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Relatos y Experiencias

llego el fin de semana y fuimos a pasarlo en la finca de mi suegra, salimos el sábado temprano porque queríamos aprovechar lo despejado de las vías para salir de Bogotá.

Al llegar había gente por todos lados. Pregunté si era una fiesta o algo así. Mi esposa me comento que no. Era gente invitada de su madre. Por el fin de semana. Nada del otro mundo. Ella estaba acostumbrada a eso.

Recorrimos varias caras. Por fin nos encontramos con mi suegra, mujer hermosa. Madura, pero muy bien. Me sonrió me estrecho la mano muy formal y respetuosa como siempre, me sonrió y dijo que ya estaba con nosotros y desapareció tras unos invitados.

Mi esposa ni se inmutó y seguimos caminando juntos. Hicimos unos metros más y allí estaba mí cuñado, bien peinado, sobrio, nos salió al cruce.

Yo-. ¡Hola!

Cuñado-. ¿Como estas? ¡Ven vamos a beber algo!

Dijo mi cuñado tomándome de los hombros. Allá fuimos, él se acercaba a mi oído y me decía cosas que no entendía, por el bullicio y el volumen de la música. Llegamos a una barra de tragos

Cuñado-. ¿Qué quieres?

Yo-. ¡Una cerveza!

Cuñado-. ¡Bien, bien!

Yo-. ¡Cuánta gente!

Cuñado-. ¡Si mi madre, necesita gente alrededor, mientras más mejor… pero que suerte porque asi nos perdemos y no nos echan de menos…

Yo-. Me alegra a mí también, ¿pero crees que será conveniente? ¿Si nos descubren?

Cuñado-. No te preocupes, se cómo son estas cosas. ¿Tú te vas a meter a la piscina con esa ropa?

Yo-. Traje algunas cosas en mi maleta…

Cuñado-. ¡Qué esperas para cambiarte, ven te acompaño!!

Así salimos con mi cuñado al lado hacia la casa. Me guiaba. Llegamos a unas amplias habitaciones. Mi cuñado con la copa en la mano me miraba. Me sentía extraño, nervioso, casi cohibido.

Cuñado-. ¿Está es tu maleta?

Yo-. ¡Si, si.

Cuñado-. ¡Adelante, adelante, sin vergüenzas, vamos!

Me quité mi camiseta. El silbo. Y con un dedo acarició mi espalda. Noté su bulto, sí claro, porque lo mire se dio cuenta.

Cuñado-. ¡Vaya espalda que tienes, me tienes loco, ahhh, que belleza!

Continúe quitándome la ropa y quedé en calzoncillos.

Cuñado-. Uhh, que cola tienes, para enloquecer

Yo-. Tu siempre con lo mismo…

Cuñado-. ¿Ves? ¡Es cierto, humm, ¿quiero tocar?

y antes de que contesté ya me estaba metiéndome mano en las nalgas. Las pellizcaba totalmente en descontrol.

Yo-. ¡Deja tus manos quietas!

Cuñado-. ¡Vamos sé que te gusta!

Yo-. ¡No, suelta, suelta! Pueden vernos

yo no podía dejar de mirar como crecía su bulto. Se veía rico como siempre.

Cuñado-. ¡Crees que no me doy cuenta como miras aquí!

dijo agarrándose los genitales. Sin darme cuenta mi calzoncillo estaba por el piso. Y sus manos se metían por todos lados, hasta mis huevos estaban siendo usurpados por aquellas manos grandes y firmes.

Cuñado-. ¡Mira lo que has hecho!!

me dijo y me mostraba su garrote duro, grueso y preparado, fuera de su ropa.

Escuchamos pasos de pronto. El giro su cabeza y yo pronto me puse una bermuda y salí disparado del lugar, a los pocos pasos me di cuenta de que tenía una erección de los mil demonios. Mi cuñado me había calentado. Durante la fiesta no me cruce más con él, pero rondaba en mi cabeza el hecho de que me había puesto duro. ¿Tal vez la situación de ser descubiertos?

Giraban mil cosas por mi cabeza, tantas que mi esposa se enojó porque pensaba en otra cosa y hacía de cuenta que no estaba allí.

Por la tarde/noche Solo se oía el canto de los pájaros. Algún empleado pasaba de aquí para allá, ordenando el desastre de la fiesta.

En eso aparece mi cuñado, aun con su traje de baño y con una enorme toalla cruzada al hombro.

Cuñado-. ¿Te agrado la fiesta?,

Yo-. Sí

Cuñado-. la pasaste bien?

