Visión
Por: Anónimo
En las noches, tengo recurrentes visiones en las que usted está presente. Visiones en la que sus esculpidos labios se pasean al rededor de los míos y me tientan a caer en ellos, en estas visiones, como vaticinando la realidad, no resisto más que unos cuentos segundos, cuando de repente me encuentro sumergidos en ellos, paseándome por la totalidad de su contorno, como si fueran esos labios hechos para mí, como si esa clase de bendición, fuera permitida a un simple mortal como yo. Posado pues en la dulzura de sus labios, no puedo evitar buscar en el interior de su boca la respuesta de ese maravilloso musculo que llaman lengua, es así como al fin nuestras lenguas se entrelazan en un húmedo beso, lleno de una intensidad que me estremece todo el cuerpo.
Siento al unísono como sus pechos, suaves y redondos, se apoyan sobre el mío, motivados por misbrazos que abrazan fuerte su cuerpo. De esta forma siento como sus brazos comienzan a imitar los míos, y recorren lentamente mi espalda, la sorpresa es grande cuando siento que buscan el final de mi camisa, hasta encontrarlo, y así, poder acariciar mi espalda desnuda, situación que me hace salir de cabales y comienzo a buscar la dulce curva de su cuello, y desbordo una impresionante cantidad de besos, mientras tanto con mis brazos, imito el gesto de los suyos, recorro su tersa espalda desnuda, y de repente, noto como abre los botones de mi camisa, maravillado por esta reacción busco liberar de su prisiones esos hermosos pechos, suaves y cálidos, que me esperan ya firmes, ansiosos por encontrarse con mis cariseas, mi lengua, mis dientes… Sin demasiada prisa tanteo su abdomen con la palma de mi mano, buscando no perder ni un solo detalle, para de esta manera, cartografiar su abdomen en mi mente, hasta que acudo al encuentro de su seno, altivo, sensible, y deseoso de mi calor. No encuentro más remedio que desviar mi atención primero a su expresión de regocijo, y luego al armonizo contorno de sus pechos. Desciendo lentamente por aquella curva que hace instantes estaba besando, y me dirijo hacía el centro de su pecho, es imposible disimular ya las reacciones naturales al estimulo de su piel desnuda, y siento como la presión en mi entrepierna aumenta. Deslizo mis labios hacia mi derecha, buscando encontrar el centro de su pecho, coronados con un delicado pezón, el cuales no dudo en saborear gustoso, paseando mi lengua sobre él, en cuanto tengo la oportunidad lanzo distraídas miradas a su rostro, expresivo, que se ha entregado al deleite de las caricias y besos con los ojos cerrados.
Mis manos y mi lengua no encuentran sitio para el descanso, me encuentro anestesiado por el sabor de su piel, siento que me arde el pecho de pasión. Cuando creí controlar la situación, sus manos retoman nuevamente actividad y me arrancan de su pecho, y me dirigen a sus labios, que se tornan carmesí, me entrego de nuevo a esos labios, sin olvidarme por supuesto de llenar mis manos con sus pechos.
Sus manos recorren inquietas mi espalda, mis brazos, mi pecho, y sobre el abultamiento en mi entrepierna, quedándose detenidas por unos instantes, dejándome al borde de la locura, de repente despega sus labios de los míos y comienza a descender, no sin antes dar una pequeña mordida en mi cuello, la cual me hace estremecer. Con dificultad se deshace de mi cinturón y libera lentamente el cierre que mantiene cautivo mi miembro erecto, lo observa interesada mientras humedece sus labios, abre su boca dispuesta a introducir mi miembro en su boca, y siento como su cálido aliento y su húmeda lengua tocan el extremo palpitante de mi pene, un cumulo de sensaciones me atraviesa la espina dorsal, y solo atino a gemir, lanzas una mirada lujuriosa hacia mí, y continua cobijando mi pene con su boca, jugueteando con su lengua alrededor de él. No resisto más aquella imagen y me vuelco sobre su cuerpo, busco desesperadamente la formo de retirar la ropa que me impide llegar hasta su entrepierna, y pasear mis manos por aquel valle, que se abre ante mis ojos, como invitándome a pasar, a deleitarme con sus texturas, sus sabores. Caigo rendido ante su vagina, que me espera humedecida, acerco mis labios lentamente desde un extremo, mientras beso, muerdo, lamo, y succiono sus muslos, noto que cada movimiento mío desencadena una serie de vibraciones y gemidos, me inspiro más y me lanzo a degustar ese néctar que brota de su vagina, paseo lentamente mi lengua por toda su cavidad, los gemidos aumentan en intensidad y con ellos el jugar de mi lengua, mi miembro está cada vez más erecto, y no espero nada más que las palabras, o los gestos, que aprueben mi arremetida.
Me arrastran del rostro hasta quedar frente con frente, dejando el peso de mi cuerpo sobre el suyo, y con un suave susurrar en mi oído me dice “penétrame”, estas palabras caen en mi oído como agua en boca de sediento, siguiendo su orden me ubico en posición, mientras tanto con sus manos, encamina mi miembro hasta dejarlo a portas del paraíso, la humedad de su vagina cubre el extremo de mi pene, y comienzo lentamente mi arremetida, entro en la humedad de su ser, y exhalamos al unisonó un gemido, me adentro hasta lo más profundo y comienzo a empujar animado por sus gemidos, no paro de hacerlo, una, y otra, y otra vez, hasta que siento que se aproxima una oleada inmensa de placer, intento reprimirla pero sus gemidos se incrementan y me hacen pensar que detenerme en ese momento es un error, y continuo penetrándola, prosigo en esta tarea unos cuentos minutos más pero no logro aguantar por mucho el placer de estar dentro de usted, e inevitablemente alcanzo el clímax, pero no sin antes traerla a usted conmigo.
Quedamos pues rendidos, uno al lado del otro, sudorosos, agitados, cansado, somnolientos, me pierdo lentamente en el cansancio y en el susurrar de su pecho cansado. De golpe caigo de nuevo a la realidad, y me ataca la certeza de la distancia, de las ilusiones pasajeras, y mi único consuelo es saber que, el día en el que la pueda hacer mía, está cerca








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