Ay... Mi Tolima Grande
Relato de comunidad Intercambiosschedule 17 min de lectura calendar_today Marzo de 2013

Ay... Mi Tolima Grande

-“Y si extrañas para algo a Helena?”, le pregunte a Carlos, mientras bailábamos lento y parsimoniosamente ese delicioso paseo vallenato que ruidoso sonaba. -“La verdad si Claudita…. Extraño la madurez y la veterania de tener a una hembrota como ella o como tu a mi lado…”, respondió....

julio08

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-“Y si extrañas para algo a Helena?”, le pregunte a Carlos, mientras bailábamos lento y parsimoniosamente ese delicioso paseo vallenato que ruidoso sonaba.

-“La verdad si Claudita…. Extraño la madurez y la veterania de tener a una hembrota como ella o como tu a mi lado…”, respondió el hablándome cerca al oído ya que la música de la discoteca pueblerina no nos dejaba oír bien nuestra conversación.

-“Pero Natalia te debe tener súper consentido… debes estar viviendo una segunda luna de miel con ella”, le dije riéndome y también acercando mi boca a su oído, mientras yo sentía como el me abrazaba muy cariñosamente.

Me encontraba bailando con Carlos, el amigo más cercano de Rodrigo, mi esposo. Carlos, cumplía ya casi 5 meses separado de Helena, y atrás en el pasado quedaban 10 años de matrimonio y su pequeña Liliana de 7 años. Ahora, a sus 45 años de edad y siendo un exitoso comerciante de repuestos de camiones en Bogota, vivía una segunda luna de miel al lado de su novia Natalia, una hermosa joven universitaria cartagenera de 25 años con la cual hacia poco había entablado una relación amorosa, y para la cual 20 años de diferencia en sus edades no era ningún problema.

-“Uyy siiii… esa mujercita me complace en todo… tu sabes… ella tan joven, sexy, bella y con ese culito de mujer costeña, y yo con esta barriga y esta cabeza ya sin pelos…. pero lamento no poder compartir los días y las noches con una esposa como Claudia… por eso me da envidia de la buena ver como el hijuemadre de Rodrigo te mantiene como una reina…”, dijo el riéndose.

Me sentía rara. Ahí, bailando apachurrada con el mejor amigo de mi esposo, sintiendo como Carlos, discretamente dejaba que sus manos se posaran y musicalmente acariciaran mis femeninas caderas, mientras que mis robustos y esbeltos senos, 100% naturales, se rozaban plenamente junto a su pecho. A mis 35 años, y luego de 11 años de matrimonio al lado de Rodrigo, mis dos hijos, Tatiana, de 9 años y Fernando, de 7, eran mi mundo y mi preocupación diaria, pero en ese momento ver a la distancia como mi esposo, a sus 44 años, colocaba su mano sobre las rodillas de Natalia, mientras ellos sentados en esa mesa esquinera de la discoteca, tomando aguardiente, charlaban y reían, muy amigablemente me causaron ciertos celos de esposa tonta.

-“Y 45 si caben en 25?”, le pregunte a Carlos atrevida y picantemente mientras me reía.

-“Claro Claudita por favor…. Claro que si mi amor… 45 caben perfectamente en 25…. Lo mismo que 45 caben en 35…”, me respondió el, aun mas atrevido, estrujando su cuerpo mas contra el mío.

No dije nada, pero su respuesta me causo inquietud. Desde que lo conocí, cuando Rodrigo y yo empezamos a salir como novios por allá a finales de año 2000, Carlos siempre demostró cierto interés y atracción hacia mí. Luego mientras estuvo casado con Helena, nunca lo disimulo. Ahora, ya separado de ella, creo que el me hacia mas explicito que mi bien torneado cuerpo, mis largas y femeninas piernas y mi carisma de mujer llanera le encantaban, y de una u otra forma envidiaba a Rodrigo.

La pieza musical llego a su fin y Carlos y yo regresamos a la mesa donde sentados la joven Natalia, luciendo ese ajustado pantalón negro, charlaba con Rodrigo, mi esposo.

