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Relatos y Experiencias

(1) LA VIUDA.

Estoy volviendo de enterrar a mi esposo, un psiquiatra muy prestigioso, teníamos 21 años de feliz matrimonio, me casé a los 19 años, virgen, y había sido feliz hasta el día de hoy, Héctor fue el único amor de mi vida, tenía sesenta años cuando murió… no sé qué haré de hoy en adelante, y no me refiero a lo económico porque me dejó cubierta para el resto de mi vida y con lo del seguro, tendré más que suficiente, no tuvimos hijos por una falencia mía, pero a pesar de eso nuestra vida estaba llena de momentos hermosos, de viajes, de lindos detalles, y no es que fuéramos la pareja perfecta, teníamos nuestras pequeñas desavenencias, pero nada que no supiéramos superar con diálogo y respeto; en unos días tendré que ir al homenaje post morten que le hace el Colegio de Psiquiatría, por haber sido durante varios períodos, su Presidente.

Tocaron a la puerta y fui a abrir, era Camilo, un colega de mi marido:

YO: Pasa, Camilo, no te vi en el entierro.

CAMILO: Lo siento mucho por ti, Alicia, pero…

YO: No me asustes ¿Qué pasa?

CAMILO: Te juro que no es nada personal, pero… Héctor no es lo que todo el mundo creía de él.

YO: Sé que ustedes dos no se llevaban bien, pero eso no te da derecho a mancillar su memoria.

CAMILO: Tienes razón, es mejor que me vaya, total, ahora ya no tiene sentido contarte la verdad.

YO: Espera, ¿qué verdad?

CAMILO: Lo que te voy a contar no tiene nada de venganza.

YO: ¿Venganza? ¿Y por qué querrías tenerla?

CAMILO: Bueno, quizás por nuestro pasado… tú sabes que yo te he amado toda la vida…

YO: Si tomas ese camino acabaremos mal, dime que es lo que tienes que decir y márchate, por favor.

CAMILO: ¿De qué murió Héctor?

YO: Todo el mundo lo sabe, le dio un infarto.

CAMILO: ¿Y dónde estaba cuando murió?

YO: En su clínica.

CAMILO: ¿Sabes que estaba haciendo?

YO: Pues imagino que trabajando, no me hagas más preguntas y ve al grano de una buena vez por todas.

CAMILO: …estaba haciendo el amor con Vilma.

YO: ¿Su secretaria? No, no puede ser, ¿Y tú cómo lo sabes? ¿Tienes pruebas?

CAMILO: Lamentablemente sí, Alicia, yo le había referido una paciente, que por ser mi prima, no la podía atender yo, llegué para saber de primera mano cómo se encontraba, al llegar encontré la recepción vacía, cosa natural porque ya era la hora de cerrar, pero vi luz en su clínica y me acerqué, iba a tocar la puerta cuando escuché sonidos extraños, era indudable que estaba con una mujer, debo confesarte que iba a ver por el ojo de la cerradura, pero no hubo necesidad, la puerta estaba entreabierta.

YO: No sigas, por favor, no quiero detalles, quiero pruebas.

CAMILO: Pues les tomé estas fotos y un vídeo.

YO: No me las enseñes, mándamelas a mi WhatsApp.

CAMILO: En este mismo momento lo hago… el caso es que ellos se dieron cuenta de mi presencia y salí de ahí muy confundido, aquel hombre ejemplar no era lo que aparentaba… luego me enteré por el Colegio que había fallecido… Lo siento.

YO: ¿Y qué pretendes al contármelo? ¿Destruir mi vida? Te ruego que te vayas.

Quedé desolada, vi las fotos y no cabía ninguna duda, Vilma le practicaba sexo oral a mi marido… ni yo que era su esposa legítima se lo había hecho nunca… ¿Pero cómo pudieron? Héctor le doblaba la edad, luego en otras fotos se veía claramente como la penetraba en diferentes posiciones, pero la foto más ofensiva era ver a Héctor practicándole sexo anal y por la cara de Vilma, ella lo disfrutaba mucho… y el vídeo… las cosas que vi y oí ofenden mi dignidad… ella le preguntaba si le gustaba más su c… o el mío y el muy infame le contestaba que el de ella, porque yo ya era una vieja desabrida, que no me gustaba que me dieran por atrás y una cantidad de sandeces que por respeto a mi educación, no puedo repetir, el caso es que Héctor y Vilma se reían de mí, de mi poca capacidad para dar placer, que parecía que fuera frígida ¡¿Frígida yo?!… con qué razón Vilma lloraba tanto en el entierro, me sentía ofendida, burlada, enojada… ¿Qué se hace cuando una cree tener un buen matrimonio y descubre que su marido es un canalla?

