*NOTA BENE. Quizás le convenga leer el principio de este relato, para no quedar en las nubes si lo agarra por la cola. Igual se entiende, pero le provoca desde el inicio:
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La encontré en la sala, tenía un aspecto demacrado, con su lindo vestido mal puesto, el cabello desordenado, desaliñada por completo. Un hedor dulzón saturaba el ambiente. Se notaba que Andrea tampoco había dormido.
Con ansiedad terrible imploré que me contara lo ocurrido, así que dijo casi susurrando:
-Te juro que no sé cómo pasó, debes creerme que no sé cómo pasó.
-Tranquila, ya sabes que no debes ponerte así de mal, que ya me lo imagino todo. Pero quiero que me lo cuentes al detalle. Ya cálmate que todo está bien ahora, y no me tengas en suspenso que quiero saberlo.
La tomé de la mano, luego la abracé, mi voz serena y mi sonrisa la relajaron un poco. Parecía que había llorado. Y ya más controlada:
-Es que… ya te dije Mario… que yo no quería, te digo la verdad esto no lo quería. Todo lo hice para complacerte, pero creo que lo hice mal, está mal todo.
-Pero qué cosas dices mi nenita, si no puede haber manera de hacerlo mal, menos tú… vamos a ver, cuenta, cuenta lo que hiciste.
-Me ha… penetrado (con un hilo de voz)
-¡Pero eso es todo! Si ya sabía yo que eso pasaría. No estés así que no has hecho nada malo. Ya lo has probado, y mejor dime si te ha gustado. Ven, dime si tu despedida de soltera ha sido lo que esperabas. Háblame más amor.
-¿Qué no entiendes?… te digo que me ha penetrado. No me di cuenta y cuando lo hizo ya estaba adentro, luego quise pararlo pero no pude… ya no pude detenerlo… le advertí que así no... Que de ese modo no... Que me soltara. Pero me agarró de las manos con más fuerza todavía, me puso en cruz, ya ves que con su peso, traté pero no me pude zafar. Tienes que creerme, que lo intenté. Le supliqué que se quitara, y aunque un instante quise gritar por ayuda, no lo hice, amor no lo hice… perdóname... No fue mi culpa… bueno sí ¡pero también es la tuya!
Tenía que estar definitivamente mal de la cabeza, porque una emoción mezquina me embargó. En mi calentura me había masturbado tres veces esa madrugada, solo imaginando lo que estaba pasando en el apartamento entre mi Andrea y Jorge. Nuevamente sentí ese insoportable calor, me había excitado con esa charla al punto que mi sangre bajó a los pantalones, tenía otra vez erguido el miembro. Así que le respondí:
-No, de eso ni hablar, que ambos al final lo quisimos. Por qué estas así de todas formas, mira que así como lo dices, parece que a ti también te ha gustado. Ni que te hubiera violado. ¡¿O qué hizo?! ¡Dime que no lo hizo!
-¿Violado? ¡No! Ya te lo dije... pero me lo ha metido… me hizo suya y ha llegado, se ha corrido dentro de mí, no pude evitarlo, no pude sacarlo a tiempo… me lo echó todo dentro de mi cuerpo, me llenó toda… ¿no ves que aún siento que goteo? y lo que me da más vergüenza ¡lo hizo de nuevo!
En ese momento mi arrechera, si me disculpa, se convirtió en nerviosismo. Había condones suficientes en el apartamento para atender una maratón sexual. El plan era que el acto se consumara con protección. Me molestó mucho porque ni siquiera yo hacía el amor con ella sin preservativo. Aunque de todas formas ella planificaba con el dispositivo intrauterino para mayor eficacia, es sabido que tal método no es ciento por ciento infalible. Un sudor frío corrió por mi espalda. Con más preocupación y súbitamente espantado el deseo, le pregunté que cómo había ocurrido, en qué momento se salió de control la situación. Pero ella no quería darme los pormenores. Y así estuvimos un buen rato. No quería contarme más, le daba mucha pena. Tire y afloje, ella se sostuvo en que no se dio cuenta de cómo fue que terminó con el semen de ese pícaro en sus mismísimas entrañas.