De inmediato Rodrigo se puso de pie y tomándome de la mano, sin dejarme sentar, me invito de nuevo a bailar.

-“eh compadre… ver a Claudia lucir esa minifalda… con esas piernotas y esa cola de reina… no se imagina cuantos manes me estaban viendo y envidiando en la pista de baile pensado que yo era su afortunado esposo…”, dijo el riéndose, mientras Natalia lo pellizcaba amigablemente en la barriga reprimiéndolo por su comentario pasado de tono.

Rodrigo rió también y me abrazo mientras la canción de Pipe Bueno llenaba el sombrío ambiente de la discoteca, en El Espinal, Tolima, donde pasábamos un fin de semana en la finca de Carlos. Habíamos dejado a nuestros hijos al cuidado de los administradores, asi que los cuatro decidimos salir a rumbear esa calurosa noche de Sábado.

Apenas empezamos a bailar y sentí como el me acaricio las nalgas, sabiendo que más de un hombre nos miraba y lo envidiaba, asi que me acerque a su oído y le susurre:

-“Bebe, sabes de que tengo ganas?… porque no aprovechamos de que los niños están en la finca y de que yo estoy bien sexy y deseable…nos vamos para un motel amor?”, le dije luego dándole un beso en la boca.

-“Listo corazón… pero y que les decimos a Carlos y Natalia?”, pregunto Rodrigo con duda.

-“Pues les decimos que si quieren ir también… además con las ganas que Carlos me tiene, creo que seria rico que ellos también se fueran en plan de motel a desfogar emociones”, respondí.

Y asi fue. Rodrigo le comento a Carlos de mi idea y el emocionado acepto. Pagada la cuenta salimos los cuatro de la discoteca, como a eso de las 11:30 pm en el carro de Carlos, para un motel que el conocía a las afueras del pueblo, por la vía a Ibagué.

Llegamos y para sorpresa nuestra todas las habitaciones estaban ocupadas. Ese sábado, por lo visto, había muchas parejas dando rienda libre a sus amores y desengaños. El joven recepcionista en la caseta de entrada nos dijo que solo quedaba disponible la alcoba presidencial:

-“Es la única libre… pero hay espacio para dos parejas… jacuzzi y un sauna pequeño en la zona húmeda… y una amplia sala en la zona social… ahora si quieren la toman, se piden algo de tomar o de comer, se relajan en el jacuzzi y cuando una de las suites sencillas quede desocupada los llamo por el citófono y les aviso para que una de las parejas la tome…”, dijo el con voz de mando, mirando curioso por la ventanilla a Natalia y luego a mi, tanteando muy seguramente su curiosidad masculina.

Rodrigo me miro sin decir nada y Carlos hizo lo mismo con Natalia. De pronto una pregunta me dejo fría:

-“Les molesta si compartimos la alcoba?… ustedes en su lado y nosotros en el nuestro… y cuando la otra alcoba quede libre rifamos a ver quien se pasa…”, dijo Natalia mirándome a los ojos y colocando su mano sobre la mía.

Un silencio cómplice lleno el ambiente enrarecido dentro del carro de Carlos. Ni Rodrigo ni yo decíamos nada, mientras ambos nos mirábamos dudosos.

-“Listo.. deli… hágamele… plan diferente para una noche especial…”, respondí apretándole la mano a Rodrigo y esperando que el no reaccionara mal a esa loca idea.

Asi que entramos, parqueamos el carro dentro del garaje de la alcoba 101 y muy amablemente Carlos se bajo primero para ayudarme a salir.

-“En serio no estas incomoda Claudia?”, pregunto el de nuevo, mirando descaradamente mi exuberante busto y luego bajando su mirada para ver como mi corta y sexy falda negra dejaba ver muy seguramente mi tanga roja, mientras mis femeninas piernas salían con dificultad de su estrecho carro.

-“No Carlitos… fresco no te preocupes”, le respondí sonriente, sin importarme como el detallaba mis piernas entreabiertas.

