Este es nuestro primer relato.
La razón por la que lo ando publicando hasta ahora es que mi esposa y yo decidimos iniciar un juego sexual-erótico-romántico. Consiste en que ella y yo escribimos, cada quién por su lado, 15 ideas sexuales-eróticas-locas que hagan parte de los deseos o fantasías que estén en nuestra mente. Adicionalmente debemos incluir 5 ideas románticas y adicionar un papel en blanco. Los papeles se separan en dos paquetes. La cosa se pone buena en el momento en que yo saco uno de sus papelitos y ella uno de los míos. A continuación tenemos dos días para hacer realidad lo que pide el otro.
Bien, mi primer papelito me pide que escriba una de nuestras historias sexuales y la publique.
Antes de la historia creo conveniente describirnos ya que en nuestro perfil aún no hemos subido fotos. A ella la llamaremos Jessika Protto(es un nombre artístico que ella misma se puso y que la verdad me parece de lo más erótico). Tiene 32 años. Posee un cuerpo como para chuparle los dedos y lo demás. Es alta, delgada, con una cola dentro de las medidas, protuberante pero con un volumen elegante y delicado; paradito. Como sí fuera poco tiene unos senos de sueño de tamaño normal, redondos, paraditos y con unos pezones que invitan a saborearlos. Es alegre, muy inteligente, conversadora yyyyy en la cama es la definición entre sensualidad, fuerza y experiencia. Es la mejor amante que jamás haya conocido!!!
Yo, en adelante Nelson, soy alto de contextura media, algo deportista. Alegre, conversador, entrón. Soy un apasionado extremo por el sexo y las experiencias sexuales divertidas y fuera de lo común. En algún otro relato ella podrá hablar de mi mas abiertamente.
Bien, acá vamos. Creo que por la mala memoria que tengo, algunos detalles puedan ser imprecisos o en desorden, pero igual todo sucedió y la idea es contarles eso.
Como les decía, soy un ser altamente sexual y loco de ideas. Me ha parecido que el sexo en grupo (intercambios y tríos) es la locura total. En alguna oportunidad cuando empezamos nuestra relación, le conté a Jessika sobre mis apetitos. Ella no reaccionó mal pero tampoco es que le haya dado mucha curiosidad el tema. En algunas ocasiones afloraba el tópico en conversaciones pero ella lo evadía.
Al parecer un día amaneció con algo dentro de sí abierto a oportunidades. Le pregunté sí ella participaría alguna vez en un juego de grupo donde se pagaran penitencias con prendas o acciones sexuales. Me dijo que sí. Cuando dijo eso sentí como una ansiedad mezclada con alegría y morbo. Es como sí me hubiera dicho, “Planéalo para ahora mismo”.
Dio la coincidencia de que tenía una pareja de amigos ( en adelante Samuel y Diana) muy parecida a la descripción de pareja de nosotros, que por esos días tenían algunos problemas de índole emocional y sexual. Ahí mismo se me apareció el diablito que vive en mí y me dijo “Papito ahora sí acá fue. Propóngales algo loco a ellos tal vez eso desaparezca los problemas”.
Como yo era más amigo de ella que de él, hablé con ella. Le hice la misma pregunta que a mi esposa y me respondió que sí. Era como sí las dos me hubieran dado permiso. El permiso de él no era tan necesario por que sí era como yo, no creo que le diera mucha molestia ver a mi encantadora esposa desnuda y quién sabe, hacerle un par de cosas más.
Puede que me equivoque, pero creo que esa idea quedó grabada en las mentes de ellas dos de forma superficial y que en algún momento esperarían que sucediera.
Durante la semana quedamos mi esposa y yo de visitarlos ese fin de semana sin ninguna intención de por medio. Las visitas eran habituales.
Ese día Jessika se vistió con un top de color encendido (cosa que como por arte de magia me enciende a mi), una blusa blanca algo transparente y un jean. Yo vestí normal. La ocasión sería normal.
Llegamos donde los amigos, comimos algo y decidimos tomarnos unos tragos.
Inicia la noche tomando y sin pensarlo terminamos hablando de los problemas de cada pareja. Sátiras van, sátiras vienen. Los hombres contra las mujeres y viceversa, de la misma manera y en el sentido contrario.
Entre tantas cosas se habló de los celos, de la atracción entre las parejas…… en fin!!!
De un momento a otro mi esposa sugirió que jugáramos algo parecido a la verdad o se atreve, pero sin la verdad. Empezamos discutiendo entonces cómo sería el juego. Entre lenguas enredadas por la cantidad de licor ingerido. Decidimos finalmente jugar cartas. Todos cogeríamos una carta del mazo. Quién sacara la carta más alta pondría penitencias a las personas del sexo contrario.
Así sucedió. Empezamos ganado por parejo todos. Algunas de las penitencias incluían beber licor y eso terminó por embriagarnos y desinhibirnos, preparándonos para lo que venía.