Me dirigí a su estudio, revisé su computadora y tenía clave, llamé a un sobrino: Alfredo, hijo de mi hermana menor, que sabe mucho de tecnología, llegó de inmediato y me preguntó que qué buscaba, le dije que seguramente en su computadora debería tener archivados los papeles del seguro, logró abrirla en menos de media hora, busqué algo que lo denunciara pero no encontré nada, mi sobrino dijo que de seguro tenía esos archivos en su clínica, nos dirigimos allá y al llegar se me revolvió el estómago, Vilma estaba arreglando sus cosas, me saludó muy efusiva y llena de lágrimas, tuve ganas de abofetearla, pero me contuve, recibí su abrazo hipócrita y le pedí las llaves, ella me las dio y dijo que quería ir a visitarme con su esposo, (¡Encima era casada!) se lo agradecí y se marchó.

Entramos con mi sobrino a la oficina y también logró abrir la computadora, yo mientras tanto buscaba en su escritorio… no sé qué… quería saber si Vilma era la única… en eso encontré una laptop, también tenía clave, así que mi sobrino probó pero no la pudo abrir, me dijo que estaba encriptada, pero que si se la daba podría abrirla con un poco más de tiempo, dudé por un momento, pero al final opté por dársela, nos fuimos y al llegar a casa, no sabía qué hacer, ya bastante duro era perder al amor de mi vida… y ahora esto… el amor de mi vida me había hecho cornuda… ¿Cuánto se habrá reído de mí?... me sentí la mujer más humillada del mundo… ¿suicidio?...

Decidí meterme al yacusi, por lo menos en otras oportunidades me relajaba, me serví una copa de vino blanco y me desnudé, al verme al espejo vi mi figura tan deseada por tantos hombres, siempre me voltean a ver en la calle, sé que tengo muy bonito cuerpo, no en vano lo cultivo en el gimnasio, de joven me invitaron a participar en concursos de belleza, pero mi padre decía que eso no era para las niñas decentes como yo… siempre pensé que la edad de mi marido había hecho mella en su sexualidad, pero con Vilma… lloré como dos horas, llena de angustia y vergüenza, nunca he sido una mujer con malos sentimientos, pero en ese momento quería venganza, Vilma no podía verme la cara de tonta… pensé en pagar a uno de esos malandrines que son capaces de darle una buena golpiza por unos cuantos pesos… pero no soy así… cada vez que veía el vídeo me sentía más lastimada, estaba definido, le quería hacer daño a Vilma.

Durante la siguiente semana llamé a mi sobrino pero me dijo que no había tenido tiempo de revisar la laptop, pero en cuanto pudiera lo hacía y me avisaba, yo le rogué que solo la abriera, que no la revisara, porque seguramente tenía entrevistas de sus pacientes y no quería romper su juramento de ética, aunque estuviese muerto, me dijo que lo entendía y colgamos.

Mis días eran atroces, no sabía cómo llevar a cabo mi venganza, pero el mundo se mueve solo, recibí una llamada de Vilma pidiéndome venir a visitarme mañana sábado, la cité a las cinco de la tarde, llegó con su esposo:

YO: Pasen adelante por favor.

VILMA: Gracias, Doña Alicia, sentimos mucho su dolor, ¿Verdad, amor?

ANDRÉS: Así es, señora, yo tuve el gusto de conocer al doctor y era una persona maravillosa.

YO: Gracias, gracias por su visita.

VILMA: Pues, doña Alicia, además de venir a darle el pésame, quisiera saber si me puede dar una carta de recomendación, o tal vez dentro de sus amistades me pueda recomendar como secretaria, mi marido también se acaba de quedar sin trabajo y no sabemos qué hacer.

YO: Déjame hablar con alguno de los colegas de Héctor, de hecho acaba de venir a verme Camilo ¿Lo conoces?

