La Nena Que No Quería Conmigo.
Relato de comunidad Hetero: Infidelidadschedule 7 min de lectura calendar_today Abril de 2014

La Nena Que No Quería Conmigo.

A Cata la conocí en una clase de inglés en la universidad. Estudiaba otra carrera pero resultó siendo amiga de una muy buena amiga mía, Juliana, con quien veíamos la clase. Desde entonces empezamos a hablarnos varias veces a la semana, hasta que formamos una amistad muy bacana. En un principio....

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A Cata la conocí en una clase de inglés en la universidad. Estudiaba otra carrera pero resultó siendo amiga de una muy buena amiga mía, Juliana, con quien veíamos la clase. Desde entonces empezamos a hablarnos varias veces a la semana, hasta que formamos una amistad muy bacana. En un principio era solo eso, y ni siquiera yo me imaginaba lo que se venía. En una ocasión, se agachó para recoger un esfero y el jean se le bajó hasta un poco antes de la mitad de la cola. Pude observar un cachetero pequeño, delgadito, verdesito y muy provocador. Juliana se percató de cómo abrí los ojos cuando Cata se agachó. Me miró y me botó una sonrisa cómplice. Cata me empezó a encantar, era flaquita, blanquita, tenía carita de niña inocente, de esas que uno sabe que solo es carita y nada más, era bajita, tenía senos pequeños pero bien puestos, y una cola que me enloquecía. Me gustaba también su forma de ser, era una nena descomplicada y con muy buen sentido del humor. Las clases de inglés se pasaban entre risas y yo solo iba a la universidad por coquetearle a esa mujer.

Yo tengo novia, y estudia en la misma U, entonces el asunto era un poco complicado, por lo que nunca me decidí a “pasar al ataque” con Cata.

Otro día, mientras fumábamos afuera de la universidad, ella se distrajo un momento y yo le comenté a Juli que Cata me estaba enloqueciendo. Juli era bisexual, y me dijo que a ella también le empezaba a gustar. Pero eso no fue todo, al final de esa tarde, tras unas cervezas, Juliana me dijo al oído una cosa que me terminó de enamorar. Cata también era bi.

Juli empezó a caerle, y yo notaba mucha química entre ellas. Yo siempre estaba tranquilo, con mi novia por ahí, y cuando veía a Cata pasar solo le sonreía y ella me picaba el ojo. A mi novia no le gustaba Cata, decía que era demasiado coqueta con los manes.

Cuando terminó el semestre nos fuimos a celebrar con los de la clase de inglés, y mi novia no vino conmigo. Fue la oportunidad perfecta para conocer un poco más a Cata, quien por los tragos terminó desinhibida y besándose apasionadamente con Juliana. Me contó lo de su bisexualidad, y a mí solo se me hacía agua la boca. No veía la hora de besar a esa mujer y de quitarle esos cacheteritos verdes que tenía. Decidí “botarle los perros”, le dije que me encantaba, que me tenía loco, y sin más, aproveché la borrachera para decirle que me la quería comer. Se rió a carcajadas y me dijo algo que me dejó atónito: “Tú no me gustas, pero si quieres conmigo, tiene que ser con tu novia”. Esperanzas perdidas. Sentí una bofetada en el rostro. Mil veces había visto a mi novia decir que era un asco ver a dos viejas besándose, y que no sabía cómo a nosotros nos podía gustar eso. Nunca, nunca, iba a poder tener un trío con ellas. Me hice el bobo, y le dije que lo iba a intentar.

Por la noche, le hablé por whatsapp y le dije que se lo había insinuado a mi novia y que ella no había accedido. Ya yo estaba desenmascarado totalmente así que no había de otra que seguir cortejando a Catalina. El que persevera alcanza. Le dije que lo pensara, que lo hiciera como un favor de amigos, que se compadeciera de mí, que no podía dormir en las noches de la erección que me causaba pensar en ella. Le confesé lo de los cacheteritos, y todo eso entre chiste y chanza para que la nena no se sintiera demasiado asfixiada.

