La Prostitución Como Intercambio De Poder
Relato de comunidad Intercambiosschedule 4 min de lectura calendar_today Mayo de 2013

La Prostitución Como Intercambio De Poder

Hace poco tiempo, un gran filosofo colombiano de esos que uno se encuentra en la barra de cualquier bar, me decía con una sensatez insólita la siguiente joya del pensamiento criollo: "En los chats ya no se ven sino prepagos, definitivamente cada día hay mas putas y/o putos" a lo que conteste....

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Hace poco tiempo, un gran filosofo colombiano de esos que uno se encuentra en la barra de cualquier bar, me decía con una sensatez insólita la siguiente joya del pensamiento criollo: "En los chats ya no se ven sino prepagos, definitivamente cada día hay mas putas y/o putos" a lo que conteste medio atónito debido a su gran capacidad argumentativa: "En los chats ya no se ven sino clientes que buscan prostitución, definitivamente cada vez hay mas gente con capacidad adquisitiva y desinteresadas en el otro".

Nuestra moral de rebaño en términos nietzscheanos, no nos permite ver más allá de las propias narices y de ahí que nos apresuremos a enjuiciar negativamente esas prácticas que han estado allí, al borde, tan presentes y tan subrepticias en la mayoría de civilizaciones conocidas. (En este caso especifico: el comercio sexual).

Sostengo enjuiciar negativamente pues la figura de quien se prostituye casi siempre aparece vetada por un halo confuso entre desprecio, asco y deseo. Nos da temor mirar en las puertas de las residencias a las mujeres que esperan sus clientes, y miramos con estupor a las jovencitas y/o jovencitos que se paran en cierta estación del metro y terminan marchándose con señores que podrían ser sus abuelos.

Tendemos a etiquetar con nombres despectivos a quien usa su cuerpo como producto, diciéndole desde "degenerado(a)" hasta el contemporáneo "prepago" (otra desafortunada herencia de la subcultura traqueta). Sin embargo, cuando nuestra atención se centra en la persona que recibe dinero a cambio de un intercambio sexual, nos estamos quedando solo con la mitad del fenómeno, lo que definitivamente enturbia el análisis. Es por ello que el interés de este texto (corto, infructuoso y chocante) es poner bajo la lupa a quien otorga dinero a cambio de un intercambio sexual: El cliente.

¿Qué puede motivar a alguien a pagar por sexo? ¿Es este acto indicio de desesperación? ¿Habrá allí una lógica que escapa a nuestro entendimiento? Tratar de dar respuestas a estas preguntas puede resultar un asunto bastante árido, en donde habrá múltiples opiniones y seguramente serán desafortunadas y criticables por algunos.

En mi opinión la lógica que subyace a la interacciónprostituta(o)-cliente, es una relación de poder, en términos foucaultianos. Allí no hay victima ni victimario, tampoco desesperación ni humillación, como cree la mayoría de la gente, allí hay un actor que pone en juego el poder de su cuerpo y otro que usa el dinero como herramienta de poder (juego).

Pero detengámonos en el cliente como interés manifiesto enunciado previamente, lo primero que tendríamos que preguntarnos es ¿Qué pasa con esta persona que no busca compañía por la vía relacional habitual? No creo que sea un asunto de edad o mal aspecto físico, pues al fin y al cabo como dice el refrán popular, "a cada quien le toca su parte", considero en cambio que se trata de un asunto de comodidad, no hay que decir nada, no hay que prometer nada, no hay que ceder nada; lo único que se necesita es dinero y ese ya esta inventado.

El cliente obtiene un producto y paga por él, es precisamente allá (en este punto) donde se experimenta el poder, cuando se entrega el dinero es cuando se le confirma al otro que ha realizado su trabajo y que ha llegado el momento de despedirse, todo ello sin rodeos, sin antesalas, sin malentendidos, sin un "¿Cuándo me llama? o ¿Para dónde va?"Y demás vericuetos de las relaciones humanas.

Es precisamente allí donde quiero hacer el énfasis final del relato, sostengo que tanto el cliente como la prostituta(o) prescinden de todo lo que caracteriza el encuentro entre dos almas: las emociones, los pensamientos, las anticipaciones, las acciones en pro del otro, etc. Parcializando así el encuentro simplemente en el cuerpo y el dinero, un cuerpo literalmente desalmado y el dinero como herramienta vincular.

Ver la situación desde este punto, nos permite acercarnos a la comprensión lejos de todo sesgo moral, pues francamente, no se si ofrecer y buscar prostitución este bien o este mal, si sea una práctica que haya que apoyar o buscar su erradicación, sólo sé que existe, porque hay mínimo dos actores con algo que ofrecer y que recibir en un intercambio puramente material

— polopareja

12 de mayo de 2013

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