Era un principio de verano hace un año cuando conocí a una chica en mi lugar de trabajo que tendría unos 28 años, casada y se llamaba Carmen. Me impresionó lo atractiva que era, una morena pelo largo, delgada y con un buen par de tetas. Al poco tiempo fui a comer a un restaurante que conocía y me la encontré trabajando allí, me saludó y como servía en las mesas cambiamos dos palabras, las justas del servicio. No tenía que ver nada del uniforme que llevaba al verla de particular. Han trascurrido ese año y durante ese tiempo yo he continuado yendo a comer a ese restaurante, unas veces solo y otras con amigos, aunque tres o cuatro veces al año solamente. Nuestro cruce de palabras cuando me servía por el tiempo que nos conocíamos eran las clásicas de trabajo, comida, gente, etc. pero muy cortas pues estaba vigilada constantemente por el jefe.
Hace unos 2 meses la volví a ver en mi trabajo e iba con un pantalón ceñido y un suéter con un escote que le podía ver un poco las dos tetas tan preciosas que tenía. Insistí en la mirada pues eran dignas de ver, en unos de los viajes ella se dio cuenta que se las estaba observando pero no hizo ningún gesto ni movimiento para eludir que se las viera. Si me di cuenta, como si se hubiera puesto un poco roja.
Ese día me apeteció ir a comer donde trabajaba, fui un poco tarde y prácticamente la gente se había ido ya, sólo quedaba una mesa más. Pedí la comida y me la sirvió ella, estaba sentado en un rincón del restaurante que si el jefe no se acercaba no nos podía ver. Entre bebida, aperitivo, platos, quitar platos, etc. hizo varios viajes; en uno de ellos me sonó un whatsapp de un amigo que me enviaba dos fotos de sexo. Nunca habíamos tocado ese tema y no sé por qué en esta ocasión hasta le enseñé, primero una foto de un negro con una buena verga haciendo contorsionismo que llegaba a darse una mamada el mismo, se fue y cuando vino de nuevo a traerme un plato, le enseñé la otra foto del whatsapp que era una mujer haciendo una garganta profunda con una verga grandota. Me di cuenta que se le puso la cara roja igual que cuando vino a mi trabajo.
Hicimos varias veces comentarios de sexo durante la comida. El jefe en uno de los momentos que estaba sirviéndome vino y me pregunta a mí ¿de qué estáis hablando? Por la confianza que tengo, le respondí, es que tú te quieres enterar de todo. Tal cual quedó así.
Al rato vino el jefe, ya estaba tomando el café y como llegué tarde, se había hecho tarde. El restaurante se cierra pero se queda una persona dentro por si viene algún proveedor o si llaman por teléfono para reservar alguna mesa. En este día se fue el jefe y se quedaba Carmen, pero dijo que vendría dentro de una hora para que ella se pudiera ir.
Me quedé sola con ella pero me levanté a tomar una copa en un mostrador pequeño que al lado había una puerta que era una especie de almacén. Ella continuaba haciendo su trabajo pero prácticamente siempre estaba cerca.
Le decía que cada vez que pasaba, me fijaba con ella, con ese culo tan redondito con el pantalón ajustado que se le metía un poco dentro de la rajita. Que deseaba ver sus tetas tan hermosas, bellas y perfectas. Por estas conversaciones mi pene se estaba poniendo un poco gordo y se me notaba, cosa que no eludía y me ponía de manera que cuando pasaba cerca de mi lo notara a la vista. Terminó su trabajo y esperaba que viniera el jefe pues aún tardaría más de 45 minutos pues había ido a un pueblo cercano y era imposible que llegara antes.
Continuamos con comentarios de sexo, que le hacia su marido, si lo tenía muy grande, si ella se lo tragaba todo o no, si lo había hecho con alguien más. Note que se estaba un poco excitando. Al rato me dijo ven y te enseñaré el almacén. El restaurante estaba cerrado y no podía entrar nadie.
Nada más entrar al almacén se me cogió del cuello y me dio un beso fuerte, entusiasmado, profundo y apasionado. La lengua me la metió dentro de mi boca al instante, rozando y friccionando con la mía. Yo la abracé de la cintura y como notaba sus tetas pegadas a mi pecho y ella haciendo fuerza con su barriguita para notar mi pene que estaba ya muy gordo, cosa que yo le empujaba más. Me separé y le desabroche del todo la camisa del uniforme para poder ver sus tetas ricas, se las saqué del sujetador y las besaba, les pasaba la lengua por todas ellas, se las mordía, ella gemía, después le succionaba los pezones y se los mordía, estuve un rato disfrutando de ellas, luego volvía a besarla , le puse la mano por dentro del pantalón que era un poco elástico y llegué hasta su rajita donde la encontré muy mojada, le acaricié su clítoris mientras la besaba y me di cuenta que le estaba llegando un orgasmo, sigue Roque, no pares, sigue por favor que me vengo y estoy disfrutando, le llegó y yo seguí, continúe hasta el extremo que volvió a tener otro orgasmo. Mi mano toda mojada, las tetas fuera de la camisa con los pezones de punta por los mordiscos y los orgasmos y como se las tocaba también.
Me salí a continuar con mi copa, ella salió al rato ya bien vestida con su uniforme, pues el jefe tenía que venir.
