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Relatos y Experiencias

Primer momento

El celular a la mano; aburrimiento propio de un domingo cuando uno vive solo, y mi mente como siempre tratando de descubrir la forma de entretenerse. Desde hace algún tiempo me ‘picaban las manos’ por probar alguna de las aplicaciones para encuentros o citas; así que ese domingo fue el día propicio para instalar una (la más recomendada, si lo usan, ya sabrán cual) e iniciar mi aventura cibernética.

Entre deslizamientos a la derecha e izquierda de mi pantalla, las coincidencias empezaron a aparecer y con ellas Viviana. Charlamos largo ese domingo, entre preguntas normales, trascendiendo a las curiosas y terminando con alguna que otra picardía. Esto reveló el filim.

En el siguiente fin de semana hablamos por segunda vez. Mis hormonas estaban en la cabeza y me disponía a disfrutarme cuando surgió la charla inesperada: Del “hola”, pasamos al “estoy solo” y me dio por expresarle que estaba “inquieto”.

-¿Ah sí?, ¿muy inquieto?

-Jajajaja… así es, yo creo que es el cuerpo pidiéndome que lo desestrese.

-Ufff me imagino.

Empecé a mastubarme mientras seguíamos hablando, la calentura que tenía era imparable. Me empezó a contar que estaba sola en casa, en pijama y que por lo general sus pijamas eran cortas. “¿Qué pijama llevas hoy?”, pregunté: “una bata y abajo unas tangas chiquitas”. Mi poder de imaginación es bueno, así que con cogí con más fuerza mi verga. Ella es discreta pero directa.

-¿Qué haces?

-Cositas

-¿Ah sí?, qué rico verlo.

-¿Qué te parece una videollamada?

-No, yo digo verte, verte…

-Guao, quisiera que me masturbara enfrente tuyo…

-Es rico.

-¿Quieres que vaya?

Pasó un momento que por la emoción que se desprendía del momento me pareció algo eterno. Imaginaba, con mi verga en la mano, dura, muy dura, cómo sería el encuentro. “Si, ven. Llámame para darte mi dirección”.

Segundo momento

El taxi no demoró mucho. Vivía muy cerca. A penas llegué le escribí al whatsapp; solo asomó su cabeza con una gran sonrisa. Pagué y me bajé.

Seguí y efectivamente tenía una bata muy corta, de color negro, pero algo traslucida (un atuendo con trasparencias). De entrada, observé sus piernas largas y unas nalgas que invitaban a cachetearlas. Tenía un sofá en L: me hice en el extremo y le dejé a su disposición la parte más amplia.

Si bien mientras iba en el taxi la conversación se había puesto más caliente y directa (me había confesado que estaba muy caliente y que lo que más deseaba es hacer buen sexo oral), no entramos en materia de una sola. Es que a penas nos conocíamos, era la primera vez. Divagamos un poco, pero después hablé sobre su pijama y me confesó que le encantaba ser observada.

Se paró y pude ver la forma de su cuerpo, una delicia. Unas tangas super pequeñas y empecé a verla con deseo. Se volteó y me enseño ese culo perfecto para su cuerpo, paradito, en donde se escondía el hilo de su tanga. Entendí que era el momento de sacar mi verga y empezar a masturbarme. Lo hice y ahí se desató.

Se alzaba la bata para que viera cómo la tanga tapaba su sexo, colocaba cara de puta y se chupaba algún dedo; se apretaba sus senos que son más bien discreto… hasta que acercó una silla y se sentó enfrente mío para abrirse y empezar a tocarse. Primero sobre el panty, pero luego lo hizo a un lado y me enseñó lo deseosa que estaba: una vagina que me invitaba a chuparla porque estaba muy mojada.

Se paró, quitó la silla y se arrodilló enfrente mío, se acercó y empezó a mamar: suave, con movimientos de lengua, sentí que envolvía mi falo erecto para luego meterlo y volver y sacarlo, regalarme una mirada y volver a concentrarse en chupar.

Me moví para hacernos en la parte amplia del sofá en L. Mientras nos movíamos me quité todo y ella igual. No pude hacer nada, ella quería seguir chupando y mi verga palpitaba. Opté por estirar mi mano, indicarle que pusiera su coño al alcance de la misma para estimularla, tocarla, sentirla… estaba muy mojada y le metí el dedo. Su felación en ese momento se interrumpía con pequeños suspiros.

Logré reclamar mi turno y la abrí para saborearla. Antes de dar mi primera pasada con la lengua, observé y su coño brillaba un poco por sus líquidos; lo abrí y pude ver el clítoris rosadito que pedía a gritos ser besado, lamido y por ahí inicié. Fue tan delicioso saborearla, sentir cómo gemía un poco y se retorcía… como intentaba escapar de mi boca y yo a no dejarla. “Sube, sube”, me pidió. Me puse el condón, subí y al hacerlo me envolvió con sus piernas. Fue una delicia, lectores, sentir lo caliente y apretada que estaba, a pesar de estar tremendamente lubricada.

Subí sus piernas a mis hombros y la empecé a clavar como solo el deseo en ese momento lo pedía: con ganas, muchas ganas, pero siempre cuidado que ella se sintiera bien. ¿Cómo lo sabía?, con la expresión de su cara, con sus gemidos y porque me volteaba a ver de vez en cuando con un gesto con el que entendía que quería más.

Pasamos a su habitación y se puso en cuatro, mi verga se perdió entre su vulva y sus nalgas. El choque, cada vez más rítmico, se acompañaba con el coro de sus gemidos. Arriba se hizo ella, después de lado. En cada pose, un momento de intensidad. Pero el mejor fue cuando se puso por segunda vez arriba y empezó a hacer cunclillas (las mujeres sabrán de qué hablo): subía y bajaba, subía y bajaba; me verga estaba un momento y al otro se perdía al interior de ella. Empezaban las ganas de querer llegar, yo se lo decía y ella trataba de mantener la constancia. La cogí con fuerza de sus tobillos porque ya casi llegaba; y empezó a gemir más y más hasta que me hizo llegar y cayó exhausta.

Me asusté porque sentí mi pelvis mojada, pensé en que el condón se había roto (suele suceder en algunas faenas). Pero no, había sido que justo cuando llegué ella también lo hizo.

Esa aplicación hizo que cumpliera una de mis fantasías: follar con una desconocida y de qué manera.


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