Como no logré que hablara, opté por decirle que no le creía. Que no me tragaba ese cuentico de que no se enteró de cómo llegó a ser accedida así, sin cuidado. Ni que fuera tan sencillo como resbalarse y caerse por accidente, y ¡oh!, "disculpe usted madame, ¡mi pito se ha ensartado dentro de su vagina! Que no soy idiota. No me molestaba que haya tenido intimidad con alguien más, ese era el punto de este concierto infernal al fin y al cabo, pero sí me había dolido la parte en la que no se hubieran cuidado. Con tantos riesgos en estos tiempos, pero con métodos para sortearlos a la mano, le recriminé que no le hubiera exigido a aquel hombre que se forrara ese condenado pájaro. Al ver mi enfado, solo así, pero a regañadientes, accedió contarme como había sido, desde el principio, y para probarme que no fue su culpa.
Recuerdo perfectamente la conversación que luego siguió. Acorde a su promesa su relato fue más o menos detallado. Mientras, lo visualicé vívidamente conforme me iba contando. Con voz queda y muy pausadamente, mi futura mujer empezó diciendo:
“Te he dicho más diez veces que yo no quería. Inclusive acordamos con Jorge que me siguiera la corriente, que te contáramos que sí lo habíamos hecho, que finjamos que habíamos tenido sexo pero solo para darte gusto. Era mejor que en serio no hagamos nada. Yo jamás quise esto, mira que no lo pedí, y si acepté fue para sacarte esa idea boba de la cabeza. Debes saber que yo esperé que te arrepintieras, que me llamaras al celular, que no dejes llegar esto tan lejos. Él me dijo que bueno, que nos quedemos juiciosos, que mintamos y digamos que sí hubo juego. Aquí no ha pasó nada. Gran mentiroso. Es muy persuasivo, todo un seductor. Me convenció de tomar un coctel fuerte pero rico. Bien sabes que el trago me hace daño. Todo fue de mal en peor cuando sacó la marihuana. Sabía lo que era eso, pero nunca la había tenido frente a mí. Me invitó a probarla. Nunca había lo hice antes, ves que ni siquiera fumo. "Algo malo hay que probar en esta vida por lo menos una vez" – y me hizo caer en la cuenta que si esta era mi despedida de soltera, por lo menos había que hacer algo emocionante.
Mario, fumamos. Yo creo que mucho. Me enseñó cómo, y al principio no me gustó. Dizque aprendí rápido y que lo hacía como experta. Patrañas. No recuerdo cuánto fumamos. Luego todo fueron risas y más risas, esa cosa me dio ganas de reír… y sentí un mareo rico. Al revolver todo con trago, se me estaba pasando la pena, los nervios, olvidé todo. Con tanta cháchara tu amigo me enredó, con aquello esta era mi última noche de hacer lo que me diera la gana, así que le di permiso que sigamos. Me dije a mi misma que nunca jamás, jamás me volvería a portar mal con nadie… solo contigo. Entonces nos pusimos a jugar. A jugar con naipes a las prendas. Y aunque mareada por el trago y esa droga, me prometí no pasar de tontear otro rato con Jorge…”
Se quedó callada. Se quejó de que tenía mucha sed. Saqué un poco de jugo de la nevera, pero prefirió una jarra con agua que bebió casi hasta la mitad. Le pedí que continuara, pero lo único que agregó fue que “luego pasó lo que pasó”
Yo no estaba del todo satisfecho con esa historia. Le imploré que me contara todo el rollo completo. Sobre todo aquella parte en la que lo hicieron sin cuidarse más de una vez, porque si fue a la primera fue un desliz, hasta pase. Pero eso de repetirlo adrede todavía no me quedó claro. Como ya no me notó tan alterado, entonces continuó:
"Ves que no soy buena jugando y menos con las cartas, me dejó en interiores cuando él no había perdido no siquiera la camisa el muy tramposo. Es que desde que estamos tú y yo de novios, ningún otro hombre me había visto así como estaba. Hasta ahí llegaba yo, le di la partida por ganada. Me planté haciéndome la brava, no me quitaba ni brasier ni tanga. Se acabó el juego. Pero no. El no quiso. Que estaba divertida la noche y que si con esa ropita estaba tan deliciosa, cómo sería sin nada. Me propuso una última mano. Todo o nada. Si le ganaba esa, punto final y se acabó la fiestecita. Y aumentó su apuesta: de perder él se quitaba toda la ropa y salía a la calle en bola y manejaba empelotado hasta su casa. Para sacármelo de encima le dije que bueno. Yo solo perdía una prenda más y listo. Pero si lo vencía, él se iba para su casa y me quedaba con una broma qué contarte. Manipulador. Mario, que creo que me dejó ganar ese juego como pretexto. Y sin yo pedirlo se quitó la ropa delante mío. Sin pudor. Me asusté. Estaba loco, desfiló e hizo baile y todo, hasta me hizo reír con la payasada. Y sonriente cogió las llaves del carro, supuestamente que se iba entonces, porque una apuesta era una apuesta y las deudas de juego que son sagradas. Ni de riesgo. Le grité. Qué van a decir los vecinos. No tenía que hacerlo, que se ponga la ropa, que no ande con esas tonterías, que lo podían meter preso por andar armando escándalo. Exhibicionista. Amor, me tocó arrastrarlo hasta dentro del apartamento porque ya estaba con un pie afuera, parecía que iba en serio. Yo rogándole que no haga eso, con el miedo que alguien se dé cuenta que estaba en cueros y yo casi en las mismas. Qué tal una vecina chismosa nos viera, y llame a la policía ¡que descrédito!