Rodrigo me tomo de la mano y entramos a la renombrada suite presidencial. Y vaya sorpresa. La alcoba era pequeña, nada especial. Una amplísima cama cubierta con sabanas rosadas y con un minibar a su lado derecho. A la izquierda una pequeña salita, con un cómodo sofá azul y un gran sillón rojo, que por su color no cuadraban para nada en ese lugar. Al fondo, un gigante y bien presentado baño, bellamente decorado con fotos de parejas desnudas, con un amplio jacuzzi y un cuarto pequeño con paredes de madera donde yo imaginaba era el sauna.

Camine hacia el sillón rojo y allí me senté, dejando mis piernas sexy y eróticamente entreabiertas, invitando a mi esposo para que se sentara a mi lado. De nuevo los ojos atrevidos de Carlos disfrutaron en primera fila del maravilloso espectáculo que yo, atrevida y tácitamente, le brindaba, mientras caminaba tomado de la mano con Natalia.

Sin perder tiempo, Rodrigo se sentó y coloco sus manos sobre mis piernas levantándome sin escrúpulos la corta falda y empezando a acariciarme,mientras nuestros labios se fundían en un apasionado beso, sin importarnos que alguien más compartía ese espacio con nosotros. Por su parte, Carlos y Natalia se acercaban a la cama, mientras que el manoseaba generosamente el joven y estilizado culo cartagenero de Natalia.

Durante esos 5 minutos, olvidamos que no estábamos solos, y me dedique a disfrutar de ese intenso momento, ahí sentada en ese sillón, al lado del TV de pantalla plana desde donde se veían las imágenes y salían los ruidosos gemidos de pasión mientras que una despampanante rubia disfrutaba con la gigante y hermosa verga de un atractivo joven.

Me sentí rara. Mientras era desnudada por mi esposo, veía como Rodrigo, hacia uno de sus sueños realidad. Ser testigo de cómo mi corta y ajustada falda negra, mi tanga roja, mi blusa y el coqueto brassier que atrapaba mis robustos pechos llaneros, caían al suelo, era algo que siempre deseo. Verme desnuda en frente de uno de mis silenciosos admiradores, me hacia sentir extraña.

Cuando abrí los ojos, me di cuenta de la realidad. Estaba aun sentada, recostada en el sillón ya completamente desnuda con mis piernas completamente abiertas, mientras Rodrigo, arrodillado en frente mío con su cabeza clavada en medio de ellas, me chupaba la vagina con pasión desenfrenada. En frente nuestro, al lado de la cama, de pie, estaba Carlos embelezado observando mi moldeado y desnudo cuerpo. Parecía drogado con su mirada fija en mis amplios y generoso senos, y luego sin vergüenza se quedaba mirando como Rodrigo estimulaba con su corta lengua mi vagina y mi ano.

Mi sexy falda negra, mi tanga roja y ese coqueto brassier media copa estaban ahí tirados en el piso, al lado de ese sillón, así como la escotada blusa verde que tanto encanto a Carlos esa noche en la discoteca.

Cuando escuche que Carlos tenia una relación con una joven de 25 años, de inmediato pensé que Natalia lo hacia solo por la plata, como típica bella y atractiva joven, interesada en el bolsillo de un exitoso comerciante como lo es Carlos. Que equivocada estaba.

Arrodillada en frente de el, la cabeza de Natalia, se movía lentamente de forma cadenciosa, justo sobre la zona del obeso abdomen de Carlos, dándonos a entender que le estaba mamando la verga a su veterano novio.

Y vaya sorpresota. La verga de Carlos era bien gruesa y su enrojecida e hinchada cabeza parecía desproporcionada. Su miembro llegaba fácil a los 20 cm y asi erecta y firme, parecía un apetitoso y erótico regalo de los dioses del sexo, para un hombre, que como Carlos, no parecía merecer. La boca de Natalia casi no podía con ella, atragantada con semejante cosota. Sus dos guevas eran dos bien afeitados, pesados y gigantes testículos, que aprecian inflados para la ocasión. Las delicadas manos de Natalia permanecían aferradas a ese espectáculo de duro miembro masculino. Sin salir de mi femenina sorpresa, tenia que admitir que la cosota de Carlos lucia majestuosa, digna para una noche de sexo con una mujer ganosa como yo.

