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Lo que empezó siendo para mí una aventurilla, tomótrascendencia, pues sin darme cuenta resulte conviviendo con una mujer a la que conocí en un viaje por carretera entre los municipios de Pitalito y Neiva en la época en que recorría los caminos del Huila como agente farmacéutico
Ambos compartimos asiento en el bus y casi de inmediato iniciamosuna conversación. Mientrasella se deleitaba a través de la ventana con el paisaje ardiente de esas llanuras, yo hacía lo propio con sus hermosísimas y bronceadas piernas que dejaba al descubierto su corta falda de jean y que no paraba de mirarmientras el bus nos sacudía a sus anchas por los baches de la vía.
Transcurridos 45 morbosos minutos(mi atención se centraba en su piernas), el bus hizo una parada en un pequeño caserío y fue la oportunidad para descender y estirar las piernas al tiempo que pude observarcuerpo de mi compañera de viaje que a decir verdad no era tan espectacular como creí. Más bien era bajita, algo gordita de tez clara y cabello castaño largo, su cara digamos… como normal.Pude darme cuenta eso sí que era bastante sociable.
Una vez reiniciamos el viaje y siendo casi las seis de la tarde, me acomodé en el asiento y me propuse iniciar una charla más subida de tono con la esperanza de que al llegar a la terminal, diera resultados. Efectivamente se generó entre nosotros un magnetismo erótico que encontró complicidad en el ruido del motor y la oscuridad interior del bus. Mis manos acariciaban ya sus bellas piernas sin que ella ofreciera resistencia y nuestros alientos se juntaban en el primer beso.
Nuestras lenguas entrelazadas,la respiración agitada, mi mano que había logrado escalar sus piernas se deslizaba suavemente entre sus interiores buscando su sexo humedecido y caliente al mismo tiempo que mi miembro espectacularmente erectado buscaba con desespero salir de su cárcel pero se conformaba con la suave presión de una mano femenina que para ese momento se posaba con delicadeza aumentando mi libido y placer. ¡Ufff¡ ¡qué momento!
El viaje estaba a punto de concluir y en medio de la noche se avizoraban las primeras luces urbanas del destino final de nuestro viaje. Al cabo de pocos minutos ingresamos a la terminal, se prendieron las luces de la van y el carro detuvo su marcha al tiempo que los pasajeros se desperezaban ylentamente descendían.
Mi querida amiga tomó mi mano y arrimó su cabeza contra mi hombroy empezamos a caminar sin destino fijo solo conscientes de querer llevar más allá nuestro encuentro, intención que no tardó en concretarse pues a media cuadra observamos una luz verde neón de un pequeño motel. No hubo necesidad de propuestas ni condicionamientos. Nuestrodeseo mutuo era el cómplice ideal. Una vez registrados en la recepción, obtuvimos una alcoba con ventanas que permitían ver hacia la calle. A través de un velillo blanco se observabael asfalto mojadoreflejando las luces mortecinas del alumbrado público. Unos tragos de brandy y una corta conversación fueron suficientes para despertar nuevamente la pasión y esta vez fue ella quien tomo la iniciativa y se posó suavemente sobre mi cuerpo. Con una gran destreza me comenzó a besar. Su cabello negro y liso casi tapaba mi rostro y mi olfato empezó a percibir un aroma que combinaba su perfume y el olor personal característico de la mujer excitada, que hizo disparar mi libido generándome una gran erección. Rápidamente y sin mediar palabra desnudamos nuestros cuerpos y mi dedos pudieron constatar la humedad tibia de su sexo. Sin más preámbulos la empecé a penetrar suavemente al comienzo, y progresivamente aumentémi ritmo hasta conseguir de ella una respuesta salvaje reflejada en sus movimientos y quejidos como si su cuerpo pidiera más de lo que yo le daba en ese instante, no hubo preludios ni palabras románticas, solo fue sexo puro, instintivo, salvaje, como obedeciendo un fuerte impulso en ambos que no dejaba cabida al romance. Aun llega a mi memoria ese momento y me parece estar percibiendo ese aroma de ellafemeninamente embriagador que alborota mis deseos y me produce excitación instantánea.
Bueno, este fue el primero de muchos encuentros donde la pasión nunca estuvo ausente y por esta razón después de algún tiempo decidimos compartir un pequeño apartamento en la ciudad de Neiva donde disfrutamos grandes sesionesde sexo porespacio de seis meses, actividad que combinábamos con nuestros trabajos: ella como manicurista de un prestigioso salón de belleza de esa ciudad y yo como visitador médico. Estos empleosnos permitían vivir con comodidad y sin afanes económicos. Así transcurrían los días y vivía satisfecho con una persona cuya forma de ser me despertaba cierta reserva, pues era bastante sociable y entraba en confianza con las personas con muchísima facilidad, aspecto que me generaba dudas pues ere muy evidente en el trato con sus compañeros (hombres). Aunquemi yo interior me decía que debía tenerle confianza, algo me decía que debía desconfiar








Comentarios
1 comentario
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login EntrarSuper, en que parte de neiva trabajaba la nena?.... sabroso