Una Lección Diferente De Sexo
Relato de comunidad Hetero: Infidelidadschedule 8 min de lectura calendar_today Enero de 2014

Una Lección Diferente De Sexo

Buen día amigos de la comunidad.Agradezco de antemano a aquellos que se tomaron la molestia de leer la manera cómo perdí mi virginidad, y en retribución a ello; les traigo una anécdota que me hizo reflexionar acerca del tema sexual y la manera en que cada cual lo concibe.La chica de la que les....

tonypalsex

Soy hombre heterosexual

menu_book Más relatos
18_up_rating

Contenido adulto. Este relato fue escrito por un miembro de la comunidad. Léelo solo si tienes 18+ y mente abierta.

Buen día amigos de la comunidad.

Agradezco de antemano a aquellos que se tomaron la molestia de leer la manera cómo perdí mi virginidad, y en retribución a ello; les traigo una anécdota que me hizo reflexionar acerca del tema sexual y la manera en que cada cual lo concibe.

La chica de la que les voy a hablar, ya la conocía dos años antes de aquel suceso; y aunque siempre me había llamado la atención, nunca le insinué nada porque pensé que no le interesaba. Unos meses antes de resultar enredados, ella se volvió muy cercana a mi mejor amiga, situación que yo veía absolutamente normal.

Sin embargo, este par de mujeres se la pasaban ideando planes para que yo me cuadrara con L... (Prefiero no decir nombres), aunque sinceramente yo no andaba en plan de nada por esos días. Yo era cuatro años mayor que ella y a la fecha; ha sido la única mujer menor que ha tenido sexo conmigo. Físicamente tenía una cara linda, unos senos y una cola enormes, 1.65 de estatura aproximadamente y era algo rellenita; pero sinceramente no me fijo mucho en eso, más partiendo del hecho de no considerarme un hombre modelo y mucho menos un tipo atractivo.

Comenzaron los mensajitos, las averiguadas y las preguntas raras de mi mejor amiga. Querían saber si a mí me gustaba, y finalmente lo consiguieron.

Una tarde, cuando salía de mi jornada laboral (trabajábamos todos muy cerca), pasé sin intención alguna frente a su sitio de trabajo y me llamó. Entré y me dijo que habláramos. Comenzó a hablarme de su vida, de su esposo y de los problemas que tenía con él. Era apenas lógico, pues ella era una chiquilla de 18 años y él un hombre de 39. Yo la escuchaba atentamente y fue cuando me dijo que llevaba 3 meses sin sexo, que yo le gustaba mucho y desde hacía un buen tiempo. Seré sincero, la miré a los ojos y me reí; no le creí absolutamente nada, ella era muy bromista y pensé que trataba de sacarme verdades con mentiras. Seguía con el mismo cuento hasta que se puso a llorar; entonces, comencé a convencerme del hecho. La consolé, pero no de la manera que ustedes creen, sino como se consuela a una hermana.

Una vez calmada le dije que todo iba a estar bien, que me perdonara por reírme pero que era difícil para mí creer que le interesara de verdad. La abracé, pero al verla sin lágrimas en sus ojos, ya no la veía como una hermana y la besé. Mientras tanto, aproveché para pasar mi mano por esa enorme cola, manoseándola completamente. Una vez nos separamos le di un par de besos en sus senos y aunque estaba encendido, comprendí que no era el lugar adecuado; así que me despedí.

Comenzaron los encuentros clandestinos, las llamadas y los mensajes de texto. Salíamos como una pareja normal, íbamos a cine, a almorzar, a los centros comerciales, pero faltaba algo: el sexo.

Ambos estábamos decididos a hacerlo pero debíamos sincronizar un día que su esposo no lo notara. Encontramos la fecha y fuimos a un hotel. Pedí una habitación con jacuzzi; entramos y comenzamos a desvestirnos. Ella estaba en ropa interior y yo en traje de adán, con mi miembro bien parado al tamaño que alcanza a dar (no voy a hablar de lo que no tengo). Encendimos el jacuzzi, entramos y empezamos a besarnos. Le corrí sus interiores y sentí su enorme vagina, rosadita y suave. Comencé a darle dedo mientras veía su cara de placer. No gemía, pero hacía unos suspiros de niña que me ponían a mil.

Paré y le quité sus interiores y su sostén, le abrí las piernas, me monté y empecé a clavarla. No sé qué sientan las respetadas damas, pero uno de hombre es poco lo que siente haciéndolo en el agua (o por lo menos yo). Le daba fuerte y parejo, tenía mis manos entre sus nalgas y se las abría hasta donde dieran. Estaba en pleno acto cuando me dio por mirar detenidamente su cara y su rostro no era precisamente de placer. Me detuve y le pregunté "¿qué pasa?", a lo que contestó que le dolía cuando la penetraba.

Se me hacía difícil creerlo, pues su vagina era grande y mi pene no era un tronco; y antes de sacar conclusiones apresuradas logré analizar que efectivamente la sentía bastante estrecha y que podía estarla lastimando. Salimos del jacuzzi y cuando nos dirigíamos hacia la cama, la cogí contra la puerta del baño y la penetré de pie. Veía su cola siendo embestida por mi humanidad, su largo cabello negro sobre su espalda y su carita con sus ojos cerrados disfrutando de mi pene. Estuvimos así unos 15 minutos hasta que ella me dijo que estaba cansada, que le dolía y nos fuimos a la cama.

