¡Nunca Digas Nunca!
Relato de comunidad Intercambiosschedule 11 min de lectura calendar_today Septiembre de 2012

¡Nunca Digas Nunca!

Gustavo y Amanda son una muy linda pareja, sobre todo ella, por lo que yo apreciaba, es lindísima. Son de Armenia, ciudad cercana a la nuestra y Amanda tiene ese pelo indio lacio y azabache que le llega a la cintura, de sus ancestros pijáos heredó unas nalgas redondas y bastante abundantes, que....

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Gustavo y Amanda son una muy linda pareja, sobre todo ella, por lo que yo apreciaba, es lindísima. Son de Armenia, ciudad cercana a la nuestra y Amanda tiene ese pelo indio lacio y azabache que le llega a la cintura, de sus ancestros pijáos heredó unas nalgas redondas y bastante abundantes, que mantiene firmes montando en bicicleta, según ella dice. Sus senos son grandes, sin ser enormes. En suma, tiene un cuerpo muy sensual, sostenido por unas piernas musculosas, justo en el tono que el valluno que soy puedo desear. Recuerdo de los tiempos en cuando hacíamos el amor la suavidad de su piel y la dureza de sus músculos bajo ella y como temblaban cuando el placer la llenaba. Sus senos se endurecían también en esos momentos y acariciarlos recordaba la suavidad y la dureza que Ian Flemingasimilaba a las bolas de billar.

Sería a Mónica, mi esposa, describirles a Gustavo, de él sólo puedo decir yo que es delgado, musculoso y su pene es ligeramente más largo que el mío aunque menos grueso.

Con ellos, a causa de mis viajes y cosas de la vida habíamos perdido contacto, aunque coincidíamos por msn a menudo. Gustavo ya me había contado que después de nosotros Amanda no había querido ensayar otras parejas y al final que definitivamente no quería oír hablar más de lo swinger. No era tanto un rechazo visceral, era una mezcla de religión (léase “moral”) y timidez de las hazañas que habíamos tenido, ya sea ellos conmigo por msn, o ella con mi esposa Moni o conmigo. Supongo que hacer el amor con su esposo no contaba incluso en nuestra presencia. En todo caso, según Gustavo, ese pasado delicioso, era un tema a evitar cuando ella estuviera presente.

Con esas condiciones pues, las pocas veces que nos habíamos visto los cuatro, nos comportamos como parejas no swingers, charlábamos de todo, sin ninguna referencia al sexo entre nosotros. Amanda incluso recomenzaba esas caricias que las mujeres colombianas tienen para con sus amigos que son llenas de ternura y que obligan a espantar toda sensualidad que ellas despierten en nuestras mentes. Seguía esta damita con su estómago plano y por lo que sus minifaldas descubrían, sus piernas seguían siendo igual de deliciosas.

Hace unos días, se presentó un famoso cantante para su gira de despedida y por cosas del trabajo conseguí cuatro entradas para una de sus funciones en un teatro a la antigua en una ciudad cercana. Por coincidencia, charlando con ellos por msn, me dijeron que les encantaba el dicho cantante y que no habían podido encontrar tiquetes para ir a verlo. De acuerdo con mi esposa Moni decidimos que fuéramos los cuatro a la función. El día previsto llegaron estos amigos, ella con una blusa amplia que hacía juego con una falda igualmente amplia que le llegaba ligeramente arriba de la rodilla. Después del besito castísimo de saludo y charlar un rato, nos fuimos al teatro donde una cola se formaba a las entradas. Le entregué a cada uno su tiquete, guardando yo el mío y en la cola fue una sorpresa cuando supimos que los mejores tiquetes, en el mismo nivel que el escenario, los tenían mi Moni y Gustavo, mientras que Amanda y yo teníamos que ir al palco. Nos separamos pues de nos conyugues y subimos al dicho palco. El empleado encargado de verificar los tiquetes en el palco resultó ser un conocido mío que nos dijo que nos pusiéramos contra el muro que daba a la escena,a la derecha, que ya vendría para darnos un puesto mejor y evitar los apretujones de la gente.

Todo el teatro se llenó a reventar y Amanda se apretaba contra mí para evitar ser estrujada por la gente que quería aprovechar la disculpa y saborear en lo posible tan lindo cuerpo. Me sorprendió mucho que una vez la función comenzada, Amanda dándome la espalda frotaba casi sin querer sus nalgas contra mi entrepierna y luego de manera más descarada, aunque siempre disimulada de la gente que nos rodeaba. Sus intenciones fueron claras cuando, apoyada en sus manos contra el balcón, uno de sus pies retrocedió para acariciar mis pantorrillas. Cuando mi mano acarició directamente su culito, ella en lugar de protestar, echó una de sus manos hacia atrás. En un principio yo temí que fuera para retirar mi mano, pero en lugar de eso acarició mi entrepierna y apretaba mi pene que bajo el pantalón hacia un bulto que ella no podía ignorar cuando los globos de sus nalgas lo frotaban. De esta manera nos calentamos durante más de media hora, 30 minutos que me parecieron tan solo segundos, pues temía siempre cuando la bella considerara esta aventura suficiente todo terminara.

