Una noche cualquiera estaba paseando por la ciudad con mi madrecita, cuando de pronto nos encontramos frente a la casa de una de sus viejas amigas que hacía mucho tiempo no se veían, nos invitó a sentarnos en unas sillas que tenía en su antejardín, cuando de pronto salió de la casa la linda PAU de 14 añitos, era sencillamente angelical, sus labios brillaban y brotaban miel, me presentaron con la pequeña y nos pusimos a charlar, de repente se fue el fluido eléctrico bueno no le hicimos mayor caso, hasta que me dieron ganas de ir al baño, se lo comunique a la anfitriona y ella me dijo que bien pudiera y le pidió a la linda niña que me acompañara ella me tomo de la mano porque estaba muy oscuro para que yo no me fuera a tropezar con algún mueble o pared yo si note inmediatamente que la nena me tomaba de una manera muy especial, como si yo le gustara. Bien me condujo hasta el baño y me dijo que me esperaría hasta que yo saliera y si señores y señoras, cuando yo abrí la puerta para salir del baño la osada PAU estaba posada en el quicio de la puerta, con la intención de no dejarme salir, se paró firme, alzó su mirada y la fijo exactamente en mis ojos como esperando su recompensa por el acompañamiento, inmediatamente deje ir mis labios sobre su tierna carita, bese sus mejillas y deslice suavemente mi lengua hasta sus calurosos labios que ya estaban ardiendo en pasión, me sorprendí por el fogaje de la chica, pero eso no me impidió corresponderle a sus libidinosos instintos. La abrace fuerte y deje caer mis manos hasta su firme derrier. Al mismo tiempo que PAU se excitaba con mis caricias, se me fue hinchando el jean que llevaba esa noche puesto, la tome fuerte y roce mi pene con su plano vientre, me sentía en la gloria, no podía creer que esto me estuviera pasando a mí. Como no había persona alguna dentro de la casa, levante su minifalda y tome por mi cuenta su deliciosa esponja, húmeda como el rocío de la fina hierba en la mañana pero caliente como baño maría, inmediatamente me di cuenta que la picara niña no era inocente, lo cual no me importó; comencé a frotarla donde más les gusta permitiendo así sacarle tímidos gemidos, retrocedí y me interne de nuevo en el baño arrastrando a PAU conmigo, lamí sus senos firmes y enormes desde su base hasta la puntica de cada uno de sus pezones que como estaba oscuro no alcanzaba a preciar su color pero si su textura, eran suaves como el terciopelo y tan paraditos como mi miembro. PAU desabotonó mi jean y permitió que se deslizara hasta mis zapatos sentada en la taza del sanitario bajo mis bóxer y procedió a tocar las mas lindas melodías en su nuevo flautín, la sensación era tan agradable que en cualquier momento brotaría mi leche pero antes que eso sucediera, la puse de pie, le rompí bruscamente sus calzoncitos en la parte que limita con su conchita, me senté en el sanitario con mi pene mas erecto que guadua de reten le abrí sus piernitas y suavemente ella misma se sentó en su trono, los dos temblábamos de excitación y nerviosismo de saber que en algún momento alguien entraría desde el antejardín a buscarnos pero eso no fue tan contundente como las ganas torrenciales de calmar nuestro delirio de pasión. Unos cuantos movimientos bien orquestados por parte de PAU bastaron para que los dos llegáramos al tiempo reprimiendo gritos pero no jadeos. Rápidamente me subí los jeans y PAU se organizó su minifalda y blusa, nos dirigimos a la cocina a tomar agua y salimos nuevamente al antejardín donde al parecer nuestras madres no nos habían extrañado. Empezamos a intervenir en la conversación tratando de disimular la grandiosa faena de la cual fuimos protagonistas en el baño de su casa. Esta no fue la última experiencia con PAU, nos hicimos novios y se imaginaran ya la tela que hay para cortar.

Relato de comunidad Jovencitasschedule 4 min de lectura calendar_today Marzo de 2014
LOLITA FOGOSA
Una noche cualquiera estaba paseando por la ciudad con mi madrecita, cuando de pronto nos encontramos frente a la casa de una de sus viejas amigas que hacía mucho tiempo no se veían, nos invitó a sentarnos en unas sillas que tenía en su antejardín, cuando de pronto salió de la casa la linda....
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