VILMA: Sí, lo conozco, pero él no, no es buena persona.

YO: ¿Por qué lo dices?

VILMA: Al doctor no le caía bien.

YO: ¿Y tú en qué trabajabas?

ANDRÉS: Era instructor en un gimnasio pero me despidieron por… bueno, contrataron a un muchacho más joven.

YO: Déjame hablar con algún psiquiatra que no sea Camilo y te recomendaré, ahora a ti sí te puedo dar trabajo, tengo un gimnasio acá en casa y me gustaría que fueras mi entrenador personal, eso explica el cuerpazo que tienen los dos.

ANDRRÉS: Gracias, señora, digo, gracias por el trabajo, porque el cuerpazo lo tiene mi esposa.

YO: Los dos son un monumento a la belleza.

VILMA: Gracias, doña Alicia, Andrés también es mi entrenador personal y gracias a él tengo este cuerpo, pero usted no se queda atrás, con su estatura hasta pudo ser modelo.

YO: No, que va a ser, si ya estoy vieja, la juventud ya se me fue de las manos, gracias por su visita.

Me lo agradecieron y se fueron, ya sabía cómo iba a realizar mi venganza, por la forma en que me miraba Andrés, iba a seducirlo hasta volverlo loco, pero no tenía ni la menor idea de cómo hacerlo, así que investigué por internet y encontré varias páginas pornográficas que me escandalizaron, había de todo, parejas, tríos, orgías, habían cosas que jamás imaginé que la mente humana fuera capaz de imaginar, ¡había gente que le gustaba hacerlo con animales!, tuve que cerrar la computadora, estaba asqueada… me quedaba claro que era una novata en asuntos sexuales, ni siquiera me conocía el punto “G.”

Al día siguiente se presentó Andrés, a las siete de la mañana como habíamos quedado, yo me puse un juego de licra blanca, con el cual se me dibujaba toda la silueta, él venía con un short bastante pegado que hacía notorias todas sus protuberancias y una camiseta sin mangas que dejaba al descubierto sus fornidos brazos y unos pectorales de ensueño y que decir de sus piernas, eran dos columnas de carne perfectamente moldeadas:

ANDRÉS: ¿Qué parte de su cuerpo quiere fortalecer?

YO: Pues tú eres el experto, dime donde me hace falta músculo.

ANDRÉS: Pues a decir verdad, a usted solo le hace falta mantenerse en forma porque tiene un cuerpo espectacular, con perdón, se lo digo como profesional.

YO: Y así lo recibo… ¿Te puedo hacer una pregunta sin que me mal interpretes?

ANDRÉS: Hágala, señora, usted es la jefa.

YO: Primero no me digas señora, llámame por mi nombre, y segundo no me mires como tu jefa, sino como tu alumna.

ANDRÉS: De acuerdo, Alicia… ¿Cuál era la pregunta que quería hacerme?

YO: Pues… me da pena… vas a pensar que soy una vanidosa… pero… ahí te va… ya me dijiste que piensas como profesional… pero ¿Cómo hombre…?

ANDRÉS: Ay, Alicia, pues usted es una mujer preciosa, con un cuerpo escultural, pero creo que lo que más atrae es su elegancia y distinción.

Me hice la desentendida y me puso una cantidad de ejercicios que hice con bastante facilidad, pero me puso nerviosa tenerlo tan cerca, hubo un momento que sentí su pene rozar mi glúteo derecho, sé que fue sin querer pero lo sentí duro, ¿Cómo era posible que se excitara en el trabajo? Se dio cuenta que mi di cuenta y estaba muy nervioso:

ANDRÉS: Alicia, perdóneme, esto nunca me había pasado, y eso que he entrenado a modelos, discúlpeme.

YO: A mí también me extrañó, pero si has trabajado con mujeres esculturales, ¿Por qué te excitas conmigo?

ANDRÉS: No sé, perdóneme de nuevo, puede ser su olor, usted tiene un aroma embriagador y su cuerpo es tan duro como el de una adolecente, su vientre es plano y su cintura de avispa… es que la veo tan inalcanzable y a la vez tan cerca…

YO: No seas tan adulador.

ANDRÉS: ¿Cómo?

