Pagando La Carrera
Relato de comunidad Hetero: Infidelidadschedule 4 min de lectura calendar_today Diciembre de 2014

Pagando La Carrera

Dos de la madrugada. Regresaba de una noche de copas con unas amigas y el barman del sitio, con sus miradas y el roce de sus manos suaves sobre las mías entre trago y trago, había dejado en mí algo más que una simple calentura. No podía esperar hasta que él decidiera hacer uso del número....

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Contenido adulto. Este relato fue escrito por un miembro de la comunidad. Léelo solo si tienes 18+ y mente abierta.

Dos de la madrugada. Regresaba de una noche de copas con unas amigas y el barman del sitio, con sus miradas y el roce de sus manos suaves sobre las mías entre trago y trago, había dejado en mí algo más que una simple calentura. No podía esperar hasta que él decidiera hacer uso del número de celular que le dejé para calmar las ganas inmensas que tenía de hombre. Mi esposo estaba de viaje y mi cama esperaba por mí sola.

El taxista me lanzaba miradas furtivas por el retrovisor y yo hacía uso de mi coquetería para mostrarle que me gustaba. Treinta años, quizá un par más, ojos verdes, barba de tres días y labios carnosos hicieron que mi imaginación volara. Tenía una foto de dos niños en el tablero lo que me dejó la terrible responsabilidad de decidir actuar o no. Su charla fue inteligente y graciosa, eso me encendió más. No me gusta tener sexo con brutos. Cuando la charla pasó de normal a picante, mi postura corporal le indicó que estaba interesada. Mis pechos estaban a punto de saltar del escote y mi falda negra estaba lo suficientemente alta como para dejarle claro que tenía bragas rojas.

-Hoy me siento puta.- Le dije evidentemente prendida y agregué –Te quiero pagar en especie-

Después de mucho rodeo, risa va, risa viene, le puse una serie de condiciones.

Lo haríamos cerca a mi casa, en un destapado lleno de árboles que siempre mantiene solo, lejos de los vecinos. Nada de besos, ni penetración, solo quería que hiciera uso de mi concha húmeda con sus dedos y su boca si lo quería, nada más.

A los diez minutos, estaba con él en la parte trasera del taxi. Olía rico, eso me gustó. Sentí sus manos subiendo mi falda y acariciando mis muslos mientras bajaba mis bragas y me las quitaba. Estaba tan húmeda que chorreaba jugos hasta la raja de mi culo…

Su sonrisa me mataba mientras sentía sus dedos por primera vez: gruesos. Me estremecí al tacto. Me mordí los labios para no gemir fuerte cuando me erizaba por el roce de mi clítoris erecto. Recorrió mis labios y luego chupó sus dedos. “Sabes deliciosa” me dijo.

Me dio el mejor sexo oral en mucho tiempo. Su lengua me penetraba y su barba rozaba mis labios, mis muslos, mi clítoris. Clítoris que era tomado entre esos labios carnosos para ser chupado una y otra y otra vez al tiempo que me penetraba con dos de sus dedos. Yo entre tanto había sacado mis tetas por encima del escote y me acariciaba con firmeza.

Le dije: quiero venirme. Acto seguido se colocó sobre mí dejando su boca cerca a la mía sin tocarla, introdujo tres dedos muy profundamente y con el pulgar apretó mi clítoris. Me penetró con su mano de manera frenética, enloquecida y delirante. Sentía su aliento a macho y su mirada me hacía sentir deseada. Pasé de tener el control de la situación a perderla por completo. Estaba indefensa ante el deseo de un hombre por provocarme el orgasmo. Pequeños y ahogados gemidos se escapaban para entremezclarse con su respiración profunda y fuerte. Me miraba con rabia, con deseo, con lujuria y yo a él rendida ante sus manos. Cuando supe que me vendía, tomé su rostro con una mano libre (con la otra me agarraba de la silla de atrás), mirándolo fijamente con la boca entre abierta le di un beso sintiendo el sabor de su boca y su lengua. Mis piernas temblaron, me estremecí de espasmos de placer y él en un acto que me pareció terriblemente bello, tapó mi boca con su mano libre para asegurarse que no fuera a despertar a mis vecinos, eso mientras me venía a chorros sobre su mágica mano que aún se negaba a sacar de mí.

Quedé extasiada, temblorosa, desvanecida sobre el asiento, intentando de recobrar la compostura.

Se comportó como un caballero: no rompió ninguna de las reglas, solo la que yo misma traspasé, un delicioso beso.

Me ha dejado su número por si necesito otra “carrerita” y lo tengo aquí a mi lado junto al computador. Pensando si lo llamo para hacer algo más profundo. ¿Qué me aconsejan?

— cata25

9 de diciembre de 2014

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cata25

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Soy mujer heterosexual

Comentarios

1 comentario

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  • XXXJOSE
    XXXJOSE · 4 de abr de 2017

    acaba lo q empezaste

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