UNA VENGANZA CONSENTIDA PRIMERA PARTE
Relato de comunidad Hetero: Infidelidadschedule 6 min de lectura calendar_today Agosto de 2012

UNA VENGANZA CONSENTIDA PRIMERA PARTE

UNA VENGANZA CONSENTIDA (PRIMERA PARTE)Transcurría el año 2010 cuando decidimos con Marcela compartir un apartamento al norte de Bogotá. Ella es huilense procedente de una familia de clase media. Nos conocimos en el trabajo y desde el momento en que fuimos presentados, se generó una química....

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UNA VENGANZA CONSENTIDA (PRIMERA PARTE)

Transcurría el año 2010 cuando decidimos con Marcela compartir un apartamento al norte de Bogotá. Ella es huilense procedente de una familia de clase media. Nos conocimos en el trabajo y desde el momento en que fuimos presentados, se generó una química especial que se tradujo en la necesidad de estar juntos, compartir y salir de rumba. Para ese entonces ella tenía 34 años y yo 36. Nuestra convivencia en el apartamento afianzó nuestra relación y se puede decir que convivíamos como si fuéramos casados, es decir, disfrutamos de inolvidables noches de sexo. Transcurridos tres meses, Marcela un día me preguntó que si podíamos arrendar una habitación a una chica bogotana que por razones de trabajo debía ubicarse en el sector donde vivíamos. Ella era Diana, contaba con26 años, muy bonita, de buen cuerpo; trabajaba con una empresa de telefonía celular, tenía un pequeño hijo de 6 años llamado Daniel. No encontré inconveniente en aceptar, y en vista que había suficiente espacio, optamos por arrendarle la habitación. transcurrido algun tiempo, la relación con Marcela se mantenía igual pero el erotismo había mermado un poco, ya no era igual que al comienzo, no rumbeábamos con la misma frecuencia y al parecer el interés mutuo también había disminuido. Aun así nos gustábamos todavía y nos celábamos a pesar de acordar una relación abierta. Una vez, por razones de trabajo tuve que ir a Chia, regresé al apartamento un poco mas temprano de lo normal y decidí tomar una siesta, Al poco rato sentí que Marcela llegaba al apto al tiempo que su celular sonaba. Cuando contestó, y sin percatarse de mí presencia, inició una conversación con un tono bastante coqueto y una risa nerviosa que no le conocía. El tono se fue poniendo cada vez mas romántico y se fue despojando de sus zapatos, se acomodó en el sofá y en voz baja susurraba frases cariñosas. No apartaba su mano de su concha. En ese momento sentí una mezcla extraña entre celos y algo de rabia pero a la vez mi pene se comenzaba inexplicablemente a poner erecto. Concluida la llamada entró a la alcoba donde y me encontró “dormido”. Disimulé, me levanté y le di un beso en la boca, me dirigí al baño y confirmé que mi pene aún estaba erecto y mis calzoncillos con algo de liquido seminal. Mientras orinaba, a mi cabeza llegaban imágenes de Marcela siendo penetrada por ese desconocido. Bueno habría que descubrir con quien andaba Ella. Mi relación con Diana la inquilina, fue progresando gracias a que le ayudaba a Daniel con sus tareas. Al poco tiempo ella pidió permiso para celebrarle el cumpleaños en el apartamento y por supuesto le colaboré con la decoración y animación de la fiesta. Esto fortaleció nuestra relación y mi interés por ella que día a día se mostraba más provocativa pues deliberadamente usaba una levantadora que dejaba ver su pantys de color rosa y un cuerpo espectacular, buena cola y pechos bien paraditos; Con ella se estableció implícitamente un pacto que tuvo final feliz cuando una tarde de domingo Marcela se fue al aeropuerto a recibir unos familiares. Daniel dormía profundamente y Diana se encontraba viendo TV. Fui a su cuarto y allí iniciamos una charla informal hasta que nuestros cuerpos se aproximaron y sin palabras nos trenzamos en un apasionado beso. Mis manos acariciaban sus firmes senos recorriendo su cuerpo hasta sus contorneadas nalgas; ella a su vez oprimía con fuerza mi miembro erectoa punto de salir. Nos quitamos la ropa y nos tiramos sobre su cama, besé su cuello, y sus senos, a la vez que introducía en su vagina mi dedo índice que acariciaba suavemente su clítoris y su palpitante humedad. Ella giró sobre mí y cabalgó introduciéndose mi pene hasta lo más profundo. Así estuvo con movimientos rítmicos hasta que consiguió unos maravillosos orgasmos que se reflejaron en su hermosa expresión. Acto seguido tomó mi pene en sus manos, lo masajeó brevemente y lo empezó a chupar durante varios minutos haciéndome sentir lo que Marcela no había logrado. No aguanté más y sobre sus hermosos pechos eyaculé en medio de espasmos de placer. Terminamos la faena con un beso largo y profundo y la certeza de nuevos y apasionados encuentros.

El viernes de esa semana, Marcela llegó bastante tomadita como a las dos de la mañana. me besó y buscó rápido la cama; casi no podía modular palabra, se volteó hacia su lado y me permitió acariciarla. Primero me baje la pijama y empecé a rosar mi verga dura y bien parada contra su trasero simulando una penetración al tiempo que mi mano cogía su cosita que empezaba a humedecerse, pero noté que su vello púbico estaba algo áspero como con rastros de semen, efectivamente olí mis dedos y percibí este olor.

-Ah conque tirando la niña no? Quien te lo estaba metiendo, le pregunté…

-Ay mi amor no preguntes, solo fue un encuentro de afán en el baño de la discoteca con Carlos, fue incomodísimo y me chorreó el semen por fuera de mi cuquita

-O sea que no terminaste?

-No, que va… consiénteme tú…

Acto seguido y como la vez anterior, de saberla cogida por otro man, mi verga se puso dura como nunca, le baje los pantys la puse boca abajo me unté crema en el pene y se lo empecé a meter suave hasta que sentí que su culo se estremecía y se movía de lado a lado pidiéndome mas, así que se lo hundí todo hasta que despareció mi verga entre sus nalgas; pude a través de mi verga, sentir sus contracciones de placer, ver como mordía las sabanas con fuerza y supongo que imaginó que era Carlos quien la estaba penetrando, pero bueno eso no me importaba, así que le di con todas las ganas hasta que me vine con gran potencia y sentía mis chorros de semen disparados en estrecho interior . Una vez concluí, pase mi mano por su sexo y la noté completamente mojadita así que acaricié su clítoris con suavidad hasta hacerla correr de nuevo y finalmente se durmió.

En la siguiente semana hablamos del tema, y se notaba algo avergonzada:

-Que mas te dije la otra noche? -me preguntó-

-Nada especial que te habías echado un polvo incomodo en una discoteca.

-De verdad te dije eso? No, no friegue, lo que hacen los tragos………me lo creíste?

-Como no te lo iba a creer, si venias con la concha mojada….

-Bueno ya. Acuérdate que tenemos un pacto.

-Si lo se…. Aunque no necesariamente cada uno tiene que ir pos su lado…………..

-A que te refieres?

-Podríamos intentar algo en conjunto… si te parece…

(Fin de la primera parte.)

— proactivo

14 de agosto de 2012

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