatro y hagamos alguna actividad que nos permita llegar finalmente al intercambio y la pasemos bien rico.
Y quedamos que este fin de semana la vamos a pasar súper arréchitos todos cuatro haciendo Todo lo que nos gusta hacer sexualmente. Lo que más me gustó fue que la pasé bien y mi marido se sintió muy agradecido por la propuesta de invitar a Rossana y luego de hacer intercambio con la pareja. Y yo sentí que me había vuelto a recuperar eso me hizo sentir delicioso, el saber que yo soy una gozadorita pero que amo a mi marido y me gusta disfrutar de este estilo de vida sin afectar mi relación matrimonial. Y ustedes como creen que la pase? Sería que si disfrute? Y ustedes a los que les gusta el estilo Swinger, porque no se deciden a realizar este estilo de vida?Eso si, sí no se han preparado para afrontar este estilo de vida no lo hagan porque pueden terminar sus matrimonios y no es bueno? Si uieren saber algunos secretitos acerca de cómo llegar a este estilo investiguen, pregunten, aprendan, no se lancen al precipicio sin estar listos. Me gustaría que me escribieran y así conocer sus comentarios.
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