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Relatos y Experiencias

Cuando la cordura es corrompida por su vagina traviesa....

Aquel no era un día normal, el sol no llego hasta su máximo esplendor, las nubes hicieron lo suyo y oscurecieron no solo los segundos, sino guardo el mas mínimo acto correcto de su lógica, su vagina controlaba los impulsos de su corazón, quien mandaba señales que bloqueaban al pensamiento, en ese momento se descobijo, tomo un aliento y en un suspiro mojo sus dedos con la punta de su lengua, usando su otra mano hizo a un lado su tanga y castigo sin sutileza para saciar la sed de su clítoris, no basto con llegar a voltear sus ojos en varias ocasiones, tomo una ducha y ni el agua fría bajaba la calidez de tal travesura, sin bastarse, tomo el vestido más corto que tenía en su armario, y como nunca en su vida pensaba que debía salir sin ropa íntima en su pelvis, su mente no lo dudo, su sensualidad superaba los limites, el roce de sus piernas y la brisa fría cómplice de aquellas nubes daban un aire de sensaciones locas y atrevidas, manejaba al trabajo y pensaba en un sinfín de veces cuando me observaba devorándome como manjar cada trozo de carne que formaba parte de su identidad femenina, durante el transcurso del día, sentía el frote de su muslos y como se mojaba su asiento, su concentración desvariaba sin compasión alguna, no veía la hora de terminar para salir de su trabajo, al fin luego de horas eternas y el calor corporal sin control, tomo su bolso, monto su carro y mientras el tráfico era lento y la noche testigo, no dudo en meter su mano dentro de su vestido, y con la música a un tono propio y sin imaginarse que sus ventanas eran traslucidas, cerro sus ojos por instantes y abrió al máximo sus piernas, tocándose cual artista su instrumento, los gemidos de su voz la hicieron olvidar todo a su alrededor y al sentir que llegaba levanto su mirada, seguía en el mismo lugar, volteo sus ojos en 180 grados y se preguntó si la llegaron a mirar, no sentía pena, pero si sentía que no era placer ni locura, sabía que no pertenecía a este mundo; tomo su teléfono me escribió, me pidió que nos viéramos,al llegar a un lugar cualquiera, se bajó de su carro apretando sus piernas se montó al mío, me dio un beso tomo mi mano y la metió en su vagina, sentía los chorros que salían a brote exquisito, desabotono mi pantalón y se saboreaba mi pene hasta su garganta, se tragó hasta la última gota, se recostó en la puerta, con su mirada entendía que deseaba que la masturbara hasta venirse, quién sabe cuál numero sería el de ese día, al terminar, tuvo esa sonrisa que muy pocas veces se ven, me dio un beso se bajó del vehículo, tomo su rumbo necesitaba descansar, días así no se viven siempre…


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