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Relatos y Experiencias

Estábamos comiendo en la zona de comidas de un centro  comercial, dos amigas y yo. Ellas al frente mío en la mesa. Eran las 6:30pm y debíamos regresar a la oficina a completar el turno. De pronto miro a unas mesas a mi derecha un poco al fondo y veo a un hombre maduro, acuerpado pero también barrigón un poco calvo, quizás unos 45 años, está con otro hombre al frente en su mesa y comen algo, el tipo me mira demasiado y noto lujuria en su mirada.  “Huy ese tipo quién será que me mira así?”, pensé y seguí comiendo con mis amigas pero no dije nada. Lo miro discretamente varias veces y está mirándome sin quitarme la mirada. Mis amigas no se dan cuenta, seguimos comiendo y conversando. De pronto lo miro un poco más detenidamente, me guiña un ojo, el otro hombre no se voltea, no sé quién será. Vuelve y me guiña el ojo. El hombre es muy bien vestido, corbata y camisa de mancornas en su camisa de rayas. “Creo que no lo conozco, quién será”, pienso y seguimos comiendo con mis amigas. De pronto cuando vuelvo a mirarlo discretamente, el me mira y me guiña el ojo al tiempo que mueve su lengua morbosamente por sus labios de lado a lado. “Ese tipo me quiere comer, quién será?”, pienso, “creo que no lo conozco”, sigo pensando y comiendo con mis amigas. Vuelvo a mirarlo y mueve las cejas mirándome con lujuria. Mis amigas no se dan cuenta. Creo que otras personas que están en otras mesas tampoco se enteran. El hombre que está con él no voltea a mirar, no hay forma de reconocerlo tampoco. Ya casi acabamos de comer con mis amigas y nos debemos ir. Lo miro rápidamente dos o tres veces más. Me doy cuenta que con la lengua por dentro contra su mejilla simula una mamada, “Ufff ese tipo me quiere comer… será que sabe quién soy o será un viejo verde que busca quién cae… estará buscando puta?”, pienso.

Terminamos de comer con mis amigas y vamos a irnos, les pregunto si van al baño y me dicen que no, que irán en la oficina. Les digo que me esperen un minutito que quiero ir a bañarme las manos. Ellas me esperan sentadas conversando. Es de esos baños que tienen entrada común pero adentro al fondo del pasillo hay baños para mujeres y para hombres. Me levanto, lo miro y camino hacia el baño. Al llegar al fondo del pasillo cerca al baño no entro pero miro atrás y no vienen mis amigas pero viene él, viene ese hombre mirándome y me guiña un ojo. No hay nadie más en el pasillo. Lo espero, en el baño de mujeres hay dos lavándose las manos y mirándose al espejo. Estoy por entrar al baño y él se acerca y con discreción me alcanza una hoja de papel de libreta de apuntes doblado varias veces, diciendo en voz baja “llamada o mensaje… Camilita” y entra al baño de hombres, agarro el papel y mientras él entra al baño, yo quedo sorprendida, pero entro al baño de mujeres, entro a uno de los sanitarios y cierro la puerta. Ese hombre sabe mi nombre. Miro el papel, dentro hay un billete de baja denominación un poco usado y el papel tiene un número de teléfono y dice además “llamada o mensaje”. “Quién será?... no recuerdo conocerlo pero él me conoce”, pienso. Me da un poco de susto. Aunque llevo mi teléfono en la mano, prefiero salir rápido y encontrarme con mis amigas. Ellas me ven salir del baño y se levantan de la mesa. Vamos rápido porque estamos sobre el tiempo de regresar a la oficina. Caminamos rápido, bajamos por las escaleras eléctricas del centro comercial, no veo que nos sigan, ni él ni con su amigo que se quedó en la mesa.

En la calle varias veces miro discretamente hacia atrás para ver si nos siguen, pero no viene nadie. Mis amigas hablan y hacen bromas y nos reímos, ellas ni se enteran de lo que ha pasado, caminamos rápido y llegamos de nuevo a la oficina. Vamos al baño y nos lavamos los dientes y nos arreglamos el maquillaje. Volvemos a nuestros escritorios y a trabajar que hay cosas pendientes. “Me conoce, pero quién será?... le escribo?”, pienso.

Pasó más de una hora. Me decido a enviarle mensaje. Estoy intrigada, me gustaría saber quién es, de dónde me conoce. “Hola soy Camila”, le escribo. Un par de minutos después me responde: “Hola Camilita, no te acuerdas de mí? Soy Miguel y te conocí en una fiesta de Gabriel en Castilla hace como un año. Quiero invitarte esta noche a salir y divertirnos”. Recordé las fiestas de Gabriel, me había invitado a varias, siempre había varios amigos suyos y mujeres que llevaban para divertirse. Pero con Miguel yo no había estado.

