Cuerpos Deseables
Relato de comunidad Hetero: Generalschedule 11 min de lectura calendar_today Enero de 2018

Cuerpos Deseables

Llegué al apartamento 303 a las 10:30 de la noche, mi amiga Diana me estaba esperando con la puerta entreabierta, el portero del edificio ya les había avisado que llegué cuando me anuncié en la portería, me abrió la puerta apenas me acerqué y me hizo seguir, ella estaba tras la puerta en....

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Llegué al apartamento 303 a las 10:30 de la noche, mi amiga Diana me estaba esperando con la puerta entreabierta, el portero del edificio ya les había avisado que llegué cuando me anuncié en la portería, me abrió la puerta apenas me acerqué y me hizo seguir, ella estaba tras la puerta en topless, zapatos negros de tacón con plataforma y tanga negra transparente, estaba un poco ebria. “Hola amiga, llegas puntual…”, me dijo y nos saludamos de beso en la mejilla y me dijo además: “Amiga, ya sabes lo que tienes qué hacer… los tipos son un poco vulgares… tu entiendes… pero eso no importa… el tipo que te toca es un poquito brusco pero muy generoso… está muy arrecho esperándote… vamos…”.Seguimos a la sala y había tres hombres, uno de ellos con cabello algo rizado y algunas canas que estaba con una mujer muy joven semidesnuda, también en topless, el dueño del apartamento, completamente calvo, estaba esperando a que Diana regresara a su lado y el hombre que me esperaba, un poco calvo pero con cabello a los lados, estaba en un sillón bebiendo trago y fumando cigarrillo, apenas me vio me miró con lujuria, de arriba abajo, y Diana me indicó que era él, caminé hacia él y lo saludé de beso en la mejilla… “Hola cómo estás mamacita?...”, me saludó cariñosamente pero me agarró la cabeza y me besó en la boca, “mamacita me tenías desesperado esperándote… con muchas ganas…”. Se hizo a un lado y me hizo sentar junto a él, yo sabía que debería quedar como Diana y la otra mujer, en topless. Ellas ya les habían bailado mientras les habían hecho striptease. El hombre me ayudó a quitar la chaqueta y me abrazó, me besó en la mejilla y alcanzó una botella de aguardiente para servir una pequeña copa y me dijo: “Toma mamacita… brindemos por lo que vamos a hacer esta noche…”, poco me gusta el aguardiente pero lo acepté y me lo tomé, el hombre sonrió porque hice gestos por el sabor que no me gusta, me volvió a abrazar y besar en la mejilla y el cuello, “mamacita me gustas así… carne flaquita… uuuhhh… deliciosa… uuuhhh…”, me dijo al oído y me seguía besando y manoseando. Poco a poco me ayudó a desvestir hasta quedar en topless como Diana y la otra mujer, pero quedé descalza, porque no me dio la oportunidad de ponerme los zapatos, pues me abrazó y besó en el cuello y las tetas, además que me dio un apasionado y prolongado beso en la boca. Sus manoseos no paraban y sus besos eran constantes, una de sus manos en mi trasero apretaba mis nalgas y me palmoteaba, chupaba una oreja y decía al oído: “Me dijeron que mamas muy bien… es cierto?”, “Sí papito… me gusta mucho…”, le respondí. “Huy que rico… ahora me lo demuestras…”, dijo y me siguió morboseando, “Me dijeron que eres muy puta… es cierto?”. “Sí, me gusta…”, le dije y me chupeteó ambas tetas con mucho morbo. Diana y la otra mujer se manoseaban con sus hombres y bebían trago, noté que el hombre de cabello rizado, el que estaba con la mujer que era bastante jovencita y de cabello crespo largo y negro, me miraba con demasiada frecuencia, imaginé que yo le gusté desde que llegué, pues a veces me guiñaba un ojo sin que nadie más se diera cuenta. A mí me excitaba que me mirara en brazos de éste hombre, medio calvo y al que yo le había puesto mi mano entre sus piernas cerca a su bulto.Las tres estábamos en topless en brazos de esos hombres mientras sonaba música americana, y ellos fumaban, bebían, nos decían cosas al oído y nos daban trago. Me gustaba estar así, en aquel sillón, en ese bonito apartamento, me sentía puta y me excitaba, Diana era muy extrovertida con el calvo, y la más jovencita no se le negaba a su hombre, se dejaba manosear y besuquear. En el tercer trago me empecé a sentir mareada, el hombre me dijo que mi cuerpito era muy deseable y me preguntó varias cosas muy personales que le respondí sin ocultar nada. Luego dijo: “Las tres tienen cuerpos deseables… todas están buenas… para follarlas…”. El dueño del apartamento, el calvo, se llevó a Diana a su habitación pero no cerró la puerta y se podía ver cómo la morboseaba, la ponía a mamar, la nalgueaba y se la follaba, se escuchaba que la insultaba a veces. El hombre