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Relatos y Experiencias

Luz Marina, la mucama de la casa de mis padres, me tenía en un curso intensivo de aprendizaje... y yo me estaba dejando... ¡que mujer!... Cualquier paso en falso podía ser fatal, pero la chica era cuidadosa en extremo y se daba sus mañas... 

Ya ella entraba a mi cuarto como Pedro por su casa y como dos semanas luego de la memorable e inesperada mamada del segundo encuentro, la sentí meterse en mi cama estando ya medio dormido. Desperté del todo cuando al estirar un brazo para abrazarla me di cuenta de que estaba totalmente desnuda, lo que no me molestó en lo mas mínimo. Ella, que notó mi sorpresa, me dijo que ya me había advertido que era muy arrecha y que ese era uno de esos días. Para convencerme del todo cogió mi mano y la metió entre sus muslos, apretándola contra su chochita que estaba caliente y empapada... acariciámela papi... me rogó... 

Nunca me había llamado así y aunque me gustó, yo nunca antes me había visto en esa situación y no sabía realmente como empezar. Ella se dio cuenta y me preguntó ¿nunca le has hecho sexo oral a una mujer? Le dije que no y ella me dijo que no había problema, que ella me diría qué hacer...

Aunque la puerta del patio estaba cerrada y la luz apagada, algo de luz de luna se filtraba por el tragaluz de la puerta, suficiente para ver lo que hacíamos. Ella se subió un poco en la cama, puso una de mis almohadas contra la baranda y se recostó en ella. Luego quitó la cobija, se metió otra almohada bajo las nalgas y me abrió las piernas de par en par, dejando la ardorosa chochita a plena vista. Instintivamente me tendí frente a ella apoyado en los antebrazos y le aproximé la cara. Ella desplegó la chochita con los dedos y en el acto me sentí inmerso en el intenso aroma de hembra en celo que de allí salía... mi primer impulso fue pegarle los labios... pero ella me dijo, paciencia, cogiéndome la cabeza con ternura... empezá solo con la lengua...

Primero por la periferia, por los henchidos labios mayores, dilatados por la excitación... luego por el canal junto a los labios menores, tirando de ellos con la boca suavemente... un momento en la zona de la uretra para luego pasar la lengua por el borde de la vagina. Bajar luego casi hasta el culito, pegando la lengua plana contra el perineo, subiendo lentamente con suave presión hasta tocar el clítoris... repetir esto último varias veces. 

Todas estas instrucciones que yo seguía se entremezclaban con sus gemidos, sofocados por ella por el peligro de despertar a alguien. De repente, en medio de las subidas de la lengua empezaron a agitarse violentamente sus caderas y me pidió que le metiera dos dedos en la vagina... gran error, el orgasmo que siguió fue imparable, sus caderas cobraron vida propia y ella solo atinaba a tratar de tapar sus gritos con una mano y a dar fuertes puñetazos con la otra contra el colchón. Yo me hice a un lado y solo la miraba asombrado, sin saber que hacer pues era evidente que estaba gozando lo indecible... finalmente paró... exhausta y dándome una débil sonrisa. Calmada ya la arrechera recogió del suelo el camisón que se quitó antes de meterse en la cama, se lo puso, me dio un largo y húmedo beso y se marchó sin decir palabra.

El gran olvidado de esa noche fue mi chimbo, que todo el tiempo estuvo listo y con ganas de más acción, pero, como tantas otras noches antes de esa, tuvo que contentarse con la larga paja que le hice.


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