Nuevamente, tal como en el jacuzzi, se acostó boca arriba y yo la monté. Le abrí bien sus piernas, la penetré y le metí mis manos entre sus nalgas, abriéndoselas y acariciando su ano sin introducirle ningún dedo. Se asustó un poco, a lo que le dije que tranquila; que no iba a hacer nada que ella no quisiera. Mi ritmo era lentísimo, me atrevería a decir que era el ritmo sexual más lento en la historia de la humanidad; claro, todo por petición de ella y para evitar lastimarla. Ella estaba encantada, hacía unas caras de placer y apretaba su conchita con fuerza. ¿Qué sentía? No sé, pero luego de unos diez minutos comencé a sentir sus líquidos y el pequeño charco que había en la sábana confirmaba mis sospechas: se había orinado, jajaja, no mentiras; tuvo un orgasmo (había que ponerle algo de humor al relato).

Yo por supuesto no llegué, y ya sintiendo que mi labor estaba cumplida, estuve unos diez minutos más y me moví al lado. Quedamos abrazados por una media hora y luego ella me dijo que quería mi pene en su boca, que le encantaba chupar penes y pues yo accedí. Eso sí, se sumó otro condicionante a la relación y era que yo no podía ver.

Se sumergió bajo las cobijas y me dio la mejor mamada de mi vida, se lo comió todo, lo devoró de arriba a abajo como toda una profesional, succionó mis testículos con fuerza, los lamió de una espectacular manera (yo me rasuro hace muchos años, por higiene y estética, y aseguro que eso ayuda bastante al desempeño de la compañera a la hora del oral, pues para ellas, igual que para nosotros, es bastante desagradable hacer un oral y toparse con un pelo. Invito a quienes aún no se rasuran a que lo hagan), sabía los puntos del pene y de los testículos donde producía más placer y se lo introducía sin dejar nada fuera de su boca. Fueron unos minutos bastante agradables hasta que comencé a lubricar y me dijo que eso no le gustaba, que hasta ahí me hacía oral.

Entonces era mi turno. Tampoco quería verme y tuve que repetir el oral bajo sábanas. Lamí su vagina, introduje mi lengua mientras la abría con mis dedos. Le di una limpieza a su clítoris y por un buen rato degusté esa deliciosa concha. Salí de allí y la volví a penetrar. Chupaba sus senos, manoseaba su ano y le daba con un poquito más de ritmo, pero no al que yo estaba acostumbrado. Me dijo: "¿sabes qué me gusta?, que me digan que soy una perra". Entonces empecé a decírselo, no solo eso, le dije "Put... Prost...". Ella se calentó y contraía su vagina con fortaleza, dio unos pequeños gemidos y volvió a llegar. Por mi parte, quedé otra vez iniciado. Tuvimos una relación más y nos quedamos dormidos hasta el amanecer.

Fácilmente podría ser una de esas noches que uno no quisiera recordar, pero curiosamente y siendo más reflexivo, es un momento de mi vida que me enseñó bastante. Es darte cuenta de la variedad infinita del sexo, que no hay dos personas iguales y que nos falta bastante respecto al tema.

Muchos tenemos el chip (me incluyo) que el buen amante es aquel que penetra a buen ritmo a su dama durante largos periodos de tiempo y explorando con sus manos y boca todo su cuerpo, procurando que ella llegue primero al punto máximo de placer. Seguramente esta descripción es muy similar a la que una gran mayoría de ustedes conciben queridos lectores, pero no lo era para aquella chica. Su manera de llegar al clímax era distinta a la del promedio de las mujeres, poseía un ritmo lento específico que le brindaba placer a su manera, una auténtica lección de sexo que invalida ese pensamiento de que "nos las sabemos todas".

¿Qué pasó con ella? Pues estuvimos un par de veces más, pero mi insatisfacción sexual me hizo desistir de continuar (nunca logré un orgasmo con ella). No quería seguir sin sentir placer, pero tampoco podía obligarla a sentir dolor por lograr mi satisfacción; así que lo mejor fue cortar las cosas sanamente y a tiempo. Ella quedó algo afectada y al mes renunció a su trabajo.

Lo último que supe de ella es que se separó del esposo y que está viviendo con su mamá. Nunca volví a verla.

Antes de despedirme, reitero la invitación de mi primer relato. He recibido algunos mensajes pero creo que debí ser más específico; así que aclaro que solo me interesa conocer damas residentes en Bogotá, pues amigas virtuales no son de mi interés.

Espero que les haya gustado.

Gracias por leerme.

— tonypalsex

16 de enero de 2014

visibility 2.5k lecturas chat_bubble0
tonypalsex

Escrito por

Soy hombre heterosexual

Comentarios

0 comentarios

Inicia sesión para dejar un comentario.

login Entrar
Sé el primero en comentar.

Sigue leyendo

Otros relatos hetero: infidelidad

La verdad que ya conocia

Hetero: Infidelidad

La verdad que ya conocia

juansolo1410juansolo1410·hace 6 días
schedule 8 min
visibility 805favorite 0chat_bubble 0

Lo más reciente

Recién publicados por la comunidad

Ella es Mía

Sexo con maduras

Ella es Mía

Frank0922Frank0922·hace 11 horas
schedule 7 min
visibility 162favorite 0chat_bubble 0