del cabello rizado, el que estaba con la mujer muy joven, la tenía mamando arrodillada en medio de sus piernas en un sillón al lado del nuestro, pero él me miraba con lujuria, con mucha insistencia, la agarraba por el cabello para que ella no dejara de mamar. Diana y la otra mujer eran bastante voluptuosas, buenas tetas y nalgas, yo era la única que tenía tetas pequeñas pero el hombre ya me había dicho que le gustaban así porque cada una era un “bocado” para él, me dijo que “tu culito me gustaba mucho”, mientras manoseaba mi trasero. Me chupaba las tetas una por una, las intercambiaba y se saboreaba, casi me las devoraba, mis pezones erectos le mostraban a él que me gustaba que me acariciara así y eso lo excitaba, metía sus dedos entre mi tanguita, por delante y detrás y me excitaba que me manoseara mi clítoris y el ano, me metía la punta de sus dedos en mi vagina, era un poco brusco. “A ésta chocha me la como esta noche…”, dijo. Puse mi mano sobre su bulto que estaba demasiado abultado, su verga se notaba muy gruesa y dura. “Te gusta lo que tienes en la mano?”, me preguntó. “Sí papito… me gusta mucho…”, le respondí y me seguía chupando mis tetas especialmente mis pezones. Me seguía dando trago pero le dije que estaba mareada pero insistió y dijo que no le gustaba que lo despreciara, entonces seguí aceptando sus ofrecimientos. “Abre la bragueta y saca lo tuyo mamacita”, dijo mientras bebía trago. Así lo hice, su verga no era tan larga pero muy gruesa, un poco trigueña y bastante venosa. Se la masturbé un poco. El hombre de al lado ya estaba desnudo mientras tenía mamando a la mujer sin soltarla de la cabeza, la obligaba a beber y le decía cosas vulgares en voz baja, pero me miraba con frecuencia. “Dame mamada”, me dijo el hombre que estaba conmigo. Me arrodillé entre sus piernas y se lo empecé a mamar. Me acariciaba la cabeza y me decía: “Huuuy mamas muy rico putaaa…”, y me decía muchas más cosas morbosas y vulgares, “Hijueputa mamona tan ricaaa… uuu…”, “Esta puta mama como buena perra… hijueputaaa…”. Mientras se lo mamé me dio un par de tragos más, aunque le insistí que estaba mareada, pero no se los pude rechazar porque insistió, me cacheteó y me dijo: “No me desprecies puta, estos dos son por tus piernitas… hay que aflojar bien esa chocha”, me quitó la tanga con brusquedad, casi me la arrancó y me la alcanzó a romper, la olió y la besó, me dio dos tragos seguidos y me dijo “Quiero darte clavo por esa chocha…”. La tanga no era nueva y la tenía hacía algún tiempo, se lo seguí mamando. No me volvió a ofrecer trago, ya me tenía suficientemente mareada. Minutos después dijo que estaba que se botaba si se lo mamaba más pero quería darme una “clavada la hijueputa”. Entonces me acomodó en el sillón y sin esperar mucho me penetró bastante fuerte y rápido, yo había lubricado por mi excitación y su verga entró fácil, me daba duro y rápido, creí que iba a eyacular pronto pero se demoró mucho. Me miraba con lujuria y me decía que lo mirara a los ojos. “Tienes muy rica la chocha… perraaa…”, dijo varias veces. Luego me bajó al piso, como a la otra chica sobre la madera fría y dura y se me montó y me folló demasiado duro y rápido. La otra chica se quejaba del piso frío y duro, pero el hombre del cabello rizado le gritó: “Cállate perra… abre bien las putas piernas…”, se oyó una cachetada y ella no habló más, solo gimió, él follaba bastante fuerte, ella gemía y él la insultaba y la cacheteaba si ella dejaba de gemir. Yo abrazaba a mi macho mientras me bombeaba verga muy fuerte, gemía sin parar a su oído. A Diana también se la follaba el calvo, sobre la cama, ella gemía fuerte y a veces daba algunos gritos cuando se escuchaban palmadas, quizás eran nalgadas. Parecía que los hombres competían por follarnos. Luego de un buen rato, el hombre que estaba conmigo cuando terminó, se levantó y fue al baño a orinar, la otra chica estaba tirada en el piso dormida borracha. Me levanté muy mareada y me senté en el sillón, el hombre de cabello rizado estaba sentado mirándome, masturbándose, me guiñó el ojo varias veces, morboseó con su lengua sobre sus labios y me dijo: “Estás buena para follarte flaquita rica… te tengo unas putas ganas…”, mientras se masturbaba y me mostraba su verga larga no tan gruesa, no muy erecta. Por un instante creí que me iba a follar en ese momento. El hombre que estaba conmigo regresó del baño a fumar. Mi amiga Diana estaba en brazos del calvo en la habitación, le manoseaba las nalgas y la palmoteaba fuerte. Los hombres hablaban basura y se reían de sus bobadas. Yo me quería ir pero sabía que el hombre