En el orden que lo recuerdo hicimos que ellas se quitaran su ropa, que bailaran erótico entre ellas para nosotros dos. Se veían hermosas. Mi esposa es un monumento y nuestra amiga tenía su cuerpazo, unos grandes senos que en la oscuridad dejaban notar unos pezones cafes medianos deliciosos.
Ellas nos hicieron desnudarnos. En ese momento mi amigo ya estaba durísimo y ya empezaban a volar miraditas. Creo que el tenía un pene que se veía, podía satisfacer muy bien a mi esposa, en caso de hubiera oportunidad. Yo aún no lograba tener mi erección. Estaba aturdido. No podía creer que eso estuviera pasando, con todo lo que yo lo había deseado.
Entre más jugadas, a mi esposa le toco darle una mamada Samuel. La veía hermosa. Siempre me pregunté por que yo tenía esa curiosidad. Y es que verla mamando me parecía una fantasía a todo dar. Bueno, ya era una realidad. Y se veía como la soñaba. Sexy, intensa. Cuando ella da sexo oral sus labios semigruesos se ponen más rojos que de costumbre, juega con su lengua alrededor de la cabeza del pene, lo engulle con avidez, lo moja con su saliva. Me tenía a mil en ese momento. Ahí sí se me puso duro como una piedra.
Luego le toco a Diana darme una mamada a mi. Debo reconocer que ha sido una de las mejores mamadas de mi vida. Suave, con un muy buen ritmo, mojadita. Ni por asomo rozó mi pene con sus dientes. Succionaba con intensidad. No podía creerlo. Ahí me aceleré aún más. Mi esposa y Samuel miraban la escena. Creo que ella estaba a mil viendo eso y él pues algo debía sentir, pero no sabía si por sus celos de pronto podría molestarle. Sí le molestó fingió muy bien por que no se notó.
Ninguna de las mamadas llegó al punto de hacernos terminar.
La siguiente “penitencia” fue que yo le diera sexo oral a Diana. Lo pongo entre comillas por que para mí eso esta muuuuy lejos de ser una penitencia. Lo disfruto cantidades perversas. Sentir los fluidos de una mujer en mi boca, mi nariz, mi barbilla; su olor y sabor…Creo que hay muy pocas cosas que le igualen a esa sensación. Empecé a engullir su vagina con dedicación mientras ella le chupaba el pene a Samuel. Ella estaba acostada en el suelo boca arriba. Me excitó demasiado verla chupando un pene y yo abajo dándole la chupada de su vida. Pronto empezó a mojarse en cantidades industriales. Gemía poco, imagino que por prudencia, pero su cuerpo evidenciaba con retorcimientos el placer que sentía.
Samuel miraba detenidamente a mi lado izquierdo al suelo. Giré mi cabeza un poco sin dejar de hacer mi trabajo y vi a Jessika recostada boca arriba en el suelo con las piernas puestas en posición de parto. Se estaba masturbando mirando la escena. Eso no era parte de la penitencia!!! Al parecer se excitó demasiado y decidió hacer su fiesta solita mientras nosotros estábamos en lo nuestro. De un momento a otro Jessika empezó a gemir fuerte y a irse para los lados en un evidente ataque de excitación que inconfundiblemente la estaba llevando a su primer orgasmo. Mi corazón latió a un ritmo imposible. Estaba por provocarme una eyaculación ver eso.
Para ese momento llegó la penitencia que sería mi plato fuerte. Jessika debía provocarle un orgasmo a Samuel. Para mis adentros me saboreaba con la idea frotando mis manos con malicia y morbo. Vería lo que tanto había deseado??? Mi esposa penetrada y gozando con un pene que no fuera el mío??? Me estaba regodeando en mi glotona idea de verlo todo. Tenia mis testículos a reventar de semen y mi pene palpitaba de manera descomunal.
Samuel se sentó en el suelo apoyando sus manos en el suelo atrás de su espalda. Sus piernas estaban relajadas en el suelo y abiertas. Jessika, con la extrema sensualidad que la caracteriza, se sentó a su lado y empezó a darle una mamada dándole la espalda a él y mostrándome su cara. Creo que lo hizo a propósito.
Diana y yo los mirábamos sentados en frente. No se Diana, pero esta situación me tenía a mil.
Jessika continuaba chupándole el pene a Samuel de forma lenta pero intensa. Se notaba que el gozaba como nunca lo que pasaba. Diana se recostó boca abajo en el suelo y empezó a masturbarse y moverse con intensidad disfrutando su propia excitación.
De un momento a otro, yo sin pensarlo y sin tener penitencia por cumplir, creía que era el momento de culminar la tarea y hacer realidad lo que al momento parecía un intercambio de parejas oficial. Me acosté boca abajo en el suelo cerca de la vagina de Diana y empecé nuevamente a comérmela a chupadas, suaves mordiscos y metidas de lengua. Ella aceptó mis atenciones dejándose llevar por un instinto animal. Cada vez gemía más y se retorcía continuamente de placer mientras se masturbaba recostada sobre sus brazos. Parecía en un orgasmo constante.