Tanto hacer entró de nuevo, pero me reclamó que yo había cambiado las reglas, y él tenía derecho a poner también una penitencia. Me dio miedo otra vez preguntar que cuál era ahora su cuento, y me amenazó que si no lo dejaba besar mis senos esta vez se tiraba por la ventana. Me aseguró que solo hacía eso y por un ratico. O que me atenga. Y yo que no. En serio que eso no, que ya habíamos hecho muchas babosadas por una noche. Propuse seguir con el plan de contarte que sí habíamos hecho el amor, pero solo para que te lo creas y dejes tranquila esa idea. Le ofrecí a cambio un solo beso. Pero entonces se levantó y empezó a ir hacia la ventana que da al balcón. Yo dije cierto, este estúpido va a hacer algo grave y no se da ni cuenta. No lo podía parar por más que me agarré a sus piernas, él se arrastraba cada vez más cerca a la ventana que da al balcón, y cuando llegó la abrió y se paró casi al borde del balcón, desnudo todo y sin que le importe quién lo vea, de verdad estaba aterrada. Fumados, dije, este tipo era capaz de lo que sea.
Para calmarlo accedí, pero pedí que entre y cierre la ventana. Antes de continuar le puse la condición de que se vista. Así desnudo no dejaba que se me acerque. Sonrió pero solo volvió a ponerse el bóxer. Luego pensé en entrar al cuarto y encerrarme con llave, pero me acordé que con la pataleta que hizo antes, si algo le pasaba todos nos metíamos en un lío. Así que me senté en el sofá de la sala lista a desabrocharme el sostén, pero él no me dejó. Me llevó en brazos hasta el cuarto, y me acostó sobre la cama. Nuestra cama. Yo temblaba y quería que todo pasara rápido, que Jorge no se pase conmigo, que no haga más que probarlos. Créeme. Fue él quien me quitó el brasier. Lo hizo a un lado y se los quedó mirando. Después empezó a hacerlo. Los besaba, lamía y chupaba como si quisiera sacarles leche. Perdóname. Aunque te dije que no quería cruzar la raya con él, confieso que me estaba gustando. Se divirtió un buen rato con mis senos, tanto que de pronto estaba mojada y me dio tremendo susto. Quise parar, le pedí que ya no más, que eso cuenta como haberlo hecho todo, que ya termináramos. ¡Qué va! Jorge me seguía acariciando y casi sin enterarme me empezó a bajar la tanga. Cuando estaba a mitad de camino, me resistí, quise pararlo… De verdad… no me mires con esa cara… con habilidad me la quitó y en un santiamén me di cuenta que él también estaba desnudo. No supe cómo lo hizo tan fácil. En qué momento se quitó el bóxer. Entonces pasó… y eso fue todo. Ya te lo dije. No me preguntes más.
