Que Viva Alemania
Relato de comunidad Hetero: Infidelidadschedule 11 min de lectura calendar_today Febrero de 2014

Que Viva Alemania

El año pasado cuando estuvimos en el carnaval de Barranquilla, nos ubicamos en uno de los palcos para disfrutar de la Batalla de Flórez con un grupo grande de amigos que casi siempre viaja a este evento, creo que como a eso de las 11:00 am para ubicar buenos lugares. Nos sentamos en una esquina....

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El año pasado cuando estuvimos en el carnaval de Barranquilla, nos ubicamos en uno de los palcos para disfrutar de la Batalla de Flórez con un grupo grande de amigos que casi siempre viaja a este evento, creo que como a eso de las 11:00 am para ubicar buenos lugares. Nos sentamos en una esquina de la parte superior y empezamos a circular el trago que llueve de todas partes en carnavales. Aún no habían empezado a pasar las carrosas y comparsas cuando a nuestro lado se ubicó un grupo de unos 6 hombres y dos mujeres, ellas muy morenas, ellos muy, muy blancos. Eran alemanes de visita en Colombia.

Con el paso de las horas y la recocha propia de cualquier carnaval, empezamos a integrarnos con todos los vecinos y, obviamente, con los alemanes que ya estaban bastante “contentos” debido a las rondas de trago que recibían como manifestación de hospitalidad. Quienes conocen nuestro perfil pueden ver que mi esposa es una morena de cabello negro rizado, que es el típico prototipo de mujer latina que le encanta a los europeos, razón por la cual había dos de los alemanes que no sólo no le quitaban el ojo de encima, sino que además aprovechaban cualquier oportunidad para tocarla y darle más licor.

A mi esposa le gustaron los alemanes, o al menos uno de los que la acosaban todo el tiempo, pues era un tipo alto y muy acuerpado, el otro no era feo pero obviamente no tenía el mismo atractivo que su amigo. Sin embargo la tarde transcurrió muy normalita, bebimos y bailamos a más no poder.

Cuando terminó la Batalla de Flórez nuestros amigos se fueron porque iban a cambiarse para asistir a la fiesta del Hotel Dann, momento en el cual nos separamos del grupo, pues la verdad somos más de “fiesta callejera” y los alemanes salían rumbo a La Troja, que es un sitio emblemático de salsa firme en Barranquilla, en donde el plan prometía mucho más para nuestro gusto.

A la Troja no le cabía un alma, de hecho sólo se podía entrar para comparar licor, la calle estaba cerrada y todos bailábamos y bebíamos de pie, mi esposa me dijo con un poco de burla que iba a sacar a bailar salsa al alemán acuerpado, y vaya sorpresa que se llevó, porque el tipo bailaba supremamente bien y la apretaba todo el tiempo sin perder el ritmo, lo cual le encantó a mi mujer que para ese entonces, prendida como estaba y habiéndose marchado nuestros conocidos, empezó a descararse con el alemán y a aprovechar el tumulto de la calle y la complicidad de las sombras para dejarse tocar del tipo que sólo atinaba a meterle mano como pudiera y mirar para donde yo estaba por temor a que me diera cuenta.

Mi esposa ya estaba bien caliente, tenía los ojos perdidos en la arrechera y no se dio cuenta en qué momento el otro alemán que la estaba acosando, el feito, se hizo detrás suyo y mientras que el guapo la apretaba duro por la espalda, el feo la cogía fuerte por las caderas y le decía una cantidad de cosas en el oído que ella no podía entender. Entre los dos la tenían lista y ella que ya no aguantaba más las ganas de descararse del todo me miró como buscando aprobación, cuando cruzamos la mirada y vio que yo asentía con la cabeza, sonrió ampliamente, me picó el ojo y se dejó llevar por el manoseo de los dos alemanes que no perdían ningún movimiento para tocarla con mayor libertad, la verdad ella estaba un poco cortada con el feo porque el que le interesaba era el guapo, pero como a éste parecía hacerle gracia que su amigo se uniera a la rumba, ella simplemente lo dejaba hacer.

En algún momento el alemán guapo trató de decirle algo a mi esposa en el oído, ella no entendío una palabra de lo que quiso decirle, pero por el tono y la manera como le pasó la mano por el trasero mientras se lo decía, mi mujercita entendió el contexto y simplemente movió su cabeza de arriba abajo. El alemán guapo la cogió de la mano y empezó a sacarla de la multitud, caminaron quizá una cuadra y media y se metieron a una casa a la cual ella no podría llegar sola otra vez, pues no sólo estaba borracha sino que ya estaba muy arrecha y no podía pensar en nada diferente de comerse a su nueva presa.

