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Relatos y Experiencias

En otros relatos he contado ya, como mi esposa y yo, de 35 años ambos, somos pareja de mente abierta que hemos disfrutado de muchas aventuras que iremos compartiendo poco a poco para ustedes. Mi esposa es delgada, de piel blanca, con pecas en espalda pecho y rostro, tetas pequeñas, pezones grandes y oscuros, culito respingón, lindas piernas y cara muy linda de cabello rubio tinturado.

En alguna oportunidad hace ya varios años tuvimos la oportunidad de vivir en un apartamento en un sector exclusivo de la ciudad, la verdad era muy apacible y cómodo, no pasaba mucho por allí y casi nunca veíamos a nuestros vecinos la mayoría ejecutivos y gente trabajadora.

Por cada piso quedaban solo dos apartamentos cuyas puertas de entrada estaban justo enfrente la una de la otra.

Desde que nos habíamos mudado, descubrimos que al frente vivía una pareja mas bien mayor, con hijos entre los 15 y 17 años, que al parecer viajaban con frecuencia y tenían contratada una empleada doméstica, una mujer llamada Julia de unos 40 años muy bien conservada, de cara linda, cabello negro largo, tetas grandes, era una mujer de contextura promedio, no muy alta y muy cordial.

Con aquella mujer nunca se suscitaban comentarios más allá del saludo y un eventual cruce de comentarios sobre el clima y/o algún evento local de renombre, como: “¿si se dio cuenta del señor que robaron en la esquina?” y nada más.

Los últimos días yo venía acumulando una cantidad terrible de trabajo y en ocasiones, no tenía oportunidad de ir a casa a almorzar y mi llegada a casa en la noche era pasadas las 9 pm y a veces las 10 pm.

Mi esposa permanecía en casa y almorzaba sola como era apenas lógico, comprensiva como era, se fue acostumbrando a la nueva situación que atravesábamos y que esperábamos durara solo unos pocos meses.

Un día cualquiera al terminar su almuerzo, tomó la decisión de salir a dar una caminada para no quedarse encerrada. Justo cuando estaba cerrando la puerta, la empleada “Julia”, llegaba al apartamento de enfrente, con ese uniforme que algunas personas obligan a usar a sus empleadas y después de saludarla, le dijo “No he vuelto a ver a su esposo, ¿está de viaje?, a mi esposa esta intromisión en la intimidad le molestó un poco al principio por lo que le contestó un poco seca “No, está trabajando mucho en un proyecto”, Julia parecía no tener ningún afán y adoptando una posición de quien está dispuesto a charlar un buen rato, le preguntó “¿Y a usted no le da pereza quedarse sola todo el día?”, a lo que mi esposa contestó “no, ya ve que no, yo en la casa me amaño mucho”, Julia continuó “ah yo si a veces veo que usted pone música y hasta se pone a bailar”, mi esposa abrió los ojos como platos y le preguntó “¿Y usted como sabe que yo bailo? – ya más molesta le increpó - ¿Es que nos está espiando o que?, Julia sin darle importancia al tono enojado le dijo “Nooo como se le ocurre, lo que pasa es que desde una de las habitaciones del apartamento de mis patrones, se ve una de las habitaciones del suyo” y esbozo una sonrisa enigmática. Mi esposa cansada de aquella conversación le dijo que no se había fijado y se despidió cortésmente.

La caminada fue corta porque mi esposa no podía dejar de pensar en lo que había dicho Julia, desde el otro apartamento se podía ver hacia el nuestro, en especial a una de nuestras habitaciones.

De regreso en casa mi esposa se dio cuenta que era cierto. ¡Oh por Dios! Mi esposa cayó en la cuenta que más de una vez, para calmar la calentura ante mis ausencias ella se había masturbado justo en la habitación que daba al apartamento donde trabajaba Julia, que vergüenza le daba, esa mujer probablemente la había visto con su consolador y sus dedos sobándose las tetas y teniendo orgasmos.

