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Relatos y Experiencias

Existe la creencia generalizada, al parecer más en las mujeres, que al llegar una persona a una edad superior a los 60 años ha cumplido con el siclo vital incluyendo la dimensión de la sexualidad. Mi experiencia personal me permite afirmar que esa es una falsa creencia, de lo que se trata es de la actitud de cada persona frente a la vida. Cuando se supera esa edad que para algunos es el principio del fin, para otros llega el momento de la liberación de muchos prejuicios, lo que permite ver la vida de una manera diferente. Así hoy puedo entender mejor el sentir del voyerista o del exhibisionista y más cuando logras involucrar a tu pareja en tan deliciosa práctica. Esta mayor edad habilita, al liberarnos de la preocupación del juzgar nuestros actos como buenos o malos o sentir pena porque me vean o por ver; permite el disfrute con tranquilidad de aquello que maniqueos no se atreven a manifestar y menos reconocer, que también lo disfrutan; basta con preguntarse ¿que es lo que hacen, piensan, ven y sienten los maridos cuando aceptan complacidos que sus mujeres asistan a las fiestas con vestidos de generosos escotes sin brasier dejando muy poco o nada a la imaginación, vestidos con insinuantes y provocaroras transparencias a la vista de todos los hombres y mujeres que posan en ellas sus lascivas miradas? ¿y ellas, que sienten ellas, al saber que son vistas por otras mujeres que llegan a expresarles lo hermosas y probocativas que lucen, qué sienten y piensan cuando ven las miradas sin disimulo de sus amigos y desconocidos con sus ojos puestos en sus formas corporales?. En los años previos a la llegada a la edad que yo denomino no como la del retiro sino de la liberación, tuve la fortuna de hacer un viaje a un lugar en donde era muy común y además muy natural ver a las mujeres bañarse en topless o tomar sol en las piscinas de los hoteles con el dorso desnudo. Esa visión me produjo una sensación nunca antes experimentada, tanto que invité a mi mujer a que también hiciera lo mismo; no fue fácil, más con paciencia y buena argumentación accedió. Ese fue el suceso que permitió descubrir, pero mas que descubrir, aceptar que en mí el sentir vouyerista y exhibisionista está depositado, más aún, hoy digo que a mi mujer también le sirvió para lo mismo. La vivencia comentada cambió nuestra creencia que dejar ver o insinuar nuestro cuerpo o el de nuestra pareja era algo perverso, descubrí que es una oportunidad para gozar un aspecto de nuestra sexualidad del cual otros se pierden y que en nuestro caso gracias a los años vividos, hemos cultivado la madurez que permite desarrollar la capacidad crítica alejada de los calificativos de lo malo y lo bueno o el deseo de controlar al otro o de seguir en el error de pensar que si mi mujer se deja ver desnuda o parte de su cuerpo de otra persona o si es ella quien quiere verla, ella es una pervertida.

El que mi mujer accediera y no se sintiera ofendida o avergonzada por mi propuesta me motivó para que en nuestra próxima salida aprovechando estar en un lugar donde nadie nos conocía, lo hiciera sin usar brasier y lo hizo sin que tuviera que argumentar mucho, solo responder a su pregunta: ¿“no se me nota mucho”?. Hoy reconozco que le respondí con una mentira. Era la primera vez que veia a mi mujer vestida de manera tan sensualmente provocativa, más lo mejor de todo es que para mi goce, para mi disfrute, ha ido avanzando en este proceso que se inició hace unos quince años. Hoy mi mujer con mucha frecuencia no solo viste sin brasier sino que no le preocupa que su cuerpo se transparente o sentarse de manera tal que se le pueda ver hasta la altura de sus muslos y entrepiernas, que al inclinarse se puedan ver sus senos, es muy posible que todos nuestros amigos los conozcan. Para no ser tan extenso dejo para próximas oportunidades seguir este relato que pretende demostrar como el llegar a una edad mayor no significa dejar de sentir, es llegar a vivir en libertad, de permitirse experimentar y vivir de una manera diferente tal como se constatará con el compartir de nuestras experiencias vouyeristas y exhibisionistas


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