Una noche, mientras una conversación casual, Cata me botó la siguiente perla: “Mira, lo que más me gustaría hacer con un man, es chupársela después de que se coma a otra vieja”. A papaya puesta…

Se lo propuse, y al otro día llegué tempranito y con rosas a donde mi novia. Ella estaba en pijama, divina, y yo me le metí en la cama y me quité la ropa para calentarnos un poco. Tiramos, como siempre, pero de nada más pensar en que en seguida me iría a casa de Cata a cumplirle su fantasía, me vine muy rápido en dos ocasiones. Se me paraba otra vez al instante. Quise seguir tirando con mi novia, y así fue, solo que el tercer polvo fue larguísimo y delicioso. Mi nena se vino como cuatro veces en mi pene. Estaba algo extrañada de mi euforia sexual, hasta me preguntó que qué me pasaba. Obvio no le contesté nada más que elogios. Quería venirme mucho cuando Cata me lo mamara, así que cuando ya me iba a venir por tercera vez en mi novia decidí parar, le hice un oral, y me las arreglé para parar ahí y salir para donde Catalina.

Me demoré muy poco en llegar, y apenas golpee la puerta me abrió Catalina en los cacheteritos verdes que yo le había visto. Casi me enloquezco. La cogí muy duro y sin mediar palabra me la empecé a rumbear. “La boca te sabe a ella, qué rico”. Imagínese que le digan eso. Casi me vengo otra vez. Nos besamos, me dejó tocarla toda, me dejó chuparle la cuquita, que tenía estrechita, depiladita, y rosadita, como me gustan. Me gustaba saborearla, aparte porque parecía que se venía de a poquitos. Cuando ya estaba al borde del climax, yo me detenía, y ella no hacía más que decirme que siguiera, que se la chupara como se la había chupado a mi novia hacía un rato. Seguía y luego paraba, y la nena se retorcía delicioso. Me pedía que por favor no parara, me rogaba que se la siguiera chupando y que la dejara venirse, pero yo la tuve ahí más de 45 minutos. Cuando la tenía ya demasiado caliente, le dije que me dejara metérselo un ratico, y ella accedió pero con la condición de que no me podía venir y tenía que dejármelo mamar por ella antes. Yo acepté, obviamente, pero cuando se lo metí sentí un calorsito tan rico, tan húmedo, que sabía que no iba a durar nada. Apenas se lo metí, la nena no aguantó más y se estrujó en un orgasmo casi psicodélico, parecía estar llegando al cielo. Como dos minutos después le dije que ya no me aguantaba más, y entonces se lo saqué para que me lo mamara. Empezó con la lengua sobre la puntica de mi pene, chupaba todas las gotitas que salían, o las esparcía sobre el glande para luego chuparlo todo. Cada vez lo hacía más rápido, y me decía que le encantaba el sabor de la cuquita de mi novia. “Sabes a cremita de cuca, jajaja”. Una mujer no sabe lo que las palabras implican para uno y para su amigo de abajo. Me lo mamaba y me lo pajeaba delicioso, y me decía que me iba a hacer lo mismo que yo le hice a ella. Cuando me iba a venir, paraba, me daba un lengüetazo y me empezaba a dar piquitos en la punta. Luego de un minuto, continuaba rápido, y así varias veces. Yo le pedí que ya me dejara venir, que estaba que me explotaba. En verdad estaba tan excitado que me dolían el pene y los testículos, necesitaba descansar. Entonces por fin aceptó, empezó a mover su mano de arriba abajo sobre mi pene, y cada vez que llegaba a la base ponía su boca sobre el glande y hacía un sonido como hueco, delicioso. “Te voy a dar tu premio por haberme dejado probar esa delicia que es tu novia”. Un ratico después, me vine en su boca, creo que nunca había eyaculado tanto, sobre todo porque ella me dijo que nunca había sentido la boca tan llena de semen. Se lo tragó todo, la muy perra, y después se despidió de mí con un piquito esquineado.

Todavía la veo en la universidad, y la nena no puede verme con mi novia porque me empieza a mandar picos y a picarme el ojo delante de ella. Un peligro. ¿Se acuerdan de Juliana, mi amiga? Cómo sería el cuento que a la semana llegó ella a decirme que también quería lo mismo que le hice a Cata. Jajaja pero Juliana no me gusta…

Bueno, no es más, espero que lo hayan disfrutado así sea una décima parte de lo que yo, y espero sus comentarios CHICAS.

— cayetanodelaura

20 de abril de 2014

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cayetanodelaura

Escrito por

Soy hombre heterosexual

Comentarios

1 comentario

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  • dustoz
    dustoz · 20 de abr de 2014

    Excelente relato, que buena experiencia!!

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