YO: No importa… ¿Cómo está tu mujer?

ANDRÉS: Muy bien, gracias… a decir verdad, no, no está bien, se pasa llorando todo el día y cuando le pregunto qué le pasa me dice que está desesperada, que sin trabajo es totalmente infeliz.

YO: Pobrecita, dale mis saludos y dile que la sigo recomendando, que cuando le tenga noticias le mando a avisar contigo… ¿Ustedes se llevan bien?

ANDRÉS: Pues desde hace como un año, no tanto.

YO: ¿Por qué? ¿Sabes la causa?

ANDRÉS: No, pero…

YO: Habla sin restricciones, entiende que además de mi instructor quiero que seamos amigos… claro, si tú quieres.

ANDRÉS: Gracias, Alicia… la verdad es que me serviría mucho hablar con usted… uno de hombre no habla de estas cosas con los amigos…

YO: Pues soy toda oídos.

ANDRÉS: Creo que Vilma tiene un amante.

YO: No lo creo, Héctor siempre me habló muy bien de ella, aunque con ese cuerpo… debe recibir muchas propuestas indecentes.

ANDRÉS: Sí, pero antes me lo contaba todo, además ahora encuentra excusas para no acostarse conmigo, cuando antes lo hacíamos todos los días.

YO: Con esos cuerpos ustedes deben haber disfrutado mucho del sexo.

ANDRÉS: Sí, Alicia, éramos muy sexuales, pero ahora… hace como dos meses fue la última vez que lo hicimos… que pena hablar de esto con usted, pero…

YO: No tengas pena, los dos somos adultos y conmigo puedes hablar de lo que quieras… de repente al contarme puedo aprender algo contigo… ¿Sabías que Héctor fue el único hombre de mi vida?

ANDRÉS: No, no lo sabía, pero el doctor se veía muy feliz y eso también era por tenerla.

YO: Puede ser que sí, pero si tú lo hiciste hace dos meses, yo ya no recuerdo cuando fue la última vez, uf… hace mucho que no me tocaba.

ANDRÉS: Si me lo permite, le diré que usted es toda una tentación ¿Cómo hacía el doctor para resistirse a todos sus encantos?

YO: Tal vez sea la edad, recuerda que tenía sesenta años… cuéntame una cosa, ¿Cómo es posible que estemos hablando de que tu mujer posiblemente te sea infiel y tengas una tremenda erección?

ANDRÉS: No sé… no quiero perder mi trabajo… por favor discúlpeme.

YO: Por tu trabajo no te preocupes, pero eso no lo puedo soportar… no es que no pueda… al final es una reacción natural… tú al verme en licra… pero si has trabajado con modelos y no te pasa… ya no sé qué pensar… no sé si sentirme halagada o violentada.

ANDRÉS: Le prometo traer pants para la próxima clase… no quise ofenderla.

YO: Bien, ya pasó la hora… te espero mañana.

ANDRÉS: Alicia, ¿me permitiría darme un baño?

YO: Claro, báñate aquí en el gimnasio, que yo voy a ducharme a mi habitación.

Me desnudé y cuando estaba dispuesta a meterme a la ducha, me di cuenta que había dejado mi celular en el gimnasio, no esperaba ninguna llamada, pero tengo la manía, igual que todos, de no desprenderme de mi teléfono, me puse una bata y cuando fui por él, pude ver a través del cristal del baño, su cuerpo desnudo, afortunadamente estaba de espaldas, ¡Que trasero, por Dios!, así que como niña traviesa, me escondí para que no me sorprendiera… yo nunca fui muy sexual, ni en nuestras mejores épocas disfruté mucho del sexo y aunque había logrado algunos orgasmos, no era nada que recordara… pero al ver a este hombre desnudo se me alteró el pulso.