Yo-. Muy bien

Cuñado-. ¡Bueno ven conmigo!

me tomo del brazo y casi me arrastró a la piscina. Mientras íbamos me tomo de un hombro, casi paternalmente, miré de reojo su bulto palpitante, no pude evitarlo, un sinfín de confusiones me pasaron por la mente y me sentí nervioso y perdido. Trate de no pensar.

Cuñado-. Lo hiciste otra vez

Yo-. ¿Qué?

Cuñado-. ¡Tú sabes!

Yo-. ¿Qué?

Cuñado-. ¡Me miraste el paquete otra vez!¡Sé cómo te gusta y está bien! ¡Eres mi cuñado y eso te hace dudar¡ pero Yo te enseñaré a no sentir arrepentimientos, no te preocupes!

iba diciendo esto mientras nos acercábamos a la piscina y bajaba sus manos por mis nalgas.

Cuñado-. ¡Tienes un culo jugoso!

Yo-. ¡Pero, no…!

Cuñado-. ¡Tranquilo, no te asustes!

de la mano me llevo al agua. Entramos y un frescor recorrió mi espina dorsal. Mi cuñado me acarició la espalda. Rozó luego mis tetillas y yo lance un suspiro. Mi verga estaba dura como un poste. Y la de él estaba tan dura que no recuerdo nada igual. Se frotó contra mi espalda y mis nalgas. Apretaba mis tetillas poniéndolas tan rígidas como era posible. Solo sentía que una comezón me nublaba la razón. Así fue que bajo mi short. Acarició mis nalgas. Entre suspiros y gemidos. Pasaba su bulto enorme por mis curvas. Yo estaba tan excitado que mi verga era una roca.

El me mordía el cuello. Chupaba mis orejas. Apretaba mis tetillas. Arrancaba gemidos de mi boca. Llegó a mi verga y la empezó a sacudir. Tanteando. Masajeando. Tomo mis bolas, las acaricio con ganas y deleite. Su otra mano ya buscaba el interior de mis nalgas y con un dedo penetraba mi ano cerrado, pero dispuesto.

Yo-. ¡Ay, ay, no, no, déjame, ay, ay!

Cuñado-. Se que te gusta tanto osito

en tanto lleva mi mano hacia su garrote. Como siempre me parece enorme. Es enorme. Grueso. Venoso. Está tan duro. Lo masajeó. Lo froto. Mi culo se abre al paso de los dedos.

Cuñado-. ¡Así, me encanta que te abras! ¿Te gusta?

Yo-. ¡Ay, no, ay, ay, si, si!

Cuñado-. ¡Aférrate a esta verga que es para ti, pandita

gemía en mi oído, en tanto, metía su lengua y lo bañaba en saliva. Así con mi ano abierto por sus dedos, su otra mano agarrada a mi verga fui soltando la leche en el agua de la piscina. El, enloquecido, no pudo contener sus fluidos y también se vació en la piscina.

Quedamos acariciando cada uno el juguete del otro, se fueron desinflando un poco. En eso estábamos cuando veo que viene mi esposa muy sonriente. Aceleró y coloco mi short, mientras rogaba porque se desinflará mi erección. Mi cuñado se reía a carcajadas, al ver mi apuro. Antes de saltar fuera de la piscina, se acercó a mi oreja y me soltó la siguiente frase:

Cuñado-. Toda la noche quiero que pienses en mí, y mañana no dejes de ponerte cremita en ese orificio tan lindo que tienes porque será mío.

Era una locura, pero una locura a la cual seguí por completo, como si fuera una orden.

Al día siguiente por la tarde, estaba en la habitación recostado en la amplia cama. parado en el umbral de la puerta apareció la silueta de mi cuñado.

Cuñado-. ¡Como estas!

dijo sonriendo y se acercó. Llevaba puesto un toallón que rodeaba su cintura. Su pecho estaba desnudo. Avanzo hacia mí, yo lo miraba absorto y sin escape. se sentó a mi lado al borde de la cama.

Cuñado-. ¡Ven!

me dijo y me ayudo a moverme. Supuse de inmediato lo que deseaba. Quité las sábanas que me cubrían. Estaba desnudo yo también. Acarició mis nalgas. El pellizco. Las frotó con sus manazas grandes. Corrió el toallón que lo cubría y apareció majestuoso su mástil apuntando al techo.

Me colocó lentamente en cuatro patas. Rozo mi ojete. Paso un dedo, acariciando, suave, brame, mi verga se estiró al máximo, totalmente caliente, el obviamente se dio cuenta y se relamió. Hundió un dedo en mi culito cerrado. Gruñí. Me gusta tanto que haga eso.

Cuñado-. ¡Ahh que cerradito esta! ¡Relájate! ¡Lo vas a disfrutar! ¡Pero la cremita que te has puesto es una delicia!

me beso los hombros. Mi piel se erizó.