Dentro de la casa pasaron a una habitación pequeña y lúgubre, no tenía aire acondicionado, sólo un viejo y desvencijado ventilador que trataba de apaciguar el calor sofocante de la noche, el alemán guapo besaba y manoseaba a mi mujer mientras que ella empezaba a soltar su correa para quitarle los pantalones, el tipo tenía un cuerpo verdaderamente espectacular, mi mujer estaba extasiada, le besaba y le mordía el pecho, le cogía fuerte el trasero y escuchaba como el alemán le decía toda suerte de cosas que ella no podía comprender. Cuando ella logró bajarle lo pantalones, lo empujó sobre la cama, se quitó la camiseta que llevaba y el bassier, se soltó la correa del pantalón y se puso de rodillas, bajándole los bóxer a su nuevo macho para poner su verga alemana al descubierto y empezar a chuparla con desespero. La verga del alemán estaba bien dura y era de muy buen tamaño, mientras mi mujer la baboseaba y jugaba con ella embelesada, se fue quitando el jean para quedar sólo en unos cuquitos blancos diminutos y ponerse en cuatro para seguir mamando mientras que el alemán guapo gemía de espaldas.

Mi esposa no tiene claro en qué momento específico tomó conciencia del asunto, pero entre la borrachera y la calentura empezó a sentir que le corrían la tanga y le chupaban la cosita mientras ella se lo mamaba al alemán guapo, cuando ella se percató sacó la verga que tenía en la boca y miró hacia atrás, y allí estaba el alemán feo, mucho más feo que antes porque ya estaba totalmente desnudo y su piel blanca casi brillaba en la penumbra, pero ella realmente no reparó en el asunto, pues volteó a mirar al guapo que le hizo una señal de aprobación con la cabeza y total ella ya estaba muy arrecha para dar marcha atrás y el alemán guapo estaba muy rico así que si tocaba dejarse morbosear del amigo la tenía sin cuidado, total ella está acostumbrada a estar con otro hombre mientras yo la miro.

Ella se subió a horcadas en el alemán guapo, se corrió la tanguita y empezó a rozar su vulva inflamada y húmeda con la cabeza de esa verga dura que luchaba por entrar, poco a poco fue metiéndosela hasta que la tuvo todita adentro y dejó escapar un gemido, empezó a moverse de arriba abajo y de adelante hacia atrás mientras que el alemán guapo le manoseaba las tetas y le decía una cantidad de cosas que ella no comprendía. En ese momento sintió que el alemán feo se hacía detrás de ella y empezaba a besarla en el cuello y a tocarle las nalgas, ella siguió cabalgando al alemán guapo mientras que el otro la manoseaba y le restregaba la verga por el trasero, cada vez estaba más arrecha y cada vez se movía con más rapidez sobre la verga del macho que le estaba dando placer, estaba muy mojada, sus líquidos escurrían y le resbalaban, ya había perdido el control y la cordura y sólo quería que le siguieran dando más y más verga, llevaba cerca de 5 minutos cabalgando cuando alemán guapo arqueó la espalda y empezó a llenarla de leche caliente y viscosa en una abundante cantidad.

La verdad el polvo estuvo rico, y el tipo le encantaba, pero a mi mujer le quedó faltando un poco, sin embargo, se dejó caer sobre el alemán guapo, lo besó en la boca y teniéndolo aún adentro sintió como el alemán feo empezó a restregarle la verga por el ojete del culo mientras sacaba con cuidado de su vagina la verga de su amigo que ya empezaba a ponerse flácida. Aunque la idea le pareció casi desagradable porque el tipo realmente no le inspiraba nada, estaba de espalda a él, bastante borracha y mirando a un mono precioso que acababa de llenarla de leche caliente, y para colmo sabía que había quedado con ganas, así que en lugar de oponerse levantó el culo para ofrecerle una mejor posición al feo, que atendió a la invitación colocando la cabeza de su verga en la entrada del chocho de mi puta, empujándola muy suavemente pero de un solo golpe, lo cual hizo que mi mujer arquera la espalda y se separara un poco del macho que ahora la cogía, ante del dolor que le causó esa primera embestida.

