Una mañana fría y el deseo de sentir ese cuerpo, ya me había comunicado que esa sería la tarea para esa mañana, luego de entrar al motel y juntar nuestros labios por primera vez ese día, algo de conversación y romper ese hielo que además de ser físico por el clima, era el de estar solos y con grandes expectativas de cada cual.
Un sinnúmero de besos, caricias en ese hermoso cuerpo fueron el comienzo de unas horas solo para los dos; prendas de vestir iban despojándose lentamente de nuestros cuerpos y de nuestras almas, mis ojos no sabían hacia dónde mirar, dos hermosos senos que incitaban a besarles a chuparlos y al acercarme a ellos quise que brotara leche, esa que llaman de la mujer amada… su pezones erectos, su lengua dentro de mi boca casi hasta asfixiarme y mis manos locas acariciando todo su cuerpo, tocándolo, deleitándose con cada cm de su piel.
Poco a poco fui bajando por su vientre, por su cintura hasta encontrar sus piernas ligeramente abiertas, que al sentir mi lengua rozando sus muslos fueron cediendo un poco más para encontrarme con esa hermosa vista, con un clítoris húmedo, hermoso que me invitaba a lamerlo a sentir su sabor, su humedad que fui robando poco a poco, para luego acostarme cabeza arriba y ella como si supiera que deseaba tenerle sobre mí, coloco sus piernas abiertas sobre mi cabeza, en mi boca, y con movimientos suaves fue ayudando a que mi lengua se esforzara por lamer y chupar ese manjar, dulce, salado, delicioso… así con largos movimientos de mi lengua y mis manos acariciando todo lo que podían, su cuerpo, sus nalgas, su cintura, fue encontrando el gusto por esa posición rica y placentera.
Después de un ratito sentí sus movimientos más pronunciados, más rápidos y potentes, su clítoris grande, y un suave ruido dentro de ella que avisaba que está cerca un delicioso orgasmo, que llego con un gran chorro justo en mi cara excitada al sentir que venía con todo; sus líquidos que otros llaman jugos juagaron mi cara, eso creo en mí una gran excitación, deseaba que gritara de placer, escucharle pedir más, deseaba poder llevarle al cielo, Que me dijera que sintió, que deseaba, que podría hacer para hacerle feliz para volverle loca…
Luego en un recorrido lento y pausado, sin dejar de besarnos, intercambiando ese sabor delicioso de su venida, ella se adueñó de mi miembro que en ese momento fue suyo, de su boca, y de sus labios; no le podía ver pues su cabello no me daba la oportunidad, más cerré mis ojos e imagine su rostro en cada entrada y salida de mi erecto pene en su boca suavemente. Eso me lleno de bríos en medio del frío que helaba, me enloquecía coger su cabello, tocarlo y enredarlo en mis dedos; para luego decidir sentarse sobre mí, en posición de galope y eso fue lo que hizo “galoparme” penetrarle fue mágico, sentir la suavidad de su interior me excitaba, sentía mi pene más grande cada vez; su rostro al entrar en ella me dio esa sensación de seguridad que me confirmaba que deseaba entrar que deseaba tenerle para mí y que ella deseaba ser mía; al principio suavemente y poco a poco como si adivinara que lo deseaba fue acelerando el galope y con movimientos cada vez más fuertes, mientras yo besaba sus senos, me los comía textualmente y acariciaba cada parte de su cuerpo; me ha hecho venir de una forma espectacular.. Le he llenado toda de mi excitación le he dejado todo mi orgasmo dentro suyo y creo que ella ha sentido que he disfrutado de cada segundo de esa deliciosa descarga dentro de su cuerpo.
Paso un rato de relajación de pausa de dulce conversación, para luego acercarme a ella y empezar nuevamente a tocarle a acariciar su cuerpo, sus senos, sus pezones; besándonos como adolescentes con deseo y lujuria… mis manos le recorrían nuevamente y disfrutaban de su piel, buscado su entrepierna otra vez, mis dedos jugaban con su clítoris y entraban en medio de esos labios húmedos una y otra vez, rápido, fuerte ella tomo mi mano con delicadeza y la llevo más cerca suyo, más interiormente; otra vez sentí su dulce y suave ruido y presentí que volvería a llegar, más fuerte mis dedos entraban y acariciaban su clítoris duro y grande, hasta sentir nuevamente ese delicioso chorro y quedar nuevamente impregnado de su olor y de su sabor que no dude en llevar nuevamente a mi boca al chupar mi dedo extasiado de su orgasmo..
Ella se acomodó delante de mí y con sus piernas abiertas de par en par siguió con esa faena rica de tocarse, de meter ahora sus dedos uno a uno, rápidamente con ansias como si deseara que el tiempo parara más su mano no.. Hasta llegar en un último orgasmo bajo la mirada excitada que yo podía darle, no perdí un segundo, un detalle de aquella hermosa vista; su cuerpo contoneándose y sus piernas a punto de desfallecer y ese hermoso orgasmo, con esa espectacular venida casi que sobre mi rostro.. Me hacían pensar que era la diosa del sexo con quien había disfrutado de esa fría mañana que dentro de ese cuarto nos dio el placer de estar muy calientes..








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