Yo-. ¡Va a venir alguien!

alcancé a decir. Me hundió otro dedo abriendo mí ya dilatado ano. Estaba que volaba. Sus dedos iban y venían estirando mi entrada. Luego llegó con su boca a mi entrada. La saliva fue horadando un poco más y yo me abría y me abría gimiendo sin parar.

El tomo mi pija totalmente dura y empezó a masajear con descaro y ganas. Chupaba mis huevos. Los comía. No tarde en llenar su boca golosa de leche pegajosa.

Cuñado-. ¡Ohh estabas tan cargado, como me gusta tu sabor!

mi verga goteaba aún pesadas gotas de semen. Estaba enloquecido, me había abierto el culo por completo. Apoyo finalmente su garrote en la entrada. Yo suspiré fuertemente. Entregado a mi acosador perverso. Sentí la presión y mi culo comenzó a comer aquella delicia de verga. Se movía despacio. Mi culito se ensanchaba cada vez más. Mis gemidos y sus gruñidos se escapaban de nuestras gargantas enronquecidas.

Cuñado-. Ohh, como siempre lo tienes tan apretado, me encantaaa!!

recitaba mientras entraba más y más a mi ajustado canal. Sentí de repente sus bolas golpeando mis nalgas. Estaba tan caliente que me sacudía y tiraba mis caderas hacia atrás. El me penetraba, sin demora, iba hacia adelante y hacia atrás. Aceleraba y luego lo hacía más despacio. Sentía como su garrote se inflamaba cada vez, en cada estocada.

Mi verga se volvió a levantar. Estaba erecto otra vez. Las manos de mi macho sabroso se apoderaron de mi fierro. Lo masajeaba, mientras me seguía taladrando sin descanso.

cuñado-. ¡Oh sientes como se agranda tu agujerito, es tan apretadito y rico Hummmm, hh!

gemía mientras me habría cada vez mi ojete. Mi cuñado saco la espada. Se sentó al borde de la cama y me ordeno que se la mamara.

Cuñado-. ¡Anda cómela, veras que sabrosa está con tus jugos, ven osito, ven!

allá fui y me metí la gruesa vara en la boca. Estaba sabrosa. Chupaba con ganas mientras mi cuñado gemía y gruñía como loco. Le besaba las bolas gordas y hermosas. Les pasaba la lengua y luego intentaba meterlas a mi boca. me gusta tanto.

Escuchaba la respiración agitada de mi macho que gozaba como loco de la mamada y me acariciaba con sus dedos la cabeza. Repartía palabras suaves y dulces mezcladas con improperios y groserías que me volvían loco.

Me tomo de los hombros y llevándome hacia arriba hizo que me sentara suavemente y despacio sobre su verga enorme y dura. Nuevamente entró en mí. Se apodero en tanto de mi boca y chupaba mi lengua con deseo y enorme lujuria.

Su verga serruchaba otra vez mi culo. Está vez yo rozaba con mi verga la panza de él. Acariciaba su cuello y nos volvíamos a fundir en besos profundos, húmedos, salados. Mordía, chupaba, lamia sonoramente, cada vez más caliente. El, hundía su tremenda poronga en mi culo cada vez más ensanchado. Gemía como endemoniado. El placer era cada vez más grande.

Cuñado- ¡Oh mí osito, que placer me das!!

Yo-. ¿Te gusta?

Cuñado- ¡Claro!

Yo-. ¡Tengo temor de que nos atrapen!

Cuñado-. ¡Tranquilo, nadie vendrá, salieron al pueblo!

yo seguía cabalgando sintiendo el tremendo perno en mi ojete. Sacando jugos de placer exquisito. Me aferraba a su cuello. Lo besaba. Mordía sus labios de calentura mientras mi verga seguía dura. El la tocaba de vez en cuando. Chupaba mi lengua. Sediento. Subía y bajaba de aquella espada hundida en mí. Gozando cada centímetro.

Largaba mi semen en su estómago otra vez. El se aferraba en mis nalgas. Las abría más y más. Las pellizcaba, haciéndome doler y a la vez gritar de calentura.

Cuñado- ¡Estas muy caliente, me gusta, ahhh!

replicaban sus palabras en mis oídos.  Saco su perno hambriento de mi orificio ancho. Metió mi pija en su boca y en un buen rato me limpió y dejo brillante mi verga, casi dormido. Me estaba dando una cogida de dioses.

Su mástil seguía erguido y poderoso. Me colocó de costado.  Mordiendo mis hombros fue entrando otra vez en mi anillo. Yo resoplaba y clamaba por más verga. El me daba. Me taladraba sin piedad. Sentía que sus bolas me golpeaban y mi carne ardía de placer.

