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Relatos y Experiencias

He pasado muchas horas en internet buscando una follamiga veterana. Después de saludar a una cantidad de mujeres en un sitio web para conocer personas, terminé conversando con una mujer de 42 años. Tez blanca, cabello castaño claro, aprox. 1.65... en otros terminos, una petite que era profesora en un colegio privado bilingüe.

A pesar de presentarse bastante seria desde el primer chat, se dio la oportunidad de salir a tomar una chela (noche de un jueves, 10pm aprox.) para lo cual yo debí recogerla en el norte de la ciudad, y esperar a que "pudiera salir sin problema". En este momento supe que era casada, lo cual me agarró por sorpresa pero ya no había vuelta atrás.

Mientras tomábamos una chela en un bar, ella mantenía seria y hablábamos bobadas de cada uno. Un poco menos de una hora de estar allí, ella fue sola a comprar una nueva ronda de cerveza y al llegar, se acercó por detrás donde yo estaba sentado, pasando las cervezas por mi lado, muy cerca a mi. Seguido se fija en mi pelo y pasa una de sus manos frías (de sostener las cervezas) por mi cabeza diciendo "ay esas mechas". Sentí una ligera corriente y mi reacción fue buscar sus piernas ahí detrás con mis manos (estando sentado) y tocarlas un poco aunque tuviera un pantalón. Ella se quedó algunos segundos ahí hasta que sentí su pelo a un lado de mi cara y escuché un ligero suspiro en mi oido lo cual me puso a imaginar mil cosas.

La conversación siguió ya con una actitud más relajada y con nuestras sillas cada vez más cerca. Entre algunas risas, encontramos nuestras caras a pocos centimetros, intenté besarla pero la juguetona me esquivó la boca, así que seguí a darle un beso en la mejilla, metiéndome entre su pelo y respirando suavemente en su oido. En ese momento sentí el mismo suspiro de hace minutos pero más fuerte y con un ligero gémido que seguramente -por el volumen de la música del bar- nadie más pudo escuchar. Esto ya hizo que mi pene estuviera desacomodado y endureciéndose. Sin querer estar más tiempo allí sentado le dije que nos fuéramos y así, entre risas y un ligero toqueteo en el auto llegamos a un motel.

Desde la recepción, se notaba el susto de ella de ser vista por alguien en ese lugar. Cuadramos rápido y desde el ascensor la situación subió de tono: "hace rato tenía ganas de acercarme más pero no me lo permitías" (dentro de mi pensaba lo pendejo que soy a veces). Su mano comenzó a tocar mi espalda entre la camisa, mis nalgas (aunque pocas tengo) las apretaba. En esos pocos segundos en el ascensor me rodeaba queriendo sentir también mi pene, que ya estaba desordenado y estirando mi pantalón. En ese momento, opté por solo recibir lo que me estaba haciendo e imaginar lo que yo iba a hacer luego.

Entramos a la habitación ligeramente despelucados e imaginando nuestra ropa interior super mojada. La primera acción de ella fue tirarse en la cama boca abajo y repitiendo un coro de alguna canción de reggaeton (a mi me gusta es el rock pesado). Mi reacción fue sentarme en sus nalgas (no peso tantos kilos) para retirar las tiras de su blusa y brasier y masajear su espalda y cuello. Metía mis manos entre su pelo mientras hacía presión con mis caderas en sus nalgas mientras ella gemía suavemente como si ya la estuviera penetrando -en este momento pensaba que no había estado con una mujer que gimiera tanto con solo tocarla y besarla-. Esto tenía mi sangre calientísima, sentía como mi verga debía salir de mi ropa pronto, pero traté de alargar más ese momento estando sentado en sus nalgas. Traje sus pies hacia mi desde atrás para retirar sus valetas y medias. Tenía unos pies muy lindos, bien cuidados y no dude en tocarlos y besarlos -lo cual le sorprendió mucho a ella, preguntandome por qué hacía eso-. Sin darle explicación los lamía suavemente y los mordía, ella me miraba con cara de sorpresa y yo ligeramente le retiraba su pantalón sin dejar de tocar sus pies.

Ella (ya en ropa interior) decidió cambiar de posición y sentarse encima mío para quitarme la ropa. Aunque no lamió mi verga ni la puso en su boca, me besó todo alrededor de ella y la acarició como si fuera suya (los gemidos esporádicos se mantenían). Mi pene lubricaba a montones y ella lo usaba para deslizar facilmente su mano desde arriba hasta mis bolas y mi ano (sorpresa!). Cerré mis ojos y esperaba en cualquier momento sentir mi verga en su boca y aunque nunca ocurrió, minutos después sentí como acercó su vagina para masturbarme deslizandola encima de mi pene -una de las cosas que más me hace explotar-, ese teasing me destruyó y no pude aguantar más, quería follarla ya mismo. Par de movimientos después, yo estaba encima de ella metiendo y sacando lentamente solo algunos centimetros de mi pene y disfrutando su reacción al jugar un rato con su vagina y mi verga, levanté sus piernas hacia mi pecho para tener sus pies cerca a mi cara y seguí penetrandola de pocos a lo que ella respondió agarrando mis nalgas y halándome duro, pidiendo mi pene por completo dentro de ella. Sin remedio metí mi verga completa que ya no podía estar más dura y sentía como mis bolas querían estar adentro también. Los gemidos de ella eran duros, incluso gritando algunas cochinadas en inglés (sorpresa!) lo cual me causo un poco de gracia combinada con más morbo.

Estuvimos alrededor de 1 hora en la habitación, follando moderadamente duro y fijándonos en el morbo de cada uno. No hubo mucho cambio de posiciones, pero en cada una agotamos cada detalle: la mirada de reojo por el espejo para mirar nuestros movimientos, mordidas suaves, rozar mis dedos en su ano mientras la penetraba, lametazos, caricias con sus pies y en general me apretaba el cuerpo lo más duro que podía como si quisiera que me metiera por completo dentro de ella. Finalmente, ella me hizo venir con sus manos, queriendo ver la reacción de excitación en mi cara sudorosa y mi leche regada alrededor de su vagina. Así pasaron los últimos minutos en la habitación.

Finalmente la dejé unos metros antes de su portería (para evitar cualquier ojo), con una expresión ligeramente seria y picante al mismo tiempo. Sin hablar mucho y sin tantos cariños, nos despedimos con un beso suave y bueh... terminó mi primera vez con una madura infiel.


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