Leer un relato muy largo puede ser agotador, especialmente si la pluma del que escribe no es virtuosa. Mil disculpas. Habrá público que prefiera el relatito corto que dura los cinco minutos de una paja y que como crema para la cara, va directo al grano. No obstante, si es paciente y prefiere conocer motivos y mi historia le ruego seguir este enlace:
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El mojigato círculo de amistades de Andrea, rechazaba el concepto mismo de diversión para adultos, luego ella no tendría una auténtica despedida de soltera. Por tanto, era yo quien le ofrecí de lejos la mejor que alguien podría brindarle. Le había concediendo absoluta libertad para actuar como una desvergonzada ramera, pero ella elegía ser más una muñeca inflable que una persona con asomo de voluntad. Por mucho que insistí en que me indicara al menos a un muchacho que le gustara, eso no fue posible. No mostró interés por nadie, ni de sus compañeros de carrera, ni de su breve círculo de conocidos. Inclusive quiso que fuera con alguien que a ella no la conociera, no esperaba tener que tratar con él después del acontecimiento. Era fácil comprender su postura pues de otra forma su reputación se vería seriamente afectada, con efectos colaterales para la familia y futuro esposo.
Una justa petición. Sin embargo no me pareció tan buena idea que un perfecto extraño tuviera este insólito privilegio. Se me ocurrió que Jorge, un talentoso contratista de la empresa y al que no veía hace tiempo, hiciera los honores.
Pude haberlo hecho más fácil. Encontrar a un sujeto menos simpático que yo, quizás no tan joven, de pronto sin mayor atractivo físico. Así el reto habría sido superado y todo concluía en una experiencia vacía y sin ganas de ser repetida por ninguno de los involucrados. Pero no. En mi incomprensible insensatez, elegí al sujeto más carismático pero a la vez corrompido que había conocido. Aunque soy hombre puedo decirlo: un muy digno rival quien en condiciones de igualdad y en otras circunstancias, me habría arrebatado a mí prometida sin problemas. Jorge, en su treintena, magnífica estatura y equilibrada corpulencia, fina educación, solvente y decidido galán, le granjeó fama entre compañeras de oficina y amigas como un excelente partido. Ni duda cabe, su sex appeal lo envolvió de aquella irresistible aura de hombre deseado. No obstante nadie puede ser tan perfecto. Su falta de escrúpulos para acostarse con cuanta mujer cayera en sus redes, lo señaló como el candidato ideal para lanzarle la atrevida propuesta sin sentirme avergonzado. Empero, aún con su comportamiento disipado de todas formas quedó asombrado, mas no escandalizado, cuando le conté del torcido arreglo que había concebido.
"¡Vaya! No sabía que eran de esas parejas de intercambios Mario. Eso sí que no me lo esperaba, picarones." Fue lo que me dijo.
Sin conocer a mi pareja, exclusivamente por fotos, tuvo mucho gusto en participar del proyecto no sin antes ponerle yo dos condiciones: que jamás hablaría con nadie de la aventura, y lo segundo es que todo ocurriría una sola vez. Nunca más la volvería a ver a ella o a mí. Ni que Jorge o yo valoráramos tanto nuestra amistad. En realidad solo salíamos los viernes luego del trabajo, y borrachos, terminábamos en un club de desnudistas o rumbeando con prostitutas en su apartamento o en el mío. Por estas y otras razones, sobra decir que con nuestros antecedentes y su pinta, no lo había presentado a Andrea ni lo habría hecho si no fuera por esta necesidad.
Dos semanas más tarde, estaba preparando todo para el encuentro. Supuse que el escenario propicio fuera en mi apartamento, así que con la ayuda de mi enamorada preparamos una elegante cena. El vestido que ella eligió para la ocasión estaba a mitad de camino entre elegante y provocativo. Su ropa íntima fue mi elección.
Traté de crear un ambiente agradable para que se conocieran. De esta manera, si las condiciones se daban, todo podía consumarse esa misma noche y superar prontamente esta prueba insensata.
Los tres sabíamos de lo que se trataba esta morbosa reunión, y evidentemente teníamos claro el resultado final de la misma, pero en todo caso intentamos disimularlo un poco para aliviar algo la inevitable tensión.