-“Ven para la cama bebe”, dijo Rodrigo deteniéndose y poniéndose de pie, tomándome sutilmente de la mano e invitando a que me acostara.

Un poco apenada asi lo hice, mientras la mirada de Carlos seguía firme y estática sobre mi desnudo y moldeado cuerpo. Luego de 11 años de amistad, le parecía increíble lo que sus ojos veían en ese momento. Ver caminar completamente desnuda a la atractiva esposa de Rodrigo, su amigo del alma, le complacía. Ver como me acostaba sobre la cama y mis gruesas piernas dejaban al descubierto ese salvaje y húmedo tesoro oculto por tanto tiempo a sus ojos, le extasiaba.

Así lo hice y me deje desvanecer en esa cómoda cama, abriendo completamente mis gruesas y formadas piernas, dejando que Rodrigo posara su cabeza en medio de ellas, para continuar con ese delicioso rato de sexo oral, como tanto me gustaba.

No se cuanto tiempo paso, pero de pronto sentí como un corrientazo cruzo por mi cuerpo. sentí como las manos delicadas y juveniles de Natalia se posaron sobre mis voluptuosos pechos y empezaron a tocarme, mientras Rodrigo seguía abajo chapándome el clítoris y los labios vaginales, al mismo tiempo que sus dedos recorrían las entrañas oscuras de mi sexo y su dedo índice se introducía delicadamente en mi ano, preparándolo para su verga. Me sentía súper arrecha, asi que deje que ella me empezar a tocar.

Sin quererlo, sentí como Natalia puso su mano sobre mi cabeza y la giro hacia ella. Excitada por lo que Rodrigo hacia con mi vagina, abrí ligeramente los ojos y vi como ella acercaba sus rojos y juveniles labios a los míos. Deje que eso pasara y no me opuse. Luego sus tersos labios se unieron con los míos y las dos nos confundimos en ese primer e intenso beso lesbico que despertó más aun nuestras pasiones escondidas y reprimidas.

Me sentí volar, me sentí flotar sobre esa cama. Pasaron no se, dos, tres, cinco minutos, en los que olvide quien era. Natalia me acariciaba los pechos generosamente mientras las dos seguíamos entorchadas en ese beso apasionado, donde nuestras lenguas se enfrentaban en una fastuosa batalla. Sin saberlo, mi cuerpo empezó a reaccionar de forma inesperada. Mi vagina sentía algo diferente, era acariciada de forma diferente, era consentida de forma especial. Mis fluidos femeninos salían copiosamente de mi sexo y me preparaban para esa noche única. Sentir ese beso con Natalia me había hecho reaccionar, parecía que me había vuelto más delicada y ahora disfrutaba mucho más de las caricias que de ella recibía.

De repente, los labios de Natalia se apartaron de los míos y vi como su sonriente cara se alejo de la mía.

-“Disfrútalo Claudia…”, me dijo ella, poniéndose de pie al otro lado de la cama donde ahora Rodrigo, desnudo, la esperaba.

Un sordo y gélido corrientazo estremeció de nuevo mi cuerpo.

Nerviosa por la sorpresa, voltee mi mirada hacia mi carnoso sexo y vi como la cabeza despoblada de Carlos yacía clavada en medio de mis piernas.

Pensé en gritar. Pensé en cerrar las piernas a ese intrépido aventurero, amigo de mi esposo, y cercano admirador, que tenia el atrevimiento de violentar mi sexo, sin mi consentimiento. Pensé en darle una certera patada por lanzado e irrespetuoso.

Pero no lo hice.

Carlos, magistralmente, como un veterano y conocedoramante, deliciosa y especialmente lamia mis gruesos labios vaginales y recorría con su rugosa lengua las paredes internas de mi vagina, halando mi clítoris con sutil delicadeza.