En la pausa que se genera después de los grupos que se presentan antes del artista principal, sentimos un movimiento de la gente, lo causaba el conocido mío que nos venía a buscar para llevarnos al sitio prometido. Se trataba de una especie de reservado, muy pequeño, de un metro de ancho que terminaba un corredor al que se accedía por una puerta que se abría a pocos metros de donde nos encontrábamos antes. El amigo éste me pidió que le diera mi número de celular para llamarme si necesitaba acceder al cubículoy nos recomendó pasarle el cerrojo a la puerta cuando él saliera para que nadie más entrara. Una vez que él salió nos fuimos a acomodar, tocaba estar de pie, pero un banquito o un alto al borde del muro permitió a Amanda alzarse hasta tener el muro del balcón a altura de sus pechos. Ella de inmediato se puso en posición y mirando a la gente que se encontraba en galería no tardó a encontrar a Gustavo y a Moni quienes igualmente nos hacían señas desde abajo. Nos saludamos a lo lejos y Amanda lo llamó a él por su celular, para recordarle riendo que lo veía, que fuera muy juicioso. Él le pidió que me pasara y riendo igualmente me dijo que donde estaban no podía ser mimoso con mi Moni, pero que si yo podía serlo con Amanda, y si ella me lo permitía, tenía yo todo su permiso. Moni riendo también tomó el teléfono y se burló un poco de mi misión imposible. Esto sin saber, desde luego los preliminares que ya habían sucedido ni que bajo la protección del murito Amanda no paraba de acariciar mi pene mientras charlábamos con nuestros respectivos esposos ni yo paraba de acariciar su culito, desde luego.

En el momento en que se apagaron las luces Amanda me regaló un beso apasionado aplastando sus senos contra mi pecho y yo levanté su blusa para acariciarlos. Ella me dio la espalda y subiendo discretamente su blusa se despojó de su sostén y al mismo tiempo subió su falda y se quitó también su tanguita, guardandi las dos prendas en su bolso. Se agachó después en cuclillas y bajando mis pantalones hasta los tobillos, calzoncillos comprendidos, me tomó en su boca para administrarme esa caricia que hacía ya varios años mi pene no conocía, por lo menos administrada por su boca o por su lengua. Como antes, me entraba profundo en su garganta, luego me sacaba y guardando la cabeza de mi miembro a la entrada de su boca, la acariciaba con su lengua. Por momentos lo sacaba completamente para acariciarse la cara con él, o subía su blusa y se frotaba los senos con mi masculinidad. Yo a veces me inclinaba para besarla, para besar y chupar sus pechos y desde luego no dejé que esa blusa regresara abajo y así poder acariciar sus lindas bolitas mientras me mamaba.

Una vez que Amanda consideró su reconocimiento bucal suficiente, se puso de pie y se encaramó en la gradita que daba contra el muro. Yo le subí la falda hasta arriba de la cintura y poniéndome a mi turno en cuclillas comencé a besar esos pilares perfectos que son sus piernas. De ella misma las separó bien e inclinándose, como para apoyar su cabeza en sus manos y sus codos contra el muro, arqueó su culito hacia atrás permitiéndome un acceso fácil a su sexo. De inmediato comencé a lamerlo y me dejé guiar por los movimientos pélvicos de la damita para ya sea lamer sus labios, entrar con mi lengua en su dulce caverna tan profundo como podía o simplemente absorber su clítoris prisionero de mis labios y acariciarlo con la punta de mi lengua. Cuando le introduje dos dedos para acariciar su vagina ya humedecida ella tuvo un temblor como de escalofrío en sus nalgas y piernas y con una mano llevó mi cabeza hacia su ano que me apresuré a besar y a atacar con mi lengua.