De pronto se dio vuelta y vi un pene enorme, aun estando dormido era muy grande, me di cuenta que no tenía ningún bello en el pubis, nunca en mi vida había disfrutado tanto de un espectáculo prohibido, me sorprendí a mí misma, chupándome los labios, pero lo mejor estaba por venir, se empezó a tocar y su cosa realmente se puso enorme, tenía la cabeza hinchada, se enjabonó todo el miembro y empezó a masturbarse, ni a Héctor lo vi hacer semejante cosa, se recostó en la pared azul de azulejos, cerró los ojos y empezó a jalarse esa inmensa barra de carne… en ese momento quise que su mano fuera la mía… envidié a Vilma de manera mal sana… sabía que ella también había tenido dentro de su boca ese animal… yo también deseaba tenerlo… casi por instinto, metí mi mano en medio de mis piernas, acaricié mi clítoris mientras masajeaba mis senos… ¿Qué me pasaba? A mí no me gustaba masturbarme, mi madre siempre me dijo que era pecado, aunque en la adolescencia lo hice algunas veces… aun así, me penetré la vulva con mis dedos, este hombre me tenía loca.

A cada momento me entraban sentimientos de culpa, pero al recordar las fotos y el vídeo, me daban más ganas de vengarme… su mano subía y bajaba por ese delicioso pene… sería tan fácil entrar al baño y entregarme a él, por la manera en que me veía, estaba segura que no me rechazaría, pero no me atrevía, debería provocarlo para que fuera él quien se me insinuara y cuando lo tuviera loco de deseo le enseñaría las fotos y el vídeo… ¡Sí, esa sería mi venganza!... una mujer de mi condición social, no podía rebajarse a estar con un instructor… pero mi cuerpo no sentía igual… hubiera querido que en ese momento, Andrés saliera y me violara como a una cualquiera… me lamentaba de tener tantos prejuicios… su mano subía y bajaba a mayor velocidad… que pene tan… me sonrojaba por los pensamientos que tenía, pero no lo podía evitar, yo también aceleré la penetración de mis dedos dentro de mi vagina… Andrés empezó a quejarse, señal inequívoca de que le venía un orgasmo y en ese instante vi que le salieron tres chorros potentes de semen, yo me tapé la boca y me vine en mis dedos… fue una experiencia única, estaba abochornada, pero satisfecha.

Luego de ducharme recibí una llamada, no cabía duda que el mundo estaba de mi parte, un joven psiquiatra, al cual no conocía, quería alquilarme la clínica de mi marido, lo cité a las diez de la mañana en mi casa y al recibirlo me pareció el hombre más guapo que haya conocido, tendría más o menos mi edad, cerramos el trato y se me ocurrió preguntarle si tenía secretaria, me dijo que no, le recomendé a Vilma y me dijo que estaba dispuesto a entrevistarla… ya vería cómo hacer para que este joven psiquiatra se volviera mi socio en mi venganza. Por la tarde mandé a una empresa de mudanzas para que vaciaran la clínica, y ordené que pusieran todas sus cosas en el estudio de Héctor.

Me dediqué a revisar con mucho esmero cada una de sus cosas, estaba segura que en algún lugar iba a encontrar pruebas de su infidelidad, traté de abrir todas las gavetas de su escritorio, pero la inferior del lado derecho tenía llave, probé con todas pero ninguna le hacía, llamé a un cerrajero y logró abrirla, al fondo de la gaveta, había una caja de madera también con llave, el cerrajero la abrió, le pagué y lo despedí… al abrir la caja tenía diez frasquitos de cristal, cada uno de ellos tenía una letra y varios números… ¿Qué era aquello?

Como era mi costumbre, antes de ir a dormir, elegí la ropa que me iba a poner al día siguiente, esta vez para recibir a Andrés, elegí un conjunto que no había estrenado, aún tenía puesta la etiqueta, me lo puse y me di cuenta por qué no lo había usado, era un short rosado y una blusita ombliguera… me incliné tratando de tocar la punta de mis pies con los dedos de mi mano, sin doblar las rodillas… por eso nunca me lo había puesto, al verme al espejo, la tela se estiraba tanto que se hacía transparente, vi perfectamente cómo se me marcó la raya en medio de mis glúteos, era un conjunto muy atrevido, era perfecto para mis aviesas intenciones, pero había un problema, también se me notaban los bellos de mi pubis, así que me decidí a rasurarme, me enjaboné el pubis y con la ayuda de un espejo y una navaja, quedó perfecta, parecía una vulva de niña, cerradita como cuando era virgen, el limpiarme provocó de nuevo que me excitara y tuve que masturbarme pensando en el pene de Andrés… ¿Qué pasará mañana?...

CONTINUARÁ…


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