Durante la cena ella se comportó amigable pero discreta, él divertido pero respetuoso. Fue mi sugerencia poner algo de música suave. Él propuso salsa romántica. Así que al terminar la segunda botella de vino, los dos bailaron. Luego de algunas piezas Casanova se atrevió a darle un beso a mi chica en la boca. Al verlos sentí un corrientazo extraño, no estaba seguro de cómo manejar lo que frente a mí ocurría. Tenía dudas sobre si participar o no del affaire, o mejor insinuarles que continuaran la fiesta en privado, en la alcoba. ¿Ver o quizás solo escuchar? ¿Ser un voyeur, o unirme y convertirlo todo en una pérfida orgía? ¿Dejarlos a solas quizás?
Fue Andrea quien me tomó por sorpresa, cuando apartándose le dijo muy cortésmente a Jorge que quería hablar en privado conmigo. Me arrastró a la alcoba, y me pidió que nos sentáramos al borde de la cama. Estando allí me soltó que no podía seguir con esto, que lo único que podía hacer era beber hasta emborracharse, y sólo así, inconsciente, podría pasar algo entre ella y ese hombre mientras yo esté presente. Me imploró de nuevo que deshiciera todo, todavía era posible que me echara para atrás y que olvidemos el asunto. Obviamente estaba turbada pues le sudaban las manos y su voz era queda y temblorosa. Así que ataqué con renovado esfuerzo:
- Pero dime al menos ¿te parece atractivo siquiera? No me digas que no, que mentirme es una forma de engaño.
- Es guapo, no lo niego. Pero no lo quiero. No lo conozco. No soy capaz de hacer esto en frente tuyo. Me da vergüenza solo pensarlo.
- Y si ¿yo no estuviera?
- Pero qué dices ¿te vas y nos dejas solos?
- Sí. Invento una excusa.
- No por favor mi cielo, así no... No nos dejes solos ahora. Hagamos esto: si vamos a hacer algo, mejor que sea mañana, pero hoy no. No estoy lista. Tú te quedas en otro lado mientras yo lo espero en el apartamento.
Estaba desconcertado y así se lo expresé. El momento había sido perfecto. Si lo hubiera hecho esa misma noche, todo habría ocurrido sin tanta complicación. Ella mantuvo su posición que no era capaz de hacer algo atrevido estando yo presente. Me lo dijo varias veces. De ninguna forma lo haría. Y salir a un motel la haría sentir aún peor. Si alguien conocido por casualidad la viera en esas. Finalmente estuvimos de acuerdo que todo ocurriría en mi propio apartamento, pasaría la noche en otro lado hasta que sea ella quien me llame.
Salimos, y manojito de nervios invitó a Jorge a que la visitara la siguiente noche. Que la velada por esta vez había finalizado.
Sin que fuera necesario de inventar mentiras ni rodeos, les ofrecí mi apartamento para la siguiente noche a fin de "que se sintieran más cómodos". No tengo idea de lo que estaba pensando al ofrecer a mi futura consorte para que otro hombre la posea en mi propia cama. Lo que sí es cierto es que había tenido un momento de claridad en el que pude darme cuenta que los sentimientos de morbo y ganas superaban los celos y la rabia, acepté que estaba enfermo de un deseo sado - masoquista.
La noche siguiente y antes de dejarla sola, me aseguré que todo estaba preparado para el cortejo. Bebida. Carnitas para picar. Preservativos de varias texturas y colores. Menudo anfitrión era yo al ofrecer casa, cama y dama.
Me registré en un hotel cercano. No dormí en absoluto. Una suma de nervios pero inexplicable excitación me lo impedía, me quedé pensando lo que estarían haciendo ellos durante toda la noche y madrugada. Demencia total. Qué ridiculez era esta que estaba sintiendo.
A primera hora del día siguiente mi celular sonó. Era ella. Su voz tenía un tono de urgencia.
- Se ha ido. Jorge se ya se fue. Ven pronto por favor, ven ya amor.
- ¿Qué pasó? ¿Estás bien?
Por un segundo o dos, y aunque yo había sido el promotor de este obsceno proyecto, quise que su respuesta fuera que no resultó. Luego de un rato, me dijo con voz queda
- Ven Mario. Ven ¿sí?, ven aquí ya que te necesito. Ven.
El último "ven" lo dijo con la voz quebrada por un suspiro. Luego escuché un sollozo y colgó.
¡¿Qué hice?! Uno siempre imagina lo peor. Mi corazón saltó y me di cuenta que quizás todo esto había sido un monstruoso error.
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*Si todavía le quedan ganas de saber el desenlace de mi historia, sea tan amable de seguir este enlace:
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