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Relatos y Experiencias

Era una mañana normal. Iba tarde a mi clase de seis; acostumbro a llegar tarde porque el profesor nos ha dejado varios días esperando: no he llegado.  Es una lógica que casi no se entiende, es algo estúpida.  Bien, como decía, iba en el tren que conduce de Niquia a la estación Universidad. Era algo más de la seis y diez (6:10am), mucha gente entró en la estación que antecede Caribe, lo particular de esta estación llamada Tricentenario, es que la puerta que abre allí, no vuelve a abrir hasta casi trece estaciones adelante aproximadamente.  Yo iba en la puerta opuesta, la de enfrente de la que abre, es decir, la que abre a partir de la estación Caribe hasta Ayurá (doce estaciones).  En la estación Caribe, había mucha gente esperando entrar, pero no había mucho espacio disponible adentro.  Vi una mujer que no pensaba entrar porque no encontraba espacio, yo traté de hacerle uno muy pequeño. No iba a caber pero era mejor que esperar nuevamente otro tren que estuviera igual o peor. 

Ella logró entrar, quedamos muy cerca, demasiado cerca.  Yo le sonreí  y con mucha vergüenza me excuse.  Casi que mi respiración la despeinaba, si volteaba la cara le podía respirar en su rostro. Opté por mirar hacia el suelo, bajar la cabeza, en la espalda no sentiría mucho esa sensación.  Justo cuando agachaba la cabeza, vi su figura: tenía un leggis, una especie de pantalón que queda muy pegado a las piernas y el culo.  Es de una tela diferente a la de los jeans, es elástica, como licra. No voy a mentir, su culo se veía muy bien, estaba muy cerca a mi pene, a veces ella se corría un poco y sentía como accidentalmente se pegaba en mí.  Con dos roces más, tuve una erección. 

Decidí no mirar su culo y subí la cara y me llevé una sorpresa. Una sorpresa que me hizo perder la vergüenza por la erección que tenía y el temor de que ella la sintiera.   La mujer había sacado su Kindles y estaba buscando una página, no recuerdo el número de la página pero sí recuerdo muy bien una parte que ella leía: " Le levanté el culo por encima de mi cabeza, como se levantaría un balde de leche para saciar una pesada sed, y bebí y chupé y tragué como un gallinazo. [...]¡Ábreme de piernas y fóllame!".  Algo en mí sabía que conocía esa fragmento, no había títulos, no había subtítulos, pero algo en mí me lo dijo.... Henri Miller y la Crucifixión Rosa, pero ¿cuál de las tres? Pensé en Sexus.  Cuando leí sexus me masturbé  cientos de veces, nunca había tocado el tema con ninguna mujer por temor a ser catalogado como enfermo, pero ahí estaba con mi erección, una mujer y un excelente libro. 

Pensé en acercarme a ella, restregarle mi pene en su culo, esperar a que ella reaccionara. Quizá preguntarle si quería abrirse de piernas y follar, pero recordé que no era más que una lectura, un buen libro. Igualmente ocurre con las mujeres que ven porno o las que son adictas al sexo, si ellas quisieran follar, no iba ser con cualquier idiota que se lo pidiera o se lo restregara, porque ellas elijen con quién, cómo y cuándo.  Decidí pedir permiso y bajar en la estación Universidad  (todo pasó en menos de cinco minutos) lo que más podía ganar sería una cachetada si me comportaba como un idiota.  No miré su rostro para recordarla, pero guardé ese fragmento que volví a leer en mi casa y por el cual me volví a masturbar.  

¿Qué hubiera hecho usted? 


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