Le dije que teníamos que terminar lo que habíamos empezado, pues cuando viniera el jefe la esperaba, antes de ir a su casa, en un apartamento que tengo, le dije donde era y me fui. Estaba convencido que vendría pues noté que le apetecía terminar, había tenido dos orgasmos y quería más.
Una vez en el apartamento que era pequeño un comedor con cocina, una habitación con cama grande y un cuarto de baño. Desde el comedor se divisaba el mar, una vista preciosa. Encendí toda la calefacción, los dos aparatos con el fin de que cuando viniera estuviera acogedor en cuanto a temperatura.
No tardó mucho en sonar el timbre de la puerta. Abrí y ahí estaba Carmen con unos ojos saltones que me decían quería sexo. Nos dimos un abrazo bien unidos y un gran beso con lengua, estuvimos un rato de pie disfrutando.
Directamente nos desnudamos y nos pusimos en el sofá, la cogí del cuello y empecé a besarla ella me seguía me daba la lengua que la ponía toda dentro de mi boca, me mordía mis labios. Después de acariciarle las tetas, que no eran caricias, era sexo pues se las apretaba y retorcía sus pezones, no podía gemir tenía la boca sellada por mis labios pero se le notaba al respirar. Le bajé mi mano hasta su rajita, las piernas las tenía abiertas esperando, ¡¡¡cómo le masajeaba su clítoris!!! Ahora si le oía gemir pues le estaba besando y mordiendo sus tetas. Le puse tres dedos en la boca para que los mojara bien y metérselos dentro de su vagina. Se los puse varias veces en la boca y cada vez más profundo pero no le gustaba.
Una vez los dedos dentro de su coñito los metía y sacaba cada vez más rápido y ya le vino el orgasmo, la besé en la boca y yo seguía, mientras se le notaba toda la excitación que llevaba. Para Roque por favor déjame un segundo, no puedo más me pones a cien, ¿cómo es posible después de tanto tiempo nos hayamos dado cuenta ahora de nuestra atracción? Le puse una almohada en el suelo para que se arrodillara entre mis dos piernas y empezó a manosear mi pene que prácticamente ya lo tenía erecto, luego le chupaba todo el glande, lo metía y sacaba en la boca solo la puntita, me pasaba la lengua por todo el palo una y otra vez, mientras le estaba tocando sus tetas. Carmen póntelo todo en la boca, quiero ver como lo tragas. Iba metiéndoselo poco a poco, lo metía lo sacaba me daba mucho gusto pues cada vez que se lo ponía en la boca, con la lengua lo friccionaba todo. Le decía: inténtalo que sí que puedes abre bien la boca. Lo probó una vez y cuando tocaba la campanita le daba arcadas. Otra vez Carmen, este viaje lo mantuvo apretado a la campanita pero a la siguiente con un empujoncito se lo tragó todo, sus labios quedaron pegados a mi abdomen, estuvo unos segundos y cuando lo sacó tiro un montón de babas de la arcada. Sigue chupando que quiero que notes algo bueno pues he estado a punto de correrme, así lo hizo después de un ratito noté que me venía, ella también lo notó, abrió la boca y le dejé toda mi leche en su boca que una parte la tiró pero la otra se la tragó, después estuvo chupándome toda la punta y saboreando la poca leche que salía.
Se levantó, se sentó en el sofá unos instantes, y me dijo que quería notar mi pene dentro de su vagina, lo deseaba pues el tamaño era muy envidiable, después nos fuimos a la cama, ella tenía el la cuca muy mojada.
Se acostó boca arriba y yo encima abrazándola y besándola, mi pene estaba prensado por nuestros abdómenes que pronto se puso tieso otra vez, ella lo estaba notando muy bien y me dijo, Roque pónmelo todo pero por favor no te corras dentro pues no tomo anticonceptivos. Le levanté las dos piernas que ella cogió con sus dos manos, le di unas buenas chupadas a su clítoris y le metía la lengua dentro de su vagina y como lo tenía bien húmeda le entró mi pene enseguida, llego hasta el final pues dio un chillido de dolor y placer a la vez. Continuaba metiéndola hasta el fondo pues notaba que tropezaba y sacándola, después de un rato corto nos íbamos a correr los dos. Roque sigue, sigue, sigue que me corro y así fue, dejo caer las piernas y me abrazó fuerte mientras estaba con el orgasmo y mi pene dentro, al instante me separé y le puse el pene dentro de la boca y le dejé toda mi leche, en esta ocasión vi como la saboreaba y después se la tragó toda.
Vimos la hora, era un poca tarde pues tenía que ir a casa y después a trabajar. Mientras nos vestíamos me comentó que había pasado una tarde maravillosa pues había hecho dos cosas que con su marido nunca había hecho. ¿Cuáles? Una tragarme todo tu pene hasta dentro y pasando la campanita y la otra tragarme la leche. Me han gustado las dos. Me dio un beso y se fue. Después he ido dos veces más a comer al restaurante y como si no hubiese pasado nada. Ella me servía los platos con toda normalidad y los comentarios como los de siempre y así terminó la historia.








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login Entrardulce infidelidad. mientras vuelva a casa y no hiera a nadie, le pone mucho más pasión a un encuentro casual. muy bueno