Tenía un gran control de su orgasmo, ya que me bombeaba rápido, casi con furia y luego volvía a detenerse, sacaba su hierro de mi ojete y lo volvía a clavar. Todo en una secuencia. Parecía una película que no terminaba nunca. Chupaba y metía su lengua en mi oído derecho y luego en el izquierdo.

Jugaba con mis tetillas y se aferraba después a mis caderas ansiosas por sus manos fuertes y decididas.

Cuñado-. ¡Te gusta, estas gozando!

Yo-. ¡Sí, sí, claro, siempre me haces pasar tan bien!

decía yo mientras el me hamacaba profundo. Sacaba su chorizo y volvía a empujarlo hacia el abismo de mi canal baboso, salado, partido.

Cuñado-. ¿Quieres que te siga cogiendo? ¿Eh?¿Eh?

Yo-. ¡¡Sí papi, hazlo, sigue clavándome tu verga!

dije yo completamente fuera de sí. Era el hermano de mi esposa. ¿Cómo seguiría todo aquello?, pensé un momento. Al sentir su verga inflamada cada vez mas dentro de mi olvide por completo quien era quien.

Se acostó a lo largo de la cama y me subió y quede casi acostado sobre él. Haciendo fuerza era yo quien me movía para sentir su espada a fondo. Apure un poco. Mas velocidad el pistón iba y venía dentro mío.

Cuñado-. ¡Ahhh!¡¡Ohhh!! ¡¡Quieres que te llene de lechita! ¡Eso quieres verdad!

Yo-. ¡Sí, si, si, ya, ya!

repetía sacado, desquiciado por aquella cogida. El macho entre muecas que suponía, gruñidos, palabrotas fue descargando dentro de mí. Mares de leche. Al menos yo sentí eso. Bañaban mi interior. Sentí la espada crecer un poco más mientras chorros de espesa viscosidad inundaban mi ojete abierto. Jadeaba como animal en celo. Caí definitivamente sobre mi cuñado que respiraba entrecortadamente, tragando saliva y buscando oxígeno. Mordía mi cuello, de vez en cuando, tratando de recuperarse de aquella gimnasia.

Cuñado-. Desde hace tanto no deseaba coger a alguien como a ti, quiero tenerte a cada momento desde esa primera vez, no te saco de mi mente y mi verga se para al pensarte

Yo-. Pero soy el esposo de tu hermana

Cuñado-. ¡Ay osito! ¿Sabes cuantas veces he pensado y querido que eso cambie?

yo quede en silencio. No sabiendo que decir. A la vez, no había mucho para decir. La había pasado tan bien. Él se rio y saco despacio su espada clavada en mi anillo. Salieron en catarata jugos, líquidos. Corrieron por mi piel y las sábanas. Dejando huellas de nuestro encuentro salvaje y prohibido.

Al pasar el rato nos levantamos y fuimos a las duchas. al instante, mi cuñado, se jabono los dedos y empezó a meterlos en mi culo sediento. Bajo el agua., así parados, me metió su salchicha una vez más.

De parado yo sacaba un poco la cola y el entraba y me tomaba por los hombros. Luego de las caderas. Finalmente tomo mi verga ya alzada al máximo y la masajeaba en tanto me taladraba el culo sin piedad. El agua caía sobre nosotros.

Me estaba haciendo gozar nuevamente, sentía sus bolas golpear en mis nalgas. Me masajeaba las tetillas duras y mordía y chupaba mi cuello. El palo iba y venía dentro de mi ojete juguetón. Malicioso. No tarde en largar mi semen por todas partes. El siguió masajeando hasta que salió la última gota.

Apuro las embestidas. En un instante saca la verga de mi culito. Hace que me coloque de rodillas, lleva el sable a mi boca y larga su leche allí. Me ahoga. Trago lo que puedo. El grita endemoniado. Toma mi cabeza y la empuja hasta casi asfixiarme. Largo lágrimas de placer y ahogo. Un poco más tranquilos quedo saboreando y limpiando su mástil un poco alicaído ahora. Pero no importa busco sus bolas y las chupo y la sensación es increíble. Él se deja hacer.

Cuñado-. ¡Así, así!

gime y yo no suelto su verga. Juego con ella. Mi lengua se mueve mortal

cuñado-. ¡Así, ahh, mira, mira!

dice y toma mi dedo y lo lleva a su culo. Lo hundo. Él se estremece del dolor, pero me deja hacer. Su verga comienza a levantar otra vez. Dura, potente, roca pura. Ahora son dos los dedos que meto en el agujero de mi cuñado. Es primera vez que deja que lo penetre con mis dedos, eso me da a pensar que lo que dijo en una vez anterior es verdad; estará dispuesto a complacerme de todas las formas posibles para que yo no tenga necesidad de estar con nadie más.


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