El viernes de esa misma semana, se levantó y justo después de despacharme al trabajo y tomar su desayuno, sintió voces en el apartamento de enfrente, corrió a la puerta y a través del ojo de la puerta se dio cuenta que los jefes de Julia salían con los hijos y una cantidad de maletas. Julia los despedía de manera jovial vistiendo su uniforme de empleada.

Mi esposa entró, se empezó a alistar la ropa que se iba a poner y por pura curiosidad, le dio por mirar a escondidas desde el cuarto que daba al del apartamento del frente.

Su corazón por alguna extraña razón se puso a mil, Julia estaba en el cuarto tratando de ver hacia la habitación nuestra, pero algo había cambiado, ya no estaba vistiendo el uniforme, ahora tenía una camiseta blanca y de lejos se veían sus grandes senos marcados sin sostén. De repente Julia bajo su mano hacia su vagina y empezó a tocarse por encima.

¿La empleada del frente deseaba a mi mujer? Debo aclarar que mi esposa ya ha tenido experiencias con mujeres, así que sobra decir que no tardo mucho en empezar a mojarse, ya Julia había dejado de ser una entrometida, aquella mujer, seguro la había visto y por eso se tocaba, ella quería ser vista, quería algo más.

Mi esposa pensó por unos instantes y luego ideó un plan, sin asomarse a la ventana abrió las cortinas desde un extremo y sin mirar nunca en dirección a Julia empezó a quitarse el pijama. Justo antes de quedar totalmente desnuda y sin poder voltear adonde estaba Julia, se salió del cuarto, no sin antes dejarle ver un poco las tetas.

Se fue al baño cogió la toalla, la envolvió en su cuerpo desnudo y regreso al cuarto, en ese instante sonó el timbre.

Molesta por la interrupción de su juego erótico y pensando que el portero hubiese dejado entrar a alguien sin avisar, se puso simplemente una levantadora y por debajo nada, totalmente empelota.

Cual no sería su sorpresa cuando abrió y vio que era Julia.

-¡Hola que tal! - Dijo Julia. Sin pena, ni pudor, se había presentado visitiendo una camiseta una talla más grande que la suya pero que claramente dejaba traslucir sus grandes tetas y sobre todo sus oscuros pezones, al parecer llevaba unos shorts muuuuyyyy cortos, que seguro dejaban ver la parte baja de las nalgas, la había cogido por sorpresa, pero la vagina de mi mujer estaba empapada.

-Hola ¿en que te puedo ayudar?, dijo mi esposa.

-Ay que pena con Usted, lo que pasa es que mis jefes se fueron de viaje y como me da pereza desayunar sola y sé que usted está sola, no sé si tal vez quería que desayunáramos juntas - dijo Julia casi despreocupada pero muy sonriente – pues si no le molesta.

Mi esposa lo pensó por unos instantes y luego le dijo:

-Bueno, me parece, es buena idea, pero en este momento me iba a bañar entonces si no le molesta esperarme. Dijo mi esposa cada vez más segura de lo que iba a hacer.

-No se preocupe, si quiere le voy colaborando con algo. Dijo Julia con los ojos brillantes

-No tranquila – dijo mi esposa – si quiere siéntese y me espera.

-Vea hagamos algo – dijo Julia -si quiere dígame donde están las cosas yo voy adelantando algo de tomar.

Mi esposa no quiso seguir con el tema, entonces le indico en donde estaban las cosas.

En esos momentos mi esposa aprovecho para estirarse un poco de más, alcanzando las alacenas más altas, dejando al descubierto sus nalgas y hasta su mojada vagina.

Mi esposa vio de reojo, como Julia se quedaba viéndola caminar hacia la habitación, quien a su vez estaba derretida por lo prohibido y erótico de la situación, allí estaba una mujer que hasta hace unos días y ahora estaba a punto de llevarla a su cama, estaba seduciendo a una mujer.

Dejó la puerta entreabierta y empezó a cambiarse, se quitó la levantadora, organizó la ropa que iba a ponerse con toda la calma, cuando escucho una voz a sus espaldas:

-¿Dónde fue que me dijo que tenía el chocolate? – Dijo Julia haciéndose la inocente, la que había visto por accidente – Ay que pena con usted, yo no sabía que estaba…

Mi esposa decidida se acercó a ella y le dijo:

-Tranquila, no se preocupe que no esta viendo nada que no haya visto ya.

A lo que Julia respondió:

-Pues nunca había visto una mujer tan bonita.

-¿Le parece? – dijo mi esposa acercándose casi hasta quedar pegada a su rostro, podía sentir los erectos pezones de Julia tocando los suyos.

Julia ya no contestó, bajo una de sus manos y empezó a acariciar la parte superior de la pelvis de mi esposa, justo en donde empieza el bikini mientras la otra mano recorría la espalda.

-Va a ver lo rico que la vamos a pasar juntas – le susurro Julia al oído de mi esposa – ya no tiene que conformarse con un consolador.

Julia la llevó lentamente hasta la cama mientras ambas se besaban y se tocaban suavemente.

Julia se deshizo de su ropa rápidamente y empezó a hacerle un oral profundo a mi esposa, su lengua se desplazaba con lentitud pero muchas ganas por toda su vagina, mientras que una de sus manos recorría las tetas de mi esposa, dando pequeños pellizcos a los pezones.

Mi esposa blanqueaba los ojos y solo atinaba a agarrar los cabellos de Julia y a sentir esa lengua experta dándole el mejor sexo oral de su vida, sintiendo como los dedos de Julia sabían perfectamente en donde su clítoris se ponía a punto de explotar, Julia de vez en cuando le miraba con una picara sonrisa para continuar con esa buena mamada al coño de mi esposa, quien con tanta calentura tuvo un orgasmo como pocos.

En ese momento Julia subió para que en un beso profundo mi esposa probara de su lengua a que sabía ese maravilloso orgasmo.

Julia le dijo que hace tiempo la veía masturbarse y que la deseaba, que a ella no le gustaban los hombres sino solo las mujeres, y que desde hace tiempo se había propuesto comerse enterita esa vagina.

Ahora mi esposa tuvo la oportunidad de chupársela, Julia aprovechando que estaba acostada se la puso en toda la cara y empezó mi esposa a devorar la vagina de Julia, la comía como si fuera el último día, lento pero con firmeza, explotando ese botoncito llamado clítoris y sobando sus nalgas.

Julia la tenía dominada, prácticamente sentada en el rostro de mi esposa aquella mujer se estaba comiendo a placer a mi caliente esposa.

Antes de tener un orgasmo Julia se levanto y como en las mejores películas pornográficas hicieron una tijereta magistral, ambas frotaban sus mojados y calientes coños entre sí arqueando las espaldas hacía atrás disfrutando de un momento de intimidad, tratando de sacarse esa calentura de adentro, sintiendo como las piernas entrelazadas permitían que ambas vaginas se dieran placer.

El orgasmo en común no se hizo esperar, ambas gritaban primero suavemente y luego aumentando el ritmo de forma frenética primero mi esposa tuvo el segundo orgasmo y después, sin previo aviso, Julia empezó a venirse a chorros, mojaba a mi esposa mientras gritaba como poseída, se sobaba con más ganas las tetas y luego agarraba las tetas de mi esposa.

Ambas exhaustas descansaron, luego desayunaron, pero mi esposa aún quería más, algo que Julia notó de inmediato, así que le propuso hacerlo en la ducha.

Julia era una experta moviendo su lengua, mientras el agua caía entre las dos, Julia arrodillada y mi esposa con sus manos en la pared exhibiendo su culito, le dejaba a su recién conocida comerle todo el coño con el hambre de esta tenía.

Al salir del baño mi esposa recordó que tenía un consolador de esos para usar entre dos mujeres sin estrenar, asi que las dos poniendose en cuatro y metiéndose hasta el fondo el juguete, se clavaron la una a la otra gimiendo y gritando hasta que terminaron de nuevo.

Julia es ahora una buena amiga, pero esa es una historia para otro momento. No olviden visitar nuestro perfil unas cervecitas no caen mal.


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