Conocí a Ana a través de GuíaCereza. Su perfil no tiene (ni tenía) foto pero busqué simplemente mujeres como de una edad compatible con la mía (tenía 48 en ese momento), buscando que fueran casadas. La razón es que en realidad no quería ni quiero relaciones complicadas, sentimentales y llenas de compromisos (o mejor dicho, no tengo nada en contra de enamorarse pero no es el objetivo inicial, si pasa chévere, si no, no hay problema). No contestaron muchas, como casi siempre en Guía, uno manda 20 mensajes y recibe si acaso una respuesta (otros contarán otra historia, esa es la mía).
A Ana su marido no lo toca hace como 10 años. Es una mujer bien conservada, hace deporte y se cuida, profesional, con dos hijos… pero no tocada en 10 años, eso cuesta creerlo. Eso lo supe luego de dos semanas de un chat sin mucho futuro, pero en el que al final simplemente le pregunté cómo iba eso con su marido. Y convinimos encontrarnos, lo que hicimos como dos semanas después, luego de que compartiéramos algunos whatsapp, unas cuantas fotos y dos o tres acompañadas a masturbarnos cada uno por nuestra cuenta. Ella necesitaba sexo y yo también.
Llegó a mi casa alguna tarde, nerviosa y un poco agitada (le tocó subir algunos pisos sin ascensor) y sin saber bien qué esperar. Era la primera vez que iba a hacer esto pero el tipo con el que se casó se metió a alguna religión o algo así y no la toca. Hablamos como poco y ya en persona renové la idea de que se veía muy bien y decidí ir al frente y sin mucho preámbulo, pese a los nervios se dejó dar un beso (no sé si para sexo casual eso es lo que todo el mundo hace). Y por fin le deslicé una mano por debajo de la falda blanca y ancha que llevaba puesta. La piel suave de unas piernas bien cuidadas me respondió separándolas un poco. Luego también después de haber visto algunas foticos, pude acariciar sus pechos y poner en mi boca, que andaba ansiosa de ese contacto, unos pezones duros y provocativos, que se lanzaron al frente pidiendo ser devorados… eso hice de mil formas, por turnos hasta tenerlos grandes, duros y rosados esperando más.
Nos fuimos al cuarto y ese día eso se nos fue como rápido, le subí la falta y así en cuatro sobre la cama, le quité los panties y le dejé su falta, solo se la subí hasta la cintura. Para mi deleite, olía rico y sabía aun mejor. Me arrodillé y empecé a comerme esa cuquita bien rasurada y deliciosa… le empecé a pasar la lengua a todo lo largo deteniéndome en su clítoris duro mientras ella empezaba a quejarse como si la hubieran estado hiriendo, solo que era al revés. Le hundí la lengua tanto como pude dentro de su vagina que respondió contrayéndose mientras se la sacaba para volverla a hundir, estaba chorreando líquidos que se quedaban en mi boca. Me paré, me puse y el condón y allí mismo la clavé sin esperar más. Ese “ayyyyy…” lo voy a recordar un tiempo. Estaba estrecha, mojada y lista y por dios que le dí una clavada monumental. La había hecho venir con mi boca y yo andaba con cierta urgencia porque llevaba un tiempo sin sexo. Nos movimos, se fue al baño a organizarse y se fue.
Luego de eso vinieron varias semanas de cosas similares, siempre llegaba un poco agitada pero en pocos minutos estábamos en la cama, desnudos comiendo y mordiendo sexo. Le encantaba que se lo chupara, necesitaba lengua abundante cada que iba. Y le gustaba que la pusiera en cuatro para darle bien duro. No le gustaba nada suave, solo quería que le hiciera tan duro como pudiera y yo le respondía penetrándola con todo y tan profundo como era posible, me terminaba doliendo después un poco, pero valía la pena. Al final, pasada la goma ella empezó a sentirse algo culpable con su marido o su familia, no lo sé y nos fuimos alejando. Igual a veces me pedía que hiciera cosas de novio y yo no quería… eso terminó por dar por terminado todo.
Luego llegó Inés. Igual, contacto en Guía, una mujer como de 38 años y con novio. Nos vimos solo una vez, luego de darnos cam en Guia y hablar por teléfono un ratico. Me invitó a su habitación (alquilaba un cuarto en un barrio cerca del centro) estaba desempleada y andaba como de afán, le contestó una llamada al novio a los minutos de yo llegar. Era gordita pero estaba todavía mojada de una ducha que había acabado de darse y olía rico. Lo que habíamos convenido era que le tenía que dar mucho sexo oral y dicho y hecho. Se quitó un desaville debajo del cual estaba desnuda. Me le comí dos melones grandes que tenía y de inmediato reclamó lo que quería… que le comiera su sexo. Me apliqué como si fuera un parcial de la universidad. Estaba rico, con un clítoris grande que de inmediato se puso duro; lubricada al máximo, los líquidos de mi boca se combinaban con los que salían de su sexo por montones formando algo delicioso que le chorreaba y yo me apresuraba a usar para mantenerla mojada y sedosa. Le apliqué la lengua pasándola en un ir y venir rápido por encima de ese gallito delicioso, haciéndole presión y se vino en mi boca contrayéndose por un largo minuto o más.
Se la metí y la tuve un rato dentro de ella pero no, lo de ella era la lengua. Me la volvió a pedir y como ese era el compromiso y yo soy obediente, allí fui de nuevo. Esta vez le separé los labios de la vagina y le clavé la lengua, se contrajo mientras gemía pidiendo más, solo recuerdo que dijo “esto era lo que necesitaba, mucha lengua”. Luego cambié de estrategia y le aplique el centro de mi lengua a su clítoris rosadito y se lo empecé a refregar con todo… se lo combinaba con lambetazos que eran de mucho contacto con el resto de ese coñito fresco y recién bañado. Finalmente le volví a pasar la lengua rápido, a izquierda y derecha y arriba y abajo, mamándole y friccionando tan duro como podía esa cuca deliciosa que me deleitó con otra venida. Esta vez la puse en cuatro y me la culié hasta venirme sin preguntar más. Al otro día todavía tenía la quijada molida… pero fue inolvidable. Al despedirnos hicimos como planes de volvernos a ver, ella me dijo que necesitaba cosas que le novio no podía darle (no hablaba de plata), pero en esa semana tuve que viajar y al volver ya como que se había roto la comunicación.
Y finalmente, llegó Iris, a quién también contacté en guía. Me dijo que era casada y que ya no estaba bien con su marido que le había sido infiel y ella se quería sacar el clavo. En realidad lo que hice fue metérselo… pero eso ayudó. Creo.
En este momento ando a la cacería de otra aventura similar… alguna casada con ganas?








Comentarios
1 comentario
Inicia sesión para dejar un comentario.
login EntrarExcelente relato hermano.