que estaba conmigo quería follarme de nuevo, ya me lo había dicho, me preguntó si quería más trago y le dije que no, entonces me dijo: “Ya que no bebes entonces mama verga puta rica… y me lo paras bien para darte otra clavadita”. Me arrodillé entre sus piernas a mamar. “Esta perra se me durmió”, dijo el otro hombre y empezó a tratar de despertarla, la cacheteaba y le decía: “despierta perra.. despierta…”. “Échale agua para que reaccione”, dijo el hombre que estaba conmigo. Un rato después yo estaba otra vez bajo aquel hombre que me follaba rápido y fuerte, sobre el piso frio y duro. Esta vez se demoró mucho más en la follada que en la mamada. Ya me tenía cansada, especialmente de la espalda por aquel piso tan duro, aunque yo me abrazaba a él para que mis espaldas no me dolieran tanto. A mi amiga Diana la follaba el hombre en la cama y a la otra chica otra vez en el piso, ella gemía y el hombre la insultaba y cacheteaba para que no se durmiera. El hombre que estaba conmigo terminó y se sentó en el sillón, me senté junto a él y me dijo que yo le había gustado y me buscaría otra noche para follarme de nuevo. Era pasada media noche y salió de la habitación Diana, bastante espelucada y mareada, me hizo una seña para ir con ella al baño, nos duchamos juntas, por fortuna había agua tibia, y me dijo: “Duchémonos y nos vamos rápido”. Le dije que el otro hombre me morboseaba mucho. Ella ya se había dado cuenta que ese hombre me miraba morbosamente y me dijo que discretamente le dejara mis datos pues ella ya lo conocía, ya había estado con él, y era seguro que él también querría estar conmigo otro día. “Pero ese hombre es muy rudo”, le dije. “Huy amiga… yo ya te conozco y sé cómo es que te gusta… así que no te hagas de rogar con ese hombre… vale la pena… tu me entiendes… yo sé porqué te lo digo…”, dijo Diana y me guiñó un ojo. Terminamos de ducharnos muy rápido y nos arreglamos para salir del apartamento. Mi tanguita rota no la encontré, creo que el hombre se la guardó. Saqué otra que llevaba en mi bolso y me la puse. El hombre que estaba conmigo se había puesto pantaloncillos, medio dormido sentado en el sillón, se despidió de mí pero me dijo que le dejara mis datos para buscarme otra noche, entonces aproveché y escribí mis datos en dos pedazos de papel higiénico, a cada uno le entregué uno, el hombre de cabello rizado me lo recibe cuando me dirigí a despedirme de él, me manosea mi mano, me guiña un ojo y me dice “mamacita ricaaa…”, me mostró su verga que ya estaba completamente relajada pero se le veía larga, la mujer que estaba con él se había dormido borracha desnuda junto a él. El hombre que estaba conmigo, borracho y semidormido, no se dio cuenta de los morboseos de su amigo conmigo aunque imaginé que ellos estaban de acuerdo. Finalmente Diana se despidió de su amigo en la habitación, llamó a pedir un taxi, antes de salir Diana me preguntó: “Te pagó?”, le dije que sí, entonces salimos del apartamento muy mareadas, por la escalera nos sosteníamos de la pared, hacía frío, nos fuimos con Diana en el mismo taxi que ya nos esperaba. “La otra chica se quedó dormida”, le dije a Diana discretamente en el taxi. “Seguro se la van a follar los tres esta madrugada… se la van a turnar… ya los conozco…”, me dijo en voz baja. Me contó que a ella se la habían turnado ellos tres toda la noche hasta amanecer en ese mismo apartamento, hacía unos años, cuando la conocieron. Llegué a casa muy mareada y directamente a dormir pero caí en la cuenta que nunca supe los nombres de esos tres hombres, ni siquiera Diana los mencionó.Una semana después me buscó aquel hombre, el morboso de la silla de al lado, el de cabello rizado y la verga larga, y me pidió que reserve la noche del sábado siguiente pues quiere tenerme muy en privado solo para él: “Flaquita rica… quiero darte lo que más te gusta… puta ricaaa… quiero culiarte bien rico...”. La única condición que puso era que debería ser toda la noche, hasta amanecer. FIN

— camilitarod

18 de enero de 2018

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camilitarod

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Comentarios

3 comentarios

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  • Garcimo
    Garcimo · 4 de feb de 2019

    Sencillamente exquisito, donde se demuestra que ser gordito y calvo, tiene sus ventajas... El sexo se vive, se disfruta y se goza con quien sea, maravilloso relato

  • robroy
    robroy · 19 de ene de 2018

    uff del carajo

  • boy27
    boy27 · 18 de ene de 2018

    Muy Excitante

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