Era especial, deliciosamente especial. Y yo no lo podía ocultar, ni mucho menos evitarlo.

Voltee de nuevo mi cabeza hacia Rodrigo y deje que mi oscuro deseo saliera a flote:

-“Disfrútalo Natalia… y recuerda que te amo corazón”, dije sonriendo.

Volví de nuevo a bajar mi vista, pero Carlos parecía enfrentado y concentrado en una batalla, mientras su veterana lengua recorría las delicadas entrañas de mi tesoro, y sus gruesos dedos se escondían coquetamente en medio de mi empapada vagina y de mi ya dilatado ano.

En esos 5 minutos, Carlos me demostraba cuando me deseaba, y con los movimientos de su lengua, atrapada en lo profundo de mi sexo, asi me lo hacia saber. Y vaya de qué forma. El, sin conocerme, encontró y descubrió en tan poco tiempo ese punto oscuro donde mi fermentado sexo llanero se enciende como fósforo de pasión. Y allí, su bien rugosa y veterana lengua se poso sin dudarlo para hacerme gemir y gritar ese increíble orgasmo.

Sintiendo el corazón latir a mil por hora, lo disfrute como siempre lo quize hacer y como Rodrigo hacia rato no me lo hacia. Aferrada con mis sudorosas manos a esas sabanas rosadas de motel barato, estruje y me retorcí con rabia y pasión desenfrenada, mientras ese exquisito orgasmo lentamente viajaba coqueto recorriendo mi voluptuoso cuerpo de mujer llanera de pies a cabeza.

Cuando abrí los ojos, me sentí un poco apenada. En frente mío, Carlos, con su cara y su boca empapadas y cubiertas de mis brillantes líquidos vaginales, me miraba con sus ojos vidriosos aun embelezado con sorpresa, sin poder creer que Claudia, la bien atractiva mujer de su mas cercano amigo, la que el tanto deseaba y con la cual hacia menos de una hora bailaba placidamente, halagando las bondades de su sexy cuerpo, acabada de tocar el cielo, gracias a los magistrales movimientos de su veterana lengua.

Allá, sobre el sofá azul, Rodrigo, mi esposo, ya apasionadamente colocaba con torpeza y dificultad su veterana verga sobre la joven y tierna vagina de Natalia, y ver como su corto miembro masculino, ese que me pertenecía, cubierto con un condón azul, se escondía en medio de esa tierna vagina costeña, me dieron naturales celos. Ella, acomodaba en cuatro, dejaba que la verga de mi esposo la consintiera, de la misma forma como, imaginaba yo, la consentía Carlos, su novio.

Para Rodrigo, era un momento especial. Para Carlos, aun lo era más. Para mí, era el momento de descubrir las delicias del mundo swinger y de lo que como pareja madura éramos capaces de descubrir. Y esa noche, sin buscarlo ni desearlo, era la ocasión perfecta.

De inmediato me voltee y le di la espalda a Carlos, poniéndome en cuatro, dejando mi moldeado trasero una vez mas expuesto a la mirada de Carlos. Asi como Rodrigo me quería ver. Asi como Carlos siempre me quizo poseer y en ese momento finalmente lo hacia publico después de 11 años de sana amistad.

-“uyyy.. Claudita... después de tanto tiempo…asi era que quería tenerla mamasota rica…”, dijo el.

Sin quitarle un segundo la mirada a mi esposo, viendo como el le hundía su verga por completo en el sexo de Natalia, sentí como las veteranas manos de Carlos abrieron una vez mas mis paradas nalgas y esa rugosa lengua recorrió por ultima vez mis gruesos y empapados labios vaginales y la punta de esa aventurera y atrevida lengua bogotana se poso justo en la entrada del coqueto asterisco de mi ano, dándome a entender que mi culo llanero, ese que tantas pasiones despertaba, era solo para el esa noche.