Pensé si debería aceptar salir con él, pensé que él ya sabía de mí, se acordaba de mí, pero yo no de él. Igual eso no importaba mucho pues ya me estaba entrando la intriga y hasta el deseo. Si ese hombre había estado en las fiestas de Gabriel entonces ya seguramente ya me había visto desnuda. Esa noche no tenía cita para salir con nadie, estaba libre y solitaria después de las 10 de la noche. “Quedaré libre a las 10 de la noche, te sirve?”, le escribí. “Por supuesto, dime a dónde paso a recogerte”. Le escribí diciéndole que me esperara cerca de aquel centro comercial a las 10:15 de la noche. Me respondió: “Ahí te espero ansioso Camilita”. Me excité de saber que el hombre ya me conocía y esa noche sería de él.

Llegué puntual. Allí estaba el hombre esperándome. Me saludó de beso en la mejilla y abrazo por la cintura. Me propuso ir a un bar cercano. Acepté y me llevó abrazada por la cintura. Hacía un poco de frío. Hablamos de Gabriel y me dijo que estaba fuera de la ciudad en sus negocios. Por eso hacía varios meses que no me buscaba. Llegamos al bar. Un sitio algo oscuro con música a alto volumen, el mesero nos ubicó en una mesa cercana a la barra. Trago o coctel, me ofreció, acepté un trago de whisky con soda pero le advertí que tenía un poco de frío y algo de hambre. Me dijo que conocía un buen restaurante cercano, para ir luego del trago. En medio de la charla y el trago, hablando muy cerca por el ruido de la música, se empezó a excitar, me dijo que esa noche que me había visto en el apartamento de Gabriel había quedado deseoso de mí porque le gustaban las flacas, aunque esa noche él estaba con una tetona rubía súper divina. Le pregunté por ella y me dijo que no había vuelto a saber de ella. No le creí, pero no importaba. El tipo estaba decidido a follarme, eso se le notaba, y yo estaba dispuesta a aceptar sin excusas. Cuando me dijo que quería amanecer conmigo le dije que hasta tan tarde no podía aceptar, que si quería íbamos un buen rato, pero después de su cena prometida, aunque yo quería comer algo ligero. Me dijo que no importaba con tal de estar conmigo. “Quiero disfrutar tu cuerpito”, me dijo al oído. “Claro papi”, le respondí.

Después del trago en el bar fuimos a una hamburguesería cercana y después me llevó a motel. En el taxi me llevó abrazada todo el tiempo pero me apretaba contra él todo el tiempo, me besaba en la mejilla de vez en cuando, me decía morbosidades al oído y yo solo sonreía y aceptaba sus besos.

En la habitación me hizo desfilar mientras me desnudaba y quedaba totalmente disponible para él. Él se quitó la ropa y me hizo entrar a la cama bajo las cobijas. Me besó, me manoseó, me morboseó de todas las formas posibles. Yo estaba excitada, aquella cama de motel me excitaba más, ya quería ser follada, le agarré la verga que estaba dura y erecta, se la empecé a masturbar. “Qué rica que tienes esa manita Camilita”, me dijo al oído mientras él también me masturbaba. “Que rico que te guste”, le dije. “Me gusta todo lo tuyo”, me dijo y me masturbaba con más fuerza.

“Mámamela”, dijo de pronto. Retiró las cobijas y su verga quedó erecta, lista para la mamada. Me agaché a mamar esa verga que era grande pero no demasiado y me gustaba, aunque no era muy larga ni muy gruesa pero eso no me importaba en ese momento.

Cuando la tuvo bien erecta me dijo que me montara sobre ella, me senté sobre su verga, me agarró de la cintura para ayudarme a sentar bien sobre su verga, “cabalga como puta”, dijo y me cachetió las tetas. Empecé a subir y a bajar descontroladamente, me excitaba su verga, me excitaba sentirme follada por ese hombre, así me hizo estar unos buenos minutos pero ya estaba cansada de subir y bajar pero cuando le dije que estaba cansada me dijo “las putas no se cansan”, entonces me hizo acostarme montó para follarme fuerte y rápido, estaba muy excitado y pronto eyaculó hasta que poco a poco se detuvo respirando agitadamente y se dejó caer a un lado con su verga aun erecta, “que tan rica tienes esa chocha”, dijo, “qué rico que te gusté papi”.

“Límpiamela con la boca”, dijo para que se la siguiera mamando. Mientras se la mamaba de nuevo le pregunté por qué no me había llamado en un año, me dijo que andaba muy ocupado pero que me seguiría buscando con frecuencia. Después de que dijo que era suficiente me hizo acostar a su lado, me abrazó y me siguió morboseando para follarme de nuevo.

La segunda follada fue similar a la primera pero se demoró mucho más pero ésta vez me dijo que quería que me tragara su leche y lo complací aunque le salió poca. Quedó satisfecho y yo quedé excitada de verlo fatigado de follarme.

Antes de salir fue muy cariñoso y generoso y me dijo que me buscaría de nuevo pronto. Al salir me envió en un taxi a mi casa y él tomó otro para la suya.

Llegué a mi cama un poco excitada pero recurrí a mi consolador pensando en ese hombre y en esa rica moteliada, antes de dormirme.

FIN


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