Jessíka y Samuel se percataron de la situación, y se invirtieron los papeles. Ahora ellos nos miraban a nosotros.
Yo decidí, sin pedir permiso (grave error), penetrar a Diana llevado por la arrechera desmedida. La penetré estando boca abajo acostándome yo encima de ella. Deliciosa posición. Sentía mis huevos recostarse cada embestida en sus nalgas calientes y mojadas por mi saliva y sus fluidos, antes dispersados por mi apetito desmedido por el sexo oral.
Jessika decidió penetrarse ella misma. En ese momento yo la miraba y vi como se incorporó y decididamente se puso encima de Samuel y empezó a devorarle la verga con lentitud. Podía ver como sus labios vaginales se abrían lentamente y la verga de Samuel desaparecía despacio en Jessika.
Ellos intercambiaron unas palabras y Jessika empezó a cabalgarlo de forma suave pero profunda. Se veía excitadísima. Pero yo estaba mil veces peor. Samuel no paraba de mirarnos a nosotros. Serio. Parecía no haberle gustado. Pero yo con el animal que tenía suelto dentro de mí, no me dí cuenta y seguí en mi “ardua” labor.
Ya mis testículos no aguantaban más la presión. La penetración de esa vagina dilatada, caliente y emparamada, ver a mi esposa montada disfrutando un pene dentro de ella que no era el mío, me llevaron a el mas glorioso y delicioso momento que puede tener un ser humano. Estaba empezando mi orgasmo, y conociéndome como me conozco iba a ser de los mas fuertes que pudiera haber experimentado en mi vida.
Entré en una tardía cordura y le saque mi verga a Diana y mientras la sacaba estaba teniendo mi orgasmo. Estaba tan excitado que no se necesito más contacto. Mientras me incorporaba sentándome, derramaba simultáneamente todo ese semen acumulado por todo el suelo, por las piernas de Diana, por mis piernas. Mi cerebro le mandaba corrientazos a todo mi cuerpo. Como disfruté mi extraño orgasmo.
En ese momento algo interrumpió lo que hacían Jessika y Samuel. Hablaron algo y los que antes estaba cocinándose allí, se enfrió. Luego me enteré que hablaron algo sobre que yo había roto la dinámica del juego. Como dije antes, fue un error.
Jessika se incoporó sin obtener aún su orgasmo y sin darle el de Samuel y Diana tomo su lugar.
Diana y Samuel lo hiceron por un momento en la misma posición que estaba Jessika.
Luego pararon por un momento.
Rato después tratamos de acostarnos todos en la cama de Diana y Samuel. Yo en una orilla, Jessika a mi lado recostada en posición fetal y Samuel detrás de Jessika. Por un momento creía que Samuel la penetraría de nuevo. Ya me andaba animando la situación una vez más.
Diana aún no llegaba. Los tragos hicieron lo suyo y la enfermaron un poco. Así que todo paró allí.
Nos paramos Jessika y yo y fuimos a la sala y empezamos hacerlo en posición del misionero en el suelo. Podía ver que Jessika estaba enloquecida en su arrechera y disfrutaba mis continuas embestidas. A nuestro lado estaba Samuel mirándonos y Jessika le dijo que se acercara a nosotros para ella chuparle su verga mientras yo la penetraba. El se arrodilló a su lado y ella levantó su cabeza del suelo y la giró. Empezó a chuparle la verga gimiendo suavemente de placer.
En ese momento Diana llegó a la sala aún mareada y enferma. Entonces paramos lo que estábamos haciendo. Todo paró allí definitivamente.
Jessika y yo fuimos entonces a otro cuarto a recostarnos aún extasiados con lo que había sucedido. Lo hicimos una vez más. Estábamos locos de lujuria. Cada rose, cada sonido, cada latido podíamos sentirlo con una intensidad que resultaba inusual.
Luego nos dormimos.
En la mañana, al despertarnos y encontrarnos desnudos, nos excitamos casi de inmediato y lo hicimos nuevamente. Este tipo de situaciones arreglan la líbido que sea y disparan a un 1000% todas las sensaciones. Te ponen en una disposición sexual constante e insaciable.
Más tarde nos despedimos y nos fuimos.
Las semanas siguientes fueron un derroche desbordado de sexo y lujuria entre nosotros dos. Yo en muchos de nuestros encuentros posteriores he recordado la situación y hacerlo me acelera locamente induciéndome un orgasmo casi inmediato.
Desde entonces sueño con completar la situación allí sucedida. Ver a mi Jessika disfrutando engullendo un pene que no sea el mío y penetrándose hasta tener el orgasmo que en ese momento no pudo conseguir.








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