Mi mente de nuevo giraba, estaba alucinado, el hedor dulzón, la fantástica perversión de la escena que ella me narraba me había desconcertado. Yo quería que la relación sexual culminara, fui culpable de poner a mi novia en esa situación, y no podía culparla por rendirse. Que ella se entregara a otro hombre con mi licencia, había sido la obscenidad más intrigante a la que pude haberla conducido, todo este embrollo fue por mi causa. Sado masoquismo puro y simple. Ella no quiso hacerlo, pero luego sí. Yo inicialmente lo deseaba, pero luego ya no. Un acto pervertido que de repente indicaba un estado de salud mentalmente perturbado. Lo peor era que cuando me estaba contando con el mayor rigor los prolegómenos de la consumación del acto, otra vez pasé de la náusea a la emoción, como si fuera yo el que con ella había estado. Olvidé otra vez el riesgo que ella había corrido. Olvidé las posibles consecuencias de esa relación carnal. Y quise saber más, así de turbado estaba. Volví a reclamarle que si ella inicialmente se opuso, cómo es que lo dejó continuar. Entonces prosiguió:
“Creo que estás enfermo. Ambos lo estamos. Conste Mario que tu empezaste esto… Después que forcejeamos, se quedó quieto, pero me tenía crucificada de manos y atrapada por su peso, así que tampoco pude moverme. Jorge me calmó, que no tuviera miedo, que esto era lo que todos queríamos que pasara. No tenía chiste decir que habíamos estado juntos sin haberlo estado. Que lo dejara hacer. Insistió en que mejor aproveche, pues un permiso de estos no me lo volvían a dar en la vida… que no sea ingenua y que lo goce. En poco tiempo sería una feliz y aburrida esposa el resto de mi existencia. Hasta entonces podía ser libre, libre de ser la puta más rica y gozona del mundo… por una sola vez y luego nunca más…
Con todo lo que habíamos metido, maldita sea, pensé con rabia que tú fuiste quien me puso en estas, y que si eso era lo que querías pues te iba a dar gusto. Le dije a Jorge que está bien. Pero no así. No señor.
-“Ponte un condón” le pedí.
-"Listo, pero más tarde. Espérate un rato que así estamos lo más de rico. Déjate consentir otro poco mamacita" Fue lo que me prometió.
Y yo de boba le creí. Me dio besos en el cuello, en la boca, en los hombros, ya sabes que me vuelvo loca con esos besos… Con una mano me acariciaba, la otra la pasó por mí espalda, y... pues me estaba dejando llevar, qué esperabas, me confié en que podíamos parar antes de que lo hiciera... los preservativos estaban en el nochero. Me susurró cosas, muchas cosas al oído, unas bonitas, otras cochinas, sabes que no soy mal hablada, pero este hombre me dijo que era la zorra más rica con la que había estado. Y no más. No aguanté más, y le pedí que se ponga el maldito condón, qué lo estaba esperando...
No fue mi culpa. Me había puesto caliente, me quemaba por dentro, te digo que de lo empapada que estaba no sentí cuando me lo metió. O tal vez fue que no lo tiene tan grande como el tuyo, además estaba sin condón. Fue que despacito bajó la mano, me levantó la cola y suavemente lo metió todo. Te juro que al principio no lo sentí entrar. Primero se quedó quieto hasta que empezó a moverse, ahí supe que me había penetrado ¡sin condón el desgraciado! En serio que le supliqué que lo sacara, que se ponga el preservativo y que lo dejaba hacerme de todo, pero él no se detuvo.... de veras amor que yo se lo pedí pero a él no le importó, y entre más le rogaba menos caso me hacía... ¿qué querías?"
- Y claro, tú tan resignada, tan sufrida (respondí con sorna)
- Ya no te cuento más entonces. Te dije lo que pasó. Eres tú el que insististe en que esto suceda.
- Bueno, bueno, no te pongas así. Lo lamento. Tienes razón. Entonces, ¿luego qué siguió? ¿Qué más pasó? No me dejes así, no seas malita (en tono mimado)
- Eres tan morboso que me asustas. Pues qué iba a ser, que por más que rogué que pare, más rico se movía. Sí. Ya lo sabes. Te lo he dicho. Si eso es lo que querías saber, me lo estaba haciendo bien. ¿En qué estabas pensando cuando me empujaste a esto? Ahora lo sabes, lo estaba gozando. Y me salió con esa tontería que no iba a correrse adentro, que estaba todo bien, que estaba controlado... qué diablos esperabas, me solté, me llevó el momento. Olvidé todo... Jorge siguió y siguió metiendo y sacando. Duró hartísimo. Y sudamos, tanto que era delicioso. Eso no nos había pasado a nosotros antes Mario, como si nos hubiéramos duchado, y entonces fue que me vine. Me hizo temblar del gusto. ¿Qué más quieres saber tonto?
- Ajá. No sé qué decir. Al menos lo has disfrutado. Qué más, dime más mi amor. Te creo todo. No fue tu culpa.