No duramos mucho en este tratamiento, pues Amanda me retiró haciéndome poner de pie, de su bolso sacó un preservativo que me colocó y de manera imperiosa con su mano llevó mi pene a la entrada de su sexo que me esperaba con sus nalgas y piernas temblorosas como ella acostumbra al estar al borde del placer. No la penetré, ella se empaló en mí, retrocediendo en un suspiro y comenzamos, yo un entre y saca y ella un remolino frenéticos mientras con mis manos acariciaba sus senos que brincaban libres bajo su blusa o acariciaba su clítoris que estaba duro y erecto como el botón de un clavel listo para abrirse. De esta manera ella tuvo su primer orgasmo y con las dos manos agarró mis nalgas para hundirme tanto como podía en su ser y luego toda temblorosa, terminar en un ronquido de placer inaudible por la música del cantante. Ya más apaciguada ella, seguimos suavemente haciendo el amor, entre caricias y penetradas, pero yo mojé un dedo en sus líquidos y suavemente lo llevé a su ano. Su mano atrapó la mía y controlando ella de esa forma mis movimientos, introdujo mi dedo en su trasero. Sus movimientos se hicieron más precisos y su ano se abría y cerraba en muda invitación para ser penetrado. Durante un buen tiempo seguimos de esa manera, ella colectando placer con mi pene en su vagina y preparando su traserito con mi dedo en su culito.

Por fin me retiró y siempre con su mano me puso a la entrada de su ano, una mano abierta contra mi vientre para prevenir toda embestida abusiva de mi parte. Yo puse una mano a acariciar sus senos y la otra acariciaba su sexo, metía mis dedos en su vagina, frotaba su gallito, todo de la manera que yo recordaba le gustaba a ella. De esta manera entré en su ano poco a poco, y cuando me faltaba unos centímetros para empalarla en la totalidad de mi largo, me retiré completamente para humedecer mi pene en sus líquidos vaginales que brotaban generosos y regresé a su culito en el que ella, de sí misma, me introdujo hasta el fondo de un retroceso brusco de su cadera. Cuando el cantante entonó agresivo su “Sigo siendo el rey” mi pene entró triunfante, hasta la guardia, en esa cavernita guardada por tan lindas nalgas.Mi mano que tenía dos dedos en su cuquita y la palma aplastando su gallito, recibió el apoyo de su mano para guiar el movimiento de mi palma contra su clítoris y recibir dos de sus dedos que entraron en refuerzo de los míos en su vagina. Amanda por momentos acariciaba mi pene sobre la membrana que separa el recto de su vagina y por otros momentos recorría todos los puntos sensibles que ella detectaba en su sexo.

Así pasamos muchos minutos dándonos placer hasta que ella comenzó a temblar de todo su ser y volteando la cabeza e irguiéndose ligeramente de la cintura para arriba, luego de un beso apasionado en mi boca, yo bien recostado contra su espalda, me dijo con su tono crudo en estas ocasiones: “papito, muévase, deme duro, rómpame ese culo”. Ella terminó su orgasmo que parecía interminable y ya relajada me retiro empujándome con suavidad hacia atrás. Sacó de su bolso un pañuelo húmedo, me retiró el preservativo, me limpió y me introdujo en su boca, para administrarme una felación profunda que me hizo eyacular en pocos minutos. Recibió la linda mi semen con gusto, se lo tomó sin sacarme de la boca y luego me lamió todo para limpiarme. Nos dimos muchos besos, muchas caricias y cuando la función terminaba, ella se puso de nuevo su sostén y su tanga y yo me subí mis calzoncillos y pantalón. Cuando salimos, salvo unas ojeras que ella ostentaba orgullosa, nada mostraba cómo habíamos apreciado la función.

Una vez nos encontramos con nuestros esposos respectivos, ella le contó a la oreja de Gustavo lo que habíamos hecho y él, mirándome agradecido le dio un beso tierno en la boca a su esposita. Sentados tomando algo, pues Amanda tenía mucha sed, susurró igualmente al oído de mi Mónica lo que habíamos hecho lo que hizo sonreír a mi esposa. En la charla que siguió, no recuerdo a qué momento, Amanda dijo riendo: “es verdad, nunca digas nunca”.

Terminamos los cuatro en un motel, luego de una sustanciosa cena y cuando todos teníamos los sentidos apaciguados, nos contaron que Amanda quería “regresar” a la vida anterior a su conocimiento de la vida swinger, pero que francamente, la voluntad le faltaba para tan dura disciplina una vez que había probado este estilo de vida. Nos regresamos todos, muchas horas después, cada uno a su respectivo hogar, felices de la tarde que pasamos y dichosos de haber encontrado de nuevo esa pareja con la que tantas complicidades eran posibles.

— gerardo91000

20 de septiembre de 2012

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gerardo91000

Escrito por

Somos pareja swinger

Comentarios

1 comentario

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  • parman
    parman · 20 de sept de 2012

    buen relato hermano..lo felicito..que rico la debieron haber pasado

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