Luego sus manos se posaron delicadamente sobre mi cadera, asi como el lo había hecho hacia menos de una hora allá en la discoteca, donde mas de un hombre Tolimense envidiaba al ver como ese maduro, calvo y obeso hombre colocaba sus manos en mi torneado cuerpo, mientras esa atrevida minifalda negra mostraba perfecto el porque mis nalgas y mis piernas, tenían razones de sobra para ser consentidas.

-“Recuerda que te amo bebe”, dije en voz alta, mientras sentía como la inmensa cabeza de la gruesa verga de Carlos tímidamente se posaba sobre mis enrojecidos y empapados labios vaginales.

-“Y yo a ti mi amor”, me respondió Rodrigo deteniendo su erótico movimiento pélvico y con su cabeza incómodamente torcida hacia mi, no perdía detalle de lo que estaba ocurriendo sobre la cama de la habitación 101 de ese motel.

Mientras la deliciosa, firme, inmensa, erótica, veterana, gruesa y suculenta verga de Carlos lenta y parsimoniosa se abría paso tímidamente en las entrañas de mi humedecido y estrecho sexo, la mirada de Rodrigo, lo explicaba todo.

Su embelezado rostro, sus ojos de éxtasis, su fija mirada viendo como su sexy esposa y orgullosa madre de sus dos amados hijos reaccionaba al sentir como los 20 cm de la cosota de Carlos, su mejor amigo, se escondían gloriosamente en su vagina. Aguante con mis ojos abiertos viendo fijo a Rodrigo, quien no perdía detalle de lo que pasaba sobre esa amplia cama, mientras Carlos me la hundía despacito toda hasta el fondo. Finalmente, no aguante mas, cerré los ojos y deje que mi ego sexual insatisfecho hablara:

-“Dioooooossssssss… que verga tan divina Carlitossss…. ayyyyyy que ricoooo….”, exprese de manera enfática, dejando que mi desnudo torso se agachara un poco, para que la vergota de Carlos se acomodara mejor en mis entrañas.

-“….es toda tuya Claudita…. Toda tuya….”, respondió el de inmediato, dejando escurrir ahora sus manos sobre mis desnudos y pesados pechos, y con firmeza empujando su obeso abdomen contra mis nalgas, asegurándose que los 20 cm de su fantástico y rígido miembro reposaban, ya deliciosamente, acomodados en el fondo de mi empapado y estrecho sexo.

De pronto el citófono sonó y los cuatro miramos simultáneamente hacia la mesita de noche, donde el teléfono alumbraba una pequeña luz roja. Y en ese momento, yo, Claudia Serrano, a mis dulces 35 años, tome una de las más atrevidas decisiones de mi vida. No pensé ni en mis hijos ni en mi madre, ni mucho menos que era una exitosa y atractiva abogada que laboraba en un circuito judicial en Bogota. Solo quería complacer a mi esposo Rodrigo, al ver como su más cercano amigo se devoraba a su deseada esposa. Solo quería complacer a Carlos, quien dulce y pacientemente espero por ese momento durante casi 11 años.

-“No se si Natalia y tu mi amor quieran pasar a la otra alcoba… pero yo de aquí no me muevo”, agregue con voz de mando.

-“Nooooo.. ni que fuéramos bobos… tu crees que Nati y yo nos vamos a perder esa culeada tan buena que Carlos te va a dar con semejante vergota”, respondió mi esposo.

Durante los siguientes 45 min, mi desnudo cuerpo recorrió a plenitud cada rincón de esa cama cómplice de motel de pueblo, simple y barato, y esa firme, gruesa e incansable verga de Carlos bailo ese hermoso Bunde Tolimense siempre deliciosamente enterrada en las entrañas de mi sexo, mientras los dos, abrazados y fundidos en la pasion, lográbamos ese exquisito orgasmo que por largos 11 años siempre esperamos.

— julio08

3 de marzo de 2013

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julio08

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Comentarios

1 comentario

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  • sexoralrico
    sexoralrico · 3 de mar de 2013

    que  rico  una  secion  de  SEXO TANTRICO  con  ustedes   

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