El alemán feo empezó a bombear lentamente aumentando el ritmo, mientras que mi mujer apretada con todas sus fuerzas la sábana de la cama y se quejaba con cada empujón, pues a pesar de estar arrecha, y chorreada de sus jugos y del semen abundante del macho guapo que se le resbalaba por la parte interna de sus muslos, sentía como si esa tranca que le estaban metiendo desde atrás la estuviera partiendo en dos, tenía tan hinchada su vagina que sentía como si se le fuera a desgarrar, pero quería más, mucha más verga, estaba ebria y desencajada, quería abandonarse al placer de un semental que la dejara satisfecha, después de todo su marido quería que ella fuera puta y estaba contento en la calle mientras ella se revolcaba con dos tipos de los que no sabe ni el nombre, uno de los cuales le había llenado de leche sus entrañas y estaba inmóvil en la cama, mientras que el otro le estaba dando la culiada más intensa de su vida.

El alemán guapo se había dormido y apenas si le servía de colchón a mi mujer que luego de 10 minutos de estar recibiendo en la misma posición y ya cansada de estar en cuatro, se retiró del hombre que la estaba clavando y se puso boca arriba abriendo bastante las piernas para recibir más. En ese momento le dio una mirada a la verga del alemán feo y entendió sin problema alguno lo que estaba sintiendo cuando la tenían en cuatro … la verga del tipo era de al menos unos 20 centímetros y, sin exagerar, era casi tan gruesa como una botella de gaseosa personal, a mi perra se le olvidó por completo que el tipo era barrigón y pálido como una rana, en ese momento lo único que le importaba era meterse otra vez esa vergota que tenía en frente, así que la cogió con la mano izquierda y atrajo al macho hacia su cuerpo, lo besó con la boca y al despegarse le dijo mirándole a los ojos: Quiero que me metas esa cosota bien duro papasito, hace mucho no me sentía tan mujer.

El alemán no entendió lo que le decía mi esposa y solo atinó a tomarla por la cara con su mano derecha mientras le metía cuatro dedos de la mano izquierda entre la chocha y decirle fuerte la única palabra que encajaba en la situación, una de las menos de 10 que sabía en idioma español: Perra. Los ojos de mi esposa brillaron, se dejó caer de espalda y elevó sus piernas como las alas de una mariposa, invitando a ese semental que la montó y que a pesar de las barreras del idioma había descubierto su vocación de puta, quien tras acomodarse empezó a enterrarle esa verga extranjera sin compasión alguna, ella tenía la chocha más dilatada que nunca y estaba sintiendo el máximo placer cuando se vino a chorros sin poder controlarse, pero el alemán sin darse por enterado la seguía clavando duro, por lo que ella simplemente esperó un poco, tomo aire y con señas le pidió cambiar de postura.

Estuvieron culiando casi dos horas en todas las posiciones, el alemán feo no solo salió vergón sino que además aguantó como nadie dándole verga a la puta de mi mujer, le dio en la cama, le dio en el piso, la montó en un escritorio y se vino dos veces entre mi zorra, una en su chocha y otra en su boca.

Cuando mi mujer volvió a buscarme eran casi las 5:30 de la mañana, ya el azul vergüenza se asomaba en el cielo y era claro que la rumba había terminado. Venía ojerosa, con la ropa sucia y puesta a la carrera, sin un arete y cabello todo revuelto, pero con una sonrisa de satisfacción que no podía con ella. Había dejado la tanga en casa de los alemanes y por eso en la entrepierna del blue jean se empezaba a notar el rastro húmedo de una noche de lujuria.

Camino a casa no hablamos sobre el tema porque íbamos en taxi, pero al llegar empezó a contarme lo que le había pasado, se desnudó y abrió las piernas para mostrarme como le habían dejado la chocha … el olor a semen invadió la habitación, ella se metió un dedo hasta el fondo y se lo llevó a la boca cerrando los ojos, mientras me contaba del descomunal tamaño de la verga que se había comido, como haciendo una remembranza de la mezcla de leche que le dejaron sus machos. Tenía la chocha hinchada e irritada de toda la verga que le habían dado, tanto que me dijo que por favor no se lo metiera porque estaba un poco adolorida, así que mientras ella se masturbaba abierta de piernas empezó a describirme la faena y todo el placer que le habían hecho sentir, me dijo que le encantaba haber estado culiando con dos desconocidos en un cuarto de mala muerte mientras yo la esperaba paciente. Ella se vino otra vez mientras decía repetidamente que yo era un cabrón de mierda, y por fin pudo descansar con la certeza de ser una puta desenfrenada, sucia y enferma por la verga, pero feliz.

— esposwing

21 de febrero de 2014

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esposwing

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Comentarios

1 comentario

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  • abuelo1
    abuelo1 · 21 de feb de 2014

    Muy bueno, me encanto,felisitaciones, Un cordial saludo desde la otra parte delmundo

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