Hoy estuve recordando el libro que te regalé, estuve recordándote a ti, cuando vivíamos lo nuestro, muchas veces me sentí un chico malo, un chico que hacía cosas indebidas, eso me excitaba mucho: pensar en hacer contigo lo que tú no hacías en tu casa, lo que parecía sexo desenfrenado, aventuras, locuras, en realidad era una extraña forma de sentir, una extraña manera de querer, una extraña manera de decir cosas lindas sin hablar.
De cada encuentro recuerdo varios elementos mágicos, elementos especiales acá dejo algunos de ellos:
El beso negro: no solo fue algo que ansiabas experimentar, fue algo que me marcó, pensé que tú eras la única mujer a la que le gustaba, pero me doy cuenta que son muchas más de las que yo creía, en una ocasión otra mujer lo hizo, pero no pude sentir lo mismo, no se lo comió con las mismas ansías como tú lo hacías, con la misma pasión, con la misma entrega, marcaste muy bien ese espacio, ese espacio es tuyo aunque ya tú no estés, no se siente lo mismo si no son tus labios y tu lengua los que se deleitan.
Tu orgasmo de mil punzadas: es como un cuento árabe, es una maravilla que solo tú puedes sentir, recuerdo como tus ojos se querían salir en cada punzada, tu cara roja, tu expresión de desconcierto, el descubrimiento de nuevas sensaciones en ti, recuerdo esas preguntas a las que no tenía respuesta, ¿qué me hiciste?, ¿Qué es lo que tú me puyas allá en el fondo?, ¿qué es eso que tienes en la punta de tu verga?, es como si cada punzada fuera un pequeño orgasmo, yo sentí que en cada punzada estuviste a punto de venirte, por eso te penetraba cada vez con más ansias, no pude medir los límites de mi condición humana y terminé desmayándome, me costó entender que tu presencia altera todos mis sentidos, mi hipotálamo se vuelve loco, la adrenalina y otras hormonas me hacen correr muchas más millas de las que mi humanidad me permite.
Valorando mi semen: recuerdo cada una de las veces que me vine dentro de ti, hay tipos que se vienen dentro de una vagina, yo no, yo siempre me vine dentro de ti, cuando eso sucedía, te sentía mía, muy mía, sentía que mi semen recorría todo tu cuerpo, haciendo míos todos tus adentros y luego después de mezclarse con tu esencia regresaba, me encantaba mirar tu vagina, embellecida con la blancura de mi pasión, era como dibujar con tintas blancas lo mucho mi deseo por ti, tu entrega hacía mi. Recuerdo que una vez quisiste desafiar la naturaleza y no querías que se regresara sino que permaneciera adentro porque era un regalo que yo te hacía con mucho cariño, con mucha pasión. La primera vez que pasó, tú ansiabas tanto sentir mi semen que mandaste tu mundo al carajo tan solo por estar conmigo, eso te causó muchos problemas, pero dijiste que hacerlo se te había convertido en una necesidad fisiológica y si no lo hacías pronto enloquecerías e igualmente lo harías con consecuencias mucho más graves.
Tragada de semen: ese día me preguntaste: ¿qué cosa que has querido hacer, no te han hecho?, me realizaste una encuesta y descubriste que nunca se habían tragado mi semen, te pusiste muy feliz y me prometiste que te lo tragarías, aunque me advertiste que no te gustaba hacer eso, pero el marcar un espacio virgen en mi te llamaba mucho tu atención. Después de algunos minutos de estar penetrándote en el bode de la cama, saqué mi pene de tu vagina, inmediatamente lo introdujiste en tu boca, el primer chorro al parecer fue algo fuerte, sin embargo te aferraste al tallo de mi pene y lo mantuviste en tu boca hasta que salió la última gota del preciado líquido, te atragantaste, vi cómo tocias mientras yo eyaculaba, el semen salía por los lados de tu boca, me miraste con tu cara roja y tus ojos llorosos y me pediste perdón, me dijiste que la próxima te lo tragabas como fuera, así sea que te tocara taparte la nariz, me hiciste ver que eras tan mía, que estabas dispuesta a hacer cosas que no te gustaban con tal de complacerme, yo te dije; no, no lo vamos a volver a hacer, para mí fue algo lindo, maravilloso, es y será sin duda la mejor tragada de semen de mi vida, tenía ganas de darte un beso, así, con mi semen en tu boca, pensé que me darías un beso como venganza, pero corriste al baño a limpiarte.
Sabanas de tu piel: siempre nos bañábamos antes de hacer cualquier cosa, la idea era estar bien limpiecitos para lamernos por todas partes y solo sentir los sabores de nuestras pieles, antes de entrar al baño, dejabas el aire acondicionado encendido, de tal forma que mi cuerpo recién bañado y mi poca tolerancia al frío se juntaban para hacerme temblar, las cobijas no eran suficiente para contener el frío, así que me proveías de calor con tus sabanas de piel. Te gustaba tanto verme temblar y buscar tu abrazo, tu protección.
Tus dedos dentro de mí: muchas veces mientras tocabas mi trasero y me hacías el beso negro, sentí que querías meterme un dedo, en ese momento me sentía tan tuyo que nada me daba más placer que sentir que hacías conmigo lo que te daba la gana. T pedí que lo hicieras y fue hermoso, me sentí muy tuyo, tan tuyo que sentí que yo no me pertenecía, sino que te pertenecía, en nuestro último encuentro me pediste que hiciéramos un 69 estando yo arriba, de repente, sin pedirme permiso, sin avisar, sin saliva, introdujiste violentamente tu dedo, tan solo pude levantar mi trasero para facilitar el ingreso, después de forcejear con mi trasero, lograste meterme otro dedo, pero querías mas, me penetrabas mientras me hacías sexo oral. Me mostraste que me sentías tan tuyo que no me avisarías que querías, simplemente tomarías de mi lo que deseabas, pero al mismo tiempo tu cuerpo era un cofre abierto del cual podría tomar yo todos los tesoros que quisiera.
Esa era una de las maneras en las que nos compartiamos sentimientos bastante profundos, sentimientos que no se pueden expresar con palabras sino en la cama, mediante acciones que aunque parezcan morbosas, en realidad son muy dulces tiernas, cosas que no son más que romanticismos raros que los dos entendemos.
Hoy en la tarde, volveré a comprar aquel libro que te regalé, entre tus metas de este año está leerlo todo, la última vez que hablamos me dijiste que la forma en cómo plasman la magia de la vida en esa obra, es similar a mi manera de verla. Ese regalo es de las cosas que hice nada más para inmortalizarme en tus recuerdos, así como el detalle de las 24 nucitas, nucitas que simbolizan nuestros cuerpos desnudos, entrepiernados. A tu hija le encanta la nucita, ella siempre te pide una, quizá piensa en lo dulce que será probarla, tú recuerdas la dulzura de las cosas que vivimos cada vez que ves una nucita( esa era mi intención), cuando pienso en una nucita, pienso en ti probándola lentamente, recordando mi verga en tu boca, sintiendo que el chocolate es mi piel, y que saborear ese dulce es como volver a hacer el amor conmigo. Volveré a comprar el libro y tardaré en leerlo completo, mi barco no se moverá en línea recta, seguramente dará vueltas en el océano antes de llegar a su puerto de destino ya que más que llegar, deseo navegar entre sus letras.








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