No niego que fue algo excitante sentir como me agarra el pezón con sus fríos dedos, tampoco niego la intención con la que fui a su encuentro, me atraía de tal forma que en varios días solo me había estado imaginando tenerlo a una par de centímetros de mí, o en el mejor de los casos tenerlo dentro de mí.
Jamás pensé que iba a suceder de esa manera, no se me pasó por la cabeza que él, desde hacía algún tiempo, estaba pensando en tener algo de sexo conmigo. No se había atrevido a decirme nada porque salía con alguien, y ese alguien era una de mis mejores amigas en el colegio.
En fin, había salido de mi casa con la excusa de caminar un rato, a mi mamá no se le hizo raro, pues sabía que la oscuridad y el frío eran de las cosas que más me gustaban. Salí en el momento exacto en que él se despedía de mi amiga, caminé por unos minutos y luego decidí devolverme para topármelo de frente, el camino era tan estrecho que para salir tenía que rozarse conmigo.
Cuando estaba frente a mí, esperando a ver cuál de los dos pasaba primero, alargó su mano y tocó uno de mis pechos. La verdad es que se sorprendió bastante al ver que solo llevaba una blusa lo bastante delgada como para que sintiera como de repente mi pezón se endurecía y un pequeño temblor me recorría todo el cuerpo.
Me parecía tan irreal que algo que había planeado hacía apenas unos minutos y que lo más seguro era que él lo rechazara, estuviera sucediendo sin que yo hubiese tenido que insinuarme de ninguna forma. Estaba muy asustada y quería salir corriendo, pero ya que las cosas ocurrían de esa manera y las había deseado tanto, me quedé allí parada esperando lo siguiente que iba a hacer.
Aunque me sentía temblar, las muestras de excitación que daba mi cuerpo lo animaron a acercarse más a mí. Pude sentir como su pene se agrandaba, como lo iba rozando contra mis muslos, contra mi vagina. En ese instante supe que había perdido el control, que aunque me arrepintiera ya no iba a poder separarlo de mí. Todo mi cuerpo se estremecía al contacto con sus manos, ahora solo deseaba que me quitara todo lo que llevaba puesto y que de una vez por todas se hundiera en mí.
Ahora empezaba a meter sus manos en mi blusa, a acariciar mis pechos, a besarlos con esos fríos labios y a bajar sus manos hasta mi vagina. ¡Era fantástico el momento! Cómo frotaba mi clítoris e introducía sus dedos en mí ¡me enloquecía de una manera especial!, nunca sentí tal placer con otro hombre. Podría ser el hecho de que fuese el novio de mi amiga, el temor de que alguien nos descubriera lo que hacía que más me excitara, que toda mi piel se erizara cuando sus manos pasaban. No quería parar, quería seguir hasta las últimas consecuencias.
A continuación me bajó el pantalón con mucha brusquedad, me arrinconó hasta la pared y me introdujo su pene. Empecé a gritar como una loca, era lo que había deseado por tanto tiempo. Me gustaba tanto que me mordiera los labios y el cuello, que me penetrara con tantas ganas y con tanta furia que me olvide de todo, incluso cuando pasaron un par de señores y nos vieron cogiendo, no me importó y seguí gimiendo frente a ellos. Terminamos tan agotados, tan satisfechos, que entendimos que ese solo era el primero y no el último encuentro que íbamos a tener.
Nos vestimos rápidamente y se despidió de mi con un beso y un apretón de mi pezón, así, tal y como había empezado todo.








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