Con estas palabras, la angustia inicial que embargaba a Andrea cuando empezó nuestra conversación, se había transformado. Ahora su actitud era considerablemente más tranquila, como si estuviera haciéndole confidencias a un viejo amigo. Y siguió:
- Tuve mi orgasmo. Fue inevitable. Con tanto juego previo moría de ganas. Pero él no había acabado, y seguía empujando y empujando. Lo que le faltó en tamaño a su miembro lo compensó con movimientos. ¡Qué movimientos! Mi cielo, debo decirte que tú eres el mejor, pero no puedo ocultarte que Jorge estaba bueno. Con besitos y mordiscos me estaba llevando a mi segundo orgasmo. Ni siquiera me acordé que no estábamos protegidos. Me agité, quería llegar rápido, moví mis caderas lo que más pude, y gemí desesperada. Entonces Jorge me abrazó bien fuerte y lo sentí empujar más y más aprisa... pero me faltaba para la meta entonces alcancé a decir "no te corras te lo imploro, ¡no te corras todavía! Pero ni modo. Me apretó muy duro y tensó todo su cuerpo, cayó sobre mí agitado y dejó de moverse, señal que el desgraciado me lo había echado todo, todo adentro. Esta vez me dejó al borde del segundo orgasmo, pero no pude alcanzarlo.
- Supongo que ya entrada en gastos...
- No, espera. No fue así. Reaccioné entonces. Me di cuenta que la habíamos embarrado. No podía aguardar a que se saliera solo, su pene todavía palpitaba dentro de mí, y casi lloré para que lo sacara inmediatamente. Lo único que quería entonces era en que este hombre se baje, me deje levantarme y rogar para que el semen saliera. Me paré y comencé a saltar. Se mató de risa el muy cabrón. Me dijo que no sea infantil, que eso no servía para nada.
Quise ir al baño, pero antes de llegar a la puerta, Jorge brinco de la cama y me detuvo. Le dije que era un maricón desgraciado, con bofetada y todo. Mientras, él seguía riendo. Lo agarré a manotadas hasta que dejó de reírse, se puso serio, me cogió de los brazos, los puso por detrás de mi espalda y se me apegó de nuevo. Lo sentí duro otra vez. Me abrazó y sedujo de nuevo con palabras bonitas, halagándome con lo maravillosa que yo era, que la mía era la chocha más exquisita que se había comido, que era el hombre más feliz del mundo pero a la vez el más desconsolado ahora, porque esto que ocurrió entre nosotros no volvería a pasar, también que sentía lástima por él mismo y envidia enfermiza de ti, porque no volvería a tenerme. Que lo único que quería era hacerme suya completamente, aunque sea por una sola noche, y me rogó que lo perdonara.
- Mmm. ¿Y cómo entonces te convenció de hacerlo otra vez? Anda. Que no te he pedido que pararas corazón. Ya, está bien mi cielo. Lo hecho, hecho está. Y te perdono. Debí saber que Jorge era un aprovechado.
Todo había cambiado. El ambiente era ahora completamente distendido, Andrea me miró con ojos lujuriosos y culminó su narración sin pudor:
- Eres bien malvado, la cabeza que tienes. Veo que esto te está gustando pervertido. Entonces sigo. Yo estaba todavía entre un poco enojada y asustada. Sí. Pero también me quedé con ganas del segundo, que me faltó poquito para otro orgasmo. Qué más da, los platos ya fueron rotos. No había nada que hacer, usar ahora condón entonces, era como abrir un paraguas dentro de una piscina. Con sus manos en mis caderas, me comió a besos una vez más, luego empezó a frotarse con mi cuerpo. Yo ya no aguanté entonces se lo pedí, "Ven pues cretino, que me dejaste toda ensayada". Todavía de pie, me agarró de los muslos y me levantó sin hacer fuerza. Lo hicimos parados, harto rato, sin cansarse, así de duro lo tenía. Ni siquiera le temblaban las piernas. Me agarré del cuello y una vez más pude llegar. Pero esta vez no se corrió. Yo quería que lo hiciera. No importó el cansancio. Estuvimos juntos hasta la madrugada. En varias poses. Al final, alcanzamos otro clímax la última vez casi al mismo tiempo. Espero que estés contento. Querías que fuera una puta. Te lo he concedido. Querías que te contara como fue todo. Ya está. Todo es cierto. Apenas Jorge se fue, lloré. Primero de arrepentimiento, porque sentí que te había traicionado por dejarme coger sin cuidarnos. Lloré de vergüenza y rabia, te lo digo, pero debes enterarte que después de todo, al fin de cuentas, lo he gozado. Y te lo mereces por haberlo permitido. Si eso era lo que esperabas, si eso era lo que tu mente retorcida buscaba, ya lo tienes. Y ahora que ya está hecho, quiero que me hagas el amor ahora mismo, y luego desayunemos, ¡que me muero de hambre!"








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login EntrarExcelente, quisiera tener una aventura como esas. Espero que haya mas de esta historia