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Relatos y Experiencias

Cierto día sonó el teléfono y del otro lado de la línea escuche una voz que decía:

-buenos días, me interesan tus servicios. ¿Tienes tiempo hoy?

Este tipo de llamadas son rutinarias y hacen parte del oficio, normalmente los nombres no se preguntan y nos limitamos a acordar las condiciones del servicio.

-claro que sí, a qué hora? Respondí.

-en la tarde, por ahí a las 3 pm.

-perfecto, no hay lio con eso.

-no vamos a tener sexo, quiero solo lluvia dorada.

Me pareció regio, al final de cuentas solo tenía que mearlo y no me tenia que romper el culo, era algo así como plata fácil.

Quedamos de encontrarnos en Suba, la cita era en un chuzo donde vendían pola, cuadramos los detalles del encuentro, el tema de la plata y listo.

Esa tarde nos encontramos en centro suba, para sorpresa mía era un hombre negro, acuerpado, alto, y como todo negro tenía unos tenis de colores fuertes que no le combinaban con nada de lo que llevaba puesto.

La verdad nunca en la vida me había comido un negro, pero como bien dicen por ahí: quien no come negro no entra al cielo.

De todas maneras, esto es un negocio y cliente es cliente; asi que no le puse tiza al asunto y nos fuimos caminando al chuzo donde nos íbamos a tomar cerveza. Ya en el chuzo pidió cerveza y empezamos a conocernos un poco mas, el negro era jugador de futbol profesional y estaba en Bogotá en calidad de préstamo a uno de los equipos de la ciudad, cuando se quito la chaqueta note que este man no tenia ni un solo gramo de grasa en su cuerpo, y me empece a imaginar como seria desnudo mientras hablábamos, no puedo negar que me dio un poco de morbo la situación, el negro de carita no era la gran cosa pero de cuerpo aguantaba y bastante, estuvimos hablando un buen rato de cosas básicas y dentro de esas me dijo:

-por favor no vayas al baño, cuando sientas que ya no aguantas mas me avisas, yo vivo cerca de aquí, cogemos un taxi para irnos.

Con la sexta cerveza ya sentía que me estallaba, asi que le dije que no aguantaba mas.

Pidió la cuenta, pago, y salimos a toda a coger el taxi.

Llegamos a su apartamento, entramos rápido, nos dimos un par de besos mientras nos denudábamos, ya en la cama me subi sobre el y me dispuse a darle su lluvia dorada, pero no podía, me “bloquie” estaba que me orinaba pero no me salía ni una gota, tal vez se debio a los nervios por ser la primera vez que lo hacia.

Lo intentamos como dos veces mas, pero nada. El negro se levanto y salio de la habitación, regreso con un balde y me dijo:

-tranquila, relájate, haz chichi en este balde.

El balde lo puso a un lado de la cama a una distacia prudente desde donde él podía verme, asi que relaje, me acurruque y empece a orinarme.

Jueputa! que sensación tan maravillosa, sentía que me iba a estallar y el poder orinar para mí era lo máximo en ese momento.

Cuando levante la cabeza para ver al negro note que se estaba masturbando, casi se me salen los ojos, al ver esa verga tan grande que tenía, ¡no me joda!  en mi vida había visto un chimbo tan grande. Le media más de 20 cms.

Verlo masturbarse me éxito muchísimo y ver como se acariciaba esa verga hizo que me dieran ganas de culear, sentí que me mojaba de solo verlo, empecé a fantasear viéndolo y me imaginaba cabalgándole esa hermosura de animal.

 así que me deje llevar por el momento aunque era consiente que no estaba dentro de lo acordado que los dos tuviéramos sexo no me importo y creo que al negro no le iba a desagradar una culiadita gratis, sería algo así como un plus para él; además que tampoco pensaba negarme la posibilidad de comerme este caramelo tan bueno que tenía a la mano.

Esa tarde culeamos riquísimo, cada vez que me daba en cuatro me hacía trinar, chuparle la verga era lo máximo, era grande y gruesa, y por más que quería no podía metérmela toda a la boca, me mojaba mucho mamándosela y masturbándolo al mismo tiempo con las dos manos, me acostó y me abrió las piernas, me las dejo bien abiertas para penetrarme mejor, sentía como me entraba y me entraba y m entraba esa verga que parecía que no tuviese final, pero al entrar toda sentía que me rayaba las paredes del útero, era delicioso como se movía el negro, no me daba ni muy rápido ni muy despacio, esa pose esta tan buena que cuando me cansaba de ver cómo me comía me deleitaba viéndole su pecho musculoso y esa chocolatina perfecta que tenía en el abdomen, pa’ que pero el negro culeaba delicioso y eso hacía que olvidara que estaba camellando, al punto que por un momento pensé que más bien yo debía pagarle al man por el servicio, jajajajaja

creo que los vecinos se alcanzaron a dar cuenta, porque cuando estoy muy excitada no controlo mis gemidos y al negro le gustaba como gemía. Así que se aprovechaba de las poses claves para hacerme trinar, ese polvo lo terminamos en el borde de la cama el sentado y yo sobre el dándole la espalda, para ese momento ya no era dueña de mis actos, me sentaba en esa verga como queriendo acabársela, esa sensación y ese placer nunca lo había sentido en mi vida, y era obvio que el negro también la estaba pasando muy rico por la forma en que jadeaba, a pesar que la tarde era fría estábamos sudando mucho y eso hacía que el roce  nuestros cuerpos tuviese un matiz especial, sentir su pecho sudado en mi espalda y oir su respiración agitada hacia que me sentara con más fuerza, dándole como a cajón viejo, como a balón prestado, como a puerta de taxi, sentía mi gallo muy caliente, la cuca la tenía lavada, estaba gritando como desesperada, tanto así que por un momento me sentí como en una película de Esperanza Gómez, por que a esas alturas del partido ya le estaba gritando al negro:

-que chimbo tan rico tienes hijueputa!

Aun lo recuerdo y me da risa, porque nunca soy así de expresiva con mis clientes.

El negro me seguía dando mi porción hasta que no aguanto más, para cuando él se vino yo ya lo había hecho tres veces y justo cuando él lo estaba haciendo yo ya estaba llegando a mi cuarta venida.

La estábamos pasando tan delicioso que después del primer polvo me dijo:

-quiero que te quedes esta noche, cuanto me cobras?

Acordamos un nuevo precio, obviamente le hice un superdescuento por dos cosas: primero para que mi negro aceptara sin ponerse a regatiar y segundo porque yo quería seguir culiando con ese semental, con ese búfalo del pacifico.

Y que hijueputas, la verdad yo deseaba quedarme esa noche con el negro, era un man muy caballeroso, a pesar que tenía una verga enorme no me daba como para acabarme, más bien tenía un ritmo chévere para metérmela que cuando menos pensaba ya la tenía toda adentro.

Este negro era especial porque lo que tenía de feo lo tenía de bueno, su cuerpo era espectacular, musculo sobre musculo, un abdomen perfecto, sin exagerar su cuerpo parecía que fuese tallado por los dioses.

Esa noche me quede con él, en la noche salimos a cenar, regresamos al chuzo donde estuvimos en la tarde, nos tomamos otras polas y cuando ya no aguante más la “miada” nos fuimos para su apartamento y más de los mismo, lluvia dorada y sexo.

El negro se hizo buen cliente, nos veíamos al menos dos veces a la semana, y cuando no teníamos sexo sencillamente salíamos a cenar; pero como toda novedad con el tiempo pierde el encanto.

En este negocio vas conociendo a mucha gente, y dentro de esas personas conocí a varias prepas con las que el negro también satisfacía su deseo de lluvia dorada, y con el tiempo empezó a dejarme de interesar el negro, al punto que ya hasta me daba pereza de “miarmele” encima, y con el pasar de los meses ya me empecé a cansar de lo mismo y así como llego el negro así se fue.

Ya casi no nos veíamos entre semana y la magia de la primera vez se extinguió poco a poco hasta que las llamadas cesaron por completo.

En ocasiones lo he visto por TV jugando, y cada vez que lo veo